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CIUDADANIA

AUTOR

Andrés Guerrero

TITULO

Ciudadanía, frontera étnica y compulsión binaria

 
EN

Iconos N° 4

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

FLACSO, Quito, marzo de 1998, pp. 112-123

 

RESUMEN:

Luego de desarrollar el concepto de "frontera étnica", el autor se sirve de la trama de temas presentes en el libro de Carola Lentz, Migración e Identidad Etnica, la transformación histórica de una comunidad indígena en la Sierra ecuatoriana, para realizar una reflexión en torno a la transición de los múltiples y diferentes grupos indígenas locales del pasado hacia una población indígena de perfil nacional hoy en día. Esto implica detenerse en dos aspectos: a) la modificación de las formas de dominación de poblaciones dentro del sistema ciudadano y republicano en las últimas décadas, y b) la experiencia de vida en el borde de la nueva frontera étnica y la violencia transformadora que recorre el ancho y ajeno mundo del mercado y lo ciudadano.

 

TEMA:

La modificación de la formación de dominación

pp. 114-115


… La formación de dominación étnica sobre todo luego de la reforma agraria en los años sesenta, había atravesado por una modificación sin precedentes a lo largo de la Sierra. Este cambio que trastocó la experiencia de vida y el ser indígena, se puede enfocar recurriendo a la noción clásica de frontera étnica tomada del trabajo de Frederik Barth. Para Bart, dicha noción deriva de las categorías estructurales del sociólogo T. Parsons, el estatus, la adscripción y la identidad. En su concepción, posee ante todo un carácter estático, señala una permanencia. La creación de grupos étnicos es un problema que Bart, apenas alude, la frontera sería ante todo un límite cultural que deslinda una identidad establecida, marca una distinción de sí mismo, fija un grupo social que se auto reconoce y diferencia de los demás. Vale decir, permite una suerte de conciencia social de grupo que se adscribe a sí mismo. Afirma que conviene conservar antes que desechar esta noción; por una parte, la asocia a los conceptos de campo, habitus y estrategias de fuerza de P. Bourdieu; por otra, siguiendo a Judith Butler, vincula la división dual que provoca la existencia de una frontera étnica a una matriz binaria de percepción mental, un parteaguas simbólico propio a un sistema de dominación. Es lo que dicha autora define como un orden dicotómico compulsivo, en pocas palabras, la frontera étnica sería una suerte de artilugio simbólico de dominación que, en las relaciones de poder cotidianas, produce y reproduce a la vez al indio y al blanco mestizo. La frontera que interesa pertenece a un orden simbólico preciso, históricamente construido con la formación del Estado nacional republicano, deriva, de un estado poscolonial. Dicha frontera cruza por todos los campos sociales y les otorga una suerte de estructura elemental de dominación étnica, instaura una dicotomía primaria que organiza y justifica las posiciones que, en dichos campos, ocupan los habitantes bautizados de ecuatorianos, con todas sus demás complejas determinaciones sociales [económicas, políticas, culturales]. Separa en el imaginario a los habitantes en dos grandes grupos, los blancos mestizos ciudadanos y los otros, es un principio generador de estrategias de poder en todo el espacio de la sociedad nacional, desde el Estado central [lo público estatal] hasta la periferia doméstica [lo privado y cotidiano], incluyendo ámbitos intermedios y colindantes. Dicha matriz binaria es una formación mental y, como tal, posee una historia, se constituye en los Andes a partir del acto de violencia fundador de la dominación de poblaciones, luego de la conquista hispánica los micro juegos de poder entre las poblaciones así instituidas crean y recrean, en el plexo social de la vida social, a esos grupos primarios como clasificaciones de identidad. ...

GUERRERO, Andrés. CIUDADANIA, FRONTERA ETNICA Y COMPULSION BINARIA. En: Iconos N° 4. Quito, FLACSo, marzo de 1998, pp. 112-123.

 

TEMA:

La modificación de la formación de dominación

pp. 114-115


… Bajo el sistema republicano, históricamente inscrita en el sentido práctico de los ecuatorianos, dicha matriz binaria se convierte en una realidad simbólica que encarna en agentes sociales redefinidos, los ciudadanos y los sujetos por civilizar en el Ecuador. Al respecto, conviene retener la noción de frontera étnica porque connota y recalca ese principio de deslinde binario, aquella estructura simbólica tan eficaz, elemental y recóndita. La frontera instituye en las posiciones y las estrategias de fuerza de los agentes sociales, en lo real, los hitos simbólicos que delimitan el campo de juego, además esconde la arbitrariedad de su dominación, perpetuamente reproducido bajo la sombra de un efecto de naturalización, racializa a los habitantes nacionales en términos de un supuesto sistema genético. En la vida cotidiana, la frontera engendra la diferencia como inferioridad y legitima la dominación de la población indígena por la ciudadana blanco mestiza. Conviene detenerse en esta división étnica imaginaria que sigue como su propia sombra a los emigrantes de las comunidades; en el espacio nacional y ciudadano, destacan tres aristas que son pertinentes: 1. la violencia que genera la frontera, 2. la constitución de un nuevo sujeto indígena por la coerción y la resistencia, y 3. la concomitante e implícita legitimación del ciudadano ecuatoriano como elemento de dominación.

GUERRERO, Andrés. CIUDADANIA, FRONTERA ETNICA Y COMPULSION BINARIA. En: Iconos N° 4. Quito, FLACSo, marzo de 1998, pp. 112-123.

 

TEMA:

De indígena particular al emigrante anónimo

pp. 115-116


… En la República, entre 1857 y 1964, para fijar algunos puntos de referencia temporales, la administración privada de poblaciones en el sistema ciudadano, puede ser pensada como variante histórica de lo que Bourdieu analiza como una dominación simbólica. Por administración privada se refiere a un acto de delegación de atribuciones políticas, de soberanía. El Estado republicano efectúo ese acto de transferencia a mediados del siglo 19 con la supresión del tributo de indios. Casi sin instrumentos legales ni discusiones políticas, se otorga a una periferia de poderes (haciendas, iglesia, unidades domésticas ciudadanas, redes de clientela, instituciones locales de gobierno), la gestión (demográfica, económica, espacial y simbólica) de las poblaciones que antes eran identificadas y numeradas en los padrones y censos republicanos como indios. Las formaciones periféricas de poderes constriñen el espacio de las estrategias de dominación y resistencia a ámbitos locales a las redes y juegos de poder en un cantón y sus parroquias para situarlas de alguna manera en el territorio nacional. Enmarcan las relaciones entre ciudadanos e indígenas dentro de una etiqueta ritualizada de subordinación y en alianzas de reciprocidad desigual análogas a las del parentesco: la delegación hacia lo privado implica una personalización de la dominación. Para los ciudadanos del pueblo, los indígenas que se acercaban a sus propiedades o comercios, venían de tal o cual hacienda o comunidad, pertenecían a grupos domésticos identificados o identificables, eran personas conocidas·, así fueran tan sólo amigos, parientes, clientes o recomendados· de un compadre; estas relaciones adoptaban una dimensión temporal de larga duración, cubrían la estabilidad de arcos generacionales.

El tipo de formación de dominación delegada hacia los confines de lo público, excluye la relación social impersonal, evita los vínculos no particularizados y desconoce el trato anónimo de la ciudadanía, tal cual se da en el espacio urbano o el mercado de trabajo nacionales.


GUERRERO, Andrés. CIUDADANIA, FRONTERA ETNICA Y COMPULSION BINARIA. En: Iconos N° 4. Quito, FLACSo, marzo de 1998, pp. 112-123.

 

TEMA:

La violencia de la igualdad ciudadana.

pp. 116-118


… En la comuna de Shamanga la antropóloga Carola Lenz censa 8º% de hombres y 50% de mujeres para 1987, cifras que, con variaciones de un lugar a otro, reflejaban sin duda una realidad bastante extendida en otras regiones de la Sierra. Al salir del ámbito local, los comuneros acceden a un sistema de poder de distinta naturaleza, se insertan en el mercado laboral y el espacio público ciudadano: acceden a juegos de fuerza que no requieren una personalización ni tampoco una particularización de los agentes sociales. Al convivir con los emigrantes que acompaña en su viaje a la Costa, C. Lenz experimenta y luego describe la violencia que sufren los comuneros convertidos en indios genéricos. En el roce público los ciudadanos sobre imprimen en los comuneros la imagen del indio incivilizado para, de esta manera, colocarlos del otro lado de la frontera étnica. Arman gambitos de diferenciación del otro, urdidas y ungidas por un sentido práctico que trabaja sin cese ni perdón, asumen la forma concreta de chistes, burlas y ofensas simbólicas que en cualquier momento pueden desembocarse en agresiones físicas. Ser ciudadano del sentido práctico [el único agente legítimo de la historia oficial de la nación], ser blanco mestizo, rinde una renta diferencial simbólica: simplemente no se es indio. Para competir en la esfera ciudadana en condiciones de menor desventaja y amortiguar la violencia que genera la frontera, tienen que imponerse una tansmutación y renegociar su noción de masculinidad: tienen que incorporar y representar una nueva imagen de sí masculina. Abandonan sus hábitos, los vestidos y las costumbres, cambian las formas mentales de percepción y las disposiciones de comportamiento, intentan costeñizarse, o urbanizarse, adoptan una estrategia mimética con el entorno ciudadano viril imperante en el espacio público nacional.

Con los cambios los indios de los poderes locales compartimentados tienden a fundirse en una población más unitaria. Devienen una suerte de comunidad capaz de imaginarse a sí misma en tanto que conjunto social, por encima de sus diversidades. Se convierte en un grupo social vinculado por lazos simbólicos e históricos compartidos y reinventados en rituales políticos como los levantamientos, por participar en una experiencia de vida y sociabilidad de emigrantes en las redes sociales que surgen en las ciudades.

Por consiguiente hay dos procesos que gestan un grupo social nuevo:

a) por una parte, la segregación, la ubicación del otro lado de la frontera en un más allá político indefinido [no ciudadano] y la violencia que asumen las relaciones interétnicas y
b) por otra parte, la resistencia a la situación de dominación y explotación a nivel nacional.


GUERRERO, Andrés. CIUDADANIA, FRONTERA ETNICA Y COMPULSION BINARIA. En: Iconos N° 4. Quito, FLACSo, marzo de 1998, pp. 112-123.