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| RESUMEN:
Luego de desarrollar el concepto de "frontera étnica",
el autor se sirve de la trama de temas presentes en el libro de
Carola Lentz, Migración e Identidad Etnica, la transformación
histórica de una comunidad indígena en la Sierra ecuatoriana,
para realizar una reflexión en torno a la transición
de los múltiples y diferentes grupos indígenas locales
del pasado hacia una población indígena de perfil
nacional hoy en día. Esto implica detenerse en dos aspectos:
a) la modificación de las formas de dominación de
poblaciones dentro del sistema ciudadano y republicano en las últimas
décadas, y b) la experiencia de vida en el borde de la nueva
frontera étnica y la violencia transformadora que recorre
el ancho y ajeno mundo del mercado y lo ciudadano.
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| TEMA:
La modificación de la formación de dominación
pp. 114-115
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La formación de dominación étnica sobre
todo luego de la reforma agraria en los años sesenta, había
atravesado por una modificación sin precedentes a lo largo
de la Sierra. Este cambio que trastocó la experiencia de vida
y el ser indígena, se puede enfocar recurriendo a la noción
clásica de frontera étnica tomada del trabajo de Frederik
Barth. Para Bart, dicha noción deriva de las categorías
estructurales del sociólogo T. Parsons, el estatus, la adscripción
y la identidad. En su concepción, posee ante todo un carácter
estático, señala una permanencia. La creación
de grupos étnicos es un problema que Bart, apenas alude, la
frontera sería ante todo un límite cultural que deslinda
una identidad establecida, marca una distinción de sí
mismo, fija un grupo social que se auto reconoce y diferencia de los
demás. Vale decir, permite una suerte de conciencia social
de grupo que se adscribe a sí mismo. Afirma que conviene conservar
antes que desechar esta noción; por una parte, la asocia a
los conceptos de campo, habitus y estrategias de fuerza de P. Bourdieu;
por otra, siguiendo a Judith Butler, vincula la división dual
que provoca la existencia de una frontera étnica a una matriz
binaria de percepción mental, un parteaguas simbólico
propio a un sistema de dominación. Es lo que dicha autora define
como un orden dicotómico compulsivo, en pocas palabras, la
frontera étnica sería una suerte de artilugio simbólico
de dominación que, en las relaciones de poder cotidianas, produce
y reproduce a la vez al indio y al blanco mestizo. La frontera que
interesa pertenece a un orden simbólico preciso, históricamente
construido con la formación del Estado nacional republicano,
deriva, de un estado poscolonial. Dicha frontera cruza por todos los
campos sociales y les otorga una suerte de estructura elemental de
dominación étnica, instaura una dicotomía primaria
que organiza y justifica las posiciones que, en dichos campos, ocupan
los habitantes bautizados de ecuatorianos, con todas sus demás
complejas determinaciones sociales [económicas, políticas,
culturales]. Separa en el imaginario a los habitantes en dos grandes
grupos, los blancos mestizos ciudadanos y los otros, es un principio
generador de estrategias de poder en todo el espacio de la sociedad
nacional, desde el Estado central [lo público estatal] hasta
la periferia doméstica [lo privado y cotidiano], incluyendo
ámbitos intermedios y colindantes. Dicha matriz binaria es
una formación mental y, como tal, posee una historia, se constituye
en los Andes a partir del acto de violencia fundador de la dominación
de poblaciones, luego de la conquista hispánica los micro juegos
de poder entre las poblaciones así instituidas crean y recrean,
en el plexo social de la vida social, a esos grupos primarios como
clasificaciones de identidad. ...
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| GUERRERO, Andrés. CIUDADANIA, FRONTERA ETNICA Y COMPULSION
BINARIA. En: Iconos N° 4. Quito, FLACSo, marzo de 1998, pp. 112-123.
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TEMA:
La modificación de la formación de dominación
pp. 114-115
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Bajo el sistema republicano, históricamente inscrita
en el sentido práctico de los ecuatorianos, dicha matriz binaria
se convierte en una realidad simbólica que encarna en agentes
sociales redefinidos, los ciudadanos y los sujetos por civilizar en
el Ecuador. Al respecto, conviene retener la noción de frontera
étnica porque connota y recalca ese principio de deslinde binario,
aquella estructura simbólica tan eficaz, elemental y recóndita.
La frontera instituye en las posiciones y las estrategias de fuerza
de los agentes sociales, en lo real, los hitos simbólicos que
delimitan el campo de juego, además esconde la arbitrariedad
de su dominación, perpetuamente reproducido bajo la sombra
de un efecto de naturalización, racializa a los habitantes
nacionales en términos de un supuesto sistema genético.
En la vida cotidiana, la frontera engendra la diferencia como inferioridad
y legitima la dominación de la población indígena
por la ciudadana blanco mestiza. Conviene detenerse en esta división
étnica imaginaria que sigue como su propia sombra a los emigrantes
de las comunidades; en el espacio nacional y ciudadano, destacan tres
aristas que son pertinentes: 1. la violencia que genera la frontera,
2. la constitución de un nuevo sujeto indígena por la
coerción y la resistencia, y 3. la concomitante e implícita
legitimación del ciudadano ecuatoriano como elemento de dominación.
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| GUERRERO, Andrés. CIUDADANIA, FRONTERA ETNICA Y COMPULSION
BINARIA. En: Iconos N° 4. Quito, FLACSo, marzo de 1998, pp. 112-123. |
| TEMA:
De indígena particular al emigrante anónimo
pp. 115-116
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En la República, entre 1857 y 1964, para fijar algunos
puntos de referencia temporales, la administración privada
de poblaciones en el sistema ciudadano, puede ser pensada como variante
histórica de lo que Bourdieu analiza como una dominación
simbólica. Por administración privada se refiere a un
acto de delegación de atribuciones políticas, de soberanía.
El Estado republicano efectúo ese acto de transferencia a mediados
del siglo 19 con la supresión del tributo de indios. Casi sin
instrumentos legales ni discusiones políticas, se otorga a
una periferia de poderes (haciendas, iglesia, unidades domésticas
ciudadanas, redes de clientela, instituciones locales de gobierno),
la gestión (demográfica, económica, espacial
y simbólica) de las poblaciones que antes eran identificadas
y numeradas en los padrones y censos republicanos como indios. Las
formaciones periféricas de poderes constriñen el espacio
de las estrategias de dominación y resistencia a ámbitos
locales a las redes y juegos de poder en un cantón y sus parroquias
para situarlas de alguna manera en el territorio nacional. Enmarcan
las relaciones entre ciudadanos e indígenas dentro de una etiqueta
ritualizada de subordinación y en alianzas de reciprocidad
desigual análogas a las del parentesco: la delegación
hacia lo privado implica una personalización de la dominación.
Para los ciudadanos del pueblo, los indígenas que se acercaban
a sus propiedades o comercios, venían de tal o cual hacienda
o comunidad, pertenecían a grupos domésticos identificados
o identificables, eran personas conocidas·, así fueran
tan sólo amigos, parientes, clientes o recomendados·
de un compadre; estas relaciones adoptaban una dimensión temporal
de larga duración, cubrían la estabilidad de arcos generacionales.
El tipo de formación de dominación delegada hacia
los confines de lo público, excluye la relación social
impersonal, evita los vínculos no particularizados y desconoce
el trato anónimo de la ciudadanía, tal cual se da
en el espacio urbano o el mercado de trabajo nacionales.
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| GUERRERO, Andrés. CIUDADANIA, FRONTERA ETNICA Y COMPULSION
BINARIA. En: Iconos N° 4. Quito, FLACSo, marzo de 1998, pp. 112-123. |
| TEMA:
La violencia de la igualdad ciudadana.
pp. 116-118
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En la comuna de Shamanga la antropóloga Carola Lenz
censa 8º% de hombres y 50% de mujeres para 1987, cifras que,
con variaciones de un lugar a otro, reflejaban sin duda una realidad
bastante extendida en otras regiones de la Sierra. Al salir del ámbito
local, los comuneros acceden a un sistema de poder de distinta naturaleza,
se insertan en el mercado laboral y el espacio público ciudadano:
acceden a juegos de fuerza que no requieren una personalización
ni tampoco una particularización de los agentes sociales. Al
convivir con los emigrantes que acompaña en su viaje a la Costa,
C. Lenz experimenta y luego describe la violencia que sufren los comuneros
convertidos en indios genéricos. En el roce público
los ciudadanos sobre imprimen en los comuneros la imagen del indio
incivilizado para, de esta manera, colocarlos del otro lado de la
frontera étnica. Arman gambitos de diferenciación del
otro, urdidas y ungidas por un sentido práctico que trabaja
sin cese ni perdón, asumen la forma concreta de chistes, burlas
y ofensas simbólicas que en cualquier momento pueden desembocarse
en agresiones físicas. Ser ciudadano del sentido práctico
[el único agente legítimo de la historia oficial de
la nación], ser blanco mestizo, rinde una renta diferencial
simbólica: simplemente no se es indio. Para competir en la
esfera ciudadana en condiciones de menor desventaja y amortiguar la
violencia que genera la frontera, tienen que imponerse una tansmutación
y renegociar su noción de masculinidad: tienen que incorporar
y representar una nueva imagen de sí masculina. Abandonan sus
hábitos, los vestidos y las costumbres, cambian las formas
mentales de percepción y las disposiciones de comportamiento,
intentan costeñizarse, o urbanizarse, adoptan una estrategia
mimética con el entorno ciudadano viril imperante en el espacio
público nacional.
Con los cambios los indios de los poderes locales compartimentados
tienden a fundirse en una población más unitaria.
Devienen una suerte de comunidad capaz de imaginarse a sí
misma en tanto que conjunto social, por encima de sus diversidades.
Se convierte en un grupo social vinculado por lazos simbólicos
e históricos compartidos y reinventados en rituales políticos
como los levantamientos, por participar en una experiencia de vida
y sociabilidad de emigrantes en las redes sociales que surgen en
las ciudades.
Por consiguiente hay dos procesos que gestan un grupo social nuevo:
a) por una parte, la segregación, la ubicación del
otro lado de la frontera en un más allá político
indefinido [no ciudadano] y la violencia que asumen las relaciones
interétnicas y
b) por otra parte, la resistencia a la situación de dominación
y explotación a nivel nacional.
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| GUERRERO, Andrés. CIUDADANIA, FRONTERA ETNICA Y COMPULSION
BINARIA. En: Iconos N° 4. Quito, FLACSo, marzo de 1998, pp. 112-123. |
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