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| RESUMEN:
Partiendo de una metáfora en torno al "viaje"
-desplazamiento del espacio- como referente de la discusión
del "otro", el autor desarrolla el tema de la cultura
popular, destacando las concepciones clásicas que aludían
un cierto aislamiento de los universos populares caracterizados
por una dinámica cultural propia, y enfrenta dichas posiciones
en el contexto actual de la modernidad-mundo, haciendo hincapié
en la dificultad de identificar un "otro" ajeno a tal
proceso.
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| TEMA:
El viaje, lo popular y el otro
pp. 1-20
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"El viaje... es un desplazamiento en el espacio... Implica
la separación del individuo de su medio familiar; después
una estadía prolongada... y por último, la reintegración
a la propia casa, la tierra de origen". Pero no se trata de cualquier
espacio. "Posee una peculiaridad: su discontinuidad. Cada sitio,
cada cultura constituye un territorio particular".
El tema del viaje se abre para la discusión del otro. Desplazarse
significa tomar conocimiento de aquellos que difieren de "nosotros".
Más allá de cómo el otro es aprehendido -sea
como fuente de inspiración o como materia de dominación-,
él preexiste como diferencia. Pero, ¿cuál es
la relación entre el viaje y la problemática de la
cultura popular?. Basta mirar la literatura sobre las manifestaciones
de la cultura popular para discernir algunos trazos comunes, sobretodo
el tema del "aislamiento". Cuando los folkloristas estudian
las baladas, los proverbios, las creencias mágico religiosas
atribuyen una cualidad específica a este material: proviene
de una región lejana, en general de las pequeñas comunidades
campesinas y expresa la autenticidad de una antigua memoria tradicional.
El folklorista supone la existencia de universos estancos, de límites
en cuyo interior evolucionan de forma necesaria las manifestaciones
populares. Porque se enucentran "aisladas" de la dinámica
social, estas manifestaciones representan un tipo de formación
cultural reveladora del pasado; su autenticidad está asegurada
por la distancia que las separa de las imposiciones de la vida actual.
"El folklorista razona como un geólogo. En la superficie
de la sociedad existen fenómenos diversos, la cultura letrada,
la política, las instituciones; debajo, una realidad encubierta
por las edades históricas". Cada aldea o núcleo
de población constituye un universo seguro. Su aislamiento
encierra las experiencias del conjunto de sus habitantes.
Este énfasis en la segmentación, prevalece también
en los estudios de comunidad. La investigación de Robert
Redfield sobre la cultura folk en Yucatán es un ejemplo;
él compara cuatro unidades espaciales diferentes: la tribu
indígena, la aldea campesina, la villa y la ciudad. Dentro
de cada una de estas regiones, el autor busca entender las cuestiones
relativas al cambio social: individualización, secularización,
declinación de la solidaridad, etc., y concluye: el avance
de la división de trabajo de la economía de mercado,
de la heterogeneidad cultural, se da en función de la distancia
existente entre esas órdenes geoculturales. El aislamiento
de la tribu en relación con la aldea campesina, de la villa
con la ciudad, determina la conservación o la dinámica
de la tradición. Idealmente, la cultura florece dentro de
determinados límites. Cuando más lejos de los centros
urbanos y de los cánones de civilización, mayores
serán su integridad y complejidad.
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| ORTIZ, Renato. EL VIAJE, LO POPULAR Y EL OTRO. En: Otro territorio.
Ensayos sobre el mundo contemporáneo. Bogotá, Convenio
Andrés Bello, 1998, pp. 1-20. |
| TEMA:
El viaje, lo popular y el otro
pp. 1-20
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"No debemos imaginar que el aislamiento
postulado por algunos análisis... es en verdad tan radical.
El tránsito entre las culturas existió siempre, sería
insensato hablar de incomunicabilidad". Sin embargo, vale la
pena retener que la discusión sobre la cultura popular refuerza
una dimensión: la separación. Las manifestaciones de
la cultura popular generalmente se estudian en contraposición
con la cultura de élite, la cultura dominante, el arte culto
y no sólo con la modernidad. "La imaginación de
los intelectuales presupone la cultura popular como un elemento de
alteridad. Ella es el espejo en el que se refleja un ser totalmente
otro. Pueblo no significa así una categoría histórica
concreta, atravesada por los conflictos y las contradicciones sociales,
sino que se trata de un ideal, una dimensión olvidada pero
que se mantiene incólume al mundo de las letras y de la razón.
Viajar por la cultura popular sería una forma de ´encantamiento
del mundo´, y no propiamente un conocimiento científico
de la realidad... Creo que esta búsqueda de alteridad es el
trazo de unión entre cultura popular y nación".
La valoración de lo popular se lleva a cabo en la medida
en que la nación es una utopía, un proyecto. Se trata
de una dimensión inherente a la relación entre lo
popular y la constitución de la nación que se manifiesta
en diversos países y contextos. "El caso de América
Latina es ejemplar. Durante el siglo XIX y parte del XX, tal relación
anima a los intelectuales, los políticos y los movimientos
culturales (cine, literatura, pintura, etc). De los muralistas mexicanos
a los modernistas brasileños encontramos la presencia de
un ideal constante: la nación. Pero es necesario aclarar
que esta entidad siempre es algo incompleto. Este es su secreto.
Por se utopía, desfasada en el tiempo, su construcción
galvaniza la imaginación de todos. Frente a los sinsabores
del presente, los impasses, las dificultades (pobreza, subdesarrollo,
atraso tecnológico), la nación cristaliza un sueño
aún no materializado. Cada país busca... los elementos
de esta autenticidad ansiada en las raíces de sus expresiones
populares. La cultura popular actúa como sustancia simbólica
que articula una alteridad posible, encierra, en la mente de los
hombres, las potencialidades de un ´mundo diferente´".
Ahora bien. Los principios del "viaje" y la cultura popular,
poseen la misma validez en el contexto de las sociedades contemporáneas?,
¿el proceso de globalización no nos obliga a repensar
nuestra relación con el otro?. Hay una quiebra de fronteras.
La revolución tecnológica, que envuelve las organizaciones
empresariales, los medios de comunicación, los lugares de
trabajo, los contactos individuales y colectivos, demuestra este
cambio. ...
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| ORTIZ, Renato. EL VIAJE, LO POPULAR Y EL OTRO. En: Otro territorio.
Ensayos sobre el mundo contemporáneo. Bogotá, Convenio
Andrés Bello, 1998, pp. 1-20. |
| TEMA:
El viaje, lo popular y el otro
pp. 1-20
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Los satélites, fax, computadoras, multimedia, fibras
ópticas, surgen como determinantes causales de la ampliación
de los límites geográficos, de la posibilidad de comunicación
plena en el seno de una "aldea global". La disolución
de los límites o la desterritorialización de las culturas
surge con la modernidad. La peculiaridad del momento actual es que
su expansión, contrariamente al siglo XIX, ya no se confina
a algunos países, sino que se torna planetaria. Estamos penetrados
por la modernidad-mundo, ella nos acompaña en todos los lugares.
Antes, en los viejos álbumes compuestos por los folcloristas,
el lector obtenía una visión de la diversidad humana:
cada pueblo, con sus hábitos alimentarios y sus vestimentas.
"Hoy nos encontramos con una singularidad de costumbres: jeans,
zapatos, zapatillas, camperas, sacos, fast-food, bebidas, comida industrial,
denotan la inmanencia de un patrón civilizatorio mundializado.
Los diversos grupos sociales comparten incluso un imaginario colectivo
común, compuesto por signos comerciales, imágenes de
cine y televisión, afiches de artistas, cantantes de música
pop, étcetera".
En este sentido, la noción de viaje se encuentra comprometida.
"Desplazarse en el espacio deja de ser una ´aventura´.
Lo desconocido, en el pasado sinónimo de distante, se torna
habitual, y no apenas desde el punto de vista de aquellos que organizan
el traslado, sino también de quienes lo experimentan. La
modernidad-mundo, posee su propio mobiliario, sus artefactos rodean
a los individuos en cualquier parte del planeta". Sin embargo,
es posible afirmar que los cambios recientes inciden también
en la idea de fijeza. "La modernidad-mundo no significa apenas
desterritorialización. Este es un primer paso que debe recorrer,
pero, para existir como tal, sus objetos se deben reterritorializar.
Una cultura mundializada solo tiene sentido si está arraigada
en nuestros hábitos más prosaicos. Necesita localizarse,
en este o en aquel lugar; realizarse, de esta o de aquella forma...Somos
ciudadanos mundiales porque el mundo penetró en la vida cotidiana".
Las transformaciones espaciales tienen una incidencia directa sobre
las culturas populares. Durante el siglo XIX, la preocupación
central de los folcloristas europeos fue comprender la relación
interactiva y conflictiva entre ellas y la modernidad. A partir
de la entrada del siglo XX, el ritmo de cambio se acelera. El desarrollo
de los medios de comunicación debilita aún más
las fronteras entre las culturas populares y la realidad circundante.
"Creo que la cultura popular, en el inicio del siglo XXI, no
disfruta más del aura que la envolvía. Marcada por
el signo de la familiaridad, sufre una crisis de desencantamiento...
En el mundo globalizado en que vivimos, atravesado por una cultura
internacional-popular, el proyecto de construcción nacional
toma otros rumbos...Ni la nación icompleta ni lo popular,
auténtico o radical, tienen fuerzas para constituirse en
signos de alteridad.
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| ORTIZ, Renato. EL VIAJE, LO POPULAR Y EL OTRO. En: Otro territorio.
Ensayos sobre el mundo contemporáneo. Bogotá, Convenio
Andrés Bello, 1998, pp. 1-20. |
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