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| RESUMEN:
¿Cómo hablar de desarrollo, en general, y del comunitario,
en particular, en un momento en que la presión de los procesos
de globalización desplaza los planes efectivos de desarrollo
y encamina todos los esfuerzos en una sola dirección realista
de mercado total excluyente?. ¿Cómo enfrentar la necesidad
de un énfasis local de estos procesos, sin perder de vista
la exigencia de reconocer los cambios culturales provenientes de
estrategias globales que también se manifiestan en dimensiones
locales?. ¿Cómo vincular el desarrollo y la cultura
mediante procesos y recursos de comunicación actuales que,
pese a todas sus posibilidades, someten a los países latinoamericanos
a un panorama de exclusión y difícil acceso?. A partir
de estos cuestionamientos, el autor presenta algunas consideraciones
de análisis para favorecer una explicación en torno
del desarrollo, la cultura y la comunicación.
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| TEMA:
Realismo: ¿la exclusión inevitable?
pp. 21-23
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En 1918, el mundo se reorganiza bajo la estructura de un
orden imperial y colonialista salido del siglo 19. El Presidente de
Estado Unidos, Wilson, afirmaba la existencia de pueblos incapaces
aún de administrarse ellos mismos en las condiciones especialmente
difíciles del mundo moderno; asumía que el bienestar
y el desarrollo de estos pueblos forman una misión sagrada
de civilización y que el mejor método para realizar
este principio es el confiar la tutela de estos pueblos a las naciones
desarrolladas. La tutela fue ejercida desde entonces como una negación
del derecho de muchos países a gobernarse por sí mismos.
Y el desarrollo pasaría de ser una noción civilizadora,
muy ligada a lo social y lo cultural, para constituir un modelo de
crecimiento económico impuesto y dirigido por las naciones
desarrolladas.
En 1949, el término subdesarrollo también vería
la luz en la Casa Blanca, esta vez el presidente Harry Truman lo acuñaría
para referirse a la situación de una buena porción del
planeta que todavía no tenía acceso a las ventajas del
progreso. Casi 50 años después, el presidente de Brasil
Fernando Enrique Cardoso, afirmó que probablemente en la dinámica
actual no hay fuerza para incorporar a todo mundo en la sociedad formal,
es decir, que en el nuevo orden globalizador no todo ciudadano puede
ser integrado a la esfera de los derechos, del consumo, de la educación
y de las libertades reales.
Durante esas cinco décadas el mundo presenció una rápida
transición con muchas facetas. El modelo prevaleciente distinguía
entre el atraso de una sociedad tradicional y el progreso de una sociedad
moderna. El modelo economicista se proponía bajo las reglas
de una paradoja gravísima: el crecimiento se lograría
por una expansión infinita de explotación de recursos
para la producción. En algunos países, la tutela del
desarrollo fue delegada a los sectores militares, primero a través
de sus acciones cívicas y más tarde con el apoyo implícito
a dictaduras bajo la ideología de la seguridad nacional.
De un Estado interventor, encargado de llevar adelante el proceso
de modernización se pasó, en los años ochenta,
a un Estado ampliado paralelo a Estados nación, cada vez menos
autónomos e incapaces de planificar el desarrollo. En consecuencia,
desde los años ochenta los tradicionales programas gubernamentales
de desarrollo fueron desplazados por el realismo de programas económicos
como los ajustes estructurales, los procesos de privatización
y de movilidad laboral, acompañados de poderosas redes de corrupción.
Por tanto, aún en su carácter evolucionista del desarrollo
cuantitativo, y admitiendo los pobrísimos resultados de su
aplicación, se trataba de modelos inclusivos de todos los sectores
sociales. Pero en el nuevo contexto, el realismo predominante argumenta
la exclusión como necesidad, de manera que si ya no se habla
en forma explícita de desarrollo, mucho menos se lo hace colocando
al ser humano en el centro. |
| CORTES, Carlos Eduardo. PROYECTOS DEMOCRATICOS EN UNA CULTURA DE
LA DESIGUALDAD. En: Contando, tejiendo y construyendo identidades.
Quito: HABIT-COM, 1998, pp. 29-36.
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| TEMA:
Nueva conciencia
pp. 24-26
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El Programa de Acción para los próximos 20
años, de la Conferencia Internacional sobre la Población
y el Desarrollo, realizada en El Cairo, 1994, asumió, entre
otras cuestiones, que el derecho al desarrollo es un derecho universal
e inalienable, que es parte integrante de los derechos humanos fundamentales:
la persona humana es el sujeto central del desarrollo.
Para dicho Programa los objetivos y políticas de población
son parte integrante del desarrollo social, económico y cultural,
que se orientan principalmente a mejorar la calidad de la vida de
todas las personas. Se considera que el problema del desarrollo consiste
en atender a las necesidades de las generaciones actuales sin poner
en peligro la capacidad de las generaciones futuras para atender sus
propias necesidades. La noción de calidad de vida constituye
una forma de conciencia social, según la época y valores
predominantes, acorde con los problemas y necesidades y la fijación
de objetivos de decisión y de inversión, de la que deben
originarse decisiones, medidas y conductas concretas para la creación
o restauración de un mundo vital, en el que pueda desarrollarse
una vida satisfactoria.
Pero esta clara conciencia, no se refleja en los procesos sociales
más determinantes del curso que está tomando nuestro
planeta. Más allá del crecimiento sostenido de la llamada
economía informal, lo que puede verse allí es una de
las expresiones más claras de la cultura de exclusión
que se manifiesta en la concepción neoliberal del desarrollo.
Según Néstor García Canclini el neoliberalismo
hegemónico promueve una concentración de la producción
y de los consumos en sectores cada vez más restringidos. La
reorganización privatizadora y selectiva es a veces tan severa
que desciende las demandas a los niveles biológicos de supervivencia.
Para los amplios sectores de extrema pobreza las necesidades en torno
de las cuales deben organizarse son las de comida y empleo. Si la
calidad de vida es una forma de consciencia social, según la
época y los valores predominantes, ¿qué desarrollo,
más allá de la lucidez de los documentos oficiales,
puede obtenerse hoy en medio de una cultura de la exclusión?.
La nueva cultura política opera más en los medios que
en la participación ciudadana, y toda la sociedad se está
reorganizando desde el nuevo sector estratégico de la comunicación
y la información. |
| CORTES, Carlos Eduardo. PROYECTOS DEMOCRATICOS EN UNA CULTURA DE
LA DESIGUALDAD. En: Contando, tejiendo y construyendo identidades.
Quito: HABIT-COM, 1998, pp. 29-36. |
| TEMA:
Nuevo Contexto
pp. 26-28
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Desde la década del setenta, el planeta Tierra ha
presenciado los primeros signos de una gran transformación
que abarca el ámbito tecnológico, económico,
político y cultural; se trata de la globalización, una
interacción funcional de actividades económicas y culturales
dispersas, bienes y servicios, generados por un sistema con muchos
centros, y una revolución digital de tecnología basada
en redes planetarias de información. Nicholas Negroponte dice:
"la computación ya no se refiere a los computadores, sino
a la vida". Los bits, equivalentes al DNA o código genético
de la información están modificando el tradicional intercambio
comercial de átomos por un acceso universal a la interacción
basada en la trasferencia barata e instantánea de datos electrónicos
que se mueven a la velocidad de la luz. El gran negocio de la información
se debe a que todas las sociedades actuales, sin importar su política,
su tamaño ni su nivel de desarrollo se están transformando
con rapidez mediante tecnología de información que generan
una convivencia digitalizada de televisores, computadores y teléfonos
a través de redes de cable y fibra óptica.
Pero una cosa son los discursos sobre la libertad de información,
y otra muy diferente, el comportamiento práctico de grupos
políticos y económicos que les permite comerciar con
la información. La regulación del sector de comunicaciones
de muchos países permite ver una historia enmarañada
donde las normas y las disposiciones rara vez han garantizado una
verdadera pluralidad de opciones ni un derecho efectivo de libre competencia.
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| CORTES, Carlos Eduardo. PROYECTOS DEMOCRATICOS EN UNA CULTURA DE
LA DESIGUALDAD. En: Contando, tejiendo y construyendo identidades.
Quito: HABIT-COM, 1998, pp. 29-36. |
| TEMA:
Nuevo proyecto democrático
pp. 27-28
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En un mundo no solidario como el presente, la búsqueda
de un desarrollo equivalente a la recomposición de un proyecto
democráctico pasa hoy por estrategias nuevas que nos exigen
cambiar muchas de las referencias con que hemos venido trabajando.
Un primer aspecto parece ser el construir un espacio público
de carácter no estatal, dadas las características del
nuevo Estado ampliado. Otro aspecto a considerar es que la convocatoria
a la gestión y la participación comunitaria se enfrenta
a la necesidad de reconocer nuevos actores, más allá
de la defensa del derecho a la diferencia cultural y a los movimientos
de género y ecológicos.
Se requiere buscar otros potenciales progresistas entre sectores sociales
donde es posible apelar a la llamada solidaridad individualista que
puede surgir entre individuos constituidos por las nuevas formas de
producción aislada convocables colectivamente en defensa de
determinados derechos. También parece posible atraer el egoísmo
racional de quienes admiten la necesidad de desarrollo equitativo
y sostenible, y pueden reconocer la irracionalidad de los costos sociales
y los efectos negativos de la miseria, la desesperanza, la violencia,
la criminalidad y el miedo, no sólo para los pobres, sino también
para los ricos.
Hoy más que nunca cualquier proceso de capacitación
en el marco de proyectos democráticos, podría buscar
alternativas de educación para la incertidumbre. Aunque toda
vida humana se organiza contra la incertidumbre, muchas veces esta
lucha no es tan real como parece. En manos de la mayoría de
las instituciones sociales, la lucha contra la incertidumbre se convierte
en el esfuerzo de lograr la ilusión de certidumbre, sea a través
de sistemas pedagógicos condicionados y condicionantes, de
salidas políticas mágicas, de respuestas utópicas
a la medida de los sueños y de seguros de vida, vejez y muerte.
El resultado es una negación sistemática de la incertidumbre,
cuando nadie escapa a ella. En medio de una cultura de la exclusión,
la ilusión de certidumbre es suicida. Plantea que necesitamos
conocer en profundidad el nuevo contexto, para darle un piso cierto
a la conciencia y las estrategias que están surgiendo. |
| CORTES, Carlos Eduardo. PROYECTOS DEMOCRATICOS EN UNA CULTURA DE
LA DESIGUALDAD. En: Contando, tejiendo y construyendo identidades.
Quito: HABIT-COM, 1998, pp. 29-36. |
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