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DEMOCRACIA

AUTOR

Carlos Eduardo Cortés

TITULO

Proyectos democráticos en una cultura de la desigualdad

 
EN

Contando, tejiendo y construyendo identidades

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

HABIT COM, Quito, 1998, pp. 29-36

 

RESUMEN:

¿Cómo hablar de desarrollo, en general, y del comunitario, en particular, en un momento en que la presión de los procesos de globalización desplaza los planes efectivos de desarrollo y encamina todos los esfuerzos en una sola dirección realista de mercado total excluyente?. ¿Cómo enfrentar la necesidad de un énfasis local de estos procesos, sin perder de vista la exigencia de reconocer los cambios culturales provenientes de estrategias globales que también se manifiestan en dimensiones locales?. ¿Cómo vincular el desarrollo y la cultura mediante procesos y recursos de comunicación actuales que, pese a todas sus posibilidades, someten a los países latinoamericanos a un panorama de exclusión y difícil acceso?. A partir de estos cuestionamientos, el autor presenta algunas consideraciones de análisis para favorecer una explicación en torno del desarrollo, la cultura y la comunicación.

 

TEMA:

Realismo: ¿la exclusión inevitable?

pp. 21-23


… En 1918, el mundo se reorganiza bajo la estructura de un orden imperial y colonialista salido del siglo 19. El Presidente de Estado Unidos, Wilson, afirmaba la existencia de pueblos incapaces aún de administrarse ellos mismos en las condiciones especialmente difíciles del mundo moderno; asumía que el bienestar y el desarrollo de estos pueblos forman una misión sagrada de civilización y que el mejor método para realizar este principio es el confiar la tutela de estos pueblos a las naciones desarrolladas. La tutela fue ejercida desde entonces como una negación del derecho de muchos países a gobernarse por sí mismos. Y el desarrollo pasaría de ser una noción civilizadora, muy ligada a lo social y lo cultural, para constituir un modelo de crecimiento económico impuesto y dirigido por las naciones desarrolladas.
En 1949, el término subdesarrollo también vería la luz en la Casa Blanca, esta vez el presidente Harry Truman lo acuñaría para referirse a la situación de una buena porción del planeta que todavía no tenía acceso a las ventajas del progreso. Casi 50 años después, el presidente de Brasil Fernando Enrique Cardoso, afirmó que probablemente en la dinámica actual no hay fuerza para incorporar a todo mundo en la sociedad formal, es decir, que en el nuevo orden globalizador no todo ciudadano puede ser integrado a la esfera de los derechos, del consumo, de la educación y de las libertades reales.
Durante esas cinco décadas el mundo presenció una rápida transición con muchas facetas. El modelo prevaleciente distinguía entre el atraso de una sociedad tradicional y el progreso de una sociedad moderna. El modelo economicista se proponía bajo las reglas de una paradoja gravísima: el crecimiento se lograría por una expansión infinita de explotación de recursos para la producción. En algunos países, la tutela del desarrollo fue delegada a los sectores militares, primero a través de sus acciones cívicas y más tarde con el apoyo implícito a dictaduras bajo la ideología de la seguridad nacional.
De un Estado interventor, encargado de llevar adelante el proceso de modernización se pasó, en los años ochenta, a un Estado ampliado paralelo a Estados nación, cada vez menos autónomos e incapaces de planificar el desarrollo. En consecuencia, desde los años ochenta los tradicionales programas gubernamentales de desarrollo fueron desplazados por el realismo de programas económicos como los ajustes estructurales, los procesos de privatización y de movilidad laboral, acompañados de poderosas redes de corrupción. Por tanto, aún en su carácter evolucionista del desarrollo cuantitativo, y admitiendo los pobrísimos resultados de su aplicación, se trataba de modelos inclusivos de todos los sectores sociales. Pero en el nuevo contexto, el realismo predominante argumenta la exclusión como necesidad, de manera que si ya no se habla en forma explícita de desarrollo, mucho menos se lo hace colocando al ser humano en el centro.

CORTES, Carlos Eduardo. PROYECTOS DEMOCRATICOS EN UNA CULTURA DE LA DESIGUALDAD. En: Contando, tejiendo y construyendo identidades. Quito: HABIT-COM, 1998, pp. 29-36.

 

TEMA:

Nueva conciencia

pp. 24-26


… El Programa de Acción para los próximos 20 años, de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, realizada en El Cairo, 1994, asumió, entre otras cuestiones, que el derecho al desarrollo es un derecho universal e inalienable, que es parte integrante de los derechos humanos fundamentales: la persona humana es el sujeto central del desarrollo.
Para dicho Programa los objetivos y políticas de población son parte integrante del desarrollo social, económico y cultural, que se orientan principalmente a mejorar la calidad de la vida de todas las personas. Se considera que el problema del desarrollo consiste en atender a las necesidades de las generaciones actuales sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades. La noción de calidad de vida constituye una forma de conciencia social, según la época y valores predominantes, acorde con los problemas y necesidades y la fijación de objetivos de decisión y de inversión, de la que deben originarse decisiones, medidas y conductas concretas para la creación o restauración de un mundo vital, en el que pueda desarrollarse una vida satisfactoria.
Pero esta clara conciencia, no se refleja en los procesos sociales más determinantes del curso que está tomando nuestro planeta. Más allá del crecimiento sostenido de la llamada economía informal, lo que puede verse allí es una de las expresiones más claras de la cultura de exclusión que se manifiesta en la concepción neoliberal del desarrollo.
Según Néstor García Canclini el neoliberalismo hegemónico promueve una concentración de la producción y de los consumos en sectores cada vez más restringidos. La reorganización privatizadora y selectiva es a veces tan severa que desciende las demandas a los niveles biológicos de supervivencia. Para los amplios sectores de extrema pobreza las necesidades en torno de las cuales deben organizarse son las de comida y empleo. Si la calidad de vida es una forma de consciencia social, según la época y los valores predominantes, ¿qué desarrollo, más allá de la lucidez de los documentos oficiales, puede obtenerse hoy en medio de una cultura de la exclusión?. La nueva cultura política opera más en los medios que en la participación ciudadana, y toda la sociedad se está reorganizando desde el nuevo sector estratégico de la comunicación y la información.

CORTES, Carlos Eduardo. PROYECTOS DEMOCRATICOS EN UNA CULTURA DE LA DESIGUALDAD. En: Contando, tejiendo y construyendo identidades. Quito: HABIT-COM, 1998, pp. 29-36.

 

TEMA:

Nuevo Contexto

pp. 26-28


… Desde la década del setenta, el planeta Tierra ha presenciado los primeros signos de una gran transformación que abarca el ámbito tecnológico, económico, político y cultural; se trata de la globalización, una interacción funcional de actividades económicas y culturales dispersas, bienes y servicios, generados por un sistema con muchos centros, y una revolución digital de tecnología basada en redes planetarias de información. Nicholas Negroponte dice: "la computación ya no se refiere a los computadores, sino a la vida". Los bits, equivalentes al DNA o código genético de la información están modificando el tradicional intercambio comercial de átomos por un acceso universal a la interacción basada en la trasferencia barata e instantánea de datos electrónicos que se mueven a la velocidad de la luz. El gran negocio de la información se debe a que todas las sociedades actuales, sin importar su política, su tamaño ni su nivel de desarrollo se están transformando con rapidez mediante tecnología de información que generan una convivencia digitalizada de televisores, computadores y teléfonos a través de redes de cable y fibra óptica.
Pero una cosa son los discursos sobre la libertad de información, y otra muy diferente, el comportamiento práctico de grupos políticos y económicos que les permite comerciar con la información. La regulación del sector de comunicaciones de muchos países permite ver una historia enmarañada donde las normas y las disposiciones rara vez han garantizado una verdadera pluralidad de opciones ni un derecho efectivo de libre competencia.

CORTES, Carlos Eduardo. PROYECTOS DEMOCRATICOS EN UNA CULTURA DE LA DESIGUALDAD. En: Contando, tejiendo y construyendo identidades. Quito: HABIT-COM, 1998, pp. 29-36.

 

TEMA:

Nuevo proyecto democrático

pp. 27-28


… En un mundo no solidario como el presente, la búsqueda de un desarrollo equivalente a la recomposición de un proyecto democráctico pasa hoy por estrategias nuevas que nos exigen cambiar muchas de las referencias con que hemos venido trabajando. Un primer aspecto parece ser el construir un espacio público de carácter no estatal, dadas las características del nuevo Estado ampliado. Otro aspecto a considerar es que la convocatoria a la gestión y la participación comunitaria se enfrenta a la necesidad de reconocer nuevos actores, más allá de la defensa del derecho a la diferencia cultural y a los movimientos de género y ecológicos.
Se requiere buscar otros potenciales progresistas entre sectores sociales donde es posible apelar a la llamada solidaridad individualista que puede surgir entre individuos constituidos por las nuevas formas de producción aislada convocables colectivamente en defensa de determinados derechos. También parece posible atraer el egoísmo racional de quienes admiten la necesidad de desarrollo equitativo y sostenible, y pueden reconocer la irracionalidad de los costos sociales y los efectos negativos de la miseria, la desesperanza, la violencia, la criminalidad y el miedo, no sólo para los pobres, sino también para los ricos.
Hoy más que nunca cualquier proceso de capacitación en el marco de proyectos democráticos, podría buscar alternativas de educación para la incertidumbre. Aunque toda vida humana se organiza contra la incertidumbre, muchas veces esta lucha no es tan real como parece. En manos de la mayoría de las instituciones sociales, la lucha contra la incertidumbre se convierte en el esfuerzo de lograr la ilusión de certidumbre, sea a través de sistemas pedagógicos condicionados y condicionantes, de salidas políticas mágicas, de respuestas utópicas a la medida de los sueños y de seguros de vida, vejez y muerte. El resultado es una negación sistemática de la incertidumbre, cuando nadie escapa a ella. En medio de una cultura de la exclusión, la ilusión de certidumbre es suicida. Plantea que necesitamos conocer en profundidad el nuevo contexto, para darle un piso cierto a la conciencia y las estrategias que están surgiendo.

CORTES, Carlos Eduardo. PROYECTOS DEMOCRATICOS EN UNA CULTURA DE LA DESIGUALDAD. En: Contando, tejiendo y construyendo identidades. Quito: HABIT-COM, 1998, pp. 29-36.