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| RESUMEN:
Las autoras elaboran un debate acerca del modelo ideal de ciudadanía
y las diversas modalidades que ésta reviste en el proceso
de globalización. Para ello, desarrollan las siguientes cuestiones:
a) las dimensiones analíticas de la globalización,
sobretodo en lo referente a la inescindibilidad entre lo material
y lo simbólico; b) los ejes asociados a dicho proceso (Estado-nación
y región); y c) el problema de las identidades sociales como
un desafío de las "relaciones de continuidad, ruptura
e hibridación entre sistemas globales y locales, tradicionales
y ultramodernos". -
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| TEMA:
La inescindibilidad de lo material y lo simbólico
pp. 63-68
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Una de las cuestiones fundamentales a plantear es la problematización
del proceso de globalización considerando la indisolubilidad
de lo económico y lo simbólico, de lo material y lo
cultural. Por mucho tiempo, la estructura económica iba por
un camino, mientras la cultura era el conjunto de fenómenos
espirituales desligados de aquella, de tal modo que, era la primera
la que determinada a la cultura o bien ésta se configuraba
como una entidad supraorgánica. "Sin suda, existe cierta
relación entre la esfera de lo económico y de lo cultural,
cuando esta articulación es visualizada como proceso de producción
de fenómenos, relegada a su condición de producto, por
ende de comercio de bienes culturales y simbólicos y a las
industrias culturales". Pero la cultura no es sólo eso.
La cultura remite al "proceso de producción de fenómenos
que contribuyen, mediante la representación o reelaboración
simbólica de las estructuras materiales, a comprender, reproducir
o transformar el sistema social" (García Canclini);
en consecuencia, se asimila cultura a procesos simbólicos,
constituyéndose "como un lugar donde se representan
los sujetos lo que sucede en la sociedad; y también como
instrumento para la reproducción (y transformación)
del sistema social" (García Canclini).
La dimensión simbólica, nuclear dentro de la cultura,
se constituye en el ámbito por excelencia para tratar el
problema de la globalización, si bien en franca relación
con su costado material. Así, "si entendemos a la globalización
como un conjunto de procesos gestado al interior del espacio social,
lugar de constitución de los sujetos de acuerdo a posiciones
sociales determinadas, el mismo, al igual que la percepción
del mundo social, es el producto de una doble estructuración:
objetiva y subjetiva (Bourdieu) o bien de la inescindibilidad de
sus dos dimensiones: lo material y lo simbólico)".
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| LACARRIEU, Mónica; y Liliana Raggio. CIUDADANIA SIMBOLICA
EN EL MARCO DE LA GLOBALIZACION. En: Cuadernos del Instituto Nacional
de Antropología y Pensamiento Latinoamericano N° 16. Buenos
Aires, Secretaría de Cultura/Presidencia de la Nación,
1995, pp. 71-102.
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| TEMA:
Definiendo a la globalización
pp. 75-77
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Las transformaciones que se están operando en el mundo
son, en principio, económicas y políticas. En este sentido,
"el concepto de globalización remite en una primera instancia
a la integración de los mercados y decisiones de los estados
en términos de alianzas de diverso carácter. Una visión
que enfatice la globalización económica pondrá
la mirada en diversos asuntos que les son propios: la sustitución
de una economía verticalizada por una horizontalizada, la creciente
integración de las economías nacionales a los mercados
globales, el fin de la bipolaridad capitalismo-socialismo, entre otro.
Los cuales se verán articulados al pasaje del Estado-nación
a la configuración de un ´Estado Internacional´".
Pero estas transformaciones son también culturales, dado
que esta "integración" mundial debe ser contenida
o explicada por nuevas pautas que vinculen en la cotidianeidad de
los sujetos su pertenencia a ´un solo mundo´ que trasciende
las fronteras en las que han sido construidos como ciudadanos de
estados-naciones o patrias, delimitadas históricamente en
conflicto con otros estados-naciones. "Pues, en sintonía
con esta óptica, es la desterritorialización una de
las condiciones necesarias para la constitución de ese mundo".
La formación del Estado nacional según Oszlak, "es
el resultado de un proceso convergente, aunque no unívoco,
de constitución de un sistema de dominación. La constitución
de la nación supone, en un plano material, el surgimiento
y desarrollo dentro de un ámbito territorialmente delimitado,
de intereses diferenciados generadores de relaciones sociales capitalistas,
y en un plano ideal, la creación de símbolos y valores
generadores de sentimientos de pertenencia que... tienden un arco
de solidaridades por encima de los variados y antagónicos
intereses de la sociedad civil enmarcada por la nación".
Esta creación de símbolos y valores, opera a través
de procesos de hegemonía que pueden ser conceptualizados
no sólo como dominación política sino como
dirección ideológico-cultural.
Se vuelve difícil pensar la cuestión cultural de
la globalización en los mismo términos que la economía;
mientras en este terreno la globalización se vuelve aparentemente
un camino inexorable que conlleva una serie de cambios ineludibles,
"en el de la cultura puede hablarse de un "patrón"
desde el cual la misma se mundializa y se mete entre las redes de
la cotidianidad, sin embargo, no de una manifestación uniformada
sino indiferenciada y desigual"
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| LACARRIEU, Mónica; y Liliana Raggio. CIUDADANIA SIMBOLICA
EN EL MARCO DE LA GLOBALIZACION. En: Cuadernos del Instituto Nacional
de Antropología y Pensamiento Latinoamericano N° 16. Buenos
Aires, Secretaría de Cultura/Presidencia de la Nación,
1995, pp. 71-102.
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| TEMA:
El Estado-nación en el marco de la globalización
pp. 77-78
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| Según Grimson, "la transnacionalización económica,
política y cultural implica un desdibujamiento de los estados
nacionales, un proceso de desterritorialización, el esbozo
de una sociedad civil global, el desplazamiento en el plano simbólico
de lo nacional-popular a lo internacional popular, un acrecentamiento
de la concentración y centralización económica-política".
Desde esta perspectiva, los "globalizadores" postulan
el fin del Estado-nación como un proceso ineludible y acelerado
de la globalización. Se postula la presencia nueva de un
Estado Internacional o de la "internacionalización del
Estado" en tanto "la globalización reduce los ámbitos
para las maniobras del Estado, mientras que se desarrollan y fortalecen
las instituciones internacionales, las transacciones transnacionales,
la cooperación regional...".
Sin embargo, surge la cuestión de la imposibilidad de predicar
la homogeneidad o la existencia misma de un campo nacional popular
y, consecuentemente, la suposición de su desplazamiento a
lo internacional popular o regional popular. "El resurgimiento
de minorías parece constituirse en la señal de que
las diversidades existen, en consecuencia la fragmentación,
y que las mismas se transforman en desigualdades lanzadas a escala
mundial, en tanto el Estado-nación permanece, aunque debilitado....
Ni la sociedad civil de cada uno de los estados es homogénea,
ni las identidades que se constituyen a partir del proceso de mundialización
-e incluso del de regionalización- aparecerían como
globales, sino más bien como fragmentadas y diferenciadas".
Sin embargo, la fragmentación de identidades debe ser entendida
en el contexto de un flujo acelerado y multifacético en permanente
cambio.
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| LACARRIEU, Mónica; y Liliana Raggio. CIUDADANIA SIMBOLICA
EN EL MARCO DE LA GLOBALIZACION. En: Cuadernos del Instituto Nacional
de Antropología y Pensamiento Latinoamericano N° 16. Buenos
Aires, Secretaría de Cultura/Presidencia de la Nación,
1995, pp. 71-102.
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| TEMA:
De la ciudadanía del mundo a la ciudadanía fragmentada
pp. 79-80
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| Si la globalización parte de la articulación
de regiones y naciones promoviendo desterritorialización y
mundialización de la economía, la política y
la producción cultural, comienza una aparente declinación
de los Estados nación, y de una "inventada" identidad
nacional esencialista. Se instituiría, consecuentemente, la
denominada "ciudadanía del mundo" que "encontraría
su mejor exponente en el shopping urbano, representante fiel de la
extraterritorialidad". Visualizada en sus contenidos simbólicos,
dicha ciudadanía se asentaría en la fluidez de identidades
flexibles y transterritoriales. Pero además, "su construcción
se apoyaría en la experiencia simbólica acerca de los
procesos actuales, que en los actores sociales se evidencia en la
percepción sobre un ´aniquilamiento del espacio a través
del tiempo´, lo que llevaría a los mismos a observar
como si el mundo hubiese empequeñecido como si las realidades
universales se transformasen en realidades de ´todos´".
Ser ciudadano del mundo se constituiría en una categorización
que apela a su naturalización y universalización por
pertenencia al mundo global. Pero, como señala Da Matta,
la ciudadanía del mundo pretende excluir toda emergencia
de características diferenciales propias del ser personas
y del pertenecer a determinados grupos sociales.
La faz que hace a lo global, no puede ser mirada sin su contracara,
la que hace a lo local. La globalización se instala sobre
un contexto plural, fragmentado y diferenciado, el mismo que relativiza
la supuesta homogeneización y la muerte de las costumbres
locales. Como señala Safa, "el estudio de lo local...
es un problema sobre las diferentes caras de la modernidad indispensable
para entender la diversidad que la caracteriza". Pero el proceso
de globalización-localización, se asienta sobre una
creciente desigualdad que conlleva apropiaciones diferenciales materiales
y simbólicas; asimismo, es el terreno de lo local en que
se genera un espacio de negociación de identidades y estatus
como parte de un contexto de fuertes desigualdades y diferenciaciones
sociales característico de las sociedades contemporáneas.
Desde esta perspectiva, los contenidos de ciudadanía parecen
redimensionarse. Entra a jugar una "ciudadanía fragmentada"
que, en oposición a la "ciudadanía del mundo",
se configura a partir de la diversidad, las relaciones de poder
involucradas, las apropiaciones desiguales y sus efectos en las
nuevas territorializaciones. "En un símil del proceso
de globalización-localización... se presenta el proceso
de constitución de ´ciudadanía del mundo´-
´ciudadanía fragmentada´, si bien no linealmente,
sino en una extraña complejidad en la cual ´la gente
quiere acentuar sus valores locales al mismo tiempo que compartir
los estilos y valores globales".
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| LACARRIEU, Mónica; y Liliana Raggio. CIUDADANIA SIMBOLICA
EN EL MARCO DE LA GLOBALIZACION. En: Cuadernos del Instituto Nacional
de Antropología y Pensamiento Latinoamericano N° 16. Buenos
Aires, Secretaría de Cultura/Presidencia de la Nación,
1995, pp. 71-102.
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| TEMA:
De la ciudadanía estatizante a la ciudadanía simbólica
pp. 79-80
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La creciente marginalidad existente en nuestras sociedades,
planteaba el problema de la ciudadanía constituida desde su
contenido cívico-político-social: la universalidad de
la ciudadanía que coloca a todos los individuos en pie de igualdad
ante la Constitución Nacional. Esta categorización,
que puede equipararse a una "ciudadanía estatizante"
se define por ausencia de ciudadanía para determinados "otros"
discriminados quienes para acceder a la misma deben reivindicar al
Estado sus derechos sociales en materia de vivienda, salud, educación,
entre otros. "En un símil del paradigma evolucionista
para el cual el progreso es la meta, la ciudadanía a la que
todos debieran acceder se funda en la propiedad y la legalidad social".
Ahora bien. El proceso de globalización vigente aporta indicios
para preguntarse acerca del fin del Estado-nación, en consecuencia
acerca del declive de este tipo de ciudadanía. Pero existe
una nueva posibilidad que nos adentra en un terreno crítico:
los procesos de multiculturalismo. La ciudadanía ligada al
Estado-nación tendió a una integración universal
bajo la condición de igualdad y membresía a cierta
comunidad, en consecuencia, a un enfoque esencialmente político
de la cuestión. La "ciudadanía cultural"
supone un proceso de extensión del set de derechos antes
reconocidos y reclamados, más allá del Estado-nación.
Es desde los años 80´s, sobretodo en países
europeos, donde los individuos "se recortan" a sí
mismos partir de sus características esenciales, enfatizando
el reconocimiento a la diferencia y envolviendo la propagación
de identidades esenciales e inmutables. Esta concepción tiende
al rompimiento de la ciudadanía universalizante y a una "desustancialización
del concepto de ciudadanía: más que como valores abstractos,
los derechos importan como algo que se construye y cambia en relación
con prácticas y discursos" (García Canclini).
Esta ciudadanía cultural se constituye sobre la base de un
común denominador con énfasis en la "esfera simbólica
e ideacional" en tanto es vista "no como el lugar de lo
legal, lo político y lo socioeconómico sino como materia
de la representación simbólica, del reconocimiento
del estatus cultural y de la promoción cultural".
"Hablamos de cierto tipo de ciudadanía que se construye
desde las diferentes prácticas sociales y culturales que
dan sentido de pertenencia y hacen sentir diferentes a los diversos
actores sociales... Aquella ya no se constituye, aunque sí
se ejerce en los partidos, sindicatos u organismos similares...
La ciudadanía se conformaría más allá
del Estado aunque en relación con el mismo, pero principalmente
en vínculo con grupos sociales de pertenencia, como pueden
ser las diversas minorías existentes en los países".
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| LACARRIEU, Mónica; y Liliana Raggio. CIUDADANIA SIMBOLICA
EN EL MARCO DE LA GLOBALIZACION. En: Cuadernos del Instituto Nacional
de Antropología y Pensamiento Latinoamericano N° 16. Buenos
Aires, Secretaría de Cultura/Presidencia de la Nación,
1995, pp. 71-102.
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