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CIUDADANIA

AUTOR

Mario Unda

TITULO

Movimientos sociales y ciudadanía

 
EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

CIUDAD, Quito, 1997, 15 pp.

 

RESUMEN:

Análisis y reflexión del concepto de ciudadanía en el ámbito específico ecuatoriano. El autor diferencia la "ciudadanía pasiva", en virtud de la cual somos apenas objeto de derechos a los que arribamos con la mayoría de edad, de la "ciudadanía activa", donde somos capaces de generar, crear y hacer que la institucionalidad oficial reconozca nuevos derechos, y donde los movimientos sociales hacen eco. Estos, según el autor, atraviesan -en su anhelo de democracia- una situación paradógica donde, si bien han logrado éxitos sorprendentes, su legitimidad en la sociedad sigue siendo limitada. -

 

TEMA:

La ciudadanía pasiva y la ciudadanía activa

pp. 8-10


…La ciudadanía se asocia usualmente a un conjunto de derechos políticos, a los que se llega por una cierta fatalidad del ciclo vital; derechos a los que se llega por la edad y derechos que se reciben. Son, "derechos pasivos". "Al contrario de lo que representa, elegir gobernantes y representantes es un acto pasivo, pues con el mismo hecho de depositar el voto en la urna se enajena la voluntad popular en beneficio exclusivo de los elegidos... De igual manera, el derecho de presentar proyectos de ley termina siendo representado por la función de legislar que le compete al Congreso, pues no existe los mecanismos adecuados que permitan ejercer plenamente la iniciativa popular... En último término, se trata de derechos reconocidos para ser ejecutados por interpuesta persona"

Podríamos decir que nos encontramos inmersos en una ciudadanía pasiva, en virtud de la cual somos apenas objeto de derechos a los que arribamos finalmente con la mayoría de edad.

"Por todo derecho pasivo corre siempre el riesgo de no pasar nunca del reino de las declaraciones. Del dicho al hecho, dice el refrán, hay mucho trecho, y el trecho que media en cuestiones de derecho es el de la acción colectiva. Solamente la acción colectiva consciente nos convierte en derechohabientes, porque solo ella nos permite reconocernos como sujetos demandantes de aquello que consideramos justo"

Aquí hay una dualidad contradictoria: legalidad versus legitimidad. El derecho, en tanto normas cosificadas en cuerpos legales, pertenece al ámbito de la legalidad. Pero los derechos pertenecen por entero al ámbito de la legitimidad. "Y si la legalidad es un asunto de jurisprudencia, la legitimidad es un hecho de la conciencia social. Más específicamente, de aquella conciencia social que, así sea intuitivamente, reconoce que la sociedad que sufrimos se levanta sobre una situación de injusticia que en determinado momento sentimos intolerable"

La conciencia de la oposición entre la legalidad y la legitimidad, y el convencimiento de estar nosotros de parte de la legitimidad, nos transporta a los umbrales de la ciudadanía activa, en donde ya no solamente "podríamos" ejercer ciertos derechos supuestamente garantizados en alguna norma legal, sino que, a más de ejercerlos y hacerlos efectivos, adquirimos la convicción de que somos plenamente capaces de generar, crear y hacer que la institucionalidad oficial reconozca nuevos derechos que parecen derivar de una premisa: toda persona tiene derecho a vivir con dignidad


UNDA, Mario. MOVIMIENTOS SOCIALES Y CIUDADANIA. Quito, CIUDAD, 1997, 15 pp.

 

TEMA:

La ciudadanía activa y los movimientos sociales

pp. 6-8


Los derechos que son construidos por la acción colectiva (más o menos) autónoma, revelan los conflictos que atraviesan y constituyen la sociedad, y representan necesariamente las luchas sociales entabladas contra cualquier forma de explotación, de opresión o de alienación. Pero, al mismo tiempo, los derechos que son disputados colectivamente modifican en los hechos el sentido de la ciudadanía.

Los derechos que se enarbolan activamente tras ser procesados, construidos y legitimados en principio por los propios "actores", son irrevocablemente un ejercicio de la socialización. El ciudadano de estos derechos no es el concurrente individual, sino el que forma parte de un sujeto colectivo pues solamente en tal virtud es hacedor y merecedor de derechos. El fundamento de su legitimidad puede seguir siendo el de ser persona, pero persona injustamente postergada; "ya no es la igualdad formal de ser propietario de valores de cambio equivalente, sino el reconocimiento de la desigualdad, que se sufre, pero se resiste"

"Si la economía fuera simplemente integradora, los ciudadanos podrían desplegar su calidad de derechohabientes desde la inmediatez de su existencia; pero la economía disgrega, a la par que integra y, en su fase actual, la precarización de toda forma de trabajo vuelve más contundentes sus tendencias desintegradoras. Al mismo tiempo, las iniciativas políticas de las clases dirigentes obran en el sentido de coartar o pervertir cualquier vestigio de impulsos hacia la unidad autónoma de las clases subalternas".

Esto depende de impulsos políticos que logran desplegar los grupos, entendiendo por política, no sólo las acciones que transcurren en el sistema político o de cara a él, sino todos aquellos afanes que constituyen al sujeto en su propia acción, descubriendo su unidad en los empeños comunes de los "distintos sociales" y oponiéndolos a los "poderosos". "Y aquí estamos de lleno en los dominios de los movimientos sociales, que son una forma a través de la cual las colectividades pueden convertirse a sí mismas en sujetos de derechos".


UNDA, Mario. MOVIMIENTOS SOCIALES Y CIUDADANIA. Quito, CIUDAD, 1997, 15 pp

 

TEMA:

Los profundos y vagos anhelos de democracia

pp. 8-11


!… Los movimientos sociales no tienen por qué ser automáticamente democratizadores; sin embargo, entre nosotros vienen desenvolviéndose en medio de profundos, aunque vagos, anhelos de democracia.

La democracia es, en primera instancia, impulso de participar en las tomas de decisiones, poder decir algo sobre el gobierno de las cosas y que esa opinión sea tomada en cuenta; y cuando ese impulso participativo adquiere confianza en sí mismo, entonces acaba por apuntar hacia el autogobierno. Porque la participación, puede procurar también su propia emancipación.

En el momento actual, los movimientos sociales en Ecuador se encuentran atravesando una situación paradójica: han logrado una enorme visibilidad social, pero su legitimidad en la sociedad sigue siendo limitada; han encontrado momentos de unidad política, pero no han sido capaces de ahondar identidades y propuestas; han avanzado en intentos de acercamiento y articulación con otros movimientos populares, pero continúa cada uno envuelto en una dinámica de fragmentación.

La debilidad no es solamente una debilidad de las organizaciones y una flaqueza de sus direcciones. Tiene que ver también con la conciencia social. Estos movimientos, que están débiles, no logran dar "formas positivas" a sus anhelos de transformación. A pesar de ello, su accionar despliega un persistente impulso que a veces puede ser de reconocimiento de derechos ignorados, es decir, de cumplimiento de la democracia; otras veces puede ser de reconocimiento de su dignidad relegada, es decir, de ensanchamiento de la democracia; y otras más puede ser un movimiento lo suficientemente masivo como para inventar nuevos derechos que propendan a una radicalización de la democracia.


UNDA, Mario. MOVIMIENTOS SOCIALES Y CIUDADANIA. Quito, CIUDAD, 1997, 15 pp