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| RESUMEN:
Análisis y reflexión del concepto de ciudadanía
en el ámbito específico ecuatoriano. El autor diferencia
la "ciudadanía pasiva", en virtud de la cual somos
apenas objeto de derechos a los que arribamos con la mayoría
de edad, de la "ciudadanía activa", donde somos
capaces de generar, crear y hacer que la institucionalidad oficial
reconozca nuevos derechos, y donde los movimientos sociales hacen
eco. Estos, según el autor, atraviesan -en su anhelo de democracia-
una situación paradógica donde, si bien han logrado
éxitos sorprendentes, su legitimidad en la sociedad sigue
siendo limitada. -
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| TEMA:
La ciudadanía pasiva y la ciudadanía activa
pp. 8-10
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La ciudadanía se asocia usualmente a un conjunto de
derechos políticos, a los que se llega por una cierta fatalidad
del ciclo vital; derechos a los que se llega por la edad y derechos
que se reciben. Son, "derechos pasivos". "Al contrario
de lo que representa, elegir gobernantes y representantes es un acto
pasivo, pues con el mismo hecho de depositar el voto en la urna se
enajena la voluntad popular en beneficio exclusivo de los elegidos...
De igual manera, el derecho de presentar proyectos de ley termina
siendo representado por la función de legislar que le compete
al Congreso, pues no existe los mecanismos adecuados que permitan
ejercer plenamente la iniciativa popular... En último término,
se trata de derechos reconocidos para ser ejecutados por interpuesta
persona"
Podríamos decir que nos encontramos inmersos en una ciudadanía
pasiva, en virtud de la cual somos apenas objeto de derechos a los
que arribamos finalmente con la mayoría de edad.
"Por todo derecho pasivo corre siempre el riesgo de no pasar
nunca del reino de las declaraciones. Del dicho al hecho, dice el
refrán, hay mucho trecho, y el trecho que media en cuestiones
de derecho es el de la acción colectiva. Solamente la acción
colectiva consciente nos convierte en derechohabientes, porque solo
ella nos permite reconocernos como sujetos demandantes de aquello
que consideramos justo"
Aquí hay una dualidad contradictoria: legalidad versus legitimidad.
El derecho, en tanto normas cosificadas en cuerpos legales, pertenece
al ámbito de la legalidad. Pero los derechos pertenecen por
entero al ámbito de la legitimidad. "Y si la legalidad
es un asunto de jurisprudencia, la legitimidad es un hecho de la
conciencia social. Más específicamente, de aquella
conciencia social que, así sea intuitivamente, reconoce que
la sociedad que sufrimos se levanta sobre una situación de
injusticia que en determinado momento sentimos intolerable"
La conciencia de la oposición entre la legalidad y la legitimidad,
y el convencimiento de estar nosotros de parte de la legitimidad,
nos transporta a los umbrales de la ciudadanía activa, en
donde ya no solamente "podríamos" ejercer ciertos
derechos supuestamente garantizados en alguna norma legal, sino
que, a más de ejercerlos y hacerlos efectivos, adquirimos
la convicción de que somos plenamente capaces de generar,
crear y hacer que la institucionalidad oficial reconozca nuevos
derechos que parecen derivar de una premisa: toda persona tiene
derecho a vivir con dignidad
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| UNDA, Mario. MOVIMIENTOS SOCIALES Y CIUDADANIA. Quito, CIUDAD,
1997, 15 pp. |
| TEMA:
La ciudadanía activa y los movimientos sociales
pp. 6-8
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| Los derechos que son construidos por la acción colectiva
(más o menos) autónoma, revelan los conflictos que atraviesan
y constituyen la sociedad, y representan necesariamente las luchas
sociales entabladas contra cualquier forma de explotación,
de opresión o de alienación. Pero, al mismo tiempo,
los derechos que son disputados colectivamente modifican en los hechos
el sentido de la ciudadanía.
Los derechos que se enarbolan activamente tras ser procesados,
construidos y legitimados en principio por los propios "actores",
son irrevocablemente un ejercicio de la socialización. El
ciudadano de estos derechos no es el concurrente individual, sino
el que forma parte de un sujeto colectivo pues solamente en tal
virtud es hacedor y merecedor de derechos. El fundamento de su legitimidad
puede seguir siendo el de ser persona, pero persona injustamente
postergada; "ya no es la igualdad formal de ser propietario
de valores de cambio equivalente, sino el reconocimiento de la desigualdad,
que se sufre, pero se resiste"
"Si la economía fuera simplemente integradora, los
ciudadanos podrían desplegar su calidad de derechohabientes
desde la inmediatez de su existencia; pero la economía disgrega,
a la par que integra y, en su fase actual, la precarización
de toda forma de trabajo vuelve más contundentes sus tendencias
desintegradoras. Al mismo tiempo, las iniciativas políticas
de las clases dirigentes obran en el sentido de coartar o pervertir
cualquier vestigio de impulsos hacia la unidad autónoma de
las clases subalternas".
Esto depende de impulsos políticos que logran desplegar
los grupos, entendiendo por política, no sólo las
acciones que transcurren en el sistema político o de cara
a él, sino todos aquellos afanes que constituyen al sujeto
en su propia acción, descubriendo su unidad en los empeños
comunes de los "distintos sociales" y oponiéndolos
a los "poderosos". "Y aquí estamos de lleno
en los dominios de los movimientos sociales, que son una forma a
través de la cual las colectividades pueden convertirse a
sí mismas en sujetos de derechos".
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| UNDA, Mario. MOVIMIENTOS SOCIALES Y CIUDADANIA. Quito, CIUDAD,
1997, 15 pp |
| TEMA:
Los profundos y vagos anhelos de democracia
pp. 8-11
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Los movimientos sociales no tienen por qué ser automáticamente
democratizadores; sin embargo, entre nosotros vienen desenvolviéndose
en medio de profundos, aunque vagos, anhelos de democracia.
La democracia es, en primera instancia, impulso de participar en
las tomas de decisiones, poder decir algo sobre el gobierno de las
cosas y que esa opinión sea tomada en cuenta; y cuando ese
impulso participativo adquiere confianza en sí mismo, entonces
acaba por apuntar hacia el autogobierno. Porque la participación,
puede procurar también su propia emancipación.
En el momento actual, los movimientos sociales en Ecuador se encuentran
atravesando una situación paradójica: han logrado
una enorme visibilidad social, pero su legitimidad en la sociedad
sigue siendo limitada; han encontrado momentos de unidad política,
pero no han sido capaces de ahondar identidades y propuestas; han
avanzado en intentos de acercamiento y articulación con otros
movimientos populares, pero continúa cada uno envuelto en
una dinámica de fragmentación.
La debilidad no es solamente una debilidad de las organizaciones
y una flaqueza de sus direcciones. Tiene que ver también
con la conciencia social. Estos movimientos, que están débiles,
no logran dar "formas positivas" a sus anhelos de transformación.
A pesar de ello, su accionar despliega un persistente impulso que
a veces puede ser de reconocimiento de derechos ignorados, es decir,
de cumplimiento de la democracia; otras veces puede ser de reconocimiento
de su dignidad relegada, es decir, de ensanchamiento de la democracia;
y otras más puede ser un movimiento lo suficientemente masivo
como para inventar nuevos derechos que propendan a una radicalización
de la democracia.
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| UNDA, Mario. MOVIMIENTOS SOCIALES Y CIUDADANIA. Quito, CIUDAD,
1997, 15 pp |
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