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MESTIZAJE

AUTOR

Agustín Cueva

TITULO

Sobre nuestra ambigüedad cultural

 
EN

Teoría de la Cultura Nacional

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

BCE-CEN, Quito, 1986, pp. 291-320.

 

RESUMEN:

Reflexión sobre la problemática del mestizaje en el Ecuador. Se parte del reconocimiento de que nuestra cultura no es indígena ni europea, destacando la ambigüedad de la misma. La cultura no es firmemente mestiza en cuanto no ha logrado un sólido sincretismo basado en la fusión de elementos culturales en un todo orgánico y coherente. Esto se proyecta en las clases pobres, altas y medias, pero son estas últimas las que adquieren un claro sentido de inautenticidad, aún cuando, históricamente, han participado activamente en la vida política y cultural del país. Esta clase, se dice, debería ser el continente de la cultura mestiza; sin embargo, no se ha reflexionado en torno a su realidad sociocultural que resulta ser inconsistente. -

 

TEMA:

Mito y verdad de la cultura mestiza

pp. 299-320



… La historia del Ecuador colonizado aparece marcada por una falta de correspondencia entre dos planos que nunca llegan a encajar. La cultura colonial hispanizante es una totalización ilusoria sin sustrato real, mientras que la heteróclita realidad americana es un sustrato sin totalizar. Y entre las dos, ningún esfuerzo existe para tender un puente que asegure un "comercio" real. El mestizaje racial habría comenzado ya, pero el cultural ni se anuncia aún; hay una lucha denotada entre una ideología que mantiene en jaque a la realidad y una realidad que pone permanentemente en jaque a la ideología.

Para entender la problemática del mestizaje, de entrada, hay que reconocer la evidente presencia de elementos vernáculos y extranjeros en la cultura nacional y la cierta alteración sufrida por unos y otros por acción recíproca (principio de mestización). Hay que recordar que nuestra cultura no es indígena porque, desde la Conquista, los aborígenes americanos dejaron de ser sujetos de la historia para devenir objetos de la misma: como tales, mal podrían imprimir su sello a la cultura. Pero tampoco es europea, en la medida en que la cultura del Viejo Mundo no llega a ser completamente asimilada por nosotros.

Sin embargo, "algunos se empecinan en seguir imitando esa cultura extranjera… El argumento más cómodo, es el de que pertenecemos a ella puesto que hablamos español, somos católicos y punto final… Para completar la ambigüedad de esta cultura, otros bregamos por la formación de una cultura criolla.. o lanzamos improperios es español contra esa Europa cuyos refinamientos, crueldad y cinismo nos asombran por igual.." (p. 300-301). Este último empeño por ofrecer resistencia a la penetración colonizadora, constituye uno de los rasgos más sobresalientes del momento actual, pero también se halla marcado de ambigüedad. Si por un lado es un paso positivo hacia la toma de conciencia de nuestro ser, el recelo hacia lo extranjero equivale a un reconocimiento tácito de la vulnerabilidad de nuestra cultura. En el Ecuador, nos debatimos entre la dificultad de levantarnos a partir de lo propio solamente, que sabemos incipiente, y el temor fundado de "enriquecernos" con lo extranjero, pero alienándonos.

En fin, la cultura de este país no es firmemente mestiza en cuanto no ha logrado un verdadero y sólido sincretismo, capaz de definirla como entidad original y robusta. Pues, para que pueda hablarse de cultura mestiza, "es menester no sólo la concurrencia heteróclita de elementos de prosapia diversa, sino además la fusión de los mismos en un todo orgánico y coherente, estructurado en una palabra" (p. 302). *…


CUEVA, Agustín. SOBRE NUESTRA AMBIGÜEDAD CULTURAL. En: Teoría de la Cultura Nacional. Quito, BCE-CED, 1986, pp. 291-320.

 

TEMA:

Mito y verdad de la cultura mestiza

pp. 299-320


… Si las dos primeras aseveraciones -las que dicen que nuestra cultura no es indígena ni europea- parecen gozar de evidencia, la tercera en cambio -que le niega su calidad de mestiza- podría ser objeto de controversias, dada la ambigüedad de ciertos datos reales, y la existencia de un importantísimo mestizaje étnico.

Así, por ejemplo, lo que ocurre en los sectores pobres, en una fiesta popular. Los abalorios y otros oropeles que los mestizos (o "indígenas aculturados") y sus íconos lucen, son una mezcla de formas barrocas de inspiración española y colores de gusto indígena, materiales que parecen empeñados en subrayar la incompatibilidad de dos culturas. La fiesta misma, es una unión desconcertante de paganismo y cristianismo, de explicable crueldad y forzada piedad. Y es que estas manifestaciones, no son sino "intentos fracasados de emitir -en un clima de suspicacia, astucia y desesperación- un mensaje imposible en el que se reconozca plenamente la conciencia indígena" (p. 303). No así el campesino llegado a la urbe, el mestizo pobre de la gran ciudad, que trata de asumir los patrones culturales citadinos, o que lucha desesperadamente por adaptarse a los suyos propios, campesinos. Se produce una especie de vacío, de desarraigo peligroso; y más que una realidad viviente y vivida, la cultura es en este nivel una interrogación inquietante.

En este nivel puede aplicarse lo dicho por Yves Lacoste sobre los habitantes del Tercer Mundo: "Ningún valor les parece más auténtico: ni los del antiguo mundo de cuya insuficiencia y desmoronamiento son conscientes, ni los del mundo nuevo que sigue cerrado para ellos. De ahí ese legítimo sentimiento de una doble frustración: la pérdida de los valores ancestrales y la imposibilidad de alcanzar las nuevas riquezas, a la par tan próximas y tan inaccesibles. El Tecer Mundo está poblado por hombres a la deriva" (p. 304). No se debe negar que toda cultura moderna es permeable y abierta, y se enriquece con los aportes de otras. Pero nuestra cultura no parece haber llegado a un grado suficiente de madurez, como para permitir que los "injertos" prosperen en ella naturalmente.

En cuanto a las clases altas, es posible ver que, hasta fines del siglo pasado, éstas no sudaban de lo que querían ser: se consideraban españoles desterrados, a pesar de la independencia política. Pero el caso de la mediana burguesía ha sido diferente. Ella no tenía ninguna tradición y por eso venía definiéndose (en el pasado) en torno a la negación de ciertos valores de la aristocracia, y en algún momento trató de colmarlo, rescatando lo que quedaba de las civilizaciones aborígenes. *…


CUEVA, Agustín. SOBRE NUESTRA AMBIGÜEDAD CULTURAL. En: Teoría de la Cultura Nacional. Quito, BCE-CED, 1986, pp. 291-320.

 

TEMA:

Mito y verdad de la cultura mestiza

pp. 299-320


… El problema fundamental de la clase media radica en su inautenticidad. Ese grupo social, a diferencia de los inferiores que son los verdaderamente aplastados por el sistema, ha tenido y tiene mayores posibilidades de forjar una cultura. Si sólo lo ha hecho de manera tímida, es porque no ha sido capaz de encontrarse a sí misma. Por eso, a pesar de tener la clase media casi tres cuartos de siglo de participación activa en la vida política y cultural del país, sus intelectuales no han reflexionado sobre la realidad sociocultural de dicha clase que debería ser el continente por excelencia de la cultura mestiza. La inautenticidad se explica por dos hechos: el "pecado original de la Conquista" y la peculiar situación socio-económica de la clase media dentro del conjunto nacional. La Conquista, sentó los cimientos para la construcción de una sociedad mistificada y mistificante, en la cual el lenguaje-ideología no serviría tanto para señalar una realidad, cuanto para encubrirla.

Tal inautenticidad afecta con mayor o menor intensidad a todos los estratos sociales. La clase baja, privada de toda libertad de expresión e imbuida de los valores impuestos por la clase dominante a la sociedad toda, sabe que todo discurso es en rigor insignificante. La clase alta en cambio, que durante siglos ha vivido persiguiendo el sueño de una idílica España, no puede pensarse tal cual es, so pena de condenarse. Y la clase media, atrapada entre las dos, "desgarrada en la encrucijada de la vocación popular inspirada por el recuerdo todavía fresco del ancestro humilde, y la tentación aristocratizante heredada del progenitor hispano, se las arregla instalándose en una acrobática situación de inautenticidad" (p. 314).

Sobre tan deleznables cimientos, ¿cómo podría edificarse una sólida cultura? ¿cómo podría ser ésta verdaderamente mestiza, si lo primero que preocupa a la clase media es borrar toda huella del ancestro aborigen? "Nuestra cultura es débil…. Impersonal todavía, porque el pueblo no tiene arte ni parte en ella; porque la clase media que, debía ser hasta aquí el continente por excelencia de la cultura mestiza, es completamente inconsistente" (p. 319). La cultura mestiza es hoy una virtualidad, basada en el mestizaje étnico, y no una realidad. Para que llegue a serlo, es menester una revolución que ponga en movimiento las dormidas, estancadas aguas de la patria, allanando todos los obstáculos económicos, sociales y sicológicos que hoy impiden la toma de conciencia de nuestro verdadero ser. La cultura no podrá totalizarse mientras la totalidad del pueblo no se haya adecuado de la totalidad de su historia. Por consiguiente, lo que necesitamos llevar a cabo es una labor encaminada a hacer que el hombre tome conciencia de su situación real y actúe en consecuencia.

CUEVA, Agustín. SOBRE NUESTRA AMBIGÜEDAD CULTURAL. En: Teoría de la Cultura Nacional. Quito, BCE-CED, 1986, pp. 291-320.