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| RESUMEN:
Reflexión sobre la problemática del mestizaje en
el Ecuador. Se parte del reconocimiento de que nuestra cultura no
es indígena ni europea, destacando la ambigüedad de
la misma. La cultura no es firmemente mestiza en cuanto no ha logrado
un sólido sincretismo basado en la fusión de elementos
culturales en un todo orgánico y coherente. Esto se proyecta
en las clases pobres, altas y medias, pero son estas últimas
las que adquieren un claro sentido de inautenticidad, aún
cuando, históricamente, han participado activamente en la
vida política y cultural del país. Esta clase, se
dice, debería ser el continente de la cultura mestiza; sin
embargo, no se ha reflexionado en torno a su realidad sociocultural
que resulta ser inconsistente. -
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| TEMA:
Mito y verdad de la cultura mestiza
pp. 299-320
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La historia del Ecuador colonizado aparece marcada por una
falta de correspondencia entre dos planos que nunca llegan a encajar.
La cultura colonial hispanizante es una totalización ilusoria
sin sustrato real, mientras que la heteróclita realidad americana
es un sustrato sin totalizar. Y entre las dos, ningún esfuerzo
existe para tender un puente que asegure un "comercio" real.
El mestizaje racial habría comenzado ya, pero el cultural ni
se anuncia aún; hay una lucha denotada entre una ideología
que mantiene en jaque a la realidad y una realidad que pone permanentemente
en jaque a la ideología.
Para entender la problemática del mestizaje, de entrada,
hay que reconocer la evidente presencia de elementos vernáculos
y extranjeros en la cultura nacional y la cierta alteración
sufrida por unos y otros por acción recíproca (principio
de mestización). Hay que recordar que nuestra cultura no
es indígena porque, desde la Conquista, los aborígenes
americanos dejaron de ser sujetos de la historia para devenir objetos
de la misma: como tales, mal podrían imprimir su sello a
la cultura. Pero tampoco es europea, en la medida en que la cultura
del Viejo Mundo no llega a ser completamente asimilada por nosotros.
Sin embargo, "algunos se empecinan en seguir imitando esa
cultura extranjera
El argumento más cómodo,
es el de que pertenecemos a ella puesto que hablamos español,
somos católicos y punto final
Para completar la ambigüedad
de esta cultura, otros bregamos por la formación de una cultura
criolla.. o lanzamos improperios es español contra esa Europa
cuyos refinamientos, crueldad y cinismo nos asombran por igual.."
(p. 300-301). Este último empeño por ofrecer resistencia
a la penetración colonizadora, constituye uno de los rasgos
más sobresalientes del momento actual, pero también
se halla marcado de ambigüedad. Si por un lado es un paso positivo
hacia la toma de conciencia de nuestro ser, el recelo hacia lo extranjero
equivale a un reconocimiento tácito de la vulnerabilidad
de nuestra cultura. En el Ecuador, nos debatimos entre la dificultad
de levantarnos a partir de lo propio solamente, que sabemos incipiente,
y el temor fundado de "enriquecernos" con lo extranjero,
pero alienándonos.
En fin, la cultura de este país no es firmemente mestiza
en cuanto no ha logrado un verdadero y sólido sincretismo,
capaz de definirla como entidad original y robusta. Pues, para que
pueda hablarse de cultura mestiza, "es menester no sólo
la concurrencia heteróclita de elementos de prosapia diversa,
sino además la fusión de los mismos en un todo orgánico
y coherente, estructurado en una palabra" (p. 302). *
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| CUEVA, Agustín. SOBRE NUESTRA AMBIGÜEDAD CULTURAL.
En: Teoría de la Cultura Nacional. Quito, BCE-CED, 1986, pp.
291-320.
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| TEMA:
Mito y verdad de la cultura mestiza
pp. 299-320
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Si las dos primeras aseveraciones -las que dicen que nuestra
cultura no es indígena ni europea- parecen gozar de evidencia,
la tercera en cambio -que le niega su calidad de mestiza- podría
ser objeto de controversias, dada la ambigüedad de ciertos datos
reales, y la existencia de un importantísimo mestizaje étnico.
Así, por ejemplo, lo que ocurre en los sectores pobres,
en una fiesta popular. Los abalorios y otros oropeles que los mestizos
(o "indígenas aculturados") y sus íconos
lucen, son una mezcla de formas barrocas de inspiración española
y colores de gusto indígena, materiales que parecen empeñados
en subrayar la incompatibilidad de dos culturas. La fiesta misma,
es una unión desconcertante de paganismo y cristianismo,
de explicable crueldad y forzada piedad. Y es que estas manifestaciones,
no son sino "intentos fracasados de emitir -en un clima de
suspicacia, astucia y desesperación- un mensaje imposible
en el que se reconozca plenamente la conciencia indígena"
(p. 303). No así el campesino llegado a la urbe, el mestizo
pobre de la gran ciudad, que trata de asumir los patrones culturales
citadinos, o que lucha desesperadamente por adaptarse a los suyos
propios, campesinos. Se produce una especie de vacío, de
desarraigo peligroso; y más que una realidad viviente y vivida,
la cultura es en este nivel una interrogación inquietante.
En este nivel puede aplicarse lo dicho por Yves Lacoste sobre los
habitantes del Tercer Mundo: "Ningún valor les parece
más auténtico: ni los del antiguo mundo de cuya insuficiencia
y desmoronamiento son conscientes, ni los del mundo nuevo que sigue
cerrado para ellos. De ahí ese legítimo sentimiento
de una doble frustración: la pérdida de los valores
ancestrales y la imposibilidad de alcanzar las nuevas riquezas,
a la par tan próximas y tan inaccesibles. El Tecer Mundo
está poblado por hombres a la deriva" (p. 304). No se
debe negar que toda cultura moderna es permeable y abierta, y se
enriquece con los aportes de otras. Pero nuestra cultura no parece
haber llegado a un grado suficiente de madurez, como para permitir
que los "injertos" prosperen en ella naturalmente.
En cuanto a las clases altas, es posible ver que, hasta fines del
siglo pasado, éstas no sudaban de lo que querían ser:
se consideraban españoles desterrados, a pesar de la independencia
política. Pero el caso de la mediana burguesía ha
sido diferente. Ella no tenía ninguna tradición y
por eso venía definiéndose (en el pasado) en torno
a la negación de ciertos valores de la aristocracia, y en
algún momento trató de colmarlo, rescatando lo que
quedaba de las civilizaciones aborígenes. *
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| CUEVA, Agustín. SOBRE NUESTRA AMBIGÜEDAD CULTURAL.
En: Teoría de la Cultura Nacional. Quito, BCE-CED, 1986, pp.
291-320. |
| TEMA:
Mito y verdad de la cultura mestiza
pp. 299-320
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El problema fundamental de la clase media radica en su inautenticidad.
Ese grupo social, a diferencia de los inferiores que son los verdaderamente
aplastados por el sistema, ha tenido y tiene mayores posibilidades
de forjar una cultura. Si sólo lo ha hecho de manera tímida,
es porque no ha sido capaz de encontrarse a sí misma. Por eso,
a pesar de tener la clase media casi tres cuartos de siglo de participación
activa en la vida política y cultural del país, sus
intelectuales no han reflexionado sobre la realidad sociocultural
de dicha clase que debería ser el continente por excelencia
de la cultura mestiza. La inautenticidad se explica por dos hechos:
el "pecado original de la Conquista" y la peculiar situación
socio-económica de la clase media dentro del conjunto nacional.
La Conquista, sentó los cimientos para la construcción
de una sociedad mistificada y mistificante, en la cual el lenguaje-ideología
no serviría tanto para señalar una realidad, cuanto
para encubrirla.
Tal inautenticidad afecta con mayor o menor intensidad a todos los
estratos sociales. La clase baja, privada de toda libertad de expresión
e imbuida de los valores impuestos por la clase dominante a la sociedad
toda, sabe que todo discurso es en rigor insignificante. La clase
alta en cambio, que durante siglos ha vivido persiguiendo el sueño
de una idílica España, no puede pensarse tal cual es,
so pena de condenarse. Y la clase media, atrapada entre las dos, "desgarrada
en la encrucijada de la vocación popular inspirada por el recuerdo
todavía fresco del ancestro humilde, y la tentación
aristocratizante heredada del progenitor hispano, se las arregla instalándose
en una acrobática situación de inautenticidad"
(p. 314).
Sobre tan deleznables cimientos, ¿cómo podría
edificarse una sólida cultura? ¿cómo podría
ser ésta verdaderamente mestiza, si lo primero que preocupa
a la clase media es borrar toda huella del ancestro aborigen? "Nuestra
cultura es débil
. Impersonal todavía, porque el
pueblo no tiene arte ni parte en ella; porque la clase media que,
debía ser hasta aquí el continente por excelencia de
la cultura mestiza, es completamente inconsistente" (p. 319).
La cultura mestiza es hoy una virtualidad, basada en el mestizaje
étnico, y no una realidad. Para que llegue a serlo, es menester
una revolución que ponga en movimiento las dormidas, estancadas
aguas de la patria, allanando todos los obstáculos económicos,
sociales y sicológicos que hoy impiden la toma de conciencia
de nuestro verdadero ser. La cultura no podrá totalizarse mientras
la totalidad del pueblo no se haya adecuado de la totalidad de su
historia. Por consiguiente, lo que necesitamos llevar a cabo es una
labor encaminada a hacer que el hombre tome conciencia de su situación
real y actúe en consecuencia.
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| CUEVA, Agustín. SOBRE NUESTRA AMBIGÜEDAD CULTURAL. En:
Teoría de la Cultura Nacional. Quito, BCE-CED, 1986, pp. 291-320.
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