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RESUMEN:
Se establecen lineamientos conceptuales para a comprensión
de la Nación ecuatoriana en tanto "forma cultural".
El principal referente consiste en trazar un límite diferencial
entre el concepto de cultura y la idea de cultura. Esta última,
se concentra en el ideal de libertad como proceso que define el
devenir histórico de la nación.
Con este enfoque, se examina el cuadro de nuestra experiencia histórica
en cuanto contenido de una posible forma cultural ecuatoriana (nación),
en las "etapas" de la cultura incaica, colonial y republicana.
Finalmente, se cierra el discurso con una reflexión sobre
los enfoques que podrían revestir la futura realidad de una
nación ecuatoriana, destacándose, como mecanismo idóneo,
la lucha por la libertad.
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| TEMA:
El Ecuador como forma cultural: nación
pp. 197-229
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La Nación, como forma cultural, comprende "un conjunto
sistemático de procesos relacionistas cuya última y
específica característica está constituida por
las relaciones entre los hombres, en cuanto creadoras y mantenedoras
de cultura, esto es, realizadoras de historia como contenido cultural"
(p. 197).
Es posible trazar un límite diferencial entre el concepto
de cultura y la idea de cultura, esto es, una diferencia más
o menos semejante a la que media entre historia como realidad empírica
e historia como devenir cultural de la humanidad. Como concepto, la
cultura, ha de entenderse no sólo el conjunto de afanes, aspiraciones
y obras de una determinada comunidad, sino que debe conceptuarse como
tal, independientemente del criterio valorativo, todo cuanto un pueblo
ha sido capaz de crear. Si la cultura es obra del hombre, quiere decir
que ella habrá de justificarse en tanto contribuya a elevar
la dignidad del ser humano, y facilite al individuo desenvolverse
racionalmente y progresar en continua línea de autosuperación.
"Y si el hombre sólo puede considerarse en progreso cuanto
más vaya ensanchándose la esfera de la libertad, pues
la razón se resuelve en libertad, aparece que la suprema idea
justificativa de la cultura y la que le infunde una esencia valiosa,
sólo puede ser la idea de la libertad". El ideal de la
libertad no se refiere a la libertad como ideal inasequible y fijo,
como meta inalcanzable, sino a la libertad como ideal siempre alcanzado
y aspirado. Tampoco la libertad es la libertad concreta del hombre
empírico, sino la libertad como noción abstracto-formal,
inherente a todo sujeto racional, a todo ser pensante. "La libertad
que propugnamos es, pues, la libertad del género humano todo
de todos"
Si bien el devenir cultural de la humanidad es un proceso unitario,
se cumple, históricamente, no sólo a través de
los momentos individuales -los seres humanos concretos- sino, además,
a través de momentos sociales -organizaciones, colectividades,
etc.- entre las cuales descuella la forma social de la nación.
Esta forma, la nación, resulta ser aquella que tiene por función
típica, peculiar y justificativa la de mantener la "unidad
de fines culturales" de una sociedad dada, siendo su contenido
aquello que suele denominarse "cultura nacional". Es a la
luz de estos principios que es posible examinar el cuadro de nuestra
experiencia histórica, en cuanto contenido de una posible forma
cultural ecuatoriana, de una nación ecuatoriana. *
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GARCIA, Humberto. EL ECUADOR COMO FORMA CULTURAL: NACION. En: Teoría
de la Cultura Nacional. Quito, BCE-CEN, pp. 197-238.
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| TEMA:
El Ecuador como forma cultural: nación
pp. 197-229
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El panorama de la historia ecuatoriana, suele presentarse dividida
en dos grandes períodos; el primero, históricamente
superado, alcanza hasta el año de 1534; y el segundo, aún
en pleno desenvolvimiento, inicia en esta fecha. El contraste que
ofrecen los dos períodos es no sólo un contraste de
etapas de cultura, sino un auténtico contraste de dos círculos
de cultura completamente extraños.
Toda cultura histórica -manifestación concreta del
devenir cultural- puede ser contemplada, o desde el puro concepto
de cultura, o desde la idea de cultura. Es posible afirmar que la
cultura incaica, como cultura primaria, encuadra perfectamente como
objeto de una investigación realista (concepto de cultura).
Si se recorre el cuadro fáctico de la cultura incásica,
encontramos notables creaciones; expresiones históricas atractivas,
tanto por la originalidad de sus construcciones como por su capacidad
de expansión por los pueblos colindantes. Dicha cultura puede
jactarse de ser la cultura prócera del hombre americano.
Pero si contemplamos la cultura incaica a través del prisma
del ideal supremo de todo movimiento cultural, ¿no queda
flotando el gran vacío que se halla en toda cultura, la de
la necesidad de sostener las nuevas creaciones a través del
sacrificio de la libertad del mayor número?. En la cultura
incaica es posible encontrar la magnificencia de audaces creaciones
en los diversos campos; pero éstas no justifican la esclavitud
de los hombres. Si únicamente se tratara de contemplar el
cuadro de esta cultura, desde el aspecto realista-empírico
se ponderaría en su justo valor el hacer cultura de nuestros
aborígenes. Pero es necesario observarla desde el ángulo
visual del ideal supremo de su devenir, el ideal de libertad. Y
al hacer esto, tenemos que convenir en que la cultura aborigen estaba
situada a alguna distancia de su ideal, siendo poco apreciable el
grado de realización de éste y, por ende, no muy grande
su valor como proceso del devenir universal de la cultura.
No cabe desconocer que la cultura incaica, a causa de su matiz
religioso-místico, realizaba una coordinación de todos
los elementos componentes de la colectividad, dando la impresión
de ser el contenido exacto de una forma nacional integral. Sin embargo,
que un pueblo tenga "unidad de cultura" no significa siempre
que todos aquellos que lo componen han de hallarse bajo un mismo
estilo cultural, sino, que un tipo de cultura ha de ser el predominante
sobre toda otra caracterización cultural retrasada o futurista.
Así, la restricción que sufre el concepto de unidad
cultural, se ve acompañada de este otro tipo de restricción,
según el cual, el tipo dominante de cultura se encuentra
siempre limitada, al lado de otros tipos, caracteres y elementos
culturales. *
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| GARCIA, Humberto. EL ECUADOR COMO FORMA CULTURAL: NACION. En: Teoría
de la Cultura Nacional. Quito, BCE-CEN, pp. 197-238.
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| TEMA:
El Ecuador como forma cultural: nación
pp. 197-229
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La etapa de la conquista española se encuentra cortada
por un hecho histórico importante: la independencia. Si desde
el punto de vista formal, este hecho tuvo resonancia, en la más
profunda contextura material de la sociedad ecuatoriana apenas produjo
levísimas repercusiones, sobretodo desde el aspecto cultural.
Las condiciones materiales del sistema económico-social
de la colonia, denuncian la vivencia de un sistema económico
no feudal, sino feudaloide o, quizá mejor, esclavista; es
un régimen dentro del cual, la pervivencia de determinados
elementos de un tipo asiático de economía, mal extinto
aún, acaba de producir en él un hibridismo extraño.
La desorientación caótica de la realidad material
encuentra su correlato en la incertidumbre jurídica de la
legislación colonial que entraña una contradicción
inmanente: si bien es cierto que se reconocieron ciertas calidades
jurídicas subjetivas al indio -por cierto, más por
un principio religioso-moral que por un criterio estrictamente jurídico-,
también lo es que se crearon instituciones como hechas ad
hoc para reducir a nada aquella vascilante personalidad jurídica
del conquistado. Así, la mita, el servicio personal, el yanaconazgo,
en la época colonial, y el concertaje, en la mitad de la
República-, negaron la personalidad jurídica del sometido.
"Cansados estamos de oír que España nos ha dado
su sangre, su religión, su idioma, y que, trueque de esto,
bien puede justificarse toda la serie de atropellos de la Conquista
y la Colonia
Lo que importa profundamente, esencial e íntimamente
no es tener tal o cual idioma, sino ser libres y poder cantar esa
libertad en cualquier lengua" (p. 217). La historia como proceso
empírico no puede justificarse igualmente dentro de la misma
órbita; necesita siempre ser contrastada a la luz de un principio
teleológico supremo, de una idea absoluta e inmanente, y
sólo desde este momento la historia de la humanidad, se transforma
en una marcha ascendente. El período colonial, en cuanto
momento del devenir cultural ecuatoriano es un momento que recibe,
es cierto, su justificación objetiva del ideal supremo, pero
una justificación que es negativa, es decir, en términos
más claros, que lo que podría llamarse "cultura
colonial" se encuentra apreciablemente lejos de la idea suprema
y que, por ende, su valor, como fase de una evolución nacional,
es todavía inseguro y vascilante.
La República, por su parte, ha implicado un vago esfuerzo
y un impreciso sentido de mejoramiento y avance cultural, que se
hacen patentes en las lentas demoliciones de viejos institutos jurídicos
y políticos (como la abolición de la esclavitud de
los negros, la exención del tributo indígena y la
abolición del concertaje de los mismos) pero que también
se han concretado en determinadas creaciones de otros nuevos, de
índole amparadora y benéfica. La forma cultural, osea,
la forma nacional ecuatoriana no es algo dado todavía. 3
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| GARCIA, Humberto. EL ECUADOR COMO FORMA CULTURAL: NACION. En: Teoría
de la Cultura Nacional. Quito, BCE-CEN, pp. 197-238.
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| TEMA:
Conclusiones
pp. 229-238
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Es posible observar unas cuantas conformaciones que podría
revestir la futura realidad de una Nación ecuatoriana. De ellas,
son tres las que cuentan con un mayor número de condiciones
favorables para su realización. Podría, en primer término,
imaginarse que la Nación ecuatoriana, como parece más
natural, llegue a tener su realización cabal, como forma cuyo
contenido sea la misma realidad histórica, geográfica
y etnográfica que hasta el momento presente ha constituido
y constituye lo que denominamos Ecuador o pueblo ecuatoriano. En esta
hipótesis bien intencionada, podría sustentarse aquella,
en cuya virtud las formas nacionales en América del Sur, reanudando
una tradición histórica milenaria, habrán de
aparecer en sus modalidades histórico-concretas, como unidades
abarcadoras de grandes conglomerados humanos. Tales hipótesis
"extraen su jugo del fértil suelo de un americanismo o
indigenismo emocional que encierran el encanto del pasado y de la
tradición", pero no por eso dejan de sufrir sus efectos
como doctrinas mesiánicas que impelan a los pueblos por derroteros
escabrosos.
Los teóricos del idioma suponen que una tercera hipótesis
es aquella que ve en la "unidad del idioma" un fundamento
decisivo para el establecimiento de una sola unidad nacional hispano-americana.
Pero esta "unidad" nacional, sobre la base del idioma,
"es una fórmula altisonante para ser tomada en serio"
(p. 232). Las relaciones entre nuestros pueblos son convenientes,
inevitables no sólo por el reclamo del idioma, sino por el
de la misma geografía. Pero de esto a pretender hallar en
tales relaciones el contenido de una gran Nación, existe
una gran distancia. Una nación, "es una forma sociológico-cultural,
es una forma de cultura, y ya sabemos cual es la esencia de toda
cultura y la cultura en sí. El idioma, por mucho que sea
un sector importante de ella, que signifique un aspecto vital de
una cultura, no es de ningún modo. No puede ser la cultura.
En consecuencia, hacer de la unidad de idioma el momento esencial
de la cultura y, por ende, de una Nación es un contrasentido
científico que debe ser resueltamente rechazado".
Cualquiera que sea la forma concreta que revista en América
el proceso de realización de la Nación, o las naciones,
no cabe duda que al pueblo ecuatoriano ha de corresponderle una
misión valiosa, si realiza en sí mismo una Nación,
o si coordinándose con los demás, contribuye a realizarla.
"Nos fuera fácil ver, a través de los futuros
tiempos, un Ecuador glorioso, un pueblo fortalecido en su lucha
por la libertad, ennoblecido por su aspiración creciente
hacia la cultura, persiguiéndolas tanto más a una
y otra, precisamente cuanto más las realice" (p. 236).
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| GARCIA, Humberto. EL ECUADOR COMO FORMA CULTURAL: NACION. En: Teoría
de la Cultura Nacional. Quito, BCE-CEN, pp. 197-238. |
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