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FOLKLORE

AUTOR

Ana María Dupey

TITULO

Folklore, identidad local y globalización

 
EN

Revista Identidades N° 18

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

IADAP, Quito, 1996, pp. 33-40.

 

RESUMEN:

Se realiza un bosquejo de la forma en que el folklore, al construir al "otro" social dentro de su propia sociedad, ha participado primero en el discurso de la modernidad y, actualmente, en el de la globalización. Se considera que, si bien con respecto a ésta última estamos en los inicios de la reflexión, se avizora una interesante relación a partir de los enfoques de la folklorística centrados en los procesos comunicativos y en las interpretaciones colectivas con efecto identificador-diferenciador.

 

TEMA:

Folklore y modernidad

pp. 34-35


… El discurso de la modernidad se desarrolla tomando en consideración dos interpretaciones distintas de las "antigüedades populares", denominadas a partir del folklore. Por un lado, la de los iluministas, quienes se emplazaron como los detentadores de la razón a través del distanciamiento con los "sujetos de la tradición", fundamento de todas las falsas creencias y los prejuicios de todo fraude. Aquellos que sostenían creencias tradicionales se transformaban, para los iluministas, en gente supersticiosa que frenaba el progreso que ellos representaban. La otra interpretación -la del Romanticismo- retomó a la tradición y al folklore, pero esta vez con una valoración positiva. De la mano de los anticuarios se constituyó al campesino como alguien distinto, portador de antigüedades de un pasado ya superado, que representaría un conocimiento primordial anterior y no sofisticado. Los recolectores de las antigüedades requirieron de un otro social al que emplazaron en una situación de ajenidad basados, a) en la aseveración de la dislocación de las tradiciones campesinas con respecto al contexto histórico del momento, y b) que éstas eran representativas de un modo de vida agrario precapitalista, en extinción. Pero a diferencia de los iluministas, los románticos rehabilitaron a quienes se hallaban sujetos a la tradición a través de un sentimiento de nostalgia frente al mundo que se perdía. Pese a que ese otro campesino era sincrónico del hombre moderno, se lo presentó como anterior con lo que se organizó una diacronía, empleando el valor pasado para fundar la modernidad, y fue el folklorista quien registrando los materiales folklóricos formaba las colecciones que corporizaban dicho pasado.

Tanto desde la perspectiva del iluminismo como del romanticismo, lo folklórico no sólo es el contrapunto necesario de la modernidad sino principio activo en la formación de los estados-nación. Las burguesías nacionales europeas sostuvieron las unidades políticas a través de la estandarización cultural que generaba solidaridad entre los ciudadanos y lealtad hacia el Estado. La comunidad cultural que legitimaba la comunidad política requirió de la organización de narrativas que trazaran genealogías sobre los orígenes heróicos de los pueblos, edades de oro, mitos fundacionales, en las que tuvo lugar destacado el folklore. De este modo la cultura política con el aporte del folklore otorga fundamento no sólo al pasado sino al futuro de una nación y brinda un sentido histórico enmarcado en un territorio. Pero a pesar de que el folklore era una categoría constitutiva de la modernidad y de su expresión política máxima, la nación. A partir de mediados del siglo XX se inicia un proceso de reformulación de esta categoría acorde con los megafenómenos sociales, políticos, comunicacionales, económicos y tecnológicos


DUPEY, Ana María. FOLKLORE, IDENTIDAD LOCAL Y GLOBALIZACION. En: Identidades N° 18. Quito, IADAP, 1996, pp. 33-40.

 

TEMA:

Folklore y globalización

pp. 35-38


… A partir de la década del 60 del presente siglo se inicia una revisión del concepto de folklore, enriquecida con los aportes de la Sociolingüística, del interaccionismo simbólico, la semiótica y las teorías de la interpretación. La Folklorística se va centrando en la construcción del folklore desde una perspectiva de la vida social como vida constituida comunicativamente, producida y reproducida por una práctica comunicativa y en el uso de las formas simbólicas situadas en su contexto social de realización. Los folkloristas se refieren a un otro dentro de la sociedad, que no depende de la vida agrícola o atrasada respecto de los valores vigentes, sino de la diversidad de interpretaciones colectivas que se comunican en ámbitos privados o públicos en la esfera endogrupal o extragrupal, en grupos pequeños o masivos, en la localidad o en la región, que tienen efecto identificador-diferenciador y que no responden necesariamente a ordenamiento de clases sociales, grupos de edad, género o étnicos.

Estas nuevas orientaciones de la folklorística posibilitan una mejor comprensión de la tensión globalización y localidad. Si bien hay una acelerada integración de las diferentes identidades locales tal como se las conciben hasta ahora, el mismo proceso genera situaciones de encuentro y desencuentro comunicativos, económicos, políticos, sociales frente a los que emergen interpretaciones colectivas diferentes. El proceso de globalización es un movilizador de las comunidades de interpretación existentes y es generador de nuevas. La globalización centraliza un conjunto de sentidos que en las diferentes comunidades de interpretación se tornan multivalentes; estas descentralizaciones de sentidos revelan los límites mismos de la globalización. Por tanto sería equivocado asignar a la globalización el valor del todo cuando es una parte -si bien con preminencia- en relación con otras partes. Existe una tensión entre la globalización y las identidades locales. El aporte de los estudios de la Folklorística desde una perspectiva que se centra en las prácticas comunicativas, en el uso de las formas simbólicas situado en los contextos sociales de realización, y en la constitución de comunidades de interpretación se torna en una herramienta eficaz para profundizar esta tensión.


DUPEY, Ana María. FOLKLORE, IDENTIDAD LOCAL Y GLOBALIZACION. En: Identidades N° 18. Quito, IADAP, 1996, pp. 33-40.