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| RESUMEN:
Se realiza un bosquejo de la forma en que el folklore, al construir
al "otro" social dentro de su propia sociedad, ha participado
primero en el discurso de la modernidad y, actualmente, en el de
la globalización. Se considera que, si bien con respecto
a ésta última estamos en los inicios de la reflexión,
se avizora una interesante relación a partir de los enfoques
de la folklorística centrados en los procesos comunicativos
y en las interpretaciones colectivas con efecto identificador-diferenciador.
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| TEMA:
Folklore y modernidad
pp. 34-35
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El discurso de la modernidad se desarrolla tomando en consideración
dos interpretaciones distintas de las "antigüedades populares",
denominadas a partir del folklore. Por un lado, la de los iluministas,
quienes se emplazaron como los detentadores de la razón a través
del distanciamiento con los "sujetos de la tradición",
fundamento de todas las falsas creencias y los prejuicios de todo
fraude. Aquellos que sostenían creencias tradicionales se transformaban,
para los iluministas, en gente supersticiosa que frenaba el progreso
que ellos representaban. La otra interpretación -la del Romanticismo-
retomó a la tradición y al folklore, pero esta vez con
una valoración positiva. De la mano de los anticuarios se constituyó
al campesino como alguien distinto, portador de antigüedades
de un pasado ya superado, que representaría un conocimiento
primordial anterior y no sofisticado. Los recolectores de las antigüedades
requirieron de un otro social al que emplazaron en una situación
de ajenidad basados, a) en la aseveración de la dislocación
de las tradiciones campesinas con respecto al contexto histórico
del momento, y b) que éstas eran representativas de un modo
de vida agrario precapitalista, en extinción. Pero a diferencia
de los iluministas, los románticos rehabilitaron a quienes
se hallaban sujetos a la tradición a través de un sentimiento
de nostalgia frente al mundo que se perdía. Pese a que ese
otro campesino era sincrónico del hombre moderno, se lo presentó
como anterior con lo que se organizó una diacronía,
empleando el valor pasado para fundar la modernidad, y fue el folklorista
quien registrando los materiales folklóricos formaba las colecciones
que corporizaban dicho pasado.
Tanto desde la perspectiva del iluminismo como del romanticismo,
lo folklórico no sólo es el contrapunto necesario
de la modernidad sino principio activo en la formación de
los estados-nación. Las burguesías nacionales europeas
sostuvieron las unidades políticas a través de la
estandarización cultural que generaba solidaridad entre los
ciudadanos y lealtad hacia el Estado. La comunidad cultural que
legitimaba la comunidad política requirió de la organización
de narrativas que trazaran genealogías sobre los orígenes
heróicos de los pueblos, edades de oro, mitos fundacionales,
en las que tuvo lugar destacado el folklore. De este modo la cultura
política con el aporte del folklore otorga fundamento no
sólo al pasado sino al futuro de una nación y brinda
un sentido histórico enmarcado en un territorio. Pero a pesar
de que el folklore era una categoría constitutiva de la modernidad
y de su expresión política máxima, la nación.
A partir de mediados del siglo XX se inicia un proceso de reformulación
de esta categoría acorde con los megafenómenos sociales,
políticos, comunicacionales, económicos y tecnológicos
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| DUPEY, Ana María. FOLKLORE, IDENTIDAD LOCAL Y GLOBALIZACION.
En: Identidades N° 18. Quito, IADAP, 1996, pp. 33-40. |
| TEMA:
Folklore y globalización
pp. 35-38
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A partir de la década del 60 del presente siglo se
inicia una revisión del concepto de folklore, enriquecida con
los aportes de la Sociolingüística, del interaccionismo
simbólico, la semiótica y las teorías de la interpretación.
La Folklorística se va centrando en la construcción
del folklore desde una perspectiva de la vida social como vida constituida
comunicativamente, producida y reproducida por una práctica
comunicativa y en el uso de las formas simbólicas situadas
en su contexto social de realización. Los folkloristas se refieren
a un otro dentro de la sociedad, que no depende de la vida agrícola
o atrasada respecto de los valores vigentes, sino de la diversidad
de interpretaciones colectivas que se comunican en ámbitos
privados o públicos en la esfera endogrupal o extragrupal,
en grupos pequeños o masivos, en la localidad o en la región,
que tienen efecto identificador-diferenciador y que no responden necesariamente
a ordenamiento de clases sociales, grupos de edad, género o
étnicos.
Estas nuevas orientaciones de la folklorística posibilitan
una mejor comprensión de la tensión globalización
y localidad. Si bien hay una acelerada integración de las
diferentes identidades locales tal como se las conciben hasta ahora,
el mismo proceso genera situaciones de encuentro y desencuentro
comunicativos, económicos, políticos, sociales frente
a los que emergen interpretaciones colectivas diferentes. El proceso
de globalización es un movilizador de las comunidades de
interpretación existentes y es generador de nuevas. La globalización
centraliza un conjunto de sentidos que en las diferentes comunidades
de interpretación se tornan multivalentes; estas descentralizaciones
de sentidos revelan los límites mismos de la globalización.
Por tanto sería equivocado asignar a la globalización
el valor del todo cuando es una parte -si bien con preminencia-
en relación con otras partes. Existe una tensión entre
la globalización y las identidades locales. El aporte de
los estudios de la Folklorística desde una perspectiva que
se centra en las prácticas comunicativas, en el uso de las
formas simbólicas situado en los contextos sociales de realización,
y en la constitución de comunidades de interpretación
se torna en una herramienta eficaz para profundizar esta tensión.
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| DUPEY, Ana María. FOLKLORE, IDENTIDAD LOCAL Y GLOBALIZACION.
En: Identidades N° 18. Quito, IADAP, 1996, pp. 33-40. |
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