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| RESUMEN:
Se elabora una reflexión sobre la modernidad en nuestras
sociedades como elemento proyectivo de la estructura fundamental
del fenómeno cultural, en su doble tendencia de: aperturas
homogeneizadoras en los intercambios culturales, y negentropía
generadora de una creciente heterogeneidad y particularismo de microculturas.
Los rasgos característicos de la modernidad, en relación
a la cultura, se delimitan en términos de: a) la racionalidad
instrumental que suprime la "inteligencia inteligente"
de los individuos y grupos, b) la postmodernidad como fenómeno
definitorio de la cultura neoliberal, y c) la generación
y producción de nuevas identidades colectivas, globales y
locales. -
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| TEMA:
El paradigma cultural de los cambios
pp. 65-74
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La modernidad es la abolición del aislamiento entre
sociedades y perímetros culturales, la transnacionalización
de todos los procesos de cultura y, por consiguiente, efecto de un
rozamiento contínuo entre grupos, sociedades, regiones culturales,
que provoca una aceleración de los cambios. Esta aceleración
tiene por efecto imprimir dinámicas cada vez más diferenciadas
en todos los órdenes de la realidad social, multiplicando así
las temporalidades sociales, y diferenciando los ritmos de cambio
en todos los aspectos de ella, dando lugar a una multiplicidad de
tiempos sociales. De esta manera se visualiza, cada vez más,
cómo, por ejemplo, los tiempos de la economía nos son
los mismos que los tiempos de la política, ni estos coinciden
tampoco con los tiempos de la cultura. Los cambios culturales ya no
pueden ser pensados de manera homogénea, regulados por las
mismas duraciones y ritmos de transformación: los tiempos de
ciertos comportamientos culturales, como las modas, están sujetos
a duraciones más breves y cambios más rápidos.
También los objetos y productos culturales, los escenarios
y protagonistas de la cultura se modifican de acuerdo a ritmos y ciclos
diferentes: otras son las temporalidades culturales de las instituciones
y las ideologías, de cambios más lentos, y otros son
los tiempos de las mentalidades, o de los códigos comunicacionales
o de las ritualidades sociales, más resistentes a los cambios
y más anclados en las tradiciones.
Estos fenómenos de retemporalización de la cultura
han tenido importantes consecuencias tanto en el concepto de cultura
como en el modo de producción cultural. Ya que si la cultura
se define por la "diferencia", lo que la modernidad transforma
son los modos de diferenciación cultural. Por un lado, la
cultura ha dejado de ser un campo delimitado y particular de la
sociedad, ha perdido su carácter sustantivo, para ganar en
adjetividad y convertirse en una cualidad o forma de todo lo social.
Así, se ha pasado de pensar la cultura para comprender y
explicar lo cultural: todo lo social es cultural y un fenómeno
de cultura. Por otro lado, la aceleración de los cambios
ha modificado el tiempo e historia culturales, los cuales han dejado
de ser el ámbito o la duración genéricos, donde
tienen lugar las transformaciones culturales, para ser incorporados
como sustancia de la cultura. El tiempo y la historia empiezan a
ser comprendidos como la medida (y forma) de los cambios: el mismo
cambio se convierte así en un hecho cultural. Esto contribuye
a una transformación más decisiva en la producción
y reproducción de cultura, ya que la aceleración de
los cambios vuelve cada vez más rápidas, abruptas
y profundas las rupturas culturales: así, el eje de la producción
cultural domina progresivamente el eje de la reproducción
cultural; la cultura producida genera referentes de identidad cada
vez más fuertes que la cultura transmitida y recibida. *
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| SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA
GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad
y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115 |
| TEMA:
El paradigma cultural de los cambios
pp. 65-74
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Si la cultura en cuanto tradición no queda totalmente
relegada a un segundo plano, al menos adquiere formas y valoraciones
nuevas. Pero en el mundo moderno la cultura ya no es sinónimo
de tradición y no se reduce a ella. La modernidad impone otras
modalidades de pensar y vivir la tradición, que van desde la
transmisión o actualización del pasado hasta su recreación,
ya sea con nuevas formas y antiguos contenidos o al contrario. El
presente adopta un carácter efímero entre futuro y pasado
que conduce a una revaloración cualitativamente nueva del mismo
pasado irrecuperable, y en el que se depositaría todo el capital
acumulado de la cultura.
Las identidades modernas se construyen simultáneamente por
una cierta desidentificación con el pasado más inmediato,
marcando la originalidad de su innovación, y por una reidentificación
con el pasado más remoto, resultado también de las
diferencias más originarias. En el contexto de la globalización,
los procesos culturales y la producción de identidades se
hallan en la encrucijada de un doble riesgo: entre una pérdida
de memoria, víctima de la orfandad de tradiciones, y encontrarse
tan "invadida por la memoria", hasta llegar a convertirse
en una sociedad incapaz de renovarse. La presencia del futuro en
los tiempos de la cultura en cuanto tradición contribuye
a completar la idea de que "la cultura ya no es lo que había
sido" en la formación de la sociedad moderna. Este fenómeno
tiene que ver con la producción de identidades: es en ella
donde se conjugan los tiempos mixtos de la cultura de la modernidad.
La aceleración de los cambios hace que la producción
de identidades adopte una estrategia programática, según
la cual las sociedades, grupos e individuos comienzan a identificarse
más con lo que quieren ser y no tanto con lo que han sido
las sociedades y los grupos a los que pertenecen.
En este nuevo esquema el concepto de "aculturación"
pierde su valor teórico y analítico. La "aculturación"
en los actuales procesos de la modernidad, no es un accidente de
la cultura, ni un fenómeno anómalo, ni una suerte
de desculturación por efecto de contagios e influencias externas
de otras culturas; ni siquiera una suerte de pérdida cultural
como resultado de otras adquisiciones de otras culturas: la aculturación
es un programa de las culturas modernas no incompatible con el de
su "inculturación". Lo que se ha convenido en llamar
"aculturación" es un proceso normal de toda cultura
y de todo proceso cultural a lo largo de la historia de todas las
sociedades, y cuyos cambios se han operado siempre en base a continuas
innovaciones y adquisiciones culturales y a pérdidas de elementos
culturales, todo ello en razón de los contactos, intercambios
y relaciones, que toda sociedad mantiene con las culturas de otras
sociedades. Ello propicia la producción de identidades múltiples
o la posibilidad de múltiples identificaciones.
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| SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA
GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad
y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115 |
| TEMA:
Entropías y negentropías culturales
pp. 74-78
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Otra coordenada de la modernidad, que organiza el campo de
la cultura, es la espacial, cuyo rasgo dominante es la homogeneización
y cuya tendencia principal se ha convenido en llamar globalización.
La homogeneización es un proceso correlativo a efecto centrífugo
de la aceleración en los cambios: si estos son el resultado
de una amplia e intensa comunicación entre sociedades y culturas,
cuyos rozamientos e intercambios aceleran las transformaciones de
todas ellas, tales transformaciones tienden a adoptar una misma dirección
y sentido, formas culturales cada vez más comunes y compartidas.
Hay una creciente homogeneización en las culturas de la modernidad.
Tal entropía cultural hace que las diferencias culturales
se atenúen, y que las diferentes culturas, al mismo tiempo
que toman, adoptando o adaptando elementos y formas comunes con
otras culturas, pierdan también contenidos y rasgos específicos
y diferenciadores. Y en tal sentido, hay una cultura de la modernidad,
que tiende a imponerse de manera homogénea y a dominar la
formación y procesos de todas las culturas particulares.
Paralelamente, tiene lugar en la modernidad un proceso inverso
de negentropía cultural: a medida que se opera la homogeneización
y que las culturas pierden sus fronteras, sobretodo nacionales,
y muchos de los rasgos que las diferenciaban, de manera simultánea,
comienzan a fracturarse y recomponerse nuevas territorialidades
culturales o se actualizan antiguos perímetros culturales
con diferencias más marcadas..
De esta manera, junto con la homogeneización cultural, se
desarrolla un proceso de heterogenei-zaciones culturales, de particularismos
culturales, que afirman sus microdiferencias. Max Hernandez, pscicoanalista
peruano, ha resumido la complejidad cultural de la modernidad en
una frase: "en este país uno puede vivir todos los mundos".
La globalización como la negentropía culturales imprimen
lógicas sociales diferenciadoras en las clases, grupos y
sectores de una misma sociedad; y al mismo tiempo que generan identidades
cada vez más diferenciadas entre sí, producen también
nuevas, más profundas y hasta antagonistas desidentificaciones.
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| SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA
GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad
y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115.
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| TEMA:
Umbrales culturales de la modernidad: dominación y exclusión
pp. 59-61
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Los actuales procesos de modernización, ponen de manifiesto
la estructura fundamental del mismo fenómeno cultural en toda
sociedad. Toda forma particular de cultura es siempre parte de una
formación cultural más amplia y de la cual participa
junto con otras muchas culturas también particulares. Así,
se establece un doble sistema de relaciones: mientras que, por un
lado, las culturas particulares tienden permanentemente a diferenciarse
entre sí y a enriquecerse mutuamente, todas ellas, a la vez
que aportan a la cultura general, se benefician de ella.
Así es como la modernidad tiende hoy a expresarse, a través
de la estructura y dinámica internas del fenómeno
cultural, en su doble dimensión y tendencia de: a) aperturas
homogeneizadoras en los intercambios culturales; b) negentropía
generadora de una creciente heterogeneidad y particularización
de microculturas. Simultáneamente, la modernidad, imprime
a cada cultura particular una mayor distancia y autonomía,
reduciendo las influencias y relaciones entre los niveles y procesos
de globalización y homogeneización culturales. Y así
mismo, puede provocar la ruptura de las relaciones entre las culturas
particulares.
Cuando por distintas razones surgen prácticas o procesos
de ruptura, tanto de las culturas particulares respecto del conjunto
o formación cultural más amplia, como de las diversas
culturas particulares, se desencadenan las violencias y hostilidades.
La "otra" cultura deja de ser reconocida, para ser percibida
y tratada como agresora o como objeto de dominación. Cuando
determinadas culturas marcan y refuerzan sus signos de distinción
a costa de sus signos diferenicales respecto de otras culturas,
dan lugar a nacionalismos o etnicismos, como los que declaran, por
ejemplo, la "hispanidad" o "ecuatorianidad".
"La cultura se construye como una semántica (sistema
de signos) diferencial, y no tanto como una semántica distintiva.
El signo distintivo es el del uniforme que se lleva o la marca que
uno tiene, mientras que el signo diferencial supone el reconocimiento
de una diferencia
La semántica de la distinción
niega los signos diferenciales, lo que conduce al desconocimiento
de cualquier otra cultura o impide el reconocimiento de cualquier
otra diferencia como valor cultural. No es la "distinción",
sino la "diferencia" lo que produce el otro; diferencia
necesaria para toda producción de identidad cultural. Por
eso el otro sólo se plantea cuando la diferencia se multiplica
por una desigualdad y cuando en lugar de un intercambio con el "otro",
se opera la negación, exclusión u hostildad".
Si la cultura sólo se constituye en la diferencia, y solo
es reconocible en cuanto diferente, las diferencias y diferenciaciones
sólo son el resultado de las relaciones culturales entre
culturas y no de los aislamientos y exclusiones.
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| SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA
GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad
y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115.
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| TEMA:
La cultura instrumental
pp. 85-92
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Un factor fundamental en la modernidad es la racionalidad
instrumental, que representa también un hecho cultural. La
racionalidad instrumental se inscribe en uno de los ejes más
determinantes de la historia de la civilización occidental
y en su particular concepción y desarrollo de la tecnología,
la cual ha priorizado la acumulación de saber en la acumulación
y concentración de fuerza de trabajo en los instrumentos o
técnicas. La originalidad de este hecho en la modernidad consiste
en una creciente fractura entre la desmesurada inteligencia y poder
concentrados en los instrumentos, y la inteligencia de los agentes
o actores inteligentes. Esto ha conllevado a la pérdida, por
una parte, del valor de la fuerza de trabajo, y por otra parte, a
una pérdida del valor del sentido, del que sólo los
agentes inteligentes son depositarios y portadores . Es así
como se ha desarrollado y plusvalorado toda una cultura de la rentabilidad
y de la competitividad, una cultura de la acumulación de datos
y de procesamientos de información.
La racionalidad instrumental es hoy productora de una nueva epistemología
que ha comenzado a modificar nuestras formas de conocimiento, y
que se expresa en el poder analítico, de comprensión
y de explicación de los datos y las cifras. Esta epistemología
se encuentra sustentada por la creciente galaxia de la computarización
y el permanente desarrollo de sus técnicas de programación.
Hoy los números y las cifras, las estadísticas y logaritmos
han dejado de ser campo exclusivo de los matemáticos de las
ciencias aplicadas, para inundar las ciencias sociales, dominar
sus llamadas "tecnologías duras", y adquirir una
visibilidad y valor de comprensión y explicación totalmente
nuevos. La técnica suplanta la inteligencia inteligente,
tentando a los mismos pensadores a depositar en el disco duro de
sus computadoras todo el capital y posibilidades de su pensamiento.
Pero la tecnología, además, amenaza con sustituir
el arte, y en lugar de inspirar o potenciar la creación artística
se convierte en su única racionalidad estética. La
cultura del futuro se anuncia nutrida del artificio y del simulacro,
desmaterializada e irreal, completamente robotizada e impenetrable
para el usuario y el consumidor, incapaces de entender sus modos
de producción tecnológica: una cultura sin calorías
humanas productora de percepciones e identificaciones fantasmales.
"Solo en la medida que la racionalidad instrumental, que por
otra parte nunca ha sido ajena a la cultura, incluso en su estado
más originario como "pensamiento salvaje", puede
ser culturalmente metabolizada, llegará a ser un componente
fecundo de la cultura de la modernidad". "Si la cultura
deja de ser un reducto de la magia y el sentido, de encantamiento,
la sociedad humada perdería las calorías de sus significaciones,
dejaría de ser culturalmente pensable"
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| SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA
GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad
y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115.
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| TEMA:
Cultura neoliberal de la modernidad
pp. 92-99
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Uno de los rasgos más expresivos y corrosivos de
la modernidad ha sido la postmodernidad en cuanto fenómeno
cultural, posición filosófica y comportamiento ético
político respecto de la misma modernidad.. "Por postmodernización
de la cultura podemos entender la creciente fragmentación y
diversificación de lo cultural, como consecuencia de la pluralización
de estilos de vida y diferenciación de la estructura social;
el empleo de la ironía, la alegoría, el pastiche y montaje
como modalidades argumentativas y componentes de una retórica;
la erosión de los tradicionales grandes relatos de legitimación
política y social; la celebración de la idea de diferencia
y heterogeneidad, y por consiguiente del relativismo, en cuanto una
mínima guía normativa tanto en lo político como
en lo moral
. Pero también la postmodernización
de la cultura significa la deletera abstracción de su globalización
hasta llegar a reducir sus formas y contenidos a la materialidad de
sus funciones, desde las mercantiles a las meramente comunicacionales,
a sus valoraciones de uso o de cambio. Lo cual puede conducir a la
celebración de la muerte del arte o muerte de la literatura
como a la perversión inversa que significa sostener que todo
es cultura, sinónimo de que nada es cultura". Todo esto
ha inducido a Lowenthal a considerar que "el postmodernismo es
una versión contemporánea de la irracionalidad fascista".
Aún los críticos reconocen que el neoliberalismo es
una corriente e ideología dominante de la actual época
de fin de siglo, y por ello mismo muy vinculada al fenómeno
de la modernidad. La crítica al neoliberalismo trata de reducirlo
a su paradigma duro de la teoría económica negándole
que, más allá de su economicismo y de su elogio al mercado
como principal regulador de la totalidad social, comporta una teoría
de la sociedad y mucho menos una teoría política y de
la cultura. El neoliberalismo tiene un componente y alcance culturales
y que son los mismos con los que se puede definir la cultura de la
modernidad. Factor de esta fenomenología cultural de la modernidad
es el neoindividualismo, con características muy diferentes
a su anterior forma burguesa o militante de los años 60. Entre
los principales tópicos de la cultura neoliberal domina el
repliegue hacia lo privado y la privatización, retribalizando
las identidades sociales. El neoindividualismo posesivo con su gozo
de las independencias individuales, representa uno de los fenómenos
que más amenaza la "destrucción de la ciudadanía".
Asistimos a una forzada descontractualización de las relaciones
sociales, tanto en el ámbito laboral como matrimonial. El egoísmo
narcisista, con sus técnicas de la intimidad, desde el culto
a las dietas vegetarianas o macrobióticas, hasta los consumos
cosméticos y el uso del walk-man, modifica los parámetros
del gozo y propicia las desconexiones sociales de los individuos,
propiciando aislamientos. |
| SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA
GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad
y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115.
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| TEMA:
Morfologías culturales de la modernidad
pp. 99-113
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La modernidad ha contribuido tanto a la producción cultural
de nuevos objetos, a su globalización y localización,
como a la producción de nuevas identidades colectivas globales
y locales. Existen, entre otros, dos fenómenos que definen
las "morfologías culturales de la modernidad": las
identidades colectivas y el sistema de objetos.
Las identidades culturales: La idea de "identidad" tuvo
siempre un uso singular, denotando el efecto de identificación
de cualquier unidad cultural y, simultáneamente, connotando
la pertenencia a una cultura. El concepto de identidad aparecía
derivado del de cultura y hacía referencia al conjunto de
elementos y rasgos culturales en base a, y respecto de, los cuales
se identifica una sociedad o grupo humano. El fracturamiento de
los "grandes relatos" y de sus formaciones sociales colectivas
(las clases, el pueblo, los movimientos sociales, partidos y sindicatos)
ha dado lugar a la configuración de nuevas "microfísicas
sociales" con sus respectivas identidades (desde los años
60). Así por ejemplo, las "nuevas identidades femeninas"
-que contribuyen a feminizar la misma cultura en sus diferentes
espacios y aspectos-, las "identidades adolescentes" -que
plantean cuestiones que van desde las distintas escenografías
de la violencia hasta formas de agrupamientos (clubs o pandilleros)
en torno a símbolos, ritos, etc-, la "identidad sexual"
y las "relaciones de género", etc. La pluralización
de las identidades colectivas obedece a un modo se su producción,
el cual lejos de reproducir identidades recibidas prioriza el producto
de nuevas identidades, haciendo que individuos, grupos y colectivos
sociales se identifiquen más intensamente en sus actuaciones,
prácticas y discursos e incluso más con lo que quieren
ser que con lo que son o han sido. Dichos modos de producción
no se dan al margen de una morfología de conflictos intraidentitarios,
tensiones al interior de referentes de identificación de
una misma identidad .
Los sistemas de objetos: Siempre el sistema de objetos ha sido
un producto sociocultural, pero hoy más que nunca éste
aparece como productor de cultura, informando imaginarios, generando
representaciones colectivas y modelando las mentalidades. Cabe hablar,
por ejemplo, de una "cultura del automóvil" y de
una "cultura cosmética", porque además de
catalizar simbólicamente otros muchos procesos y fenómenos
culturales de la sociedad moderna contribuyen a darle forma y conferirle
significación. La relación con los objetos adopta
una forma inédita sobre la cual se funda todo nuestro sistema
cultural: el consumo. El consumo no tiene nada que ver con el uso
de los objetos, con su necesidad y satisfacción, sino "por
la organización de todo esto en substancia significante",
por una apropiación más simbólica que utilitaria
que se "personaliza" a través de la "marca"
o "modelo" que el consumidor adquiere.
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| SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA
GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad
y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115.
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