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MODERNIDAD

AUTOR

José Sánchez Parga

TITULO

La cultura de la modernidad entre la globalización y negentropia

 
EN

Globalización, Gobernabilidad y cultura

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115

 

RESUMEN:

Se elabora una reflexión sobre la modernidad en nuestras sociedades como elemento proyectivo de la estructura fundamental del fenómeno cultural, en su doble tendencia de: aperturas homogeneizadoras en los intercambios culturales, y negentropía generadora de una creciente heterogeneidad y particularismo de microculturas. Los rasgos característicos de la modernidad, en relación a la cultura, se delimitan en términos de: a) la racionalidad instrumental que suprime la "inteligencia inteligente" de los individuos y grupos, b) la postmodernidad como fenómeno definitorio de la cultura neoliberal, y c) la generación y producción de nuevas identidades colectivas, globales y locales. -

 

TEMA:

El paradigma cultural de los cambios

pp. 65-74



… La modernidad es la abolición del aislamiento entre sociedades y perímetros culturales, la transnacionalización de todos los procesos de cultura y, por consiguiente, efecto de un rozamiento contínuo entre grupos, sociedades, regiones culturales, que provoca una aceleración de los cambios. Esta aceleración tiene por efecto imprimir dinámicas cada vez más diferenciadas en todos los órdenes de la realidad social, multiplicando así las temporalidades sociales, y diferenciando los ritmos de cambio en todos los aspectos de ella, dando lugar a una multiplicidad de tiempos sociales. De esta manera se visualiza, cada vez más, cómo, por ejemplo, los tiempos de la economía nos son los mismos que los tiempos de la política, ni estos coinciden tampoco con los tiempos de la cultura. Los cambios culturales ya no pueden ser pensados de manera homogénea, regulados por las mismas duraciones y ritmos de transformación: los tiempos de ciertos comportamientos culturales, como las modas, están sujetos a duraciones más breves y cambios más rápidos. También los objetos y productos culturales, los escenarios y protagonistas de la cultura se modifican de acuerdo a ritmos y ciclos diferentes: otras son las temporalidades culturales de las instituciones y las ideologías, de cambios más lentos, y otros son los tiempos de las mentalidades, o de los códigos comunicacionales o de las ritualidades sociales, más resistentes a los cambios y más anclados en las tradiciones.

Estos fenómenos de retemporalización de la cultura han tenido importantes consecuencias tanto en el concepto de cultura como en el modo de producción cultural. Ya que si la cultura se define por la "diferencia", lo que la modernidad transforma son los modos de diferenciación cultural. Por un lado, la cultura ha dejado de ser un campo delimitado y particular de la sociedad, ha perdido su carácter sustantivo, para ganar en adjetividad y convertirse en una cualidad o forma de todo lo social. Así, se ha pasado de pensar la cultura para comprender y explicar lo cultural: todo lo social es cultural y un fenómeno de cultura. Por otro lado, la aceleración de los cambios ha modificado el tiempo e historia culturales, los cuales han dejado de ser el ámbito o la duración genéricos, donde tienen lugar las transformaciones culturales, para ser incorporados como sustancia de la cultura. El tiempo y la historia empiezan a ser comprendidos como la medida (y forma) de los cambios: el mismo cambio se convierte así en un hecho cultural. Esto contribuye a una transformación más decisiva en la producción y reproducción de cultura, ya que la aceleración de los cambios vuelve cada vez más rápidas, abruptas y profundas las rupturas culturales: así, el eje de la producción cultural domina progresivamente el eje de la reproducción cultural; la cultura producida genera referentes de identidad cada vez más fuertes que la cultura transmitida y recibida. *…


SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115

 

TEMA:

El paradigma cultural de los cambios

pp. 65-74


… Si la cultura en cuanto tradición no queda totalmente relegada a un segundo plano, al menos adquiere formas y valoraciones nuevas. Pero en el mundo moderno la cultura ya no es sinónimo de tradición y no se reduce a ella. La modernidad impone otras modalidades de pensar y vivir la tradición, que van desde la transmisión o actualización del pasado hasta su recreación, ya sea con nuevas formas y antiguos contenidos o al contrario. El presente adopta un carácter efímero entre futuro y pasado que conduce a una revaloración cualitativamente nueva del mismo pasado irrecuperable, y en el que se depositaría todo el capital acumulado de la cultura.

Las identidades modernas se construyen simultáneamente por una cierta desidentificación con el pasado más inmediato, marcando la originalidad de su innovación, y por una reidentificación con el pasado más remoto, resultado también de las diferencias más originarias. En el contexto de la globalización, los procesos culturales y la producción de identidades se hallan en la encrucijada de un doble riesgo: entre una pérdida de memoria, víctima de la orfandad de tradiciones, y encontrarse tan "invadida por la memoria", hasta llegar a convertirse en una sociedad incapaz de renovarse. La presencia del futuro en los tiempos de la cultura en cuanto tradición contribuye a completar la idea de que "la cultura ya no es lo que había sido" en la formación de la sociedad moderna. Este fenómeno tiene que ver con la producción de identidades: es en ella donde se conjugan los tiempos mixtos de la cultura de la modernidad. La aceleración de los cambios hace que la producción de identidades adopte una estrategia programática, según la cual las sociedades, grupos e individuos comienzan a identificarse más con lo que quieren ser y no tanto con lo que han sido las sociedades y los grupos a los que pertenecen.

En este nuevo esquema el concepto de "aculturación" pierde su valor teórico y analítico. La "aculturación" en los actuales procesos de la modernidad, no es un accidente de la cultura, ni un fenómeno anómalo, ni una suerte de desculturación por efecto de contagios e influencias externas de otras culturas; ni siquiera una suerte de pérdida cultural como resultado de otras adquisiciones de otras culturas: la aculturación es un programa de las culturas modernas no incompatible con el de su "inculturación". Lo que se ha convenido en llamar "aculturación" es un proceso normal de toda cultura y de todo proceso cultural a lo largo de la historia de todas las sociedades, y cuyos cambios se han operado siempre en base a continuas innovaciones y adquisiciones culturales y a pérdidas de elementos culturales, todo ello en razón de los contactos, intercambios y relaciones, que toda sociedad mantiene con las culturas de otras sociedades. Ello propicia la producción de identidades múltiples o la posibilidad de múltiples identificaciones.


SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115

 

TEMA:

Entropías y negentropías culturales

pp. 74-78


… Otra coordenada de la modernidad, que organiza el campo de la cultura, es la espacial, cuyo rasgo dominante es la homogeneización y cuya tendencia principal se ha convenido en llamar globalización. La homogeneización es un proceso correlativo a efecto centrífugo de la aceleración en los cambios: si estos son el resultado de una amplia e intensa comunicación entre sociedades y culturas, cuyos rozamientos e intercambios aceleran las transformaciones de todas ellas, tales transformaciones tienden a adoptar una misma dirección y sentido, formas culturales cada vez más comunes y compartidas. Hay una creciente homogeneización en las culturas de la modernidad.

Tal entropía cultural hace que las diferencias culturales se atenúen, y que las diferentes culturas, al mismo tiempo que toman, adoptando o adaptando elementos y formas comunes con otras culturas, pierdan también contenidos y rasgos específicos y diferenciadores. Y en tal sentido, hay una cultura de la modernidad, que tiende a imponerse de manera homogénea y a dominar la formación y procesos de todas las culturas particulares.

Paralelamente, tiene lugar en la modernidad un proceso inverso de negentropía cultural: a medida que se opera la homogeneización y que las culturas pierden sus fronteras, sobretodo nacionales, y muchos de los rasgos que las diferenciaban, de manera simultánea, comienzan a fracturarse y recomponerse nuevas territorialidades culturales o se actualizan antiguos perímetros culturales con diferencias más marcadas..

De esta manera, junto con la homogeneización cultural, se desarrolla un proceso de heterogenei-zaciones culturales, de particularismos culturales, que afirman sus microdiferencias. Max Hernandez, pscicoanalista peruano, ha resumido la complejidad cultural de la modernidad en una frase: "en este país uno puede vivir todos los mundos".

La globalización como la negentropía culturales imprimen lógicas sociales diferenciadoras en las clases, grupos y sectores de una misma sociedad; y al mismo tiempo que generan identidades cada vez más diferenciadas entre sí, producen también nuevas, más profundas y hasta antagonistas desidentificaciones.


SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115.

 

TEMA:

Umbrales culturales de la modernidad: dominación y exclusión

pp. 59-61



… Los actuales procesos de modernización, ponen de manifiesto la estructura fundamental del mismo fenómeno cultural en toda sociedad. Toda forma particular de cultura es siempre parte de una formación cultural más amplia y de la cual participa junto con otras muchas culturas también particulares. Así, se establece un doble sistema de relaciones: mientras que, por un lado, las culturas particulares tienden permanentemente a diferenciarse entre sí y a enriquecerse mutuamente, todas ellas, a la vez que aportan a la cultura general, se benefician de ella.

Así es como la modernidad tiende hoy a expresarse, a través de la estructura y dinámica internas del fenómeno cultural, en su doble dimensión y tendencia de: a) aperturas homogeneizadoras en los intercambios culturales; b) negentropía generadora de una creciente heterogeneidad y particularización de microculturas. Simultáneamente, la modernidad, imprime a cada cultura particular una mayor distancia y autonomía, reduciendo las influencias y relaciones entre los niveles y procesos de globalización y homogeneización culturales. Y así mismo, puede provocar la ruptura de las relaciones entre las culturas particulares.

Cuando por distintas razones surgen prácticas o procesos de ruptura, tanto de las culturas particulares respecto del conjunto o formación cultural más amplia, como de las diversas culturas particulares, se desencadenan las violencias y hostilidades. La "otra" cultura deja de ser reconocida, para ser percibida y tratada como agresora o como objeto de dominación. Cuando determinadas culturas marcan y refuerzan sus signos de distinción a costa de sus signos diferenicales respecto de otras culturas, dan lugar a nacionalismos o etnicismos, como los que declaran, por ejemplo, la "hispanidad" o "ecuatorianidad".

"La cultura se construye como una semántica (sistema de signos) diferencial, y no tanto como una semántica distintiva. El signo distintivo es el del uniforme que se lleva o la marca que uno tiene, mientras que el signo diferencial supone el reconocimiento de una diferencia… La semántica de la distinción niega los signos diferenciales, lo que conduce al desconocimiento de cualquier otra cultura o impide el reconocimiento de cualquier otra diferencia como valor cultural. No es la "distinción", sino la "diferencia" lo que produce el otro; diferencia necesaria para toda producción de identidad cultural. Por eso el otro sólo se plantea cuando la diferencia se multiplica por una desigualdad y cuando en lugar de un intercambio con el "otro", se opera la negación, exclusión u hostildad". Si la cultura sólo se constituye en la diferencia, y solo es reconocible en cuanto diferente, las diferencias y diferenciaciones sólo son el resultado de las relaciones culturales entre culturas y no de los aislamientos y exclusiones.


SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115.

 

 

TEMA:

La cultura instrumental

pp. 85-92


… Un factor fundamental en la modernidad es la racionalidad instrumental, que representa también un hecho cultural. La racionalidad instrumental se inscribe en uno de los ejes más determinantes de la historia de la civilización occidental y en su particular concepción y desarrollo de la tecnología, la cual ha priorizado la acumulación de saber en la acumulación y concentración de fuerza de trabajo en los instrumentos o técnicas. La originalidad de este hecho en la modernidad consiste en una creciente fractura entre la desmesurada inteligencia y poder concentrados en los instrumentos, y la inteligencia de los agentes o actores inteligentes. Esto ha conllevado a la pérdida, por una parte, del valor de la fuerza de trabajo, y por otra parte, a una pérdida del valor del sentido, del que sólo los agentes inteligentes son depositarios y portadores . Es así como se ha desarrollado y plusvalorado toda una cultura de la rentabilidad y de la competitividad, una cultura de la acumulación de datos y de procesamientos de información.

La racionalidad instrumental es hoy productora de una nueva epistemología que ha comenzado a modificar nuestras formas de conocimiento, y que se expresa en el poder analítico, de comprensión y de explicación de los datos y las cifras. Esta epistemología se encuentra sustentada por la creciente galaxia de la computarización y el permanente desarrollo de sus técnicas de programación. Hoy los números y las cifras, las estadísticas y logaritmos han dejado de ser campo exclusivo de los matemáticos de las ciencias aplicadas, para inundar las ciencias sociales, dominar sus llamadas "tecnologías duras", y adquirir una visibilidad y valor de comprensión y explicación totalmente nuevos. La técnica suplanta la inteligencia inteligente, tentando a los mismos pensadores a depositar en el disco duro de sus computadoras todo el capital y posibilidades de su pensamiento. Pero la tecnología, además, amenaza con sustituir el arte, y en lugar de inspirar o potenciar la creación artística se convierte en su única racionalidad estética. La cultura del futuro se anuncia nutrida del artificio y del simulacro, desmaterializada e irreal, completamente robotizada e impenetrable para el usuario y el consumidor, incapaces de entender sus modos de producción tecnológica: una cultura sin calorías humanas productora de percepciones e identificaciones fantasmales.

"Solo en la medida que la racionalidad instrumental, que por otra parte nunca ha sido ajena a la cultura, incluso en su estado más originario como "pensamiento salvaje", puede ser culturalmente metabolizada, llegará a ser un componente fecundo de la cultura de la modernidad". "Si la cultura deja de ser un reducto de la magia y el sentido, de encantamiento, la sociedad humada perdería las calorías de sus significaciones, dejaría de ser culturalmente pensable"


SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115.

 

TEMA:

Cultura neoliberal de la modernidad

pp. 92-99


… Uno de los rasgos más expresivos y corrosivos de la modernidad ha sido la postmodernidad en cuanto fenómeno cultural, posición filosófica y comportamiento ético político respecto de la misma modernidad.. "Por postmodernización de la cultura podemos entender la creciente fragmentación y diversificación de lo cultural, como consecuencia de la pluralización de estilos de vida y diferenciación de la estructura social; el empleo de la ironía, la alegoría, el pastiche y montaje como modalidades argumentativas y componentes de una retórica; la erosión de los tradicionales grandes relatos de legitimación política y social; la celebración de la idea de diferencia y heterogeneidad, y por consiguiente del relativismo, en cuanto una mínima guía normativa tanto en lo político como en lo moral …. Pero también la postmodernización de la cultura significa la deletera abstracción de su globalización hasta llegar a reducir sus formas y contenidos a la materialidad de sus funciones, desde las mercantiles a las meramente comunicacionales, a sus valoraciones de uso o de cambio. Lo cual puede conducir a la celebración de la muerte del arte o muerte de la literatura como a la perversión inversa que significa sostener que todo es cultura, sinónimo de que nada es cultura". Todo esto ha inducido a Lowenthal a considerar que "el postmodernismo es una versión contemporánea de la irracionalidad fascista".

Aún los críticos reconocen que el neoliberalismo es una corriente e ideología dominante de la actual época de fin de siglo, y por ello mismo muy vinculada al fenómeno de la modernidad. La crítica al neoliberalismo trata de reducirlo a su paradigma duro de la teoría económica negándole que, más allá de su economicismo y de su elogio al mercado como principal regulador de la totalidad social, comporta una teoría de la sociedad y mucho menos una teoría política y de la cultura. El neoliberalismo tiene un componente y alcance culturales y que son los mismos con los que se puede definir la cultura de la modernidad. Factor de esta fenomenología cultural de la modernidad es el neoindividualismo, con características muy diferentes a su anterior forma burguesa o militante de los años 60. Entre los principales tópicos de la cultura neoliberal domina el repliegue hacia lo privado y la privatización, retribalizando las identidades sociales. El neoindividualismo posesivo con su gozo de las independencias individuales, representa uno de los fenómenos que más amenaza la "destrucción de la ciudadanía". Asistimos a una forzada descontractualización de las relaciones sociales, tanto en el ámbito laboral como matrimonial. El egoísmo narcisista, con sus técnicas de la intimidad, desde el culto a las dietas vegetarianas o macrobióticas, hasta los consumos cosméticos y el uso del walk-man, modifica los parámetros del gozo y propicia las desconexiones sociales de los individuos, propiciando aislamientos.

SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115.

 

TEMA:

Morfologías culturales de la modernidad

pp. 99-113



… La modernidad ha contribuido tanto a la producción cultural de nuevos objetos, a su globalización y localización, como a la producción de nuevas identidades colectivas globales y locales. Existen, entre otros, dos fenómenos que definen las "morfologías culturales de la modernidad": las identidades colectivas y el sistema de objetos.

Las identidades culturales: La idea de "identidad" tuvo siempre un uso singular, denotando el efecto de identificación de cualquier unidad cultural y, simultáneamente, connotando la pertenencia a una cultura. El concepto de identidad aparecía derivado del de cultura y hacía referencia al conjunto de elementos y rasgos culturales en base a, y respecto de, los cuales se identifica una sociedad o grupo humano. El fracturamiento de los "grandes relatos" y de sus formaciones sociales colectivas (las clases, el pueblo, los movimientos sociales, partidos y sindicatos) ha dado lugar a la configuración de nuevas "microfísicas sociales" con sus respectivas identidades (desde los años 60). Así por ejemplo, las "nuevas identidades femeninas" -que contribuyen a feminizar la misma cultura en sus diferentes espacios y aspectos-, las "identidades adolescentes" -que plantean cuestiones que van desde las distintas escenografías de la violencia hasta formas de agrupamientos (clubs o pandilleros) en torno a símbolos, ritos, etc-, la "identidad sexual" y las "relaciones de género", etc. La pluralización de las identidades colectivas obedece a un modo se su producción, el cual lejos de reproducir identidades recibidas prioriza el producto de nuevas identidades, haciendo que individuos, grupos y colectivos sociales se identifiquen más intensamente en sus actuaciones, prácticas y discursos e incluso más con lo que quieren ser que con lo que son o han sido. Dichos modos de producción no se dan al margen de una morfología de conflictos intraidentitarios, tensiones al interior de referentes de identificación de una misma identidad .

Los sistemas de objetos: Siempre el sistema de objetos ha sido un producto sociocultural, pero hoy más que nunca éste aparece como productor de cultura, informando imaginarios, generando representaciones colectivas y modelando las mentalidades. Cabe hablar, por ejemplo, de una "cultura del automóvil" y de una "cultura cosmética", porque además de catalizar simbólicamente otros muchos procesos y fenómenos culturales de la sociedad moderna contribuyen a darle forma y conferirle significación. La relación con los objetos adopta una forma inédita sobre la cual se funda todo nuestro sistema cultural: el consumo. El consumo no tiene nada que ver con el uso de los objetos, con su necesidad y satisfacción, sino "por la organización de todo esto en substancia significante", por una apropiación más simbólica que utilitaria que se "personaliza" a través de la "marca" o "modelo" que el consumidor adquiere.


SANCHEZ PARGA, José. LA CULTURA DE LA MODERNIDAD ENTRE LA GLOBALIZACION Y NEGENTROPIA. Globalización, gobernabilidad y cultura. ILDIS-ABYA YALA-CELA, Quito, 1997, pp. 65-115.