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CULTURA POPULAR

AUTOR

Néstor García Canclini

TITULO

¿Reconstruir lo popular?

 
EN

Cuadernos Instituto Nacional de Antropología N° 13

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

Instituto Nacional de Antropología, Buenos Aires, agosto de 1991, pp. 201-221.

 

RESUMEN:

Se elabora una deconstrucción de los conceptos "popular" y "cultura popular" en función de diversas corrientes interpretativas, entre las cuales de destacan: el folklorismo, el populismo político, el populismo comunicacional, y, a nivel de las teorías sociales, el enfoque gramsciano, reproductivista y neogramsciano.

Se propone reformular estos conceptos desde una reflexión y trabajo transdisciplinario que recoja las diferentes modalidades en que se manifiesta y produce lo popular. -

 

TEMA:

El folklore o ritualización del pasado

pp. 202-204


… Los folkloristas hicieron visible lo que hoy se denomina "popular" cuando no era interés de las personas "educadas". Hasta el siglo XVIII a los europeos les interesó las culturas de pueblos lejanos (celtas, indios americanos, etc.), pero las costumbres populares sólo eran recogidas por anticuarios y algunos viajeros. En el siglo XIX la formación de Estados nacionales suscitó la necesidad de conocer a los sectores subalternos para ver cómo se los podía integrar. Los románticos exaltaron los sentimientos y las maneras populares de expresarlos, las situaciones particulares y el valor de la vida local.

Esta historia se produjo con retraso en América Latina. Con la influencia del empirismo positivista, folkloristas y antropólogos generaron un vasto conocimiento sobre grupos indígenas y campesinos. Sus trabajos acerca de la religiosidad, la medicina, las fiestas y las artesanías revelan una compenetración profunda con los sectores oprimidos y el esfuerzo por reivindicar su lugar dentro de las culturas nacionales. Pero esta línea de investigación, está atascada en dificultades teóricas y epistemológicas. Aísla comunidades locales o grupos étnicos, selecciona sus rasgos más tradicionales y reduce las explicaciones a la lógica interna del pequeño universo analizado. La recolección de datos, concentrada en los aspectos "puros" de la identidad local, presta atención únicamente a lo que diferencia a ese grupo de otros y resiste la penetración occidental o moderna. La aséptica noción de "contrato entre culturas" con que tratan de dar cuenta los conflictos les impide explicar las formas en que las etnias o los grupos tradicionales reproducen en su interior el desarrollo capitalista, se subordinan y construyen con él formaciones mixtas. El empirismo plano en la recolección y catalogación de los materiales, la pobre interpretación contextual de los hechos, suelen reducir la utilidad de estos trabajos a la producción de libros para turistas y museos que espectacularizan el orgullo nacional.

Pese a la abundancia de descripciones, los folkloristas dan muy pocas explicaciones sobre lo popular. Casi nunca logran decir por qué los objetos y prácticas siguen siendo significativos en sociedades donde los hechos culturales van dejando de tener los rasgos que valoriza el folklor. ¿Es posible limitarse a manifestaciobes tradicionales en un país como Brasil, donde la relación demográfica entre campo y ciudad se invirtió en los últimos 25 años, y ahora el 70% de la población vive en ciudades?. No podemos trabajar exclusivamente con tradiciones simbólicas insulares y autoreferidas en una época en que la reorganización masiva de la cultura propone modelos más diversificados y totalizadores, donde lo oral se complementa con lo escrito, lo visual, lo sonoro lo electrónico.


GARCIA CANCLINI, Néstor. ¿RECONSTRUIR LO POPULAR?. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología N° 13. Buenos Aires, agosto de 1991, pp. 201-221.

 

TEMA:

El populismo comunicacional: la construcción del espectador.

pp. 204-206


… Para los especialistas en comunicación masiva, lo popular no es el resultado de tradiciones, ni de la personalidad de cada pueblo, ni se define por su carácter manual, artesanal, oral, en suma, premoderno. Los comunicólogos y semiólogos ven la cultura popular contemporánea constituida a partir de los medios electrónicos, no como resultado de diferencias locales sino de la acción difusora y homogeneizadora de la industria cultural. La noción de popular sigue la lógica del mercado. "Popular" es lo que se vende masivamente, lo que gusta a multitudes. El rigor, al mercado y a los medios no les importa lo popular sino la popularidad. No les preocupa guardar lo popular como cultura o tradición ; más que la formación de la memoria histórica, a la industria cultural le interesa construir y renovar el contacto simultáneo entre emisores y receptores. También le incomoda la palabra "pueblo", evocadora de violencias e insurreciones. El desplazamiento del sustantivo pueblo al adjetivo popular, y más aún al sustantivo abstracto popularidad, es una operación neutralizante, útil para controlar, como dice Bolléme la "susceptibilidad política" del pueblo. Mientras éste puede ser el lugar del tumulto y el peligro, la popularidad, adhesión a un orden, coincidencia en un sistema de valores, es medida y regulada por los sondeos de opinión. Ambas formas expresivas de lo popular tienen su teatralidad, pero con significados sociales distintos. El pueblo es un sujeto que se presenta, la popularidad es la forma extrema de la representación, la más abstracta, la que lo reduce a una cifra, a comparaciones estadísticas.

Para el mercado y los medios lo popular no importa como tradición que perdura. Lo popular, precisamente por ser el lugar del éxito, es también el de la fugacidad y el olvido. Lo popular es lo que no permanece, no se acumula como experiencia ni se enriquece con lo adquirido. Esta definición abandona también el carácter ontológico que le asignó el folklore. Lo popular no consiste en lo que el pueblo es o tiene, sino lo que resulta accesible, le gusta, merece su adhesión o usa frecuentemente. Lo popular le es dado al pueblo desde fuera. Esta manera heterónoma de definir la cultura popular es generada, en parte, por la omnipotencia que se atribuye a los medios.

Desde los años 70 esta conceptualización de lo popular como entidad subordinada, pasiva y refleja es cuestionada teórica y empíricamente: los sectores populares coparticipan de relaciones de fuerza múltiples, que se forman simultáneamente en la producción y el consumo, en las familias y los individuos, en los medios masivos y en las estructuras de recepción con que se escoge y resemantiza sus mensajes. Es necesario reformular las relaciones entre los medios y la cultura popular. Partir de los "medios a las mediaciones", como dice Martín Barbero.


GARCIA CANCLINI, Néstor. ¿RECONSTRUIR LO POPULAR?. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología N° 13. Buenos Aires, agosto de 1991, pp. 201-221.

 

TEMA:

El populismo político: la simulación del actor

pp. 206-209


… El populismo es el modo de usar la cultura para edificar el poder. Dos rasgos centrales de su práctica simbólica son: su esfuerzo por modernizar el folklore convirtiéndolo en fundamento del orden y el consenso, y, revertir la tendencia a hacer del pueblo un mero espectador. A diferencia del folklore, detenido en la actitud premoderna de defender al pueblo como fuerza creadora originaria, el populismo selecciona del capital cultural arcaico lo que puede compatibilizar con el desarrollo contemporáneo. Las "virtudes" populares del pasado servirán para garantizar la actuación eficaz de los populismos políticos ante los nuevos desafíos. En el populismo estatizante, los valores tradicionales del pueblo, asumidos y representados por el Estado, legitiman el orden que éste administra y suscitan en los sectores populares la confianza de que participan en un sistema que los incluye y reconoce. El populismo de izquierda se aleja aún más del sentido conservador del folklore al establecer como "esencia" de lo popular su conciencia crítica y su impulso transformador. En los años 60 creció en varios países latinoamericanos la concepción dinámica de la cultura ligada a la movilización de los sectores populares, bajo el influjo de artistas e intelectuales (Los Centros Populares de Cultura brasileños, por ejemplo, apoyaron su tarea difusora repensando a la cultura popular como "concientización"; el Grupo Cine Liberación, asimismo, propiciaron en Argentina, un "cine militante", una "cultura de la subversión", la "lucha por la emancipación nacional").

Ante la sobrevivencia de esta concepción en muchos movimientos políticos actuales, convienen hacer dos objeciones: Dar tanta preeminencia a la dimensión política ¿no lleva a descuidar otros aspectos de las prácticas culturales?. El deseo de "convertir a los espectadores en actores" olvidó la distancia entre realidad y representación que existe en todo arte, el carácter de constructo que tiene toda actividad simbólica. Por otro lado, es cierto que existen acciones promovidas por los propios movimientos populares, y que muchas de sus actuaciones son controladas por ellos mismos (los actos de democracia directa de los sindicatos autegestionados). Pero, ¿cómo identificar lo que merece ser llamado popular cuando la atribución de ese nombre es resultado de procesos contradictorios en que fracciones de sindicatos, partidos o un Estado se adjudican simultáneamente el carácter de populares con posiciones enfrentadas? ¿Qué puede suceder con los movimientos populistas, cuando la pérdida de representatividad de los partidos políticos dificultan que los sectores populares encuentren formas de participación?. Quizá una de las tareas difíciles de la investigación en cultura popular es entender qué significan y cómo operan necesidades culturales tan legítimas como la ritualización, y necesidades políticas evidentes como la delegación de representatividad, sin la fácil optimización que suelen hacer de estos procesos los Estados, partidos e intelectuales.


GARCIA CANCLINI, Néstor. ¿RECONSTRUIR LO POPULAR?. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología N° 13. Buenos Aires, agosto de 1991, pp. 201-221.

 

TEMA:

¿Devolver el habla al pueblo?

pp. 209-210


… Desde el romanticismo del siglo XIX hasta los escritores que se hacen periodistas, desde las instituciones antropológicas o gubernamentales dedicadas a documentar la memoria oral hasta los novelistas que organizan periódicos populares, se viene tratando de que el pueblo no sea representado, que se represente a sí mismo. Se ha buscado que el habla popular encuentre su sitio en el mundo escrito, que el discurso coloquial -pueblerino o de barrio- ingrese al campo legítimo de la cultura. Los tres sectores analizados -flokloristas, medios masivos y populistas- contribuyen a veces a este proceso de hacer hablar al pueblo: recolectan narraciones, incluyen entrevistas callejeras en programas de radio y TV, comparten con el pueblo escenarios de poder. Pero existen problemas: muchos folkloristas y militantes "de base" imaginan posible aislar a los sectores populares o alguna parte "auténtica" de ellos y encontrar acciones y pensamientos autónomos, ajenos a la dominación. Como casi nunca se plantean el problema de las condiciones de legitimidad y validez del conocimiento popular, ni utilizan recursos epistemológicos que les permitan separarse de las certezas ingenuas del sentido común (lo que los actores populares dicen que hacen), suponen que darles la palabra es suficiente para que emerja un saber verdadero sobre ellos. Cuando tampoco estos trabajos incluyen una reflexión crítica sobre los propios condicionamientos del investigador-participante, transfieren al objeto de estudio sus utopías políticas y perciben en las capas populares sólo sus actos cuestionadores, interpretan la mera diferencia simbólica como impugnación.

Es necesario aplicar tanto a los investigadores como a los informantes populares la crítica al etnocentrismo. El conocimiento se construye a partir de la ruptura con las prenociones y sus condiciones de credibilidad, con las apariencias del sentido común, sea popular, político o científico.


GARCIA CANCLINI, Néstor. ¿RECONSTRUIR LO POPULAR?. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología N° 13. Buenos Aires, agosto de 1991, pp. 201-221.

 

TEMA:

El modelo superparadigmático

pp. 210-212


… En las ciencias sociales, la incorporación de los múltiples usos de lo popular ha tenido algunos efectos positivos. Extendió la noción más allá de los grupos indígenas y tradicionales, dando reconocimiento a otros actores y formas culturales que también representan la condición de los sectores subalternos. Liberó a lo popular del rumbo economicista que le impusieron quienes lo reducen al concepto de clase: aun cuando la teoría de las clases sigue siendo necesaria para caracterizar la ubicación de los grupos populares y sus luchas políticas, la ampliación conceptual permite abarcar formas de elaboración simbólica y movimientos sociales no derivables de su lugar en las relaciones de producción. La denominación "popular" ha facilitado estudiar a los sectores subalternos no sólo como trabajadores y militantes, sino como "invasores" de tierras y consumidores, como mujeres, jóvenes y niños.

Sin embargo, el discurso científico -y las propias tareas políticas- necesitan establecer un referente empírico mejor delimitado, saber si lo popular es una construcción ideológica o corresponde a sujetos o situaciones sociales nítidamente identificables. Dos intentos prosperaron en los últimos años. Se trató de refundamentar la noción de popular recurriendo a la teoría de la reproducción y la concepción gramsciana de hegemonía. Los estudios sobre reproducción social hacen evidente que las culturas populares no son simples manifestaciones de la necesidad creadora de los pueblos, ni la acumulación autónoma de tradiciones previas a la industrialización, ni resultados del poder de dominación de partidos o movimientos políticos. Al situar las acciones subalternas en el conjunto de la formación social, la teoría de la reproducción trasciende la recolección de costumbres, descubre el significado complementario de prácticas desarrolladas en distintas esferas. La misma sociedad que genera desigualdad en la fábrica, la reproduce en la escuela, la vida urbana, la comunicación masiva y el acceso general a la cultura. Como la misma clase recibe lugares subordinados en todos esos espacios, la cultura popular puede ser entendida como resultado de la apropiación desigual de los bienes económicos y simbólicos por parte de los sectores subalternos. El inconveniente de esta teoría es que, al fijar a las clases populares en el lugar que les asigna la reproducción social, reserva toda la iniciativa a los grupos dominantes. Son éstos los que determinan el sentido del desarrollo, las posibilidades de acceso de cada sector, las prácticas culturales que unen y separan a las partes de una nación. Se ha tratado de corregir esto con la teoría gramsciana de la hegemonía. Las culturas populares no son un efecto pasivo o mecánico de la reproducción controlada por los dominadores, también se constituyen retomando sus tradiciones y experiencias propias en el conflicto con quienes ejercen, más que la dominación, la hegemonía. *…


GARCIA CANCLINI, Néstor. ¿RECONSTRUIR LO POPULAR?. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología N° 13. Buenos Aires, agosto de 1991, pp. 201-221.

- Se enriquece la noción de movimientos sociales en tanto éstos no se limitan a los conflictos de "clase". Hay dentro de sí luchas étnicas, culturales, de género, etc. que definen el carácter de dichos movimientos.

 

TEMA:

El modelo superparadigmático

pp. 210-212


… Articular los conceptos de reproducción y hegemonía es un problema aún irresuelto de la teoría social. Quienes investigan a partir de la teoría de la reproducción, en las versiones más radicales, como de Bourdieu, niegan la existencia de la cultura popular entendida como diferencia y disenso: la cultura sería un capital perteneciente a toda la sociedad y que todos interiorizan a través del habitus . La apropiación desigual de ese capital sólo produce luchas por la distinción entre las clases. Desarrollada en relación con un mercado simbólico altamente unificado -la sociedad francesa-, la teoría reproductivista considera a la cultura popular un eco degradado y diferido de la dominante (Bourdieu, 1979: cap 7). Este modelo reproductivista ha sido cuestionado en Francia por autores que comparten la teoría de la reproducción. En naciones multiétnicas, como las latinoamericanas, no existe tal unificación cultural, ni clases dominantes tan eficaces para eliminar las diferencias o subordinarlas enteramente. Pero esta crítica no elimina la fecundidad demostrada por los análisis reproductivistas para explicar por qué los comportamientos de las clases populares no son muchas veces de resistencia e impugnación sino adaptativos a un sistema que los incluye.

Los neogramscianos ven la cultura, más que como un espacio de distinción, de conflicto político entre las clases, como parte de la lucha por la hegemonía. Por eso, este modelo es utilizado por quienes destacan la autonomía, la capacidad de iniciativa y oposición de los sectores subalternos. La concepción gramsciana, suele generar visiones unilaterales y utópicas, que se agudizan cuando sus modelos son usados como superparadigmas y generan estrategias polares de ordenamiento de los hechos: todo lo que no es hegemónico es subalterno, o a la inversa, y se omiten entonces en las descripciones proceos ambiguos de interpretación y mezcla.

Hay un problema metodológico que se manifiesta en la oscilación entre reproductivistas y neogramscianos: la oposición que se produce entre dos operaciones básicas en la lógica de investigación científica: la deducción y la inducción. Hay una exacerbación deductivista en quienes definen a las culturas populares desde lo general a lo particular, según los rasgos que les son impuestos por el modo de producción, el imperialismo, la clase dominante, los aparatos ideológicos o los medios masivos. Para el deductivismo, lo único que conocemos de las clases populares es lo que los dominantes quieren hacer con ellos. El inductivismo, a la inversa, estudia lo popular a partir de ciertas propiedades que supone intrínsecas de los grupos subalternos, o de una creatividad que los otros sectores habrían perdido, o un poder de impugnación que sería la clave de su resistencia. No sabemos de las culturas populares más que lo que las clases dicen o hacen.


GARCIA CANCLINI, Néstor. ¿RECONSTRUIR LO POPULAR?. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología N° 13. Buenos Aires, agosto de 1991, pp. 201-221.

 

TEMA:

Sobre la producción de cortocircuitos

pp. 213-217


… Los procesos comunicacionales y políticos masivos, que organizan bajo nuevas reglas lo hegemónico y lo subalterno, fueron creando la situación posmoderna, uno de cuyos rasgos es el desmoronamiento de los tabiques entre lo culto y lo popular. Se desvanecen los grandes relatos folklóricos, populistas y modernizadores que ordenaban y jerarquizaban los tipos de cultura. Se mezclan los repertorios, de manera que ya no es posible ser culto conociendo las grandes obras artísticas ni ser popular porque se maneja el sentido de los objetos y mensajes generados por una comunidad más o menos cerrada. Ahora esas colecciones son inestables, renuevan su composición y su jerarquía con las modas, se cruzan todo el tiempo.

Una primera consecuencia es que ya no podemos vincular rígidamente las clases sociales con los estratos culturales, ni a éstos con repertorios fijos de bienes simbólicos. Los sectores mezclan en sus gustos , objetos de procedencias antes enfrentadas. La reorganización de los escenarios culturales y los cruzamientos de las identidades llevan a preguntarse de otro modo por los órdenes que rigen las relaciones entre los grupos.

En segundo lugar, hay que admitir los modos en que asociábamos política y culturalmente lo popular con lo nacional en los 60 y 70, han perdido vigencia. La oposición entre imperialismo y culturas nacional populares, encubre reorganizaciones del mercado simbólico que no son visibles bajo esa oposición .

En tercer lugar, la definición de lo popular se ha hecho en relación con una cierta territorialización : con la cultura local y comunitaria en el folklore y la antropología, con la barrial en la investigación participativa de la sociología urbana, con el territorio nacional en los populismos políticos. Este vinculo con un escenario peculiar sigue siendo la base de muchas construcciones culturales, y la reconquista popular del patrimonio una tarea clave en países tan despojados como los latinoamericanos. Sin embargo, en esta década ha surgido en varios países latinoamericanos una reflexión acerca de lo que significa que las culturas disminuyan su relación con el territorio en que se originan, se comuniquen con otras y se interpreten. En los nuevos cruces de la simbólica popular tradicional con los circuitos internacionales de la industria cultural se transforman las preguntas por la identidad, lo nacional, la defensa de la soberanía, etc. No se borran los conflictos, como pretende el neoconservadorismo; se colocan en otro registro: el de una creciente desterritorialización de la cultura. Como dice Gómez Peña, los movimientos populares combinan las tradiciones propias, con "una visión de cultura más experimental; es decir, multifocal y tolerante". *…


GARCIA CANCLINI, Néstor. ¿RECONSTRUIR LO POPULAR?. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología N° 13. Buenos Aires, agosto de 1991, pp. 201-221.

 

TEMA:

Sobre la producción de cortocircuitos

pp. 213-217


… ¿Qué nos queda después de la deconstrucción de lo popular?. Una certeza precaria y una propuesta de trabajo. "La primera es que lo popular, conglomerado heterogéneo de grupos sociales, no tiene el sentido unívoco de un concepto científico, sino el valor ambiguo de una noción teatral: lo popular designa una posición de ciertos actores, la que los opone a los hegemónicos. Pero esta oposición no es algo que tengan intrínsecamente. Los sectores populares, dice Luis Alberto Romero, no son un sujeto histórico, sino un lugar donde se construyen sujetos".

En esta línea, la clave para reconstruir la noción de popular reside en pasar de una escenificación épica a la de una tragicomedia. El defecto más insistente en la caracterización del "pueblo" ha sido pensar a los actores agrupados bajo ese nombre como la masa social compacta que avanza incesante y combativa hacia un porvenir renovado. Las investigaciones más complejas dicen más bien que lo popular se pone en escena no con esta unidireccionalidad épica sino con el sentido contradictorio y ambiguo de quienes padecen la historia y a la vez luchan en ella.

"Un punto de partida para la reformulación de lo popular por las ciencias sociales es la importancia otorgada por unos pocos autores al melodrama. ¿Por qué este género teatral es el preferido por los sectores populares? En el tango y la telenovela, en el cine masivo y en la nota roja, lo que conmueve a los sectores populares, dice Martín Barbero, es el drama del reconocimiento y la lucha por hacerse reconocer , la necesidad de recurrir a múltiples formas de socialidad primordial (el parentesco, la solidaridad vecinal, la amistad) ante el fracaso de las vías oficiales de institucionalización de lo social, incapaces de asumir la densidad de la cultura popular, Pero ¿cómo realizar un trabajo científico ante esta noción dispersa, ante esta existencia diseminada de lo popular, aprehendida en lugar por los folkloristas, en otro por los sociólogos, más allá por los comunicólogos?. Es una pregunta que ningún gremio puede responder solo. Encontrar un camino para tratarla requiere que trabajemos en forma transdisciplinaria, No decimos interdisciplinaria porque esto suele significar que los diversos especialistas yuxtaponen conocimientos obtenidos fragmentaria y paralelamente".


& GARCIA CANCLINI, Néstor. ¿RECONSTRUIR LO POPULAR?. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología N° 13. Buenos Aires, agosto de 1991, pp. 201-221.