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CULTURA POPULAR

AUTOR

José Sánchez Parga

TITULO

Imaginarios sociales y cultura popular

 
EN

Sarance N° 17

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

IOA, Otavalo, mayo de 1993, pp. 27-40

 

RESUMEN:

Se realiza una discusión en torno a la cultura popular, en tanto "forma de cultura" que proyecta todas aquellas producciones culturales propias de las distintas clases o sectores de una misma sociedad y a partir de la cual es posible reconocer ciertos "imaginarios sociales" que devienen de la capacidad imaginativa de la memoria colectiva. Se analizan tres ejemplos que muestran la plasticidad de la función imaginaria: los graffittis, las identidades colectivas y la gastronomía imaginaria.

Finalmente, se presenta una propuesta para la reconstrucción nacional de la cultura, fundamentada en el rechazo de las políticas homogeneizantes y la definición de la cultura nacional a partir de las formas culturales populares.

 

TEMA:

El debate en torno a lo "popular"

pp. 27-29


… Es necesario corregir la excesiva sociologización de la idea de "cultura popular" y todo intento de mostrar que la cultura no es "popular" en razón de una determinada o exclusiva adscripción social a determinadas sectores o grupos, que socioeconómica y políticamente pueden ser caracterizados como "populares". Más coherente parece sostener que "lo popular" es una forma de cultura, y como tal puede informar todas aquellas producciones culturales propias de las distintas clases o sectores de una misma sociedad. Cabría pensar incluso que la cultura ha sido siempre "popular" y que hasta aquellas producciones más "cultas" de la cultura también relevan de formas e imaginarios populares.

Hay una "forma de cultura" burguesa que responde a condiciones, medios y relaciones de producción cultural propios de la burguesía, así como existen condiciones, medios y relaciones populares de producción cultural. Esto no excluye que el modelo de cultura burguesa sea dominante en una determinada formación sociocultural, ni que el modelo de cultura popular condicione e informe a su vez al modo de producción de cultura burguesa. Esta recíproca relación entre diferentes modos de producción cultural, se debe al hecho de que los imaginarios sociales de los cuales se nutren son comunes, y constituyen el substrato significante y simbólico de toda producción de cultura. En otras palabras, las "condiciones objetivas" de toda producción de cultura, configuradas por una misma historia y un espacio compartido, proporcionan la matriz de comunes imaginarios colectivos.

Es evidente que dentro de una formación socio-cultural, cada clase y grupo se encuentran sujetos a procesos propios de cultura y son productores de específicas formas culturales. Así por ejemplo, la "forma mercancía" y la "forma consumo" sobresignifican la cultura burguesa, la cual además ha tendido a privilegiar los espacios más privados de su producción cultural. Por el contrario, los sectores populares han desarrollado formas colectivas de cultura, donde el intercambio y la comunicación han actuado como productores simbólicos, éticos y estéticos.

Estas diferencias no impiden el flujo de formas culturales entre las diferentes clases y grupos de una sociedad, y que tanto la burguesía puede adoptar formas de cultura popular de la misma manera que ésta pueda incorporar formas de la cultura burguesa. Sin embargo un mismo modelo de cultura tiende a asimilar a las burguesías de las más diferentes formaciones socioculturales, mientras que el modelo de cultura popular, propio de los sectores populares, posee inscripciones espacio temporales que son muy diferentes de una u otra sociedad o grupo humano.


SANCHEZ PARGA, José. IMAGINARIOS SOCIALES Y CULTURA POPULAR. Sarance N°17. IOA, Otavalo, mayo de 1993, pp. 27-40.

 

TEMA:

La cultura como imaginarios sociales

pp. 29-31


… La cultura es un fenómeno plural y complejo que se identifica siempre con una sociedad, pueblo, grupo, clase, y al mismo tiempo representa ese aspecto, principio o factor diferencial de cualquier otra sociedad, pueblo o clase. Según esto la cultura "significa]" siempre, y constituye el amplio y diverso campo de significantes que produce una sociedad o grupo diferenciándolo de otros. Es posible también pensar la cultura como ese "nivel significante" común a toda la fenomenología cultural en términos de los imaginarios que atraviesan dicha fenomenología y diferencian cada sociedad o grupo. Este sistema de imaginarios que configuran una determinada formación cultural se constituye temporalmente como el capital significante de la experiencia histórica de todo grupo humano.

Una teoría particular de la cultura capaz de comprender y explicar la fenomenología cultural de una sociedad, y que al mismo tiempo sirviera como dispositivo para analizar todos los campos y procesos culturales, podría tomar como principio de su organización los "imaginarios sociales". El hecho que todo pueblo, desde que el hombre es hombre, haya creado formas estética, creencias religiosas, una ética hecha de rituales, etc., puede ser interpretado a partir de una función imaginaria. La razón para hacer de los imaginarios las formas más originarias de su cultura, es que éstos pertenecen al dominio del tiempo, y por ende a la memoria. La capacidad imaginativa de la memoria -que actúa contra la disolución del devenir y asegura la continuidad de una misma conciencia colectiva- se expresa simbólicamente en todos los campos de cultura de una sociedad.

El "imaginario" es el substrato de toda producción cultural, sus matrices simbólicas; los imaginarios o creaciones de la imaginación son a su vez producto de las experiencias perceptivas de un pueblo. Todo imaginario, y la misma función imaginaria, es el momento descubridor de posibles realidades o de las múltiples posibilidades de la realidad. Esta "alteración" de lo real, que es todo imaginario, se opera fundamentalmente por la simbolzación; y todo imaginario nutre siempre el deseo de una realidad diferente. Este doble componente de imaginación (descubrimiento y deseo) es capaz de establecer relaciones y correspondencia entre órdenes o campos separados de la realidad; o al contrario, reconocer las diferencias al interior de una sola realidad. En este proceso de ampliación de significantes, los imaginarios sociales conducen a nuevas formas de existencia (en el mito, en el arte, en el trance social, la fiesta o el ritual).


SANCHEZ PARGA, José. IMAGINARIOS SOCIALES Y CULTURA POPULAR. Sarance N°17. IOA, Otavalo, mayo de 1993, pp. 27-40.

 

TEMA:

Imaginarios y cultura popular

pp. 31-37


… Los imaginarios representan simultáneamente el nivel más indiferenciado de la cultura al interior de una sociedad, pero también el principio de diferenciación entre dos formaciones socioculturales. Se entiende, por ello, que los imaginarios respondan predominantemente al nivel más "popular" de la cultura, y se caractericen por: a) producirse y distribuirse de manera preferente fuera de los circuitos mediáticos de la comunicación social; b) no encontrarse marcados por la "forma de la mercancía" al menos en sus especificidad originaria; c) sustraerse a un uso y consumo privado, respondiendo más bien a participaciones colectivas y generando públicas socializaciones; d) manifestarse más bien en la forma de prácticas que de objetos culturales; e) producir y expresar identificaciones colectivas, capaces de reforzar los reconocimientos y cohesiones tanto como de reproducir las diferencias. Estas caracterizaciones convergen en otros aspectos: configuran lo público como espacio privilegiado de socialización, y producen prácticas más que objetos culturales.

No es tarea difícil despejar los imaginarios de la múltiple y diversa morfología de una cultura, ya que éstos se encuentran siempre codificados tanto en la obra artística y literaria, como en la fiesta y rituales de vida y muerte, atravesando la música, el baile y la canción. Hay tres ejemplos que muestran la plasticidad de la función imaginaria en las manifestaciones culturales:

a) Los tatuajes urbanos

La urbanización de la cultura con su dominancia burguesa no ha impedido que la ciudad siguiera escenificando una cultura popular, no regida por el arte-facto y la arqui-tectura, la mercancía y la privatización del uso y consumo, etc. Un ejemplo de estos imaginarios urbanos son los "graffitti" que tatuan los muros de la ciudad, que aparecen casi autónoma y clandestinamehte, cifrando mensajes entre subversivos y poéticos; que captan lo inexpresable e inexpresado en las cotidianidades ciudadanas, que recuerdan lo que está en riesgo del olvido, etc. El actual graffitti tiene antiguo antecesor heroico en el "Pasquino", un rebelde personaje que en Roma de los Papas escribía en los muros satíricas denuncias. La intencionalidad política de desperezar conciencias recoge el graffitti, participando a su manera en la campaña electoral o desarrollando una lúdica oposición al gobierno; en otras ocasiones el graffitti es romántico y "enjuaga los sentimientos sofocados por la comercial erotización de los "media". …


SANCHEZ PARGA, José. IMAGINARIOS SOCIALES Y CULTURA POPULAR. Sarance N°17. IOA, Otavalo, mayo de 1993, pp. 27-40.

 

TEMA:

Imaginarios y cultura popular

pp. 31-37


b) Las identidades imaginarias

Nuestras sociedades y culturas han quedado durante largo tiempo cautivas de un modo de producción de identidades unívocas. La construcción del Estado nacional había impuesto una identidad exclusiva y dominante identificada con una cultura nacional; como si la soberanía de la nación exigiera también una única identidad: la nacional. Esta interpelación nacionalista impidió no sólo el reconocimiento de las múltiples identidades que atraviesan un tejido social sino también la posibilidad de plurales identidades. Los globales procesos de la "modernidad" y los nuevos escenarios democráticos además de provocar la emergencia de nuevos actores e identidades sociales han permitido el descubrimiento de la compleja morfología de identidades e identificaciones, por las cuales los grupos e individuos se reconocen y diferencian entre sí. Entonces, se trata de comprender la producción de aquellas identidades en las que operan siempre en sus formas de reconocimiento y diferenciación imaginarios colectivos. En esta amplia categoría de identidades imaginarias se encuentran fenómenos de índole muy diversas: desde los "fans", fanáticos de un equipo de fútbol o de un cantautor hasta las imitaciones colectivas de un mito como el "yupi". Pero mientras estas identidades se reafirman por una socialización de alcance colectivo, otras identidades se construyen sobre el eje de una diferenciación, o por marcajes de distinción como diría Bordieau: el uso de una marca de vestidos como Benetton, la adición a una marca de cigarrillos o de bebidas, el empleo de una determinada tarjeta de crédito, etc. Existe, en fin, un género de identidades que participa de las identificaciones segmentarias y que puede generar un conflicto de identidades, ya que el deseo de reconocimiento y diferenciación confrontan incompatibilidades y tensiones.

c) La gastronomía imaginaria

En todas las sociedades la comida se ha convertido en un hecho cultural de intensas condensaciones simbólicas e imaginarias, las cuales intervienen tanto en la cocina de los alimentos como en su servicio y consumo. Una gastronomía representa siempre el resultado de la doble relación de un pueblo con su medio ambiente y con las acumulaciones de su pasado. De ahí el carácter sentimental de todos los platos tradicionales que se prueban desde niño y marcarán las memorias gustativas de toda la vida: la fanesca o la colada morada, el cebiche o la fritada, etc. Todas las sociedades conocen comidas de fiestas y cuyo ceremonial culinario capta algo de contenido de la celebración.


SANCHEZ PARGA, José. IMAGINARIOS SOCIALES Y CULTURA POPULAR. Sarance N°17. IOA, Otavalo, mayo de 1993, pp. 27-40.

 

TEMA:

Para una reconstrucción nacional de la cultura

pp. 37-40


… Todo el proyecto histórico de construcción de la nación, junto con la integración de un territorio y de un mercado interno, tuvo también que dotarse de una historia y de una cultura, y ello sobre los restos y despojos del pasado precolonial y de la historia colonial, nunca plenamente asumidos hasta entonces y difíciles de integrar al futuro de la nación. Desde la misma formación del Estado se intentó pensar y elaborar una cultura nacional, cuya reciente revisión crítica fue resultado de dos tendencias: la marxista, que sostenía que la "cultura nacional" es siempre una cultura de clase, la burguesa, y la indigenista, que contesta la unidad nacional de la cultura en razón de la diversidad de culturas aborígenes del país. La misma corriente marxista cuestionó la idea de nación, como si el Ecuador de la misma manera que otros países latinoamericanos fuera una nación "inacabada", "incompleta" o "naciones en ciernes" como diría Quintero. Esta versión de lo nacional no tiene en cuenta que la nación es un fenómeno histórico y que por ello mismo adopta formas diversas y cambiantes a lo largo de la historia. Simultáneamente la emergencia de antiguas nacionalidades con sus respectivas culturas al interior del Estado nacional obliga a pensar las diversidades culturales que integran cada país: diversidades étnicas, regionales y sociales. En este sentido no es necesario reconocer las diversidades culturales de un país en detrimento de una cultura nacional; sin que esto signifique una abstracta y unitaria integración de todas ellas, sino más bien la participación de una misma historia y en un mismo perímetro de relaciones culturales. Ni la posición indigenista puede abolir la temporalidad histórica y la "internalidad" territorial de la nación, ni tampoco la tesis marxista puede llegar a reducir la cultura nacional a efecto de dominación de la cultura burguesa. La primera fractura dentro de la concepción nacional/unitaria de la cultura provino de la diferencia entre "cultura popular" y "cultura burguesa"; la segunda resultó de la emergencia de los movimientos étnicos y de la toma de conciencia no ya de un pasado indígena sino de su actual presencia. "La cultura nacional no puede ser otra cosa que un precipitado de diversidades culturales y que, al igual que la cultura burguesa, asimila y condensa residuos de estratos de lo que se denomina cultura popular". La abolición del Estado y la nación, que proponen la moda postmoderna y neoliberal, para efectos culturales, además de reducir el perímetro de las relaciones e intercambios de cultura eliminaría la dimensión cultural de la historia, cuyo capital acumulativo en términos de tradición y de experiencias compartidas de un pueblo, representa la matriz de su cultura. En cuanto a la tesis de que la cultura nacional se defina por la cultura burguesa, aparece como la menos nacional, no sólo porque su difusión mediática tienden a la homogeneización cultural, sino porque las burguesías se parecen más entre ellas que los sectores populares. Serían más bien las formas populares de cultura, las que configuran la formación sociocultural de cada país.

SANCHEZ PARGA, José. IMAGINARIOS SOCIALES Y CULTURA POPULAR. Sarance N°17. IOA, Otavalo, mayo de 1993, pp. 27-40.