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| RESUMEN:
Se realiza una crítica al proyecto hegemónico del
Estado monoétnico cuyos contenidos democráticos se
fundamentan en la exclusión histórica de la población
indígena, de su legitimación como actores políticos
y de su papel activo en la formación de la nación.
La crítica se elabora en base a una revisión histórica
de los contenidos políticos del Estado-nación, desde
la época colonial hasta el presente siglo.
Se propone como alternativa la redefinición de la democracia
en el marco de un Estado multiétnico, basado en el reconocimiento
de la nación pluriétnica y socioculturalmente definida,
y de los derechos y libertades individuales y colectivas de la población
en su conjunto.
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| TEMA:
Introducción
pp. 63-64
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En América Latina, el perfil diseñado de Estado-nación,
responde a una diferenciación étnico-racial donde el
proyecto hegemónico, basada en una razón cultural "transplantada",
queda en manos y es desarrollado por una clase dominante. La legitimindad
de un Estado, así concebido, recurre a unos orígenes
míticos para salvaguardar su propia racionalidad, lo que obliga
a un continuado ejercicio de la represión y exclusión,
política y cultural, de los pueblos y etnias.
La permanencia de un orden político con estas características,
depende de un "consensus" que nace de su propio mito o
mitos constitutivos, desde los cuales avala su propuesta de pacto
social -implícito en la forma de Estado-, fundamentado en
una recreación del orden colonial constituido por el surgimiento
de pueblos testimonio, los conquistados, y pueblos transplantados,
los conquistadores. Pacto social que dio origen al Estado monoétnico
y que excluyó a la población nativa y se articuló
sobre la represión hacia las nuevas clases subalternas, cuturalmente
asimilidas y apartadas del proyecto de Estado y de su participación
en lo nacional-estatal.
Por tanto, "una opción estratégica que recoja
la necesidad de un Estado democrático de contenido multiétnico
no sólo debe demandar la igualdad jurídica que reconozca
los derechos políticos de los hasta hoy conquistados. Una
propuesta de esta índole implica un cuestionamiento global
de los mecanismos de dominación política que han determinado,
previamente, la segregación y la marginación de etnias
y pueblos considerados como diferentes
que no han participado
de la construcción de lo nacional-estatal, salvo para dejar
constancia a la élite dominante, de que su exclusión
ha venido determinada de forma natural por su condición de
inferioridad
"
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| ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA.
Boletín de Antropología Americana N° 24, México,
diciembre de 1991, pp. 63-78. |
| TEMA:
El mito de la superioridad étnico racial
pp. 64-67
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Tras un periodo de conquista los representantes del imperio
peninsular impusieron sus valores políticos, sociales, económicos
y culturales; ello sin abandonar la necesidad de legitimar su poder
desde la formulación del mito de la superioridad racial donde
las manifestaciones culturales eran interpretadas como expresiones
desarticuladoras. La historia fue reconducida a fin de presentar a
los pueblos y etnias conquistados como salvajes enfrentados unos a
otros. Los conquistadores eran seres sobrenaturales, cuyo objetivo
era imponer un orden regulador y racional en un mundo desenfrenado
y sin futuro. Primero la conquista y luego la colonia fueron reconstruidas
a partir de esta interpretación.
Los mitos, que en su formulación unifican la dimensión
práctica de la política, deben negar un pasado histórico
inmediato, previo a su reconstrucción. Así, los pueblos
indígenas, difereniciados étnica y racionalmente,
pasaban a formar parte de un nuevo orden de cosas, en el cual no
tenían pasado, quedando su presente a la direccionalidad
que imponía el estado colonial. No sólo se negó
su pasado, sino que se introdujo la diferenciación étnico
racial para que atestiguara la superioridad de la raza blanca y
asumiera, en la negación misma de su identidad, la superioridad
del conquistador. El mito se desarrolló en las descripciones
epopéyicas con que los relatores detallaban los encuentros
con los mapuches, incas, aymaras, aztecas, etc. relatos que daban
razón para justificar el mito de la fuerza, el valor y la
grandeza de los aborígenes, mostrando su primitiva querencia
a la muerte y a la irracionalidad. Los conquistadores eran "seres
libertadores" de pueblos sometidos a la obscuridad, símbolos
de justicia forjadores del imperio que abrían paso a la civilización
"redentora". Los conquistados estarían ubicados
en el último peldaño y por encima de ellos quedarían
los mestizos, zambos, mulatos e, incluso, los esclavos. La parte
alta de la pirámide social estaría representada por
los blancos, tanto peninsulares como criollos, quienes argüían
la diferencia de color como justificación más inmediata
de su poder. Todo el quehacer de los tres siglos de colonia se presentó
bajo la dualidad étnico-racial.
Este mito constitutivo de poder político fue impuesto violentamente
a los pueblos y etnias conquistadas, obligándolos a acatar
su nueva realidad, so pena de sufrir los castigos en cuanto volviesen
a manifestar "públicamente" sus primitivas creencias,
símbolos y formas culturales que los seguían identificando
como los "otros". Después de tres siglos de historia
colonial, el mito originario sirvió como base para la construcción
de una nueva forma de estado de contenido monoétnico. La
nación que surgía "no podía ser otra cosa
que la extensión misma del Estado en una sociedad civil desarticulada
y sin identidad".
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| ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA.
Boletín de Antropología Americana N° 24, México,
diciembre de 1991, pp. 63-78. |
| TEMA:
Las características del Estado monoétnico en América
Latina
pp. 67-70
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El triunfo del Estado monoétnico en América
Latina, ha sido posible por el grado de unidad que han mostrado las
distintas élites de la clase dominante a la hora de proyectar
su hegemonía como "un grupo social cuya identidad se define
por la lengua y cultura comunes, las tradiciones, memoria histórica
y territorio". Es esta dimensión que facilita hablar de
estado monoétnico en tanto integrador sólo de clases
sociales étnicamente homogéneas.
El Estado monoétnico que se asienta en América Latina
no fue integrador, ni cultural ni políticamente. La élite
política construyó toda una concepción de clases
subalternas, tendientes a deslegitimarlas como actores políticos,
asignándoles un papel secundario y negando su papel en la
formación de la nación. Esta actitud respondía
a una idea de Estado unitario y centralizado que impidiera el acceso
de clases y sectores sociales poco o nada capacitados, según
la oligarquía, para el ejercicio del poder. Así, la
oligarquía dualizó su proyecto de Estado monoétnico
incorporando como factor la inhabilitación de los sectores
populares en la construcción de la nación. Como dice
Zavaleta: "La casta oligárquica, en su inmenso atraso,
no era capaz de diferenciar entre una ideología de emisión
o ideología hegemónica, porque no proyectaba reducir
a los indios, sino exterminarlos
de ahí la transparencia
de la consigna darwinista", consigna que se caracterizaría
por la representación de un argumento perverso consistente
en presentar las reivindicaciones de los pueblos y etnias indígenas
como contrapoder del Estado, cuya pretensión era acabar con
la civilización occidental y el progreso.
La propuesta de Estado monoétnico en América Latina:
un tipo de poder político centralista y excluyente, incluso,
de la participación de las clases populares y subalternas
donde la democracia no tuvo opción de construirse, siendo
negada explícitamente como forma del ejercicio del poder.
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| ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA.
Boletín de Antropología Americana N° 24, México,
diciembre de 1991, pp. 63-78.
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| TEMA:
El estado monoétnico en el nacionalismo populista
pp. 70-72
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El proyecto de nación fue pensado como el desarrollo
institucional de lo nacional popular en el marco preexistente del
estado monoétnico. Se trataba de que éste aumentara
su capacidad para resolver los conflictos, una vez que la democracia
representativa hiciera acto de presencia, tipo de democracia que daría
opción para que las clases subalternas y populares gozaran
del reconocimiento y representatividad que les había negado
la sociedad oligárquica, pasando a ser parte constitutiva de
lo nacional-estatal. Se buscó dar un mayor grado de cohesión
y homogeneidad a lo nacional antimperial, favoreciendo cierto tipo
de nacionalizaciones y respondiendo a las demandas pendientes formuladas
por el proletario urbano, así como a los deseos de los sectores
medios de incorporarse a la administración pública.
Sin embargo, las élites hegemónicas de los nacionalismos
populistas mostraron sus límites cuando se trató de
plantear la solución a las demandas realizadas por los pueblos
y etnias indígenas. Su política hacia el problema
indígena tendió a desenvolverse dentro de la propuesta
de nación, proponiendo a los pueblos pasar a formar parte
constitutiva de esta nación. Fue una propuesta de asimilación
cuya lógica consistió en considerar lo propiamente
indígena como expresión de un pasado ahora heróico,
pero que debía disolverse en cuanto su lógica se recuperara
en la constitución homogénea de la identidad nacional.
Era la nación la portadora de lo indio y no el indio forjador
de una identidad. La nación pasaba a expresar la identidad
de todos los hombres y mujeres, ciudadanos, que se reconocían
mutuamente como parte de la patria. Fue el inicio de las políticas
indigenistas que, como los señala Marie Chantal, "no
ponían en tela de juicio las estructuras de la sociedad,
pero de todas formas contribuyó a que se tomara conciencia
del problema indio y a mitigar algunos abusos". Políticas
indigenistas que se levantaron como el mayor símbolo de unidad
nacional lograda, en los que el indio no era ya considerado étnica
culturalmente diferente, sino como un ciudadano más, que
lo convertía de la noche a la mañana como parte de
la nación. Es decir, "dejaban de ser mapuches, aymaras,
quechuas, mayas, etc. para ser ahora flamantes chilenos, peruanos,
bolivianos, mexicanos, etc.".
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| ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA.
Boletín de Antropología Americana N° 24, México,
diciembre de 1991, pp. 63-78. |
| TEMA:
Después del nacionalismo populista ¿qué?
pp. 72-73
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En las cuatro últimas décadas del siglo XX,
salvo la excepción presentada por la propuesta del gobierno
sandinista, los Estados latinoamericanos han seguido aplicando políticas
indigenistas, monoétnicas, que han provocado un aceleramiento
en la desarticulación étnico cultural de los pueblos
indígenas, reproduciendo esquemas de un colonialismo interno.
Esta situación se vio favorecida por la aplicación de
las políticas desarrollistas de los gobiernos modernizantes
surgidos en la década de los años 50 y 60, gobiernos
que intentaron la proletarización rural o campesinización
del indio de forma que asimilase los valores y nuevas señas
de identidad colectiva propuestas por el Estado monoétnico.
La nación y lo nacional popular se presentó como la
necesaria cohesión étnico racial, cuya racionalidad
se fundamentó en la creación de ciudadanos para el mercado,
representados simbólica y culturalmente en un orden uniformador
en que como relación social el capital sería el portador
de esta nueva racionalidad.
Las teorías dualistas de la modernización y cambio
social presentaron la unidad del capital como una transición
de la sociedad tradicional a la sociedad moderna, reinterpretando
la diversidad y persistencia de los pueblos y etnias indígenas
como la causa central para explicar el porqué del atraso
y el subdesarrollo. "La nación se hizo carne en el propio
desarrollo del capitalismo y pasó a ser el instrumento de
"nacionalización" que en nuestros países
suponía destruir étnicamente lo indio. Ahora el indígena,
considerado ciudadano, concurría al mercado como sujeto portador
de valores de cambio y, por tanto, como expresión en sí
de una racionalidad externa que ahora lo define y reubica internamente
en el unitario proceso de producción y construcción
del mercado nacional".
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| ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA.
Boletín de Antropología Americana N° 24, México,
diciembre de 1991, pp. 63-78. |
| TEMA:
Los contenidos de la democracia en el Estado nación monoétnico
pp. 74-76
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La democracia asume un tipo de división administrativa
del poder, sin contener la dimensión plural de la participación
y representación de los pueblos y etnias presentes en el Estado
(federal o unitario). Desde los contenidos que adopta la democracia
es desde donde se legitima la representación monoétnica
del Estado. La democracia -se quiera o no reconocer-, hace referencia
a la constitución misma del poder de lo político, estableciendo
una diferencia con las denominadas libertades políticas que
expresan valores y derechos, sean éstos individual o colectivamente
concebidos. Intencionalmente o no, se han confundido las peculiaridades
de un régimen político de contenido democrático
con un sistema de libertades amplias o restringidas, identificándose
éstas, erróneamente, como la forma propia de la democracia.
Es decir, con un ordenamiento jurídico que puede reconocer
legalmente el derecho a las libertades individuales o sociales, públicas
o privadas, pero que es incapaz de articular una distribución
social del poder.
La democracia del Estado monoétnico no es más que
una técnica limitada a favorecer una parcelación administrativa
que no reconoce la pluralidad de manifestaciones y propuestas de
ordenamiento democrático. Así, se llega a una construcción
de lo propiamente democrático como parte de la centralización
del poder , donde no es posible la participación, negociación
y mediación a la hora de favorecer una división social,
cultural, económica y política de la democracia. Quedan
como contenidos valorativos de la democracia aquellos que favorecen,
exclusivamente, su centralidad, es decir, la represión y
representación. En América Latina, ha sido éste
el principio regulador que ha limitado los contenidos democráticos
y direccionado la construcción del poder político
por parte de la etnia dominante, pudiéndose realizar un resumen
de dichos contenidos en todas las formas políticas que asumió
el Estado monoétnico: el régimen oligárquico
(niega la propia viabilidad de la representación democrática);
los regímenes nacional populistas (el Estado condensa los
valores nacionales); los regímenes desarrollistas (definen
la democracia como un factor de la construcción del mercado
y del desarrollo capitalista); y los nuevos regímenes neoliberales
(presentan la democracia como la necesidad de centralización
del poder a fin de permitir la gobernabilidad, única función
reguladora del hecho democrático).
Como lo señala Díaz Polanco: "la nación
deviene de un sistema basado en la centralización y la exclusión,
que cierran toda posibilidad de participación libre en los
asuntos locales, regionales o nacionales a grupos de población
que mantienen identidades diferenciadas
" La viabilidad
de un estado multiétnico se convierte en una opción
de contrapoder que debe constituirse como acción superadora.
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| ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA.
Boletín de Antropología Americana N° 24, México,
diciembre de 1991, pp. 63-78. |
| TEMA:
Los contenidos esenciales de la democracia en el Estado multiétnico
pp. 76-77
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Plantearse como opción viable de articulación
política un Estado multiétnico, cuya dimensión
política debe ser el reconocimiento histórico social,
económico y cultural de los pueblos y etnias hasta hoy conquistadas
y marginadas, implica reconocer sus formas de articulación
de poder, formas que pasan a fundamentarse en el reconocimiento de
ser la nación pluriétnica y socioculturalmente definida
desde donde se articulan las políticas estatales. No se trata
de proponer un contenido plebiscitario a la nación o a la democracia.
El pacto social debe ser redefinido para garantizar la continuidad
del propio Estado, como expresión de la ampliación de
la nación a los grupos étnico sociales que han sido
excluidos.
Los fundamentos de la democracia en el Estado multiétnico
presuponen al mismo tiempo el reconocimiento de los derechos y libertades
individuales y colectivas, el evitar la homogeneización de
su valor político a sus aspectos más estructurales,
también descalificados por el actual Estado monoétnico
en América Latina. Los contenidos democráticos son
no sólo adjetivaciones sustantivas, sino auténtico
poder. Es decir, donde los mecanismos de mediación, participación,
negociación, representación y coacción son
una expresión única y no dividida de la democracia.
El Estado multiétnico es dinamizador de lo nacional popular
y estatal, que quiebra la lógica homogeneizante y redefine
el sentido de lo democrático hacia un contínuum que
impediría su fosilización en un marco meramente jurídico-constitucional.
El desarrollo del Estado multiétnico estaría legitimado
no sólo por el reconocimiento formal del hecho democrático,
sino por ser articulador de democracia, asumiendo la necesidad de
distribución del poder en nivel local y regional en función
de lo plural y lo diverso, y no de lo homogéneo y unitario.
Se plantea objetivamente la necesidad de aparición de un
nuevo sujeto político y social que recupere y tenga capacidad
para articular internamente la propuesta de Estado multiétnico.
Es éste un sujeto real e históricamente posible en
cuanto se haya contenido en la realidad de América Latina.
Es y debe ser en la lucha cotidiana por el desarrollo efectivo de
la democracia en los actuales estados de la región desde
donde se pueden visualizar los futuros actores capaces de formalizar
su ethos y recuperar, en el presente, la proyección estratégica
de una auténtica identidad nacional. Es, pues, desde el contrapoder
y desde la utopía desde donde surge este proyecto.
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| ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA.
Boletín de Antropología Americana N° 24, México,
diciembre de 1991, pp. 63-78. |
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