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ESTADO

AUTOR

Marcos Roitman

TITULO

Democracia y estado multiétnico en América Latina

 
EN

Boletín de Antropología Americana N° 24

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

Instituto Panamericano de Geografía e Historia, México, diciembre de 1991, pp. 63-78.

 

RESUMEN:

Se realiza una crítica al proyecto hegemónico del Estado monoétnico cuyos contenidos democráticos se fundamentan en la exclusión histórica de la población indígena, de su legitimación como actores políticos y de su papel activo en la formación de la nación. La crítica se elabora en base a una revisión histórica de los contenidos políticos del Estado-nación, desde la época colonial hasta el presente siglo.

Se propone como alternativa la redefinición de la democracia en el marco de un Estado multiétnico, basado en el reconocimiento de la nación pluriétnica y socioculturalmente definida, y de los derechos y libertades individuales y colectivas de la población en su conjunto.

 

TEMA:

Introducción

pp. 63-64


… En América Latina, el perfil diseñado de Estado-nación, responde a una diferenciación étnico-racial donde el proyecto hegemónico, basada en una razón cultural "transplantada", queda en manos y es desarrollado por una clase dominante. La legitimindad de un Estado, así concebido, recurre a unos orígenes míticos para salvaguardar su propia racionalidad, lo que obliga a un continuado ejercicio de la represión y exclusión, política y cultural, de los pueblos y etnias.

La permanencia de un orden político con estas características, depende de un "consensus" que nace de su propio mito o mitos constitutivos, desde los cuales avala su propuesta de pacto social -implícito en la forma de Estado-, fundamentado en una recreación del orden colonial constituido por el surgimiento de pueblos testimonio, los conquistados, y pueblos transplantados, los conquistadores. Pacto social que dio origen al Estado monoétnico y que excluyó a la población nativa y se articuló sobre la represión hacia las nuevas clases subalternas, cuturalmente asimilidas y apartadas del proyecto de Estado y de su participación en lo nacional-estatal.

Por tanto, "una opción estratégica que recoja la necesidad de un Estado democrático de contenido multiétnico no sólo debe demandar la igualdad jurídica que reconozca los derechos políticos de los hasta hoy conquistados. Una propuesta de esta índole implica un cuestionamiento global de los mecanismos de dominación política que han determinado, previamente, la segregación y la marginación de etnias y pueblos considerados como diferentes… que no han participado de la construcción de lo nacional-estatal, salvo para dejar constancia a la élite dominante, de que su exclusión ha venido determinada de forma natural por su condición de inferioridad…"


ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA. Boletín de Antropología Americana N° 24, México, diciembre de 1991, pp. 63-78.

 

TEMA:

El mito de la superioridad étnico racial

pp. 64-67


… Tras un periodo de conquista los representantes del imperio peninsular impusieron sus valores políticos, sociales, económicos y culturales; ello sin abandonar la necesidad de legitimar su poder desde la formulación del mito de la superioridad racial donde las manifestaciones culturales eran interpretadas como expresiones desarticuladoras. La historia fue reconducida a fin de presentar a los pueblos y etnias conquistados como salvajes enfrentados unos a otros. Los conquistadores eran seres sobrenaturales, cuyo objetivo era imponer un orden regulador y racional en un mundo desenfrenado y sin futuro. Primero la conquista y luego la colonia fueron reconstruidas a partir de esta interpretación.

Los mitos, que en su formulación unifican la dimensión práctica de la política, deben negar un pasado histórico inmediato, previo a su reconstrucción. Así, los pueblos indígenas, difereniciados étnica y racionalmente, pasaban a formar parte de un nuevo orden de cosas, en el cual no tenían pasado, quedando su presente a la direccionalidad que imponía el estado colonial. No sólo se negó su pasado, sino que se introdujo la diferenciación étnico racial para que atestiguara la superioridad de la raza blanca y asumiera, en la negación misma de su identidad, la superioridad del conquistador. El mito se desarrolló en las descripciones epopéyicas con que los relatores detallaban los encuentros con los mapuches, incas, aymaras, aztecas, etc. relatos que daban razón para justificar el mito de la fuerza, el valor y la grandeza de los aborígenes, mostrando su primitiva querencia a la muerte y a la irracionalidad. Los conquistadores eran "seres libertadores" de pueblos sometidos a la obscuridad, símbolos de justicia forjadores del imperio que abrían paso a la civilización "redentora". Los conquistados estarían ubicados en el último peldaño y por encima de ellos quedarían los mestizos, zambos, mulatos e, incluso, los esclavos. La parte alta de la pirámide social estaría representada por los blancos, tanto peninsulares como criollos, quienes argüían la diferencia de color como justificación más inmediata de su poder. Todo el quehacer de los tres siglos de colonia se presentó bajo la dualidad étnico-racial.

Este mito constitutivo de poder político fue impuesto violentamente a los pueblos y etnias conquistadas, obligándolos a acatar su nueva realidad, so pena de sufrir los castigos en cuanto volviesen a manifestar "públicamente" sus primitivas creencias, símbolos y formas culturales que los seguían identificando como los "otros". Después de tres siglos de historia colonial, el mito originario sirvió como base para la construcción de una nueva forma de estado de contenido monoétnico. La nación que surgía "no podía ser otra cosa que la extensión misma del Estado en una sociedad civil desarticulada y sin identidad".


ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA. Boletín de Antropología Americana N° 24, México, diciembre de 1991, pp. 63-78.

 

TEMA:

Las características del Estado monoétnico en América Latina

pp. 67-70


… El triunfo del Estado monoétnico en América Latina, ha sido posible por el grado de unidad que han mostrado las distintas élites de la clase dominante a la hora de proyectar su hegemonía como "un grupo social cuya identidad se define por la lengua y cultura comunes, las tradiciones, memoria histórica y territorio". Es esta dimensión que facilita hablar de estado monoétnico en tanto integrador sólo de clases sociales étnicamente homogéneas.

El Estado monoétnico que se asienta en América Latina no fue integrador, ni cultural ni políticamente. La élite política construyó toda una concepción de clases subalternas, tendientes a deslegitimarlas como actores políticos, asignándoles un papel secundario y negando su papel en la formación de la nación. Esta actitud respondía a una idea de Estado unitario y centralizado que impidiera el acceso de clases y sectores sociales poco o nada capacitados, según la oligarquía, para el ejercicio del poder. Así, la oligarquía dualizó su proyecto de Estado monoétnico incorporando como factor la inhabilitación de los sectores populares en la construcción de la nación. Como dice Zavaleta: "La casta oligárquica, en su inmenso atraso, no era capaz de diferenciar entre una ideología de emisión o ideología hegemónica, porque no proyectaba reducir a los indios, sino exterminarlos… de ahí la transparencia de la consigna darwinista", consigna que se caracterizaría por la representación de un argumento perverso consistente en presentar las reivindicaciones de los pueblos y etnias indígenas como contrapoder del Estado, cuya pretensión era acabar con la civilización occidental y el progreso.

La propuesta de Estado monoétnico en América Latina: un tipo de poder político centralista y excluyente, incluso, de la participación de las clases populares y subalternas donde la democracia no tuvo opción de construirse, siendo negada explícitamente como forma del ejercicio del poder.


ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA. Boletín de Antropología Americana N° 24, México, diciembre de 1991, pp. 63-78.

 

TEMA:

El estado monoétnico en el nacionalismo populista

pp. 70-72


… El proyecto de nación fue pensado como el desarrollo institucional de lo nacional popular en el marco preexistente del estado monoétnico. Se trataba de que éste aumentara su capacidad para resolver los conflictos, una vez que la democracia representativa hiciera acto de presencia, tipo de democracia que daría opción para que las clases subalternas y populares gozaran del reconocimiento y representatividad que les había negado la sociedad oligárquica, pasando a ser parte constitutiva de lo nacional-estatal. Se buscó dar un mayor grado de cohesión y homogeneidad a lo nacional antimperial, favoreciendo cierto tipo de nacionalizaciones y respondiendo a las demandas pendientes formuladas por el proletario urbano, así como a los deseos de los sectores medios de incorporarse a la administración pública.

Sin embargo, las élites hegemónicas de los nacionalismos populistas mostraron sus límites cuando se trató de plantear la solución a las demandas realizadas por los pueblos y etnias indígenas. Su política hacia el problema indígena tendió a desenvolverse dentro de la propuesta de nación, proponiendo a los pueblos pasar a formar parte constitutiva de esta nación. Fue una propuesta de asimilación cuya lógica consistió en considerar lo propiamente indígena como expresión de un pasado ahora heróico, pero que debía disolverse en cuanto su lógica se recuperara en la constitución homogénea de la identidad nacional. Era la nación la portadora de lo indio y no el indio forjador de una identidad. La nación pasaba a expresar la identidad de todos los hombres y mujeres, ciudadanos, que se reconocían mutuamente como parte de la patria. Fue el inicio de las políticas indigenistas que, como los señala Marie Chantal, "no ponían en tela de juicio las estructuras de la sociedad, pero de todas formas contribuyó a que se tomara conciencia del problema indio y a mitigar algunos abusos". Políticas indigenistas que se levantaron como el mayor símbolo de unidad nacional lograda, en los que el indio no era ya considerado étnica culturalmente diferente, sino como un ciudadano más, que lo convertía de la noche a la mañana como parte de la nación. Es decir, "dejaban de ser mapuches, aymaras, quechuas, mayas, etc. para ser ahora flamantes chilenos, peruanos, bolivianos, mexicanos, etc.".


ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA. Boletín de Antropología Americana N° 24, México, diciembre de 1991, pp. 63-78.

 

TEMA:

Después del nacionalismo populista ¿qué?

pp. 72-73


… En las cuatro últimas décadas del siglo XX, salvo la excepción presentada por la propuesta del gobierno sandinista, los Estados latinoamericanos han seguido aplicando políticas indigenistas, monoétnicas, que han provocado un aceleramiento en la desarticulación étnico cultural de los pueblos indígenas, reproduciendo esquemas de un colonialismo interno. Esta situación se vio favorecida por la aplicación de las políticas desarrollistas de los gobiernos modernizantes surgidos en la década de los años 50 y 60, gobiernos que intentaron la proletarización rural o campesinización del indio de forma que asimilase los valores y nuevas señas de identidad colectiva propuestas por el Estado monoétnico. La nación y lo nacional popular se presentó como la necesaria cohesión étnico racial, cuya racionalidad se fundamentó en la creación de ciudadanos para el mercado, representados simbólica y culturalmente en un orden uniformador en que como relación social el capital sería el portador de esta nueva racionalidad.

Las teorías dualistas de la modernización y cambio social presentaron la unidad del capital como una transición de la sociedad tradicional a la sociedad moderna, reinterpretando la diversidad y persistencia de los pueblos y etnias indígenas como la causa central para explicar el porqué del atraso y el subdesarrollo. "La nación se hizo carne en el propio desarrollo del capitalismo y pasó a ser el instrumento de "nacionalización" que en nuestros países suponía destruir étnicamente lo indio. Ahora el indígena, considerado ciudadano, concurría al mercado como sujeto portador de valores de cambio y, por tanto, como expresión en sí de una racionalidad externa que ahora lo define y reubica internamente en el unitario proceso de producción y construcción del mercado nacional".


ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA. Boletín de Antropología Americana N° 24, México, diciembre de 1991, pp. 63-78.

 

TEMA:

Los contenidos de la democracia en el Estado nación monoétnico

pp. 74-76


… La democracia asume un tipo de división administrativa del poder, sin contener la dimensión plural de la participación y representación de los pueblos y etnias presentes en el Estado (federal o unitario). Desde los contenidos que adopta la democracia es desde donde se legitima la representación monoétnica del Estado. La democracia -se quiera o no reconocer-, hace referencia a la constitución misma del poder de lo político, estableciendo una diferencia con las denominadas libertades políticas que expresan valores y derechos, sean éstos individual o colectivamente concebidos. Intencionalmente o no, se han confundido las peculiaridades de un régimen político de contenido democrático con un sistema de libertades amplias o restringidas, identificándose éstas, erróneamente, como la forma propia de la democracia. Es decir, con un ordenamiento jurídico que puede reconocer legalmente el derecho a las libertades individuales o sociales, públicas o privadas, pero que es incapaz de articular una distribución social del poder.

La democracia del Estado monoétnico no es más que una técnica limitada a favorecer una parcelación administrativa que no reconoce la pluralidad de manifestaciones y propuestas de ordenamiento democrático. Así, se llega a una construcción de lo propiamente democrático como parte de la centralización del poder , donde no es posible la participación, negociación y mediación a la hora de favorecer una división social, cultural, económica y política de la democracia. Quedan como contenidos valorativos de la democracia aquellos que favorecen, exclusivamente, su centralidad, es decir, la represión y representación. En América Latina, ha sido éste el principio regulador que ha limitado los contenidos democráticos y direccionado la construcción del poder político por parte de la etnia dominante, pudiéndose realizar un resumen de dichos contenidos en todas las formas políticas que asumió el Estado monoétnico: el régimen oligárquico (niega la propia viabilidad de la representación democrática); los regímenes nacional populistas (el Estado condensa los valores nacionales); los regímenes desarrollistas (definen la democracia como un factor de la construcción del mercado y del desarrollo capitalista); y los nuevos regímenes neoliberales (presentan la democracia como la necesidad de centralización del poder a fin de permitir la gobernabilidad, única función reguladora del hecho democrático).

Como lo señala Díaz Polanco: "la nación deviene de un sistema basado en la centralización y la exclusión, que cierran toda posibilidad de participación libre en los asuntos locales, regionales o nacionales a grupos de población que mantienen identidades diferenciadas…" La viabilidad de un estado multiétnico se convierte en una opción de contrapoder que debe constituirse como acción superadora.


ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA. Boletín de Antropología Americana N° 24, México, diciembre de 1991, pp. 63-78.

 

TEMA:

Los contenidos esenciales de la democracia en el Estado multiétnico

pp. 76-77


… Plantearse como opción viable de articulación política un Estado multiétnico, cuya dimensión política debe ser el reconocimiento histórico social, económico y cultural de los pueblos y etnias hasta hoy conquistadas y marginadas, implica reconocer sus formas de articulación de poder, formas que pasan a fundamentarse en el reconocimiento de ser la nación pluriétnica y socioculturalmente definida desde donde se articulan las políticas estatales. No se trata de proponer un contenido plebiscitario a la nación o a la democracia. El pacto social debe ser redefinido para garantizar la continuidad del propio Estado, como expresión de la ampliación de la nación a los grupos étnico sociales que han sido excluidos.

Los fundamentos de la democracia en el Estado multiétnico presuponen al mismo tiempo el reconocimiento de los derechos y libertades individuales y colectivas, el evitar la homogeneización de su valor político a sus aspectos más estructurales, también descalificados por el actual Estado monoétnico en América Latina. Los contenidos democráticos son no sólo adjetivaciones sustantivas, sino auténtico poder. Es decir, donde los mecanismos de mediación, participación, negociación, representación y coacción son una expresión única y no dividida de la democracia.

El Estado multiétnico es dinamizador de lo nacional popular y estatal, que quiebra la lógica homogeneizante y redefine el sentido de lo democrático hacia un contínuum que impediría su fosilización en un marco meramente jurídico-constitucional. El desarrollo del Estado multiétnico estaría legitimado no sólo por el reconocimiento formal del hecho democrático, sino por ser articulador de democracia, asumiendo la necesidad de distribución del poder en nivel local y regional en función de lo plural y lo diverso, y no de lo homogéneo y unitario. Se plantea objetivamente la necesidad de aparición de un nuevo sujeto político y social que recupere y tenga capacidad para articular internamente la propuesta de Estado multiétnico. Es éste un sujeto real e históricamente posible en cuanto se haya contenido en la realidad de América Latina. Es y debe ser en la lucha cotidiana por el desarrollo efectivo de la democracia en los actuales estados de la región desde donde se pueden visualizar los futuros actores capaces de formalizar su ethos y recuperar, en el presente, la proyección estratégica de una auténtica identidad nacional. Es, pues, desde el contrapoder y desde la utopía desde donde surge este proyecto.


ROITMAN, Marcos. DEMOCRACIA Y ESTADO MULTIETNICO EN AMERICA LATINA. Boletín de Antropología Americana N° 24, México, diciembre de 1991, pp. 63-78.