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POLITICA CULTURAL

AUTOR

José Sánchez Parga

TITULO

Actores y discursos culturales. Ecuador: 1972-1988.

 
EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

CAAP, Quito, 1988, 251 pp.

 

RESUMEN:

Se sugieren conceptualizaciones innovadoras para la comprensión y el análisis de problemas debatidos como: cultura, cultura popular, identidades colectivas y, la relación entre nación y cultura.

El autor, en su recorrido por las sucesivas políticas culturales de los gobiernos de la década del 70 y 80, relaciona las vicisitudes de ésta con la relación institucional, planteando algunas líneas de lo que podrían ser ulteriores modelos analíticos de la gestión cultural.

 

TEMA:

Políticas y procesos culturales. 1972-1979

pp. 31-74


… En 1972 se inaugura en el Ecuador una fase histórica, donde la dirección de la economía y del desarrollo nacionales por parte de las oligarquías agroexportadoras es sustituida por la conducción de un Estado que hasta entonces había arbitrado la escena sociopolítica y que, desde ese momento, irá adquiriendo una importancia predominante tanto en el proceso de acumulación productiva como su control social y político. Los militares se encargarán de garantizar durante ocho años este nuevo proyecto, articulando al proceso de modernización del Estado un plan de desarrollo y de integración nacionales.

En este contexto, el Estado asume un discurso homogeneizador en la forma, y nacionalista en sus contenidos. Solo en la periferia de la discursividad encontraremos las referencias a una propuesta cultural. No se puede hablar más que de "políticas culturales implícitas" supeditadas al principal objetivo del desarrollo: "la cultura debe existir como una realidad que debe estar ligada a las metas del desarrollo" (1973). Así, los programas de la JUNTA NACIONAL DE PLANIFICACION de 1970 y el PLAN NACIONAL DE TRANSFORMACION Y DESARROLLO de 1973-1977 carecen de una definición y propuesta culturales. En estos documentos sólo la educación es considerada dentro de una óptica muy particular. La única referencia a un "mejoramiento cultural y técnico de las mayorías nacionales" será entendido como una condición para "integrarse al progreso nacional". Asimismo, la LEY NACIONAL DE CULTURA (1973) y la LEY DE EDUCACION Y CULTURA (1977) tienen un carácter administrativo y sólo esta última hace referencia a la "preservación, desarrollo y difusión de la cultura". La cultura es interpretada en términos de desarrollo, pero ni el Estado ni la misma sociedad civil son capaces de elaborar los contenidos de este discurso, es decir, en qué consiste tal desarrollo cultural.

A finales de la década de los setenta el Estado comienza a delinear una idea y administración de la cultura, que va más allá de racionalizar su gestión desde los organismos públicos. Con la CONFERENCIA INTERGUBERNAMENTAL SOBRE POLITICAS CULTURALES EN AMERICA LATINA Y EL CARIBE, en 1978, se alerta sobre el "contenido que se busque dar al desarrollo cultural, preservará o distorsionará la identidad cultural", enfatizándose que ésta es "el mismo patrimonio cultural entendido en su más amplia concepción". Así, la declaración de los países andinos hará de "la protección del patrimonio cultural (histórico, monumental, artístico y arqueológico)" el eje de las políticas culturales que deberán ser privilegiadas.


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, 251 pp.

- Las políticas culturales desde una perspectiva histórica.

 

TEMA:

Políticas y procesos culturales. 1972-1979

pp. 31-74


… Esta concepción "patrimonial" de la cultura se encuentra a la base de la misma ideología y política estatales, que responderán a un imperativo de "difusión" y "oferta cultural". Tal será la línea programática de un Estado benefactor y desarrollista que, en sus mejores condiciones, tratará de imprimir la misma lógica económica a una producción de bienes y servicios culturales. Sin embargo, como resultado de una acumulación de estos ideologuemas culturales y de los cambios que se van operando en la sociedad ecuatoriana, a partir de los últimos años del decenio, puede señalarse un giro importante cuando comienza a ser utilizado el concepto de "identidad cultural" y a entenderse a la cultura no tanto como una función, condición o factor del desarrollo, sino mas bien al plantearse la misma dimensión cultural del desarrollo. En esta perspectiva, se irán clarificando dos nuevas ideas: a) pluralismo cultural y unidad nacional; b) preservación del patrimonio y expansión de los valores culturales. Así, será reveladora la declaración en la LEY DE PATRIMONIO CULTURAL de 1979, donde se señala un reconocimiento de la presencia indígena y del pasado étnico en la cultura nacional.

Estas nuevas articulaciones del discurso estatal, en el umbral del proceso de democratización, incorporan ya orientaciones y perspectivas que se perfilan desde diferentes enclaves de la sociedad: el movimiento indígena y el aporte de las ciencias sociales.

El movimiento indígena, sin duda, ocupó la escena nacional de los años 70. La reforma Agraria (1973) supuso la manumisión de amplios sectores del indigenado que, al liberarse de los vínculos hacendatarios irrumpen en los diferentes espacios sociales. El afianzamiento del territorio étnico contribuyó a una nueva percepción de la territorialidad: ésta dejaría de ser percibida únicamente como reivindicación productiva para ser incorporada como factor socio-cultural del proyecto étnico. Así, en esta misma década, la lucha campesina adquiere una proyección de más larga duración: el de la organización indígena, basada en la prolongación de una forma de acción y presencia sociales y en un intento por ocupar espacios zonales y regionales (el régimen de las comunas, por ejemplo). De este movimiento organizativo, dos son los fenómenos más relevantes: a) el carácter marcadamente indígena, y b) el reconocimiento cada vez mayor que este movimiento atribuye a su dimensión y alcance cultural: "junto a la lucha por la tierra está la revalorización de la cultura indígena" (Así surge el ECUARUNARI, la CONFENAIE, la FUNAE, etc.). …


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, pp. 251.

 

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Políticas y procesos culturales. 1972-1979

pp. 31-74


Por otro lado, el aporte de las ciencias sociales es significativo en esta década. Se elabora un discurso mucho más preciso y operativo de la problemática nacional, cobrando un nuevo impulso los estudios agrarios y las investigaciones y publicaciones socioeconómicas sobre el área rural campesina, a las cuales se añadirán las antropológicas y etnohistóricas, dando así origen a un neoindigenismo en el Ecuador. Los primeros aportes están condicionados no sólo por las estructuras predominantemente rurales, sino también por la necesidad de dar cuenta de los procesos que tienen lugar en el agro ecuatoriano a raíz de las reformas agrarias. Por ello, se entrarán las bases para pensar una sociología de la cultura y las raíces culturales de una cultura nacional. El mismo estado inicia a finales de la década una actividad investigativa de publicaciones y difusión cultural que se irá enriqueciendo y ampliando en los años posteriores.

Sin embargo, con todo esto, el discurso de la cultura se encontrará condicionado, o bien por un carácter ocasional, el de los "encargos sociales", o bien por el ejercicio de militancias culturales de intelectuales comprometidos con dicho campo cultural, o bien por aquellos enfoques marxistas que hacen de la cultura un nivel "superestructural" de la sociedad y que inevitablemente la analizan desde parámetros economicistas.

Paralelamente a los procesos descritos, lo que de manera más espectacular caracteriza la década de los 70 es la eclosión de una cultura urbana, de una cultura de la modernidad y lo que ella significó como "mass-mediatización" de nuevos productos culturales. Es en esta época cuando en el Ecuador adquiere una fisonomía predominantemente urbana, resultado de la conformación de una burguesía que junto a la producción y consumo de mercancías propias de dichas clases acceden también a la participación y producción de bienes culturales. Los modelos de la cultura burguesa se difunden con gran facilidad porque: a) las analogías sociales que estrechamente emparentan a las clases burguesas permiten establecer entre ellas intensos circuitos de intercambio y comunicación culturales, y b) las clases burguesas, por su misma "posicionalidad" ideológica en la sociedad, son capaces de conferir a sus propios modelos culturales una generalidad de carácter nacional y en tal sentido, convertirlos en los referentes de las más amplias interpelaciones colectivas. Surgen así las militancias culturales que cuestionan el "espíritu de capital" y toda actividad cultural "divorciada del pueblo" y en cuyas propuestas, sin embargo, desconocen a otros actores y procesos culturales mas allá de las militancias.


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, 251 pp.

 

TEMA:

Las innovaciones culturales. 1979-1984

pp. 77-150



… Dos factores se conjugan en este período: a) el componente popular, que asegura un amplio consenso de masas liderado por el CFP, y b) un programa ideológico político de reformas sociales, que interpreta la DP. En base a éstos presupuestos y a una asimilación de las expresiones culturales de la década, se perfila un rostro a los nuevos actores sociales, "el rostro indígena del país y un rostro popular que proporcionará paradigmas inéditos para repensar un nuevo modelo de integración y búsqueda de una imagen nacional".

Políticas culturales. Los discursos y las prácticas

Ya en el umbral del proceso democrático encontramos en los PLANES DE GOBIERNO de los partidos políticos un PROGRAMA CULTURAL. Aunque los partidos tradicionales, de derecha y de corte populista asimilan reductivamente la cultura a la educación, los partidos de centro e izquierda otorgan a la cultura un reconocimiento particular dentro de su programa. La Democracia Popular (DP), partido que integrará el gobierno Roldós-Hurtado, plantea la articulación entre las "características culturales específicas del país" y los "valores culturales universales"; pero su mayor originalidad es la referencia a la valoración de las culturas indígenas: "Protección de los valores culturales de cada una de las comunidades indígenas sin descuidar por ello su integración paulatina a la vida nacional". Esta nueva discursividad adquiere elaboraciones más acabadas en el PLAN NACIONAL DE DESARROLLO donde se evidencia tres aspectos: a) la sustitución de una versión funcionalista de la cultura que refería de una "integración nacional", por su reconocimiento como "una tradición histórica propia" que define una "identidad nacional"; b) la relación de la cultura con las "actitudes frente al presente y al pasado" y con las "mentalidades"; y c) la crítica a la agresión cultural masiva fruto del desarrollo tecnológico de los medios de comunicación y su efecto en la homogeneización de la cultura y la desperzonalización de los pueblos.

El logro del programa de gobierno consistió en definir sociológicamente el campo de la cultura entre sus expresiones polares ("grupos de élite" y "cultura popular"); sin embargo, lo que va a permitir una ubicación y gestión de las políticas culturales es el problema de la cultura como factor de integración nacional "sin que se desconozca la evidente pluralidad étnica". …


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, pp.

 

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Las innovaciones culturales. 1979-1984

pp. 77-150


… Ahora bien. Al pasar del plano del discurso al análisis de las prácticas de Estado, nos encontramos no sólo con una verificación de sus propuestas programáticas, sino con una progresiva incorporación a la gestión y administración estatales tanto de aquellas dinámicas societales que se habían venido desarrollando desde la década anterior, como de las nuevas demandas que surgen desde la sociedad ante el discurso del gobierno. La creación de la Subsecretaría de Cultura y del departamento de Educación Rural en el MEC (1981) y la Oficina de Asuntos Indígenas en el Ministerio de Bienestar Social (1983), entre otros, sugieren importantes avances en cuanto al discurso y actividades alcanzadas. Por ejemplo, bajo el objetivo de "formentar y promover la cultura nacional en sus diversos ámbitos y velar para la conservación del patrimonio cultural, la riqueza artística e historia de la nación y la preservación de las identidades culturales nativas", la Subsecretaría de Cultura da cuenta de una extensa actividad en los campos de educación, capacitación, publicación de libros y folletos, producción de programas de TV y cortometrajes, "educación popular" y defensa de "bienes culturales".

A diferencia de los gobiernos militares para quienes los discursos y prácticas culturales se encontraron resumidos en los planes de educación, durante el gobierno democrático, la misma educación y alfabetización fueron repensadas con un componente cultural. Así el Departamento de Educación Rural planteó la incorporación del quichua y/o la lengua aborigen respectiva, en las escuelas establecidas en las zonas predominantemente indígenas, a fin de "fomentar el rescate, la defensa y el desarrollo de los valores culturales de los distintos grupos étnicos del país" y "propiciar la participación directa de los campesinos en todo el proceso educativo". De la misma forma, el Plan Nacional de Alfabetización (decretado ya en 1979) se fundamentó en el reconocimiento que "El Ecuador es un país multiétnico y multicultural. la metodología de enseñanza no podía ser común para todos los grupos socio-culturales que la integran. Se tomará en cuenta, por lo mismo, las especificidades lingüísticas y culturales". Sobresale de estas acciones un doble fenómeno que subraya las densidades del proceso cultural en este período: a) una convergencia y homogeneidad de las distintas políticas estatales, sus prácticas y discursos en torno a la "cuestión étnica"; y b) el hecho de que el mismo flujo discursivo remita continuamente de lo cultural a lo étnico y de lo étnico a lo cultural. …


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, 251

 

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Las innovaciones culturales. 1979-1984

pp. 77-150


… En este período determinados organismos públicos redefinieron su gestión de lo cultural intensificando sus actividades e imprimiéndoles nuevas formas. La Casa de la Cultura Ecuatoriana, bajo la crítica social de que sus actividades se han desarrollado en el marco de la "cultura culta", redefinió su rol en base a la integración de la "cultura popular", ofreciendo apoyo a sectores sociales diferenciados de la cultura. Esta "nueva gestión de la cultura" orientada hacia los sectores populares, tiene su correspondencia con el horizonte investigativo de la época. En los ámbitos académicos la cultura popular, desde una visión antropológica, aparece como tema de cursos, seminarios y talleres; y, a nivel más institucional se incorpora en las actividades desempeñadas por el CIDAP de Cuenca. Que la cultura sea "un hecho social que se da en la sociedad" obliga a reconsiderar "la condición de inculto del verdadero protagonista del todo cultural, es decir, el pueblo" para que éste pueda (o vuelva) a hacer cultura de su tradición, sus imaginarios y costumbres, sus formas de enfrentarse al medio y al desarrollo". Es curioso constatar que el tratamiento de la cultura popular no se elabora tanto en los espacios más académicos cuanto en la racionalización de las experiencias y de la práctica de esta realidad.

La presencia étnica en el horizonte cultural

La presencia indígena irrumpe en la sociedad ecuatoriana con particularidades inéditas a comienzos de la década, como resultado de las "acumulaciones étnicas" y societales de los años anteriores, y la emergencia de la democratización. Las "acumulaciones étnicas" son aquellas experiencias que los grupos indígenas van seleccionando de su propia historia, y a las que confieren una organización de sentido y una orientación (socio-política y cultural). Este triple proceso de selección, significación y orientación, dio lugar a una "conciencia étnica" que definió por primera vez un "discurso indígena" de carácter reivindicativo que, aun cuando enunciará las mismas demandas contenidas en la propuesta estatal, establecerá una diferencia fundamental: la afirmación de las nacionalidades indígenas. Esta reivindicación que da cuerpo a las organizaciones étnicas, posee un alcance interpelativo, pero adolece de definiciones analíticas (qué se entiende por nacionalidades indígenas) y operativas (cómo se ejercen y se expresan estas nacionalidades). El enunciado de las nacionalidades se encuentra enmarcado por dos referentes: a) la lucha por la tierra, y b) el reconocimiento de los valores culturales indígenas. Estos, contienen más una impugnación que una propuesta: al cuestionar la idea de (una) nación, plantean de manera radical la desidentificación de la sociedad con el Estado, al mismo tiempo que reivindica las DIFERENCIAS no sólo sociales, sino étnicas al interior del país. …


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, pp. 251.

- La cultura popular en esta época es concebida desde una visión marxista que la opone con una cultura oficial, "culta".

 

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Las innovaciones culturales. 1979-1984

pp. 77-150


El discurso y práctica étnica

¿En qué medida el discurso indígena se encuentra atravesado por una falta de definición coherentes? ¿qué contenidos se adoptan en torno a la cultura?. Se pueden establecer tres problemas inherentes en las elaboraciones y enunciados oficiales, públicos o semipúblicos de las organizaciones indígenas y sus dirigencias: a) no lograron hacerse refractarias a la ideología marxista de la izquierda nacional al imponerse como imperativo que las reivindicaciones culturales tengan que pasar por las clasistas y por un transformación de las condiciones socio-económicas; b) no decodificaron lo que realmente son y lo que realmente viven los sectores indígenas, el sentido de sus prácticas y discursos, en definitiva, la "forma cultural" que posee el mismo fenómeno indígena; y c) adolecen de "eficacias iniciáticas", es decir, no recogen, elaboran y expresan los más reales y diversos procesos por los que atraviesan los diferentes sectores del país: las dinámicas particulares, los conflictos locales, las estrategias de diferentes etnias y regiones. Sin embargo, el discurso étnico o indigenista trasciende el enunciado de la pluralidad reivindicando el de las "nacionalidades indígenas", basándose en el hecho (y derecho) de un territorio, una cultura y organización propias.

Ahora bien. A diferencia de los discursos, la "presencia étnica" en la sociedad nacional supone un fenómeno vasto, heterogéneo y complejo. Sin embargo, se presentan diferentes formas de presencia indígena que son importantes:

a) La iniciativa de las organizaciones para tomarse las políticas y programas de alfabetización y educación rural (bilingüe y bicultural), hecho constante en los Congresos y Declaraciones públicas de los dirigentes étnicos. La estrategia educativa proporciona un frente múltiple al proyecto indígena: es el campo más adecuado para desarrollar un trabajo de reforzamiento ideológico y cultural; constituye un tipo de gestión en la que muchos dirigentes e intelectuales se preparan para desempeñar con cierta competencia; y, es precisamente a partir de una actividad educativa que las organizaciones indígenas podrían captar y desarrollar ofertas y propuestas que refuercen su presencia a nivel nacional.

b) El carácter más público y oficial que adoptan las actuaciones de los sectores indígenas: su papel protagónico en los procesos electorales y la ocupación de cargos políticos desde los gobiernos locales hasta el Congreso Nacional. …


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, 251 pp.

 

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Las innovaciones culturales. 1979-1984

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Principales ejes de transición. Cultura vs nación

En la medida que una sociedad se desidentifica con el Estado, la idea de nación se borra o desdibuja como referente de las identidades colectivas, y la misma ideología de la "identidad nacional" pierde centralidad en los discursos sobre la cultura. Así, en la década de los 80, las nuevas discursividades sociales y sus contenidos reivindicativos sobre la pluralidad cultural del país (y la misma plurinacionalidad enunciada por el discurso cultural indigenista); la emergencia de una "cultura popular constitutiva de nuevos actores y prácticas sociales" y lo que ello comporta en cuanto afirmación de identidades más "comunales" que "societales", lleva a repensar el concepto de nación.

En términos analíticos es necesario hacer una distinción: la cultura es un fenómeno societal, inherente a toda forma de sociedad humana (en cuanto "distancia significante" que diferencia una sociedad de otra), mientras que la nación es un fenómeno histórico, y correspondiente a una determinada organización política, económica y cultural de la sociedad. Ambos conceptos responden a paradigmas de indagación diferentes; lo que de ningún modo supone hacer ideológico el de nación, a no ser en determinadas formas de sus empleos discursivos, considerando las condiciones, procesos y relaciones sociales de producción de tales discursos. Respecto a los procesos culturales habría que entender el concepto de nación como perimetral: demarca espacio-tempotalmente las particularidades socioculturales de un país determinado, de cada uno de los pueblos, clases y grupos sociales a su interior, es decir, "define históricamente los procesos culturales de un país", es el campo de demarcación de los diferentes procesos y escenarios de la historia.

En base a estas consideraciones, que obligan a discutir no la cultura desde la nación, sino ésta como un todo heterogéneo y diferenciado de culturas -de historias y procesos culturales- es necesario entender la organización nacional o "plurinacional" del conjunto de pueblos que conforman el país -y participan de una misma historia nacional- no tanto garantizada por la supuesta existencia de una cultura o por los imperativos de la unificación cultural, ni tampoco porque una de las culturas se imponga hegemónicamente sobre otras, sino por una democrática e igualitaria coexistencia de todas ellas. En tal sentido, "el hecho de repensar la relación entre la cultura y nación nos lleva a tomar en cuenta la misma "forma cultural" de la democracia". …


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, 251 pp.

 

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Las innovaciones culturales. 1979-1984

pp. 77-150


Forma cultural de la democracia y democratización cultural

El período 1979-84 se caracteriza por una inédita democratización de la cultura que implica una "mayor participación social en las prácticas y discursos, objetos e instituciones de cultura". Un aspecto complementario a ello es la misma "forma culltural" de la democracia. Por muy frágil que haya sido el proceso de democratización del país, dicho proceso estuvo acompañado e incluso precedido de una "fomación cultural" que caracterizó la constitución de actores sociales, la articulación de discursos, la organización y reordenamiento de las prácticas; como si una forma de conciencia proporcionara a la sociedad una nueva imagen de sí misma y contribuyera a configurar nuevas representaciones societales. La misma búsqueda de la democracia es casi por definición un proceso cultural en el que lo político no sería nada más que un marco y un sistema de dispositivos para facilitar o garantizar los nuevos reencuentros societales y restablecer los equilibrios perdidos. Esta "forma cultural", que imprime la democracia a los procesos societales más amplios, más que propiamente cultural y producción cultural es la condición para que las culturas de un pueblo transcurran y se mantengan como bases sedimentarias de la sociedad, que pueden emergen en determinados momentos, transformarse en memoria y proyecto, seguir orientando el sentido de la historia. Este fenómeno se hizo más visible en esta fase de transición: la cultura aparece como un ejercicio de libertad, como un sinónimo de una creatividad plural al interior de la sociedad, no tanto como objetos o productos determinados sino en la forma que adquiere su misma producción, los comportamientos y los procesos sociales. Comienza a pensarse la cultura de la cotidianidad, y por muy "masificada" que se presente mucha de esta cultura, por muy "enlatada" en las mercancías, de un consumo barato, esta cotidianidad goza de nuevos entornos y de nuevos alcances, como si determinados imperativos societales (de derechos, de ciudadanía, de mejores condiciones de vida, etc.) permearan todas las capas de la población, concitaran consensos y perfilaran una nueva imagen de la sociedad.

Esta forma cultural de la democracia es la que explica la múltiple encrucijada de encuentros entre la sociedad civil y el Estado, entre los distintos sectores sociales, entre lo que más convencionalmente se llama cultura y todos los otros campos y objetos sociales. Es un nivel de concertación, en el que sin resolverse los profundos conflictos y contradicciones de un país, es posible replantearse el hecho mismo de la cultura, precisar su sociología, cuestionarse sobre su "nacionalidad". Así, la "forma cultural" difusa por toda la sociedad, a la vez que no deja de informar todos los aspectos de ella, contribuye a ciertas acumulaciones societales, que se van diseminando en la historia.


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, 251 pp.

 

TEMA:

Las innovaciones culturales. 1979-1984

pp. 77-150


… La cultura democrática inherente en nuestras sociedades se encuentra poblada de gestos y de símbolos, de actos del discurso y de ritualidades, cuya dinámica más inconsciente es prolongar los esquemas y ambientes familiares hacia la vida social. Es quizá el carácter "comunal" de nuestras sociedades, el que sigue parametrando la cultura y comportamientos socioculturales a todos los niveles de la vida y organización sociales: el apelativo de "hermano" entre amigos ("pana", "pata", "cholito", "che"), el uso de apodos y diminutivos, las inclinaciones festivas, etc. constituyen un sistema de objetos significantes , que marcan una cotidianidad cultural. Es como si las sustancias democráticas de nuestra cultura fueran algo tan latente como cuestionable de principios, regulaciones y estructuras poco democráticos de la sociedad moderna.

Uno de los efectos del proceso democrático ha sido el de democratizar la cultura e incluso las relaciones entre diferentes culturas del país. Las mismas políticas estatales, pasando por la gestión de las instituciones públicas han venido operando el "desarrollo cultural" o "difusión cultural"; en ésta ha adoptado formas más concretas de democratización de los objetos y prácticas culturales. Las políticas estatales, más que limitarse a la oferta de productos de cultura, han apoyado y desarrollado procesos de cultura que han ido generándose desde los distintos grupos de la sociedad: las diferentes culturas, sus actores y expresiones artísticas empiezan a participar de un sistema de relaciones e intercambios, reconocimientos y eniquecimientos mutuos. Ya no se trata únicamente de la adopción de temas y motivos indígenas por parte de la plástica más elaborada o de grupos de danza moderna, por ejemplo; sino que la misma cultura burguesa comienza a practicarse en otros lugares, en las calles, y los sectores populares empiezan a recrear sus propios espacios e instituciones de cultura. El reconocimiento de las "diferencias culturales" y del valor de cada una de ellas, es lo que puede hacer posible la convivencia igualitaria de todas ellas, su continuo y mutuo enriquecimiento.


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, pp. 251.

Importante el término de democratización cultural para entender el concepto de inter-culturalidad.

 

TEMA:

Crisis, posmodernidad y gobierno neoliberal 1984-1988

pp. 153-205


… Respecto al modelo neoliberal del gobierno 1984-1988, se establece una distinción entre lo que ha sido su intento de implementación y las condiciones históricas y estructurales del país, que no sólo han impedido la realización coherente de dicho modelo sino que han provocado distorsiones en su aplicación. El neoliberalismo como proyecto socio-económico es portador de un modelo cultural, cuyo pragmatismo reduce toda relación y confrontación a una simple correlación de fuerzas; por esta razón, la espontaneidad de ciertos flujos societales, la eclosión de determinados discursos y prácticas, o no son tenidos en cuenta o no serán explicados sino como formas de terrorismo contra la misma sociedad, y por ello, toda amenaza al orden neoliberal será tratada de anti-patria. Los intérpretes del discurso neoliberal ya no enuncian los imperativos del nacionalismo y del desarrollo, sino que prefieren la terminología de progreso y modernidad de la que no tienen necesidad de definir el contenido y las finalidades ("modernidad" no es más que el constreñimiento de la más alta y generalizada extraversión económica, según Beaudrillard); sólo los medios merecen interés: qué grupos, qué medios, qué tecnologías, qué concurrencias, qué alianzas.

El ideario neoliberal y sus intentos de aplicación encontraron resistencias en una tradición de sociedad sin vértebras neoliberales, donde el colectivo posee características e identificaciones muy comunitarias, donde la solidaridad y el intercambio todavía constituyen el tejido social más resistente, donde el individualismo tiene raíces muy superficiales.

Las políticas culturales

El nuevo régimen se instala en 1984 con una explícita voluntad política de gobernar el país como si fuera una empresa. En los aparatos del Estado se observa una tácita intención de romper con aquellos programas, líneas de acción y sin organismos y oficinas que anteriormente habían caracterizado una fase de innovaciones en la concepción y gestión de cultura del país. Una evaluación crítica de las políticas culturales se centra en: a) el intento de privatización de la gestión cultural, sobretodo en aquellos aspectos económicos y socialmente rentables; b) un incremento de las ofertas culturales orientadas hacia aquellos sectores de la sociedad , cuyas demandas se presentan más cualificadas en términos del consumo de la cultura burguesa; c) un desarrollo de infraestructuras culturales y cuya finalidad en la creación de obras de prestigio ha poseido claros intereses o réditos públicos. …


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, 251 pp.

 

TEMA:

Crisis, posmodernidad y gobierno neoliberal 1984-1988

pp. 153-205



Reacciones étnicas frente a las políticas estatales

El discurso indígena se queda sin espacios formalizados de diálogo con el Estado, no pudo desarrollar sus significantes reivindicativos, ni radicalizar sus planteamientos originales; las declaraciones siguieron girando en torno a los mismos enunciados. Más aún, trató de nutrirse de sucesos ocasionales, recogió demandas clasistas, se sumó a los movimientos sociales, pero no profundizó las especificidades étnicas y no elaboró nuevas propuestas al proyecto indígena en el país. Este fenómeno no se debe sólo a la falta de interlocuciones estatales, sino también a la particular necesidad que tiene el discurso indígena de nutrirse de nuevas "acumulaciones étnicas", del lento procesamiento de su experiencia histórica más reciente para poder articular nuevos significantes.

De todas formas, el sector indígena formula críticas contra el gobierno desde una perspectiva muy étnica: a) crítica a la política agraria del gobierno y en particular a su política anti-indigenista que no sólo intenta suplantar la organización indígena nacional creando otra paralela adicta al gobierno, sino que formula, a través del Ministerio de Agricultura, disolver la matriz sociocultural de la organización andina. Gracias al recurso del Tribunal de Garantías Constitucionales pudieron los dirigentes indígenas atajar por inconstitucional tal proyecto. Por otro lado, b) los dirigentes de las organizaciones indígenas reorientan sus planteamientos, demandas y negociaciones hacia el Congreso Nacional. Se cursa una solicitud en 1987 de una partida presupuestaria hacia la CONAIE y en el mismo año se celebra un encuentro para discutir el asunto de las nacionalidades indígenas y llegar a la elaboración de una "Ley de protección de las nacionalidades indígenas". Finalmente, c) los indígenas adoptan una posición de rechazo ante la "celebración" del V centenario del "descubrimiento" y "conquista" de América, con una serie de programas tendientes a celebrar los "500 años de resistencia india".

Cultura popular e identidades colectivas

Un fenómeno caracteriza este período: las crecientes demandas culturales que se generan en los diferentes sectores de la sociedad, pero que se presentan más innovadoras, más amplias e insistentes en los grupos marginales populares. ¿Por qué precisamente en un período de crisis, de mayor inflación económica del país, de mayor hostigamiento de un gobierno autoritario y antipopular se han incrementado las demandas culturales? …


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, pp. 251.

 

TEMA:

Crisis, posmodernidad y gobierno neoliberal 1984-1988

pp. 153-205


… En el caso de que se pudiera generalizar la hipótesis de que las crisis sean factores de una aclaración de los procesos culturales, sería necesario preguntarse en qué medida son las características particulares de una crisis las que de alguna manera condicionan determinadas formas culturales y/o más bien contribuyen a la eclosión/cristalización de las acumulaciones culturales que se desarrollan al interior de una formación social. Estas diástoles culturales se expresan en los diferentes niveles societales, burgueses, populares y étnicos, ya que la crisis afecta a todos por igual. Pero tal activación cultural parece más intensa en aquellos sectores que han desarrollado una experiencia nueva de la cultura como un recurso significante de existencia y de identificación colectivas. Es de su propia cultura, de las particulares "formas socio-culturales" de cada grupo o sector social que éstos generan una diversidad de estrategias de reproducción social, económica y política.

La cultura popular

La cultura popular es la expresión más compleja de una cierta resistencia al cambio bajo la forma de esa particular aculturación impuesta por las élites de una sociedad. Dicha cultura popular puede ser entendida como un "corpus" de creencias y prácticas soterradas pero capaces de resurgir, hundidas en el tiempo pero prontas a reactualizarse bajo las formas más diversas e inesperadas, y que constituyen un conjunto de mecanismos defensivos y subversivos, para enfrentarse a las formas mistificadoras de aculturación.

A la zaga de otros países latinoamericanos la problemática de "lo popular" comienza a ser sociológicamente pensada por la misma acción social en los años 70. La noción de lo "popular" hace referencia a una caracterización social muy particular de nuestras "formaciones socio-económicas" latinoamericanas donde la categoría de clases se ha mostrado insuficiente para explicar la heterogeneidad de sujetos sociales. La conceptualización más rigurosa de lo popular hace referencia al nivel económico-político de "determinados" sectores sociales que no siendo antagónicos entre sí se constituyen en aliados frente a las clases dominantes. En este sentido muy preciso , "lo popular" no serían tanto determinados sectores o grupos sociales empíricamente identificables cuanto ese proceso de constitución definido por un sistema de alianzas y antagonismos. Esta definición es operativa para caracterizar las condiciones y formas que pueden adoptar esos procesos sociales de constitución de "lo popular". Se puede entender también el fenómeno en el campo cultural si se considera que "lo popular" es un proceso y un particular principio de organización social. …

SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, 251 pp.

 

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Crisis, posmodernidad y gobierno neoliberal 1984-1988

pp. 153-205


… La comprensión de lo que es cultura popular en sus expresiones tiene que establecerse no desde aquellos parámetros que convencionalmente definen los objetos y manifestaciones de la cultura, sino desde la misma constitución sociológica de "lo popular". Lo popular es por sí mismo un fenómeno cultural. La presencia de lo popular adquiere un carácter cultural en el "resto" de la sociedad tanto por las demarcaciones territoriales que visiblemente operan en nuestras ciudades (configurando barrios, suburbios, conventillos) como por las diversas manifestaciones a las que da lugar.

Aunque la cultura popular es diferente porque diferentes son los actores sociales que la protagonizan, en cuanto "principio de organización", contiene un modelo generalizable en el que la participación colectiva y la amplia redistribución de los circuitos de intercambio regulan la producción de sentidos y aseguran las identificaciones del grupo. Por esto, y también por considerar inadecuado el concepto de "subculturas" (ya que jamás ha existido cultura alguna de segundo orden) ni sociedades más "cultas" que otras, la "cultura popular" contiene un modelo de producción de sentido dentro de la sociedad, reordena un reconocimiento de las elaboraciones simbólicas, una mejor redistribución de los bienes culturales. Hay en fin, otro aspecto de lo popular que es importante y que nos aproxima a la cuestión de las identidades colectivas: la inmediatez que en dicho espacio social posee la cultura de la tradición sin la cual "careceríamos de la tradición de la cultura" (Fuentes, 1984), ya que ambos factores se corresponden dentro de un complejo proceso de acumulaciones y sedimentaciones. Por ello "lo popular" se presenta como el "grado cero" de la cultura donde las experiencias de un grupo no se encuentran mediatizadas por objetos e instituciones específicas y donde las identidades (culturales) se vuelven más diáfanas. "Desde este referente social, el más opuesto al de la idea de nación, se debería plantear el problema de las identidades" para desideologizar el hecho de que siga haciendo uso de lo nacional como principio de las identidades sociales, su síntesis o precipitado final.

Lo "popular" no es exponente de la crisis ni tampoco un residuo de determinadas formaciones sociales. Más allá de las condiciones socioeconómicas de ciertos sectores "populares", es una "forma cultural" de la sociedad y se presenta como un principio particular de organización de significantes sociales y como un factor de "nitideces sociales": visibiliza sectores y procesos, relaciones, prácticas y discursos en sus significantes más originales y auténticos.." …

SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, 251 pp.

Las identidades no se construyen en función del concepto de nación, sino a partir de la cultura popular como proceso social.

 

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De las identidades

Las políticas y reflexiones de la cultura han incurrido en el malentendido de pensar la cultura en función de las identidades colectivas (o nacionales), cuando en términos analíticos hubieran debido orientarse en sentido inverso o por lo menos combinar ambas referencias. Handelsman presenta este problema cuando afirma que "el mayor obstáculo dentro de la búsqueda de la identidad ha sido la noción misma de la cultura". Ello hubiera ahorrado muchas frustraciones gratuitas que se obcecaron en una respuesta "crisis" o la "falta" de identidad de nuestros pueblos, al tratar de definir ésta desde paradigmas conceptuales como los de "nación" o "formación socio-económica", que poco tienen que ver con los principios que constituyen y organizan una identidad social o cultural.

"Recurriendo a las clásicas definiciones de identidad, habría que referirse a esos criterios colectivos e indicios individuales de la identificación de un grupo al sistema de afinidades y vinculaciones o solidaridades primordiales o al sentimiento de pertenencia de un grupo". El pensamiento de las identidades colectivas parece haberse agotado en una fenomenología de las adscripciones y de las diferencias socioculturales; en una tensión simétrica que demarca una colectividad del "nosotros" respecto de una desidentificación diferencial con los "otros". Pero en esta línea se hace de las identidades sociales un campo fluido que solo puede delimitarse en base a determinaciones concretas y aun situacionales. La práctica habitual del problema de las identidades se resuelve en base a un parámetro de "distancias significantes" que es el mismo que define las mismas definiciones culturales como "diferencias de significación" entre pueblos o sociedades, grupos y sectores sociales".

¿Qué significa la estrategia de identificaciones siempre a disposición de cualquier grupo sociocultural? ¿Cómo establecer los distintos niveles de identidad y cuáles son los criterios y determinaciones más generales o más particulares en las identificaciones colectivas? Un estudio de las identidades colectivas de un país no puede partir de una teoría general de las identificaciones de cada uno y de los diferentes grupos y sectores sociales que lo componen, sino más bien de una analítica de "estrategias de identificación" o de los "procesos de identidad" que se manifiestan como predominantes en un determinado momento histórico del país y en correspondencia con aquellos procesos societales más determinantes. "Sólo adoptando este criterio hermenéutico, que implica una incorporación de los factores históricos y sociológicos, podrá desarrollarse una concepción mucho más dinámica de las "identidades" colectivas. …


SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, 251 pp.

 

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… El problema de las identidades sociales ya no se resuelve en una inocua taxonomia descriptiva de identificaciones colectivas que, de manera piramidal, comienzan por los "grupos básicos" o las "afinidades" para remontarse a las identidades más amplias, nacionales o latinoamericanas. Más allá del efecto cultural de la crisis con su repliegue hacia una reorganización de lo popular, hacia los "grupos básicos" de las solidaridades e intercambios más seguros e inmediatos, es una diversificación de las identidades colectivas las que parecen reafirmarse con más fuerza; y también como una reacción frente a ese otro proyecto societal de identidad ciudadana. Esto supone resolver la falsa confrontación entre identidades colectivas e identidad nacional, haciendo de ésta (de manera análoga a la misma problemática de las "culturas nacionales" correspondientes) no una especie de síntesis o recapitulación abstractas de todas aquellas, sino más bien la "nacionalización" de las diferentes identidades colectivas; el reconocimiento "nacional" de cada una de ellas. El problema de las identidades de ninguna manera puede ser planteado por una especie de acumulaciones o de estratificaciones identitarias, nI mucho menos como un "juego de lealtades", según el cual "se aceptan todas las identidades, pero cada una a su nivel". Más allá de esta apreciación descriptiva, las identidades colectivas suponen siempre un principio organizador, una referencia a esos "significantes diferenciales" propios de la cultura de todo grupo, a partir de la cual se regula ese más o menos complejo sistema de adscripciones y alteridades que caracterizan una identificación sociocultural.

Hay dos elementos que son importantes en la comprensión de las identidades colectivas: a) uno se refiere al principio de que es siempre la cuestión del "otro" la que aparece como constitutiva de la identidad, es decir, que la identidad se define relacionalmente desde el exterior, desde la posicionalidad de un "otro"; b) elemento complementario es que la identidad no se posee sino que cualquier grupo es más bien poseído por su propia identidad o identidades, las que operan y regulan el sistema de relaciones y confrontaciomes diferenciales con otros grupos. En este sentido, será importante vincular el problema de la "identidad" al concepto de "diferencias significantes", como operador de las heterogeneidades sociales, y comprender los comportamientos, procesos y estrategias de identidad de las relaciones de diferenciación y contraposición que existen entre sociedades o grupos humanos, entre sectores y clases sociales, y por consiguiente, dentro de las mismas dinámicas de conflicto y aun de la "lucha de clases".

SANCHEZ PARGA, José. ACTORES Y DISCURSOS CULTURALES, 1972-1988. CAAP, Quito, 1988, pp. 251.