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RESUMEN:
Se realiza un análisis de la cultura, las políticas
culturales y la "cultura política" en el escenario
del autoritarismo -como espacio de proyección de las viejas
tesis que interpretan las estructuras culturales como impedimentos
para el progreso- y la democracia -como elemento vertebrador de
la participación ciudadana en los procesos de desarrollo
cultural.
Complementariamente, y luego de retomar cuestiones fundamentales
como la diversidad, identidad, integración y descentralización
cultural, se proponen alternativas concretas de desarrollo cultural
en el marco de la crisis económico-social del país.
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| TEMA:
Un escenario caracterizado por el autoritarismo
pp. 45-48
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Un régimen neoconservador que sometiera todo el espectro
de la sociedad y el funcionamiento de la economía a las lógicas
del libre mercado y que fincara su éxito en su capacidad productiva
y en un desarrollo hecho a imagen y semejanza del progreso capitalista,
retomaría las viejas tesis que interpretaban las estructuras
culturales, sociales, económicas indígenas como obstáculos
para avanzar, como impedimentos para el progreso. Se viviría
formas veladas de represión a las expresiones culturales llamadas
subalternas, veladas en la medida en que se las sometería a
formas violentas pero disfrazadas de desarraigo -por ejemplo, una
coercitiva incorporación al mercado- o se las reduciría
a simples manifestaciones de folclor nacional. No hay nada peor que
un etnocentrismo a ultranza que no está contrarrestado por
una diversidad cultural.
Esta represión puede componer un panorama grave que Najenson
denomina como "Democidio". "El democidio tiene la
triste misión de mostrar una nueva faceta de la muerte del
hombre
pero no se trata de la extinción de las culturas
de grupos campesinos e indígenas remotos o arrinconados en
hábitats hostiles, no se trata del etnocidio tradicional.
Son las culturas nacionales contemporáneas, como totalidades,
las que están amenazadas por el democidio, en su propio futuro.
El asesinato planificado del pueblo, como sujeto transmisor y creador
de cultura, como agente dinámico de cambio revolucionario
y resistencia a la dominación impide o obstaculiza la gestación
de la utopía -en tanto proyecto- y la emergencia de una cultura
alternativa. Y una sociedad civil sin posibilidad de crítica,
contestación o cambio de cultura, es una sociedad cadáver".
El manejo del aparato estatal y de sus recursos en función
de dinamizar un esquema económico de libre mercado, necesariamente
abordaría una situación de crisis como la que vivimos
y viviremos en los próximos años, recortando todo
aquello que signifique suntuario. De hecho ya vivimos recortes significativos
de la participación estatal en los programas culturales.
El propio Estado, a comienzos de la década de los 90, busca
comprometer a la empresa privada en las acciones de promoción
cultural, como mecanismo para lograr una lenta transferencia de
responsabilidades en el financiamiento de la cultura. Sin embargo,
hay campos de conservación y generación de espacios
para la creación cultural popular, hay aspectos de la educación
íntimamente ligados al desarrollo de las culturas subordinadas
(educación bilingüe intercultural) a las que el Estado
no puede renunciar: debe "buscar convertirlas en factor de
desarrollo". *
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| ECUADOR SIGLO XXI. UNA CULTURA ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA CRISIS.
ESCENARIOS Y PROPUESTAS CULTURALES PARA EL FUTURO. En: Cultura, sociedad
y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas.
Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 45-64.
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| TEMA:
Un escenario caracterizado por el autoritarismo
pp. 45-48
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El desarrollo cultural no es una consecuencia automática
del desarrollo económico y social. El desarrollo cultural no
consiste solo en alcanzar el "confort" y el tiempo libre
para crear y gozar de cultura. Entraña una voluntad de crear
las condiciones para que ese desarrollo cultural se de y de manera
fortalecida, en interrelación estrecha con todas las culturas
del mundo. El desarrollo cultural como lo entienden gran parte de
las sociedades industriales, sustentada en la extensión de
la sociedad de masas y la conversión del ciudadano en simple
consumidor de cultura, ha provocado esa reducción del nivel
de conciencia y el debilitamiento de aquella dimensión de "lo
posible" que reclamaba Lucien Goldman en la década de
los 60.
Como contrapartida, el neoconservadorismo, al liberar de las fuerzas
del mercado la cultura, si bien robustecería la participación
privada en la conservación y promoción de manifestaciones
culturales, individualizaría definitivamente la relación
con la cultura al margen de toda forma de organización y
de conciencia colectiva creadoras. Al mismo tiempo facilitaría
una relación acrítica con todo lo que constituye el
espectro de la cultura y particularmente con algunas de sus manifestaciones,
como la información. 3
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ECUADOR SIGLO XXI. UNA CULTURA ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA CRISIS. ESCENARIOS
Y PROPUESTAS CULTURALES PARA EL FUTURO. En: Cultura, sociedad y crisis.
La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas.
Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 45-64.
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| TEMA:
Democracia y cultura van a la mano
pp. 48-50
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La democracia es el escenario indispensable para el desenvolvimiento
de un quehacer y de políticas culturales constructivas de la
identidad cultural y generadoras de una sociedad creativa, crítica.
Y la democracia cultural supone, como lo afirma la UNESCO, la más
amplia participación del individuo y la sociedad en el proceso
de creación de bienes culturales, en la toma de decisiones
que conciernen a la vida cultural y en la difusión y el disfrute
de la misma. No se trata, por tanto, de ampliar el espectro de "consumidores"
de cultura como podría pensar una concepción que pusiese
en el centro del desarrollo cultural la difusión de formas
y manifestaciones de cultura, sino que se busca reordenar el campo
cultural apoyándonos en una democracia participativa.
Las sociedades contemporáneas viven transformaciones importantes:
la paulatina irrupción de la sociedad civil en el campo de
las políticas de desarrollo ya sea a través de organismos
privados, gremios, agrupaciones religiosas, etc.; el redimensionamiento
del Estado con una fuerte tendencia a privilegiar la gestión
de la empresa privada y el avance de procesos integradores ya sean
de carácter formal (estructuración de bloques de países)
o a través de modernos sistemas de comunicación que
apuntan a la transnacionalización de la cultura; la consolidación
de nuevos actores sociales considerados como minorías; y,
una tendencia a la desentralización del poder a partir de
los reconocimientos de las diversidades nacionales y regionales.
Todo ello da al traste con la idea de un Estado omnipotente, ejecutor
de todas las políticas. Hay una multiplicidad de actores
una diversidad de discursos y prácticas que, en el marco
de una democracia, pueden concretar políticas ampliamente
participativas y variadas. Por tanto, ha variado el concepto de
"políticas", ya sea en el campo social, industrial,
educativo, de salud y cultural. Siguiendo a Canclini, las políticas
culturales son "el conjunto de intervenciones realizadas por
el Estado, las instituciones civiles y los grupos comunitarios organizados
a fin de orientar el desarrollo simbólico, satisfacer las
necesidades culturales de la población y obtener consenso
para un tipo de orden y de transformación social". Este
concepto refuerza la tesis de la íntima vinculación
del desarrollo cultural con la consoldación y profundización
de la democracia: los procesos y los actores culturales sujetos
a un constante ejercicio participativo, actuarán como reguladores
permanentes y la cultura será en el futuro el ejercicio de
la crítica popular.
"Si estamos convencidos de la importancia de los derechos
culturales y del papel que la democratización de los bienes
simbólicos cumple en la democratización global de
la sociedad, las demandas en este campo debieran ocupar un puesto
central en las luchas políticas para lograr cambios estructurales".
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| ECUADOR SIGLO XXI. UNA CULTURA ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA CRISIS.
ESCENARIOS Y PROPUESTAS CULTURALES PARA EL FUTURO. En: Cultura, sociedad
y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas.
Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 45-64.
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| TEMA:
Hacia una pluralidad cultural
pp. 50-52
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Una primera propuesta para las próximas décadas
es buscar la unidad del país en su diversidad. Pero es necesario
despejar dos equívocos: a) en primer lugar, no se trata de
"rescatar" manifestaciones culturales de raíz indígena
e integrarlas al colorido nacional. Aquello resultaría en un
intento vano por congelar una cultura, por negar su condición
de cultura viva capaz de modificarse en contacto con otras culturas
y crecer; b) en segundo lugar, no significa tampoco respetar esa existencia
de manifestaciones culturales como expresiones subordinadas, siempre
que ellas reconozcan la existencia de una cultura hegemónica.
Por el contrario, el reto planteado por los propios pueblos indígenas
es el de obligar a todos en conjunto de nuestra sociedad a definir
una relación específica con esa cultura que ha resistido.
Y esa relación es la aceptación de la diversidad en
todos los campos, tanto en el de las manifestaciones culturales,
como en el de la organización política y administrativa
de los grupos o nacionalidades.
Al Estado ecuatoriano le corresponde, en esas circunstancias, profundizar
las formas de participación y manifestación independiente
de las diversas culturas, sin temor a la pluralidad en el marco
del mismo país. Las políticas culturales deberían
ser definidas y puestas en práctica por los propios pueblos
indios, con las consecuencias que ello puede tener en términos
de ampliación de esa cultura, recuperación de espacios
de creación cultural indígena y de la confianza en
su propia historia y experiencia acumulada. Se trata de instaurar
una democracia participativa que sea el resultado del consenso y
el diálogo de distintas culturas y que desemboque en la institucionalización
de un nuevo concepto de cultura, de nación y de Estado. Los
avances proyectados hasta hoy permiten proyectar una sociedad ecuatoriana
que: a) abandone definitivamente la idea de construir el progreso
sobre la base de la destrucción de la diversidad étnica;
b) cuente con una organización indígena fuerte, reconocida
y con objetivos claros, premisa importante para asegurar que la
legitimidad del pluralismo étnico sea asumida en el futuro
e introducida en la conciencia de todos los ecuatorianos; c) entienda
la construcción de una sola sociedad ecuatoriana como la
confluencia de pueblos diferenciados, cada uno de ellos portador
de su cultura; y, d) funde su futuro en las enormes potencialidades
de la diversidad cultural. 3
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| ECUADOR SIGLO XXI. UNA CULTURA ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA CRISIS.
ESCENARIOS Y PROPUESTAS CULTURALES PARA EL FUTURO. En: Cultura, sociedad
y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas.
Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 45-64. |
| TEMA:
Propiciar la creatividad cultural y la interacción de los
agentes sociales
pp. 52-56
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Los afanes por democratizar la cultura no deben centrarse
en la difusión masiva e incluso indiscriminada de manifestaciones
culturales consumidas y generadas en el seno de las élites.
El contenido de la democratización debe privilegiar el proceso
y no el consumo, alimentar por sobre todo las condiciones de creación
cultural. "Mientras la difusión reduce la cultura a un
producto para el mercado, los procesos la entienden como la generación
constante de valores". Cuando hablamos exclusivamente de difusión
, se podría pensar y programar la acción estatal en
términos de intervenciones puntuales, de número determinado
de espectáculos, de libros a publicar, de actos a promocionar,
etc., lo que no deja de ser un alivio para los planificadores y un
atractivo para las políticas clientelistas. En cambio, una
intervención dirigida a despertar y "liberar" la
capacidad de creación de un pueblo significa actuar de modo
constante y en todos los sentidos y terrenos. Es una "tendencia"
a manifestarse en todo el conjunto de la acción no sólo
estatal sino privada que tendría como efectos transmitir información
y conocimientos variados, desarrollar la sensibilidad y crear condiciones
para que la sociedad esté en capacidad de llevar la gestión
de su propia producción cultural y la conquista de mejores
condiciones de vida necesarias para que aflore su ser creador. Para
los sectores populares que se han mantenido en condiciones difíciles
de consumo y más aún de producción cultural,
la superación de esta limitación no es posible sino
a través de una transformación de sus condiciones de
vida y particularmente de la educación.
Durante las dos décadas siguientes nos enfrentaremos a una
sociedad ecuatoriana mayoritariamente urbana con todas las complejas
situaciones culturales que encarnan las ciudades: extensión
de los "mass media", trastornos culturales en los sectores
migrantes, problemas ambientales, fuertes restricciones en el campo
de la vivienda, vestido, alimentación, etc. Al respecto,
la intervención estatal podría concretarse en los
siguientes aspectos: a) familiarizar particularmente a los sectores
populares con la industria cultural utilizando sus medios en el
marco de su acción de generación de espacios de creación
cultural, trasladándolos a los centros de educación
y utilizándolos en los procesos educativos; b) establecer
una estrategia de intervención en los mass media y posibilitar
la participación democrática de todas las tendencias
de nuestra sociedad; c) procurar formas de concertación entre
los países sujetos a la avalancha informática, para
negociar formas ventajosas de participación en la generación
y aprovechamiento tecnológico. 3
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| ECUADOR SIGLO XXI. UNA CULTURA ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA CRISIS.
ESCENARIOS Y PROPUESTAS CULTURALES PARA EL FUTURO. En: Cultura, sociedad
y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas.
Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 45-64.
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| TEMA:
Diversidad cultural y descentralización de políticas
pp. 57-58
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La acción estatal en la democratización de
la cultura puede ser efectiva únicamente si se ubica muy próxima
a los distintos sectores sociales. Esto es, si cuenta con los mediadores
culturales indispensables. Pero hablar de mediadores significa plantearse
a profundidad la descentralización de las iniciativas y de
la gestión culturales, y el robustecimiento de las instancias
de acción locales y regionales.
El impacto de la descentralización cultural es múltiple:
se requiere de ella si verdaderamente se busca una participación
amplia de la sociedad en la cultura. Es indispensable la descentralización
cuando se habla de robustecimiento ya no de una cultura hegemónica
sino de diversidad de culturas y de la irrupción de identidades
culturales, cuando se pretende alcanzar una democracia participativa.
"La democracia sociocultural es, sobre todo, el proyecto de
movimientos y grupos alternativos, cuyo crecimiento en los últimos
años es uno de los signos fuertes de renovación en
escena política. Estos movimientos ejercen cierta oposición
en ámbitos restringidos, pero no logran construir alternativas
culturales, ni menos formular políticas , a escala de la
sociedad global, para disputar efectivamente la hegemonía
de los grupos dominantes
¿No exige el crecimiento de
estos proyectos alternativos plantearse políticas de transformación
para las principales instituciones culturales del Estado, para el
propio Estado, y propuestas de reordenamiento del mercado simbólico,
como lugar clave de organización de la cultura en las sociedades
de masas, desde una perspectiva popular?" (Canclini)
La descentralización permite, precisamente, un reordenamiento
del mercado simbólico. La posibilidad de fortalecimiento
de los movimientos alternativos radica en una descentralización
de la acción estatal, no en términos de recursos y
de acciones, sino concebida como una autonomía de acción
y de gestión local o regional. Es evidente que las instancias
locales (municipales) tienen mayores posibilidades de establecer
acuerdos con grupos y sectores muy determinados de su área
de influencia, lo cual es impensable en el marco del centralismo.
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| ECUADOR SIGLO XXI. UNA CULTURA ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA CRISIS.
ESCENARIOS Y PROPUESTAS CULTURALES PARA EL FUTURO. En: Cultura, sociedad
y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas.
Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 45-64.
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| TEMA:
Cultura y procesos de integración
pp. 58-60
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Un análisis de los futuros procesos culturales no
puede dejar de considerar la tendencia mundial de conformación
de bloques regionales. Mas aún, la dinámica de la cultura
misma entraña la superación de las fronteras nacionales,
ya sea porque su tendencia natural es alimentarse del constante intercambio
o porque vivimos un instante de transnacionalización de las
fronteras a través de la comunicación, de las industrias
culturales. Hay algunos síntomas que evidencian ese flujo de
corrientes culturales y que nos alertan sobre la necesidad de provocar
cambios más profundos en las políticas culturales:
a) La conciencia de latinoamericanidad nació y se ha ido
extendiendo en nuestros países a partir de las aproximaciones
protagonizadas de intelectuales y agentes culturales. Es imposible
no percibir que sobre las diferencias nacionales o regionales,
ha ido creciendo la idea de unidad y diversidad, de homogeneidad
y pluralidad a partir de la cultura.
b) Las próximas dos décadas estarán marcadas
por la consolidación de procesos de integración
subregionales en América Latina y por la profusión
de acuerdos para aproximar países y grupos de países
entre sí. Lamentablemente, la integración andina
hace prever que se priorizará el desmantelamiento de los
aranceles y fronteras para el comercio, olvidándose los
otros aspectos de un proceso integrador y subestimándose
la generación de consensos sociales que permitan estabilizar
y redimensionar la integración.
c) Se hace necesario ir hacia la creación de flujos de
intercambio andino en cuanto a las manifestaciones culturales
y artísticas En ese sentido vivimos un desconsolador ostracismo.
Se hace indispensable crear redes de redistribución e intercambio
en la música, la literatura, las artes plásticas,
las artes de la representación, el cine y video latinoamericanos.
d) Hay una contradicción entre el modo de entender las
fronteras que tienen los estados nacionales latinoamericanos y
las concepciones al respecto de los pueblo y las etnias indígenas
que habitan vastos territorios por sobre las fronteras republicanas.
Se habla del surgimiento, en la década de los 80, de "un
territorio andino por sobre las demarcaciones nacionales".
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| ECUADOR SIGLO XXI. UNA CULTURA ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA CRISIS.
ESCENARIOS Y PROPUESTAS CULTURALES PARA EL FUTURO. En: Cultura, sociedad
y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas.
Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 45-64. |
| TEMA:
Transformar la cultura política
pp. 60-62
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"La cultura política -se sostiene en el documento
sobre la transformación del Estado en el Ecuador- es componente
del sistema político en tanto conjunto de valores, tradiciones
de acción, ideologías dominantes y pautas de comportamiento
en relación al Estado y al sistema en su conjunto
Se
articula y cohesiona en torno a los valores, ideologías y cosmovisiones
dominantes, así como alrededor de las prácticas políticas
concretas que van dejando huellas, tradiciones y hábitos en
el comportamiento popular". El estilo con que se ejerce la práctica
política en el Ecuador es, en buena parte, una mezcla de resabios
de formas políticas pasadas que han ido quedándose y
que dibujan un país con comportamientos políticos desiguales;
con contradicciones en los afanes de normar la política; con
marcadas exclusiones, desigualdades y tendencia al autoritarismo;
la ausencia de la participación ciudadana en la gestión
del poder y reducción de la democracia a las instancias electorales,
etc. Se pueden señalar 4 manifestaciones del estilo que caracteriza
la cultura política en el Ecuador:
a) La persistencia del populismo, como fenomenal equívoco
de lo que significa la participación popular en el Estado
y el carácter de la representación política.
b) El montaje de una "insólita comedia de las equivocaciones,
sobre la base de reales y legítimas diferencias de carácter
regional, que impiden el desarrollo de estructuras políticas
de carácter nacional y a las que no se responde tampoco
con una profunda descentralización del Estado.
c) La persistencia del caudillismo y el caciquismo político,
que condiciona las formas de organización política
en el país y que, expresión de una cultura política,
se reproduce a partir de la disputa por el poder del Estado o
al menos de la gestión de gobierno, a todos los niveles
de la organización social (el gremio, la comunidad, el
barrio, etc.)
d) La reducción del ejercicio del poder a la solución
de los requerimientos inmediatos, con lo que se ha consolidado
una cultura política del clientelismo.
En esta reflexión, se puede proponer que: a) a un nivel
general, se encaminen las soluciones hacia las definiciones en torno
a la construcción de una identidad como pueblo que se vea
reflejada en lo político; b) a un nivel cotidiano, hacia
los discursos y las prácticas de la clase política
y los partidos; y, finalmente, c) se impulse el ejercicio crítico
de construir un proyecto político de democracia. 3
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| ECUADOR SIGLO XXI. UNA CULTURA ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA CRISIS.
ESCENARIOS Y PROPUESTAS CULTURALES PARA EL FUTURO. En: Cultura, sociedad
y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas.
Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 45-64. |
| TEMA:
Las paradojas de la crisis
pp. 62-64
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La crisis, que aparece como etapa prolongada en el tiempo,
como una endemia con la que tendremos que vivir las próximas
dos décadas, puede ser vista también como la fuente
de muchas alternativas viables, como la posibilidad de echar mano
ya no de las recetas de progreso importadas de las metrópolis,
sino de la creatividad y de la tradición de nuestros pueblos.
Como dice García Canclini: "la incapacidad de las soluciones
meramente económicas o políticas para controlar las
contradicciones sociales, las explosiones demográficas y la
depredación ecológica, han llevado a científicos
y políticos a preguntarse por las bases culturales de la producción
y el poder. Se acepta que el desarrollo no es solo una cuestión
referida a patrones y niveles materiales, sino también al significado
del trabajo y la recreación, al sentido que las sociedades
construyen, junto a su producción, en las canciones y las imágenes,
en el consumo, la educación y la vida diaria. Luego, para estudiar
el desarrollo y su crisis hay que tomar en cuenta tanto lo que declaran
las encuestas y las cifras, como el abierto misterio del arte: esos
textos que dicen lo que significa la residencia en la tierra, la mala
hora, los pasos perdidos".
La cultura, en tiempos de crisis, profundiza sus procesos. El pueblo
busca en la proximidad de las utopías sus formas de sobrevivencia:
el imaginario de un pueblo busca salidas; ahonda solidaridades a
partir de lo ritual y lo religioso; recupera tradiciones en los
campos de la agricultura, la vivienda, particularmente la salud,
la comunicación, para sustentar alternativas, etc
Las
políticas culturales pueden explorar, adentrarse en ese complejo
cultural vivo de modo de ajustar sus propuestas no a los discursos
que sobre la cultura entreteja la tecnocracia cultural, sino a las
potencialidades de esa emergente cultura de sobrevivencia. Son múltiples
los ejemplos que se pueden dar al respecto. En salud, desde la persistencia
de la sabiduría de los curanderos hasta los proyectos de
investigación y aplicación de plantas medicinales
que está ejecutando más de una federación indígena
amazónica. En vivienda, el desarrollo de alternativas de
construcción que reduzcan la dependencia de materiales exógenos
sujetos a los altos precios del mercado. En comunicación,
desde los programas de autoproducción radial de las llamadas
"cabinas populares" en el Ecuador, hasta las experiencias
de las radios libres en Chile o Brasil, consistentes en instalaciones
increíblemente baratas con apenas un watio de potencia
.
"No ha podido la sordidez de la pobreza, los intentos por
romper todo lazo con la memoria, matar formas genuinas de cultura
popular que una política cultural atenta a esos procesos
que pueda redimensionar y proyectar hacia el conjunto de la sociedad.
Esa es la paradoja de la crisis que nos corresponde aprovechar"
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| ECUADOR SIGLO XXI. UNA CULTURA ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA CRISIS.
ESCENARIOS Y PROPUESTAS CULTURALES PARA EL FUTURO. En: Cultura, sociedad
y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas.
Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 45-64.
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