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IDENTIDAD CULTURAL

AUTOR

Ecuador Siglo XXI

TITULO

Desventuras de un sueño de identidad.

 
EN

Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas.

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

Proyecto CONADE/GTZ, Quito, 1992, pp. 15-27

 

RESUMEN:

Se realiza una reflexión de la identidad cultural latinoamericana y ecuatoriana, en relación a la problemática del mestizaje y sus momentos históricos plasmados en la ideología oficial.

Frente a la "retórica del mestizaje" se plantea una discusión en torno a la homogeneización y la búsqueda de la heterogeneidad y diversidad culturales en el marco de las estrategias por plasmar en la sociedad la pretendida "unidad nacional". -

 

TEMA:

La retórica exaltación del mestizaje

pp. 15-16


… América Latina se ha debatido durante este siglo entre la retórica exaltación de su identidad y la ambigua presencia de un hombre nuevo. En los países donde lo indígena prestó escasa resistencia, el hombre latinoamericano fue visto con mayor ambigüedad, como un pueblo que no es "ni Europa ni América. Somos existencias marginales, europeos desarraigados que no han echado raíces en Sudamérica". Simultáneamente y próximos a la agonía del siglo XX, nos acecha un interrogante que nos concierne también a los ecuatorianos, aunque en distinta medida que a otros latinoamericanos: ¿Acaso los procesos culturales que vivimos se hacen a costa de un alejamiento cada vez más profundo de los orígenes, con el desvanecimiento lento pero irreversible de una memoria, signados por el crecimiento y proyección hacia el futuro de los espacios y las mentalidades urbanas en América Latina? ¿Es posible generalizar esta apreciación o, paradójicamente, en ciertas circunstancias y momentos históricos reaparecen ciertas tradiciones, naturalmente modificadas, al margen de añoranzas y necesidades de identidad, simplemente en virtud de la sobrevivencia?

Este constante hacerse, reconocerse por igual en las tradiciones y en modelos originados en la industria cultural que nos lleva a elevar al grado de fetiche el objeto funcional, esa incesante y caótica producción de identidad entre ruinas nos conduce a plantearnos la disyuntiva entre: pensar y organizar esta realidad, para efectos de revitalizar una diferencia, ya no sustentada en el "encuentro del hombre ancestral de América y la civilización europea", sino en los elementos que anuncian o evidencian constantemente la adopción de fragmentos de diversas culturas; o asumir el anonimato y el desaliento que han sido el resultado de todos los esfuerzos de la civilización occidental por homogeneizar las sociedades, simplemente dejándonos conducir por la fuerza ciega de los hechos.

Para llegar a formular propuestas concretas para tal disyuntiva, hay que volver a la afirmación que ha sido constante durante décadas: encontrar, definir una identidad nacional. Pero no para reproducir indefinidamente el viejo debate, sino para ratificar la imposibilidad actual de encontrar esa identidad ideal que nunca existió y reivindicar la posibilidad de unirnos e identificarnos en la diversidad.


ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD. En: Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.

 

TEMA:

La identidad, problema central de la cultura

pp. 16-18


La búsqueda de la identidad ha sido en América Latina el problema de la cultura por excelencia. No es posible imaginarse una identidad sin cultura que le corresponda y viceversa.

Dos hechos caracterizan al latinoamericano frente al problema de la identidad:

 

a) su constante debilidad al afrontar la interacción de culturas. Un temor a ser culturalmente invadidos, sin confrontarnos a una dinámica originada en las sucesivas invasiones y reexportada por nosotros con un rostro distinto. Todo esto en el marco de una relación desigual y de dependencia que alimenta la sospecha íntima de que no tenemos una "cultura" que anteponer o confrontar con la que nos invade. Muy diferente, en cambio, es el comportamiento de la cultura indígena que para sobrevivir llegó incluso a mimetizarse en las formas culturales del invasor.
b) Hemos caído en la simulación, en la "exaltación retórica del mestizaje" que ha reivindicado en nosotros incluso al hombre libre y puro anterior a 1492, a condición de no hablar de un pasado reciente o de un presente por momentos desconcertante, Una simulación que, proyectada a la historia, ha sido la constante afirmación de nuestra identidad americana -de lo que quisiéramos ser, lo que, de tanto repetirlo, nos ha hecho pensar que ya somos- acompañada paradójicamente de un ocultamiento de todos los intentos de rebelión a lo largo de la historia.

La misión histórica de los pueblos que intentan quebrar la dominación colonial, señalaba Franz Fanon, es la de "ordenar todas las revueltas, todos los actos desesperados, todas las tentativas abortadas o ahogadas en sangre". Y si repensamos brevemente la historia aprendida corrientemente en nuestro país, veremos que una de las revueltas ocurridas hasta 1809, no incluyeron a la población indígena: las alcabalas y los estancos. Nadie da cuenta de las sucesivas rebeliones indígenas. Más aún, se ha intentado borrarlas de nuestra conciencia.

El hecho de pretender que vivimos una "historia única y lineal de la cual han sido borradas todas las encrucijadas y discontinuidades", ha llevado a construir una identidad ficticia, porque está basada en un pasado artificialmente homogeneizado con el fin de legitimar el presente: y, además, una identidad cerrada, con escasa capacidad para modificarse de acuerdo a las innovaciones del proceso social.


ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD. En: Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.

 

TEMA:

Algunos momentos históricos de nuestro contradictorio mestizaje

pp. 18-21


… Para americanos y europeos el acontecimiento de 1942 fue el encuentro con el "Otro", un encuentro que haría que los españoles que llegaron a nuestro continente fueran desde entonces distintos, al tiempo que los indígenas, dejaran también de ser lo que fueron, y apareciera lentamente un tercer protagonista: el mestizo. Desde entonces, se rompe toda homogeneidad para ser, hasta hoy, heterogéneos. Para Europa, 1942 marca lo que Todorov llama el resquebrajamiento del "yo" y el encuentro con el "otro". Para América era difícil esperar que no se truncara en gran medida un desarrollo cultural indígena o se produjera un auténtico mestizaje a la sombra del colonialismo. Desde entonces, esta divergencia dentro de la estructura social generaría una equívoca concepción de cultura entre nosotros: la élite "con" cultura y la plebe "inculta", los ilustrados y los ignorantes, los refinados y los groseros. Tal vez Eugenio Espejo es la mayor metáfora de este drama: la búsqueda de una semejanza europea en constante contradicción con la tendencia por ser americano. En Espejo, el desgarramiento mestizo toma la forma del juego de las identidades… ¿Quién fue al fin?, ¿de dónde vino?. Un juego equívoco que Espejo prolongó en su propia creación, suscribiendo algunas de sus obras con seudónimos y provocando premeditadamente la polémica entre los autores. El fingimiento fue en él no sólo un modo de resolver su origen , sino de defender sus ideas. La expresión intelectual de un viejo drama que ha marcado la ambigüedad del mestizaje. Desde entonces se cumplía aquello que se atrevió a formular más tarde Jorge Icaza en su libro "Media vida deslumbrados": "Todo está en luchar porque no asome el indio. No dejarle salir a la cara, a la voz a los ojos, a la ropa, a la tierra en la cual uno vive, a todo mismo. Llevarle como un pecado mortal en las entrañas".

Si se parte de las primeras escaramuzas republicanas, en las que toda lucha política y la actividad intelectual y social se redujeron a reubicarse en un nuevo contexto, viviríamos un momento de búsqueda de nuestra identidad de cuyas características podríamos destacar tres: a) los esfuerzos de la derecha política por unificar el país -sobretodo bajo el régimen garciano-, por "unirnos a la sombra de la tiranía, pero de unirnos al fin, como una sola nación"; b) la preocupación de la élite intelectual de la derecha, por dotarnos de una identidad y una cultura nacionales recogiendo incluso las tradiciones (Juan León Mera, Remigio Crespo Toral), y de la élite contestataria (Juan Montalvo, Roberto Andrade) por canalizar una ética del reconocimiento de nuestro país con los afanes de la dominación; y c) el afán del descubrimiento del paisaje y hombre ecuatorianos plasmado en la pintura del siglo XIX. De allí se da un salto al movimiento intelectual de los años 20 y 30 de nuestro siglo donde se entiende que "sin recuperación literaria de los montubios que se van de la cultura y problemas de la población negra de Esmeraldas, del drama del cholerío y la cuestión indígena, mal podía pensarse en cimentar las bases de una cultura nacional


ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD. En: Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.

 

TEMA:

Desde la búsqueda de identidad, hacia la heterogeneidad

pp. 21-23


… La búsqueda de la identidad, está presente en una "cotidiana renuencia" por aceptar la muerte definitiva de la posibilidad de un modo de vida "otro", específico, La encontramos reflejada desde la convivencia de elementos culturales propios y ajenos a nivel de costumbres alimenticias, hasta en el combate de los escritores con un lenguaje "prestado".

Sabemos que somos distintos. Tal vez no sabemos todavía quiénes somos y cómo insertarnos en el diálogo universal de culturas. Quizás en la aceptación de la heterogeneidad cultural y la renuncia a querer homogeneizar al país imponiendo por la fuerza un concepto de nación única, encontrará el mestizo el camino de su reencuentro. Ello nos coloca en la consideración de la vigencia de las heterogeneidades y la posibilidad de la unidad en medio de la diversidad. La reflexión sobre los distintos momentos de una búsqueda de identidad nacional ha desembocado en el cuestionamiento sobre la existencia de una cultura nacional única y por lo tanto la inevitabilidad de la convivencia de distintas culturas, la inevitabilidad de la diversidad. ¿Qué entender por heterogeneidad? Hay que insitir en dos reflexiones:

a) La heterogeneidad cultural se distingue de aquella otra, fruto de las desigualdades económicas y sociales. Con frecuencia se ha querido identificar esa forma de heterogeneidad con cultura popular, con lo que se ha creado una falsa contradicción entre lo que se ha llamado "cultura de élites", adjudicada a las clases dominantes.

b) Una segunda reflexión es aquella referida a la "tosudez" de la heterogeneidad que persiste en ser una característica universal pese a todos los esfuerzos por homogeneizar el mundo.

"Históricamente, el recelo frente a la heterogeneidad como amenaza a la integración social, se extiende al campo político. La democracia latinoamericana siempre ha estado atravesada por una desconfianza de la pluralidad, en tanto cuestionamiento indebido de la unidad nacional". Pero tales intentos, desde la versión estatal, han fracasado. Todos los acontecimientos últimos nos están ratificando en este sentido. El fin de la guerra fría y la desaparición de grandes fuerzas disuasivas en el mundo en favor de una hegemonía ejercida por Estados Unidos, parecería encontrar una respuesta en el resurgimiento de las reivindicaciones nacionales. En América Latina, y particularmente en el mundo andino, la diversidad cultural ha alcanzado en los últimos años una vigencia antes nunca conocida, contagiando incluso a las esferas de un Estado que siempre buscó la homogeneización nacional. En el Ecuador, las dicaduras de los años 70 serían el último intento más o menos sistemático de homogeneización.



ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD. En: Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.

 

TEMA:

Lo indígena: factor de diversidad

pp. 23-24


… Por debajo de la "tortuosa y confusa historia de las identidades simuladas", de ese "popurri nacional", sobrevivió una cultura indígena. Esto no significa que nada ocurrió al interior de la cultura indígena y que, por ende, es posible volver a ella en su versión primigenia. Sería absurdo hablar de una conservación pura y unitaria de ella, cuando la propia dinámica de toda cultura y la característica de una cultura fuerte no es deshechar ni temer el contagio de otras, más aún, si estamos hablando de una cultura que se fundó en la oralidad y que no llegó a desarrollar una escritura capaz de perennizar una memoria. Fueron las propias dubitaciones del mestizaje las que ayudaron a la sobrevivencia cultural indígena, la que a su vez, ha salpicado con frecuencia a la cultura de los mestizos.

Ante los tres procesos -expropiación, imposición y eliminación- que definen la acción del colonizador y, posteriormente, de su continuador, el mestizo, los pueblos indios a nivel andino reaccionaron oponiendo tres iniciativas culturales principales: los procesos de resistencia, inovación y expropiación. A través de la resistencia cultural se pretende la conservación del control sobre elementos culturales propios. La innovación, es la creación autónoma de nuevos recursos naturales (e incluso una nueva lectura de los coloniales). La apropiación cultural permite adquirir control sobre elementos culturales originalmente ajenos.

Estamos tal vez, en el caso indígena, frente a la emergencia de una energía cultural que se ha sostenido en la conservación de algunos de sus mejores "modos de comportamiento" y que, convertida en formas coherentes y lúcidas de actuación, cuenta con potencialidad incluso para organizar las respuestas de los diversos sectores sociales no indígenas.



ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD. En: Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.

 

TEMA:

Cultura nacional: convertir el fracaso en nuevas utopías

pp. 24-26


… Al momento del análisis de la cultura, la relación entre unidad y diversidad es, por lo general, un hecho aceptado. Incluso para efectos de facilitar el análisis se ha formulado esa relación en términos de "cultura hegemónica" (nacional) y culturas subalternas. Con el riesgo de entenderla como la existencia de culturas mayores, acabadas, maduras y otras menores, fragmentarias, condenadas a ser asimiladas por las primeras. Sin embrago, incluso ese análisis de culturas hegemónicas y subalternas tiende a ser comprendido como estilos coexistentes de vida dentro de la totalidad mayor y más heterogénea. Identidad y diversidad cultural pueden no ser excluyentes y desechar la vieja tesis de que es imposible progresar mientras no se elimine la heterogeneidad cultural. Por el contrario, cualquier intento por forzar una unidad sin diversidad necesariamente llevará a quienes lo intenten, a un régimen de violencia y totalitarismo. En el caso nuestro, la colonización española combinó la destrucción con el montaje de su simbología por sobre la simbología indígena, aceptando tácitamente que no era posible destruirla por la violencia.

¿Cómo entender el funcionamiento de la diversidad en el marco de la unidad?. Procediendo luego a "reducir esa complejidad o diferenciación en procesos de identidad creciente, de organización de intereses y de consenso para la transformación y la emancipación de nuestras sociedades. Pero, ¿es necesario pensar en este momento, cuando el mundo reconoce la vigencia de la heterogeneidad cultural, cuando el flujo y el contacto cultural alcanza dimensiones inusitadas y nosotros constatamos la diversidad incluso fragmentaria en la que nos reconocemos, en la vigencia de una cultura nacional? ¿No podemos de una vez por todas desterrar la idea de homogeneidad cultural como elemento indispensable para pensar en la unidad de un país cuando la cultura, como conjunto de prácticas, existe independientemente de la nación?

Estos interrogantes permiten aventurar una hipótesis: Si han fracasado los esfuerzos de unidad, tanto en los países con un pasado colonial como en aquellos que han mantenido vivas sus más profundas tradiciones, o en los posindustriales que han buscado imponer una homogeneidad, la situación actual es favorable para proyectar hacia el futuro una identidad sustentada en la diversidad cultural y en la conjugación de nacionalidades dentro de un mismo país. Renunciar, por tanto, a los esfuerzos por ser una nación pretendidamente homogénea y monolingüe, para ser una fértil confluencia de especificidades diversas. Reafirmar, de ese modo, ya no como una impotencia sino como una fuente de iniciativas y producciones nuevas, la controvertida existencia de un mestizaje e incluso extraer de la diversidad cultural respuestas inéditas de la crisis.


ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD. En: Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.