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| RESUMEN:
Se realiza una reflexión de la identidad cultural latinoamericana
y ecuatoriana, en relación a la problemática del mestizaje
y sus momentos históricos plasmados en la ideología
oficial.
Frente a la "retórica del mestizaje" se plantea
una discusión en torno a la homogeneización y la búsqueda
de la heterogeneidad y diversidad culturales en el marco de las
estrategias por plasmar en la sociedad la pretendida "unidad
nacional". -
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| TEMA:
La retórica exaltación del mestizaje
pp. 15-16
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América Latina se ha debatido durante este siglo entre
la retórica exaltación de su identidad y la ambigua
presencia de un hombre nuevo. En los países donde lo indígena
prestó escasa resistencia, el hombre latinoamericano fue visto
con mayor ambigüedad, como un pueblo que no es "ni Europa
ni América. Somos existencias marginales, europeos desarraigados
que no han echado raíces en Sudamérica". Simultáneamente
y próximos a la agonía del siglo XX, nos acecha un interrogante
que nos concierne también a los ecuatorianos, aunque en distinta
medida que a otros latinoamericanos: ¿Acaso los procesos culturales
que vivimos se hacen a costa de un alejamiento cada vez más
profundo de los orígenes, con el desvanecimiento lento pero
irreversible de una memoria, signados por el crecimiento y proyección
hacia el futuro de los espacios y las mentalidades urbanas en América
Latina? ¿Es posible generalizar esta apreciación o,
paradójicamente, en ciertas circunstancias y momentos históricos
reaparecen ciertas tradiciones, naturalmente modificadas, al margen
de añoranzas y necesidades de identidad, simplemente en virtud
de la sobrevivencia?
Este constante hacerse, reconocerse por igual en las tradiciones
y en modelos originados en la industria cultural que nos lleva a
elevar al grado de fetiche el objeto funcional, esa incesante y
caótica producción de identidad entre ruinas nos conduce
a plantearnos la disyuntiva entre: pensar y organizar esta realidad,
para efectos de revitalizar una diferencia, ya no sustentada en
el "encuentro del hombre ancestral de América y la civilización
europea", sino en los elementos que anuncian o evidencian constantemente
la adopción de fragmentos de diversas culturas; o asumir
el anonimato y el desaliento que han sido el resultado de todos
los esfuerzos de la civilización occidental por homogeneizar
las sociedades, simplemente dejándonos conducir por la fuerza
ciega de los hechos.
Para llegar a formular propuestas concretas para tal disyuntiva,
hay que volver a la afirmación que ha sido constante durante
décadas: encontrar, definir una identidad nacional. Pero
no para reproducir indefinidamente el viejo debate, sino para ratificar
la imposibilidad actual de encontrar esa identidad ideal que nunca
existió y reivindicar la posibilidad de unirnos e identificarnos
en la diversidad.
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| ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD.
En: Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas
dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27. |
| TEMA:
La identidad, problema central de la cultura
pp. 16-18
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| La búsqueda de la identidad ha sido en América Latina
el problema de la cultura por excelencia. No es posible imaginarse
una identidad sin cultura que le corresponda y viceversa.
Dos hechos caracterizan al latinoamericano frente al problema de
la identidad:
a) su constante debilidad al afrontar la interacción
de culturas. Un temor a ser culturalmente invadidos, sin confrontarnos
a una dinámica originada en las sucesivas invasiones y
reexportada por nosotros con un rostro distinto. Todo esto en
el marco de una relación desigual y de dependencia que
alimenta la sospecha íntima de que no tenemos una "cultura"
que anteponer o confrontar con la que nos invade. Muy diferente,
en cambio, es el comportamiento de la cultura indígena
que para sobrevivir llegó incluso a mimetizarse en las
formas culturales del invasor.
b) Hemos caído en la simulación, en la "exaltación
retórica del mestizaje" que ha reivindicado en nosotros
incluso al hombre libre y puro anterior a 1492, a condición
de no hablar de un pasado reciente o de un presente por momentos
desconcertante, Una simulación que, proyectada a la historia,
ha sido la constante afirmación de nuestra identidad americana
-de lo que quisiéramos ser, lo que, de tanto repetirlo,
nos ha hecho pensar que ya somos- acompañada paradójicamente
de un ocultamiento de todos los intentos de rebelión a
lo largo de la historia.
La misión histórica de los pueblos que intentan quebrar
la dominación colonial, señalaba Franz Fanon, es la
de "ordenar todas las revueltas, todos los actos desesperados,
todas las tentativas abortadas o ahogadas en sangre". Y si
repensamos brevemente la historia aprendida corrientemente en nuestro
país, veremos que una de las revueltas ocurridas hasta 1809,
no incluyeron a la población indígena: las alcabalas
y los estancos. Nadie da cuenta de las sucesivas rebeliones indígenas.
Más aún, se ha intentado borrarlas de nuestra conciencia.
El hecho de pretender que vivimos una "historia única
y lineal de la cual han sido borradas todas las encrucijadas y discontinuidades",
ha llevado a construir una identidad ficticia, porque está
basada en un pasado artificialmente homogeneizado con el fin de
legitimar el presente: y, además, una identidad cerrada,
con escasa capacidad para modificarse de acuerdo a las innovaciones
del proceso social.
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| ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD.
En: Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas
dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.
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| TEMA:
Algunos momentos históricos de nuestro contradictorio mestizaje
pp. 18-21
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Para americanos y europeos el acontecimiento de 1942 fue
el encuentro con el "Otro", un encuentro que haría
que los españoles que llegaron a nuestro continente fueran
desde entonces distintos, al tiempo que los indígenas, dejaran
también de ser lo que fueron, y apareciera lentamente un tercer
protagonista: el mestizo. Desde entonces, se rompe toda homogeneidad
para ser, hasta hoy, heterogéneos. Para Europa, 1942 marca
lo que Todorov llama el resquebrajamiento del "yo" y el
encuentro con el "otro". Para América era difícil
esperar que no se truncara en gran medida un desarrollo cultural indígena
o se produjera un auténtico mestizaje a la sombra del colonialismo.
Desde entonces, esta divergencia dentro de la estructura social generaría
una equívoca concepción de cultura entre nosotros: la
élite "con" cultura y la plebe "inculta",
los ilustrados y los ignorantes, los refinados y los groseros. Tal
vez Eugenio Espejo es la mayor metáfora de este drama: la búsqueda
de una semejanza europea en constante contradicción con la
tendencia por ser americano. En Espejo, el desgarramiento mestizo
toma la forma del juego de las identidades
¿Quién
fue al fin?, ¿de dónde vino?. Un juego equívoco
que Espejo prolongó en su propia creación, suscribiendo
algunas de sus obras con seudónimos y provocando premeditadamente
la polémica entre los autores. El fingimiento fue en él
no sólo un modo de resolver su origen , sino de defender sus
ideas. La expresión intelectual de un viejo drama que ha marcado
la ambigüedad del mestizaje. Desde entonces se cumplía
aquello que se atrevió a formular más tarde Jorge Icaza
en su libro "Media vida deslumbrados": "Todo está
en luchar porque no asome el indio. No dejarle salir a la cara, a
la voz a los ojos, a la ropa, a la tierra en la cual uno vive, a todo
mismo. Llevarle como un pecado mortal en las entrañas".
Si se parte de las primeras escaramuzas republicanas, en las que
toda lucha política y la actividad intelectual y social se
redujeron a reubicarse en un nuevo contexto, viviríamos un
momento de búsqueda de nuestra identidad de cuyas características
podríamos destacar tres: a) los esfuerzos de la derecha política
por unificar el país -sobretodo bajo el régimen garciano-,
por "unirnos a la sombra de la tiranía, pero de unirnos
al fin, como una sola nación"; b) la preocupación
de la élite intelectual de la derecha, por dotarnos de una
identidad y una cultura nacionales recogiendo incluso las tradiciones
(Juan León Mera, Remigio Crespo Toral), y de la élite
contestataria (Juan Montalvo, Roberto Andrade) por canalizar una
ética del reconocimiento de nuestro país con los afanes
de la dominación; y c) el afán del descubrimiento
del paisaje y hombre ecuatorianos plasmado en la pintura del siglo
XIX. De allí se da un salto al movimiento intelectual de
los años 20 y 30 de nuestro siglo donde se entiende que "sin
recuperación literaria de los montubios que se van de la
cultura y problemas de la población negra de Esmeraldas,
del drama del cholerío y la cuestión indígena,
mal podía pensarse en cimentar las bases de una cultura nacional
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| ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD.
En: Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas
dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.
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| TEMA:
Desde la búsqueda de identidad, hacia la heterogeneidad
pp. 21-23
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La búsqueda de la identidad, está presente
en una "cotidiana renuencia" por aceptar la muerte definitiva
de la posibilidad de un modo de vida "otro", específico,
La encontramos reflejada desde la convivencia de elementos culturales
propios y ajenos a nivel de costumbres alimenticias, hasta en el combate
de los escritores con un lenguaje "prestado".
Sabemos que somos distintos. Tal vez no sabemos todavía
quiénes somos y cómo insertarnos en el diálogo
universal de culturas. Quizás en la aceptación de
la heterogeneidad cultural y la renuncia a querer homogeneizar al
país imponiendo por la fuerza un concepto de nación
única, encontrará el mestizo el camino de su reencuentro.
Ello nos coloca en la consideración de la vigencia de las
heterogeneidades y la posibilidad de la unidad en medio de la diversidad.
La reflexión sobre los distintos momentos de una búsqueda
de identidad nacional ha desembocado en el cuestionamiento sobre
la existencia de una cultura nacional única y por lo tanto
la inevitabilidad de la convivencia de distintas culturas, la inevitabilidad
de la diversidad. ¿Qué entender por heterogeneidad?
Hay que insitir en dos reflexiones:
a) La heterogeneidad cultural se distingue de aquella otra, fruto
de las desigualdades económicas y sociales. Con frecuencia
se ha querido identificar esa forma de heterogeneidad con cultura
popular, con lo que se ha creado una falsa contradicción
entre lo que se ha llamado "cultura de élites",
adjudicada a las clases dominantes.
b) Una segunda reflexión es aquella referida a la "tosudez"
de la heterogeneidad que persiste en ser una característica
universal pese a todos los esfuerzos por homogeneizar el mundo.
"Históricamente, el recelo frente a la heterogeneidad
como amenaza a la integración social, se extiende al campo
político. La democracia latinoamericana siempre ha estado
atravesada por una desconfianza de la pluralidad, en tanto cuestionamiento
indebido de la unidad nacional". Pero tales intentos, desde
la versión estatal, han fracasado. Todos los acontecimientos
últimos nos están ratificando en este sentido. El
fin de la guerra fría y la desaparición de grandes
fuerzas disuasivas en el mundo en favor de una hegemonía
ejercida por Estados Unidos, parecería encontrar una respuesta
en el resurgimiento de las reivindicaciones nacionales. En América
Latina, y particularmente en el mundo andino, la diversidad cultural
ha alcanzado en los últimos años una vigencia antes
nunca conocida, contagiando incluso a las esferas de un Estado que
siempre buscó la homogeneización nacional. En el Ecuador,
las dicaduras de los años 70 serían el último
intento más o menos sistemático de homogeneización.
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ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD. En:
Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas
dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.
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| TEMA:
Lo indígena: factor de diversidad
pp. 23-24
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Por debajo de la "tortuosa y confusa historia de las
identidades simuladas", de ese "popurri nacional",
sobrevivió una cultura indígena. Esto no significa que
nada ocurrió al interior de la cultura indígena y que,
por ende, es posible volver a ella en su versión primigenia.
Sería absurdo hablar de una conservación pura y unitaria
de ella, cuando la propia dinámica de toda cultura y la característica
de una cultura fuerte no es deshechar ni temer el contagio de otras,
más aún, si estamos hablando de una cultura que se fundó
en la oralidad y que no llegó a desarrollar una escritura capaz
de perennizar una memoria. Fueron las propias dubitaciones del mestizaje
las que ayudaron a la sobrevivencia cultural indígena, la que
a su vez, ha salpicado con frecuencia a la cultura de los mestizos.
Ante los tres procesos -expropiación, imposición
y eliminación- que definen la acción del colonizador
y, posteriormente, de su continuador, el mestizo, los pueblos indios
a nivel andino reaccionaron oponiendo tres iniciativas culturales
principales: los procesos de resistencia, inovación y expropiación.
A través de la resistencia cultural se pretende la conservación
del control sobre elementos culturales propios. La innovación,
es la creación autónoma de nuevos recursos naturales
(e incluso una nueva lectura de los coloniales). La apropiación
cultural permite adquirir control sobre elementos culturales originalmente
ajenos.
Estamos tal vez, en el caso indígena, frente a la emergencia
de una energía cultural que se ha sostenido en la conservación
de algunos de sus mejores "modos de comportamiento" y
que, convertida en formas coherentes y lúcidas de actuación,
cuenta con potencialidad incluso para organizar las respuestas de
los diversos sectores sociales no indígenas.
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ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD. En:
Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas
dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.
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| TEMA:
Cultura nacional: convertir el fracaso en nuevas utopías
pp. 24-26
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Al momento del análisis de la cultura, la relación
entre unidad y diversidad es, por lo general, un hecho aceptado. Incluso
para efectos de facilitar el análisis se ha formulado esa relación
en términos de "cultura hegemónica" (nacional)
y culturas subalternas. Con el riesgo de entenderla como la existencia
de culturas mayores, acabadas, maduras y otras menores, fragmentarias,
condenadas a ser asimiladas por las primeras. Sin embrago, incluso
ese análisis de culturas hegemónicas y subalternas tiende
a ser comprendido como estilos coexistentes de vida dentro de la totalidad
mayor y más heterogénea. Identidad y diversidad cultural
pueden no ser excluyentes y desechar la vieja tesis de que es imposible
progresar mientras no se elimine la heterogeneidad cultural. Por el
contrario, cualquier intento por forzar una unidad sin diversidad
necesariamente llevará a quienes lo intenten, a un régimen
de violencia y totalitarismo. En el caso nuestro, la colonización
española combinó la destrucción con el montaje
de su simbología por sobre la simbología indígena,
aceptando tácitamente que no era posible destruirla por la
violencia.
¿Cómo entender el funcionamiento de la diversidad
en el marco de la unidad?. Procediendo luego a "reducir esa
complejidad o diferenciación en procesos de identidad creciente,
de organización de intereses y de consenso para la transformación
y la emancipación de nuestras sociedades. Pero, ¿es
necesario pensar en este momento, cuando el mundo reconoce la vigencia
de la heterogeneidad cultural, cuando el flujo y el contacto cultural
alcanza dimensiones inusitadas y nosotros constatamos la diversidad
incluso fragmentaria en la que nos reconocemos, en la vigencia de
una cultura nacional? ¿No podemos de una vez por todas desterrar
la idea de homogeneidad cultural como elemento indispensable para
pensar en la unidad de un país cuando la cultura, como conjunto
de prácticas, existe independientemente de la nación?
Estos interrogantes permiten aventurar una hipótesis: Si
han fracasado los esfuerzos de unidad, tanto en los países
con un pasado colonial como en aquellos que han mantenido vivas
sus más profundas tradiciones, o en los posindustriales que
han buscado imponer una homogeneidad, la situación actual
es favorable para proyectar hacia el futuro una identidad sustentada
en la diversidad cultural y en la conjugación de nacionalidades
dentro de un mismo país. Renunciar, por tanto, a los esfuerzos
por ser una nación pretendidamente homogénea y monolingüe,
para ser una fértil confluencia de especificidades diversas.
Reafirmar, de ese modo, ya no como una impotencia sino como una
fuente de iniciativas y producciones nuevas, la controvertida existencia
de un mestizaje e incluso extraer de la diversidad cultural respuestas
inéditas de la crisis.
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| ECUADOR SIGLO XXI. DESVENTURAS DE UN SUEÑO DE IDENTIDAD.
En: Cultura, sociedad y crisis. La cultura en el Ecuador de las próximas
dos décadas. Quito, Proyecto CONADE/GTZ, 1992, pp. 15-27.
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