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POLITICA CULTURAL

AUTOR

Laura Baca Olamendi

TITULO

El diálogo democrático y la política de la cultura

 
EN

Ecuador Debate N° 39

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

CAAP, Quito, diciembre de 1996, pp. 167-174

 

RESUMEN:

Se realiza una aproximación de las posibles dimensiones de la relación entre política y cultura en la construcción democrática. El eje del discurso se centra en la reflexión en torno a tres posibilidades de entender esta relación: a) la cultura como extremadamente politizada (figura del intelectual "comprometido", b) la cultura como elemento neutro o apolítico (figura del intelectual "puro", y d) la propuesta de una "política de la cultura" (figura del intelectual mediador).

La "política de la cultura", se plantea como la posibilidad adecuada para promocionar valores y principios sin los cuales la democracia no podría sobrevivir: el diálogo, la moderación, la persuación y la tolerancia.

 

TEMA:

La democracia como punto de referencia

pp. 167-170


… La caída del Muro de Berlín, la guerra del Golfo Pérsico, las repercusiones de la reunificación alemana y la disgregación del imperio soviético, no sólo marcaron el final del comunismo histórico -entendido como un particular régimen político basado en una ideología que pretendía la emancipación humana-, sino que inauguraron una serie de tensiones económicas, políticas, sociales y culturales que han alterado los equilibrios tradicionales sobre los que se había cimentado el conjunto heterogéneo de las democracias occidentales. Nos enfrentamos a un horizonte en el que la democracia reina como la "mejor forma de gobierno". En efecto, es posible sostener que, muerto el antagonismo histórico que existió entre capitalismo y comunismo, los desequilibrios que han aparecido en la escena mundial constituyen los nuevos desafíos a los que habrá que dar respuesta al calor de las transformaciones producidas en diversos ámbitos: etnia-nación, público-privado, medio ambiente-desarrollo sustentable y ética-política, entre otros. En este contexto, una de las tensiones más importantes es "el choque entre civilizaciones" que se sintetiza en la afirmación de que la política mundial está entrando en una fase inédita en la cual las grandes divisiones que caracterizan a la humanidad en términos de religión, historia, lengua y tradición, han aumentado en profundidad y en importancia y que por esta razón el conflicto social en el futuro será sobretodo de tipo cultural. Los grandes desafíos que deberá enfrentar la moderna convivencia civil, en un ambiente de continuas fragmentaciones y de "conflictos entre culturas" solo podrán ser resueltos si se reconoce que la democracia continúa. Desde los años 80 se aceleró un proceso de convergencia entre las diferentes formas de organización política hacia una "cultura de la democracia" que asume como irrenunciables tanto los principios de la libertad entre individuos como iguales derechos como el método de la convivencia civil y tolerante. La fractura del "socialismo real" colocó en una situación de "soledad normativa" al régimen democrático el cual -con sus limitaciones e imperfecciones- resulta hoy por hoy la única opción para que el pluralismo se pueda desplegar en todos los órdenes. Un tema fundamental para el análisis del futuro de la democracia es el referido a las relaciones posibles entre política y cultura que se coloca como una tensión clave cuyas soluciones dependen de la construcción de la calidad democrática. En los equilibrios que sostiene el sistema democrático encontramos dos posibilidades: a) una situación "totalizante" que casi siempre ha estado acompañada por una cultura extremadamente politizada (figura del intelectual "comprometido), y b) la existencia de una cultura pretendidamente neutra o apolítica (figura del intelectual "puro"). La propuesta para superar estos extremos es la elaboración de una "política de la cultura", a través de la cual es posible la promoción de algunos de los valores y principios sin los cuales la democracia no podría sobrevivir: el diálogo, la moderación, la persuasión y la tolerancia.

& BACA OLAMENDI, Laura. EL DIALOGO DEMOCRATICO Y LA POLITICA DE LA CULTURA. Ecuador Debate N° 39, CAAP, Quito, 1996, pp. 167-174.

 

TEMA:

Libertad de la cultura y pensamiento laico

pp. 170-172


… El término "política de la cultura" surgió a mediados de los años 50 a la luz de un intercambio de ideas que vio como protagonistas a distintos intelectuales italianos como Norberto Bobbio, Bianchi Bandinelli, etc. quienes, por un lado discutieron el rol y los deberes de los intelectuales y, por otro, analizaron la relación que existe entre la libertad y la democracia. La "política de la democracia" fue considerada como aquella política que es llevada a cabo por el intelectual desde la cultura para defender los valores democráticos, más allá del ámbito de la política, a través del establecimiento del coloquio. Hacer referencia al diálogo significa reconocerle un papel privilegiado para convocar a los diferentes intelectuales en un intento por meter en discusión los diferentes proyectos políticos. La política de la cultura, constituye una propuesta de máxima apertura: denuncia la "política cerrada" y lucha para realizar las condiciones necesarias para la "libertad de la cultura".

De la "política de la cultura" deriva el "intelectual mediador" que representa a aquellos hombres de razón que consideran que el deber del intelectual no es establecer compromisos totales con ninguna ideología o estrategia política, sino que su principal compromiso consiste en defender los principios de la cultura que son, también, los principios de la convivencia civil.

Otra temática de debate estuvo referida a la función de la cultura en la democracia. La cultura se encuentra fuertemente ligada a las concepciones del mundo que sostienen determinados grupos en épocas históricas precisas. Bobbio afirma que la cultura tiene un significado muy particular que resalta principalmente su tarea crítica "como examinadora de dudas y como ejercicio constante de la razón en defensa de la libertad". Las ideas de forman y se transforman porque son un reflejo de la sociedad, la cual necesita siempre de la libertad y de la democracia para poder crecer y desarrollarse. En este sentido, llama la atención sobre la distinción entre cultura y política. La primera "se ocupa de observar, conocer y ser consciente de los problemas"; la segunda se ocupa "del hacer y del operar en la sociedad". Ambas poseen lógicas distintas. Pero, según Bobbio, "la cultura y la política no son incompatibles: depende de la política que se hace. Es incompatible la vida y el progreso de la cultura con un Estado autocrático. En cambio no es incompatible con una política liberadora o democrática".

En este sentido, el mundo de la cultura tiene exigencias, obligaciones y poderes de naturaleza política, que hacen posible que la cultura pueda ser considerada como un hecho político en sí mismo. Por otro lado, la cultura que no tiene ningún vínculo con la realidad social -porque es incomunicable- representa un tipo de cultura apolítica o pura.


BACA OLAMENDI, Laura. EL DIALOGO DEMOCRATICO Y LA POLITICA DE LA CULTURA. Ecuador Debate N° 39, CAAP, Quito, 1996, pp. 167-174.

La cultura es vista desde el ámbito de los "valores". Tema susceptible de cuestiona-mientos en tanto convoca la referencia a "valores" construidos desde la sociedad occidental.

 

TEMA:

La política de la cultura como mediación

pp. 172-174


… Las diferentes posiciones de un diálogo que reflejaba las tensiones de un mundo dividido en bloques también estuvieron referidas a la distinción de las diversas "figuras del intelectual" que se derivaron de su relación con el poder: el intelectual politizado, el intelectual puro y, finalmente, el intelectual mediador o filósofo militante, las cuales encarnan además una precisa responsabilidad en relación con el ejercicio del "espíritu crítico". El examen de las actitudes que pueden asumir los intelectuales debe tomar como punto de partida cuál ha sido su relación con el poder y en especial con la política. Para los intelectuales mediadores lo importante es ejercitar un espíritu de imparcialidad que, sin confundirlo con la neutralidad o el servilismo, pueda promover la libertad de la cultura. A partir de este presupuesto queda claro que también los hombres de cultura expresan las necesidades y los ideales de su tiempo y por esta razón es importante tratar de distinguir cuáles son las características de cada uno de ellos. El intelectual revolucionario no estableció ningún límite a su compromiso político ya que en algunas ocasiones defendió la "politicidad" o particidad de la cultura, propugnando por una cultura de partido que se contraponía frontalmente a una cultura sin compromiso con las causas revolucionarias. El intelectual puro o apolítico se niega a establecer cualquier vínculo con la política encerrándose en su "torre de marfil". Como alternativa a estas dos figuras el intelectual mediador afirma que si bien tiene un compromiso político , éste no es con los partidos o con el "Príncipe" sino con las causas civiles. Esta figura representaría al intelectual que propugna la democracia porque de frente a la falta de disponibilidad para entender las razones del otro, propone el establecimiento del "coloquio" sobre la base de asumir que la batalla por el diálogo es una batalla política por la democracia.

La promoción del diálogo y el mantenimiento del espíritu crítico son, pues, dos condiciones básicas que caracterizan a la cultura democrática. Es importante mencionar que la singularidad de estas figuras no es privativa de otras latitudes sino que también en la historia latinoamericana reciente podemos encontrar hombres de cultura que han adoptado actitudes similares. La pregunta más importante que podríamos formularnos en el actual contexto de crisis y transición, sería la relativa al tipo de función que los intelectuales podrían desempeñar cuando los esquemas tradicionales no sirven más para resolver los problemas de la convivencia civil y cuando el único recurso posible de frente a la violencia lo constituye el ejercicio del diálogo entre posiciones contrapuestas.


BACA OLAMENDI, Laura. EL DIALOGO DEMOCRATICO Y LA POLITICA DE LA CULTURA. Ecuador Debate N° 39, CAAP, Quito, 1996, pp. 167-174.