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CIUDADANIA

AUTOR

José Sánchez Parga

TITULO

Pueblo vs el ciudadano

 
EN

Ecuador Debate N° 41

 


EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

CAAP, Quito, agosto de 1997, pp. 55-61

 

RESUMEN:

A través de la revisión histórica del concepto de "pueblo" se pretende mostrar que dicha categoría tiene una carga de significación política que se presta a un uso equívoco por su ambivalente acepción política y sociológica.

Se profundiza en torno a la manera en que esta ambivalencia es compartida en el contexto de las sociedades actuales y su pertinencia social y política con el concepto de "ciudadanía". -

 

TEMA:

Historia política del concepto del pueblo y ciudadano

pp. 55-59


… El concepto hebreo de pueblo se utiliza primero en su acepción religiosa de "pueblo de Yahvé" en referencia a la identidad religiosa que adoptan las doce tribus de Israel a partir de su unificación por Moisés. Cuando a partir de su formación política los israelitas piden a Yahvé a través del profeta Samuel la instauración de una monarquía, ya que quieren tener un "rey" al igual que las otras "naciones" o "pueblos"; el profeta Samuel recoge la reacción contraria de Yahvé ante esta pretensión del "pueblo", ya que: a) nunca antes los hebreos habían necesitado de reyes, b) el mismo Yahvé había sido el único rey de Israel, c) los reyes no harían más que dominar y explotar a Israel. De otra manera la idea de "pueblo de Israel" deja de tener una acepción religiosa para adoptar un carácter político, contrario a su tradición religiosa para legitimar su nueva concepción "nacional-estatal", al igual que los otros "pueblos-nación".

Estos precedentes bíblicos y hebreos tendrán una gran influencia futura sobretodo en la Edad Media, cuando la Iglesia y el Cristianismo se instituya como "reino de Dios y pueblo e Dios", combinando la dimensión sociopolítica y religiosa. En Atenas el concepto de "pueblo" aparece en la tragedia de Esquilo "Las implicantes" con una acepción política en la expresión "democracia", que designaba en mandato del pueblo para conceder asilo a las suplicantes fugitivas.

El concepto de "democracia" no significa propiamente el "gobierno" o "poder" del pueblo, sino más bien el principio o fundamento de legitimación de todo poder y gobierno. En este sentido el concepto de "pueblo" no hace referencia el pueblo en términos sociológicos, lo que en griego está designando por la idea de "masa", equivalente a la idea latina de plebe, sino a la actuación política de todos los ciudadanos en un ejercicio de gobierno.

Por esta razón, la idea de democracia es análoga a la de "aristocracia" que tampoco hacía referencia a un determinado grupo o sector de la sociedad, sino más bien a otro principio de gobierno, el de "loe mejores", que no tenía entonces connotación sociológica y de clase como ocurriría posteriormente.

Esto explica la diferencia entre a) la idea de democracia y aristocracia, y b) la ideas de monarquía y oligarquía, los cuales más que significar un principio político o de gobierno, se referían de manera precisa a las formas de ejercicio de poder, ya fuera detentado por una sola persona u organismo (monarquía) o por unos pocos (oligarquía). *…


SANCHEZ PARGA, José. EL PUEBLO VS EL CIUDADANO. Ecuador Debate N° 41, CAAP, Quito, 1997, pp. 55-61.

 

TEMA:

Historia política del concepto del pueblo y ciudadano

pp. 55-59


… Pero lo que es decisivo en la institución de la democracia ateniense es la idea de "ciudadano" y el concepto de "ciudadanía" en cuanto sujeto de derechos políticos, civiles y sociales. La distinción entre ciudadano (polites) y pueblo (demos) es clara en el contexto democrático de la antigua Atenas: el "ciudadano" expresa la democracia o carácter individual del ejercicio de los derechos y su participación política, siendo esta participación política la que funda los derechos civiles y sociales de cada ciudadano; el "pueblo" es el espacio colectivo del poder y el que legitima democráticamente "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". No es casual que la declaración encontrada en una antigua stela ateniense, "nosotros la ciudad" coincida con el enunciado titular de la Constitución norteamericana, "we the people" (nosotros el pueblo), resaltando ambos la particularidad plural de los ciudadanos en el colectivo político de pueblo-ciudad (Estado).

En la antigua república de Roma se encuentra la misma distinción entre el concepto político de "pueblo" y el más sociológico de "plebe": aquel no sólo engloba éste políticamente sino que atraviesa todas las otras clases ciudadanas. De ahí que en toda legislación y acción de gobierno se exprese legitimadas la fórmula "Senado y pueblo romanos".

Como la idea medieval de convivencia respondía más al concepto de comunidad que al de sociedad, no había cabida para una concepción del hombre en cuanto ciudadano. En el pensamiento político moderno se opone una diferencia entre la corriente anglosajona, para la cual la idea de "pueblo" no sólo tiene una acepción más civil que política sino que además es un sustantivo plural, al significar todos y cada uno de los ciudadanos individualmente, y la corriente más republicana o romántica consagrada por la Revolución Francesa que resalta el carácter político y colectivo del "pueblo" en cuanto fundamento de la soberanía.

Una acepción más diferente y particular tiene el concepto de "pueblo" en el pensamiento político alemán, cuya connotación cultural se encuentra reforzada por la identificación de Estado nación. Ellen Mekson Woods definió dos corrientes interpretativas del concepto de "pueblo" y su relación con el Estado-poder-gobernante : "Mientras que Bodín subordinaba la particularidad del pueblo a la presunta universalidad del gobernante, Rousseau subordinó la particularidad del gobernante a la universalidad del pueblo". En el pensamiento político hegeliano alemán se operaría una síntesis entre el particularismo del pueblo en la universalidad del Estado y la particularidad del estado en la universalidad del pueblo. *…


SANCHEZ PARGA, José. EL PUEBLO VS EL CIUDADANO. Ecuador Debate N° 41, CAAP, Quito, 1997, pp. 55-61.

 

TEMA:

Historia política del concepto del pueblo y ciudadano

pp. 55-59


En América Latina el concepto de "pueblo" y "popular" amalgama significaciones políticas, asociadas a las diferentes formas que adoptaron las luchas de liberación nacionales y también sociológicas. A partir de los años 70 la noción de pueblo y de popular se sobrepone como más pertinente a la de "clases"; y posteriormente en la década de los 80 la idea de "movimientos populares" recubre y segmenta de manera imprecisa la noción de "movimientos sociales". Por ello, nada tiene de extraño, según la crítica de Touraine, que los movimientos sociales en América Latina adopten una connotación más política que social. Esto mismo hace que los conceptos de pueblo y de popular segmenten de manera equívoca tanto un significado político como un significado sociológico, lo que converge a su vez en la misma ambivalente valoración de los llamados "populismos". En este contexto ideológico-político resulta obvio que la noción de ciudadanía y que las representaciones y valoraciones asociadas al concepto de ciudadanía no tengan una tradición en el pensamiento latinoamericano. La diversa gama de usos del concepto de "popular" (cultura popular, educación popular, economía popular) recubren siempre una acepción sociológica con un implícito y marcado significado clasista en oposición a "burguesía". Dentro de dicha acepción se trató de recuperar un sentido político , que de alguna manera recuperara la idea de "lucha de clases" en cuya sustitución lo popular ocupaba el lugar del proletariado. Así se definió lo popular como el conjunto de clases, sectores de clases y grupos que sin ser antagonistas se constituían en alianza entre sí y al mismo tiempo en antagonismo con las clases, sectores y grupos dominantes. En este mismo contexto ideológico no es casual que el concepto de "masas" haya sido objeto de teorizaciones psico-sociológicas en aquellas tradiciones intelectuales y políticas que más bien reservaron al concepto de pueblo un significado más político: tal fue el aporte de la psicosociología de las masas de G. Le Bon (1895) y Rouquette (1944) quien no sólo distingue "pueblo" de "masa" sino también ésta en cuanto producto de la mass-media, de la "turba" o multitud, que sería una masa sin forma. Para A. Touraine, en América Latina "la nación es el espacio de los ciudadanos, la masa es el modo de existencia de los excluidos y el pueblo, es la imagen mítica de la reunificación de la sociedad", y por tal razón el pueblo no es un actor social real: "la noción de pueblo no corresponde a la realidad de una sociedad dividida entre privilegiados, ciudadanos y excluidos y más bien define el máximo de conciencia y de acción posibles en una situación, en donde sólo una minoría está definida por suposición en las relaciones sociales de producción.. pero esta subjetividad de clase popular difícilmente se transforma en una conciencia elaborada de las relaciones sociales…. Por eso, la interpelación al pueblo, para muchos políticos, la definido un tipo de participación política que no es muy distante de la política de masas, es decir, de la ausencia de formación de actores sociales.."




& SANCHEZ PARGA, José. EL PUEBLO VS EL CIUDADANO. Ecuador Debate N° 41, CAAP, Quito, 1997, pp. 55-61.

- El pueblo, desde un nivel político, es definido como parte integrante de la cultura de masas.

 

TEMA:

Construcción y desconstrucción de ciudadanía

pp. 59-61


… En el transcurso de las dos últimas décadas han sido diversos los procesos y diferentes los factores que han contribuido, por una parte, a relegar el paradigma de "pueblo" y "popular" para interpretar los fenómenos sociopolíticos en nuestros países, y por otra parte, a poner más bien de relieve la pertinencia del concepto de "ciudadanía" y "ciudadano".

En primer lugar las transiciones democráticas tanto como las consolidaciones de la democracia con todos sus límites, sociales y políticos han conferido a los ciudadanos una actuación a la vez más relevante en los escenarios nacionales. Los gobiernos democráticos han iniciado un lento proceso de democratizaciones sociales haciendo que los derechos ciudadanos, derechos civiles, políticos y sociales, junto con mayores garantías para su ejercicio, se convirtieran en la condición y fundamento de la convivencia social. La actuación de derechos y obligaciones recíprocas supone no sólo el establecimiento de pleno de la ciudadanía. La misma democracia, feudataria de una tradición liberal ha contribuido a desarrollar un individualismo que ha servido tanto de soporte como de influencia para profundizar una conciencia de ciudadanía y de las mismas libertades cívicas. Esta ampliación de "la libertad de los modernos", la libertad de cada ciudadano respecto del Estado y de la sociedad en su conjunto, se ha encontrado incentivada por la ideología neoliberal, la cual tiende a privilegiar la esfera privada.

Esta contribución de ciudadanías sólo es posible en un contexto democrático y en la medida que lo ciudadano se impone y llega a abolir las nociones de pueblo y de lo popular como figuras del colectivo nacional, los cuales pierden competencias teóricas y prácticas en la medida que avanza el proceso de democratización. "Extremando el argumento osaría decir que lo popular es ajeno a la noción moderna de democracia" (Regis de Castro). La construcción de ciudadanía es sin embargo un proceso largo y difícil, una experiencia paradógica de tiempos mixtos e incluso de procesos truncos, donde las reivindicaciones por una ampliación de los derechos, las libertades y una mayor participación se combinan con condiciones no sólo de ciudadanías inacabadas sino también de procesos opuestos de desconstrucción. No siempre necesariamente el ejercicio de derechos políticos corresponden a una participación ciudadana en la política, ni tampoco aquellas suponen igualdad de condiciones en una sociedad para ejercicio de los derechos de todos los ciudadanos. Más aún, el ejercicio de los derechos civiles y políticos puede encontrarse cada vez más constreñido y conflictuado en la medida que los ya limitados derechos sociales se precaricen progresivamente, traduciendo una creciente marginalidad en una correspondiente desciudadanización de amplios sectores de la sociedad. *…



SANCHEZ PARGA, José. EL PUEBLO VS EL CIUDADANO. Ecuador Debate N° 41, CAAP, Quito, 1997, pp. 55-61.

 

TEMA:

Construcción y desconstrucción de ciudadanía

pp. 59-61


… En los procesos de consolidación democrática, donde contra lo que se podía esperar la pobreza absoluta ha aumentado considerablemente en relación a la pobreza relativa, asistimos a un sensible acercamiento entre las posiciones neoliberales y las posiciones socialdemócratas en lo que se refiere a las necesidades sociales de la población, al distanciarse ambas de la problemática fundamental de los derechos sociales de los ciudadanos. Aunque la ideología neoliberal, conducida por pensadores como Hayek y Friedman plantea ciertos límites a las "desigualdades aceptables", otros como Rawis y Dworkin aceptan ciertos límites a las "igualdades deseables". Mientras que los primeros hacen concesiones, admitiendo la justificación de un subsidio mínimo de sobrevivencia para los sectores particularmente más necesitados, las tendencias inclinadas hacia el punto de vista socialdemócrata hacen igualmente concesiones al aceptar las reducciones referidas a lograr igualdades debido a consideraciones relativas a los intereses económicos del crecimiento. Así, unos defienden la desigualdad inevitable (y deseable), pero con un mínimo de garantías de sobrevivencia, mientras que los otros se baten por una igualdad aunque con un mínimo posible de desinterés. Lo que resulta de estas dos tendencias y de estas dos situaciones es que , de una parte, tanto la desigualdad aceptable como la igualdad deseable y el establecimiento de umbrales mínimos para ambos casos corren a cargo del Estado; y por otra parte, esta infrapolitización del problema no puede rebasar las políticas y programas del Estado, evitando así que la "cuestión social" no politice la sociedad. En este sentido, esta "cuestión social" queda sociológicamente despolitizada y se excluye el planteamiento del ejercicio de derechos sociales, obstruyéndose así la cuestión de una eventual "ciudadanía social".

En los países andinos el Estado ha sido menos el resultado del desarrollo de la sociedad que el principal productor de sociedad y simultáneamente productor de ciudadanía, y lo mismo cabría decir de la democracia en tanto productora de la sociedad civil y de derechos ciudadanos.

Si esto sigue siendo verdad, y si tanto el Estado como la democracia siguen siendo necesarios para completar estas tareas, habría que preguntarse si la democracia en nuestros países quedará limitada a producir una sociedad sin ciudadanías, de la misma manera que el Estado continúa produciendo nacionalismos sin libertades y una soberanía abstracta sin derechos ciudadanos concretos, cuando en realidad debería comenzar por estos. Por estas razones ha llegado quizá el momento de invertir o al menos "compensar" el movimiento desde arriba impulsado ahora por un movimiento desde abajo, y reconstruir el Estado y la democracia a partir de la misma sociedad civil y de los derechos civiles, políticos y sociales.




SANCHEZ PARGA, José. EL PUEBLO VS EL CIUDADANO. Ecuador Debate N° 41, CAAP, Quito, 1997, pp. 55-61.