|
| RESUMEN:
A través de la revisión histórica del concepto
de "pueblo" se pretende mostrar que dicha categoría
tiene una carga de significación política que se presta
a un uso equívoco por su ambivalente acepción política
y sociológica.
Se profundiza en torno a la manera en que esta ambivalencia es
compartida en el contexto de las sociedades actuales y su pertinencia
social y política con el concepto de "ciudadanía".
-
|
| TEMA:
Historia política del concepto del pueblo y ciudadano
pp. 55-59
|
|
El concepto hebreo de pueblo se utiliza primero en su acepción
religiosa de "pueblo de Yahvé" en referencia a la
identidad religiosa que adoptan las doce tribus de Israel a partir
de su unificación por Moisés. Cuando a partir de su
formación política los israelitas piden a Yahvé
a través del profeta Samuel la instauración de una monarquía,
ya que quieren tener un "rey" al igual que las otras "naciones"
o "pueblos"; el profeta Samuel recoge la reacción
contraria de Yahvé ante esta pretensión del "pueblo",
ya que: a) nunca antes los hebreos habían necesitado de reyes,
b) el mismo Yahvé había sido el único rey de
Israel, c) los reyes no harían más que dominar y explotar
a Israel. De otra manera la idea de "pueblo de Israel" deja
de tener una acepción religiosa para adoptar un carácter
político, contrario a su tradición religiosa para legitimar
su nueva concepción "nacional-estatal", al igual
que los otros "pueblos-nación".
Estos precedentes bíblicos y hebreos tendrán una
gran influencia futura sobretodo en la Edad Media, cuando la Iglesia
y el Cristianismo se instituya como "reino de Dios y pueblo
e Dios", combinando la dimensión sociopolítica
y religiosa. En Atenas el concepto de "pueblo" aparece
en la tragedia de Esquilo "Las implicantes" con una acepción
política en la expresión "democracia", que
designaba en mandato del pueblo para conceder asilo a las suplicantes
fugitivas.
El concepto de "democracia" no significa propiamente
el "gobierno" o "poder" del pueblo, sino más
bien el principio o fundamento de legitimación de todo poder
y gobierno. En este sentido el concepto de "pueblo" no
hace referencia el pueblo en términos sociológicos,
lo que en griego está designando por la idea de "masa",
equivalente a la idea latina de plebe, sino a la actuación
política de todos los ciudadanos en un ejercicio de gobierno.
Por esta razón, la idea de democracia es análoga
a la de "aristocracia" que tampoco hacía referencia
a un determinado grupo o sector de la sociedad, sino más
bien a otro principio de gobierno, el de "loe mejores",
que no tenía entonces connotación sociológica
y de clase como ocurriría posteriormente.
Esto explica la diferencia entre a) la idea de democracia y aristocracia,
y b) la ideas de monarquía y oligarquía, los cuales
más que significar un principio político o de gobierno,
se referían de manera precisa a las formas de ejercicio de
poder, ya fuera detentado por una sola persona u organismo (monarquía)
o por unos pocos (oligarquía). *
|
| SANCHEZ PARGA, José. EL PUEBLO VS EL CIUDADANO. Ecuador Debate
N° 41, CAAP, Quito, 1997, pp. 55-61.
|
| TEMA:
Historia política del concepto del pueblo y ciudadano
pp. 55-59
|
|
Pero lo que es decisivo en la institución de la democracia
ateniense es la idea de "ciudadano" y el concepto de "ciudadanía"
en cuanto sujeto de derechos políticos, civiles y sociales.
La distinción entre ciudadano (polites) y pueblo (demos) es
clara en el contexto democrático de la antigua Atenas: el "ciudadano"
expresa la democracia o carácter individual del ejercicio de
los derechos y su participación política, siendo esta
participación política la que funda los derechos civiles
y sociales de cada ciudadano; el "pueblo" es el espacio
colectivo del poder y el que legitima democráticamente "el
gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". No es casual
que la declaración encontrada en una antigua stela ateniense,
"nosotros la ciudad" coincida con el enunciado titular de
la Constitución norteamericana, "we the people" (nosotros
el pueblo), resaltando ambos la particularidad plural de los ciudadanos
en el colectivo político de pueblo-ciudad (Estado).
En la antigua república de Roma se encuentra la misma distinción
entre el concepto político de "pueblo" y el más
sociológico de "plebe": aquel no sólo engloba
éste políticamente sino que atraviesa todas las otras
clases ciudadanas. De ahí que en toda legislación
y acción de gobierno se exprese legitimadas la fórmula
"Senado y pueblo romanos".
Como la idea medieval de convivencia respondía más
al concepto de comunidad que al de sociedad, no había cabida
para una concepción del hombre en cuanto ciudadano. En el
pensamiento político moderno se opone una diferencia entre
la corriente anglosajona, para la cual la idea de "pueblo"
no sólo tiene una acepción más civil que política
sino que además es un sustantivo plural, al significar todos
y cada uno de los ciudadanos individualmente, y la corriente más
republicana o romántica consagrada por la Revolución
Francesa que resalta el carácter político y colectivo
del "pueblo" en cuanto fundamento de la soberanía.
Una acepción más diferente y particular tiene el
concepto de "pueblo" en el pensamiento político
alemán, cuya connotación cultural se encuentra reforzada
por la identificación de Estado nación. Ellen Mekson
Woods definió dos corrientes interpretativas del concepto
de "pueblo" y su relación con el Estado-poder-gobernante
: "Mientras que Bodín subordinaba la particularidad
del pueblo a la presunta universalidad del gobernante, Rousseau
subordinó la particularidad del gobernante a la universalidad
del pueblo". En el pensamiento político hegeliano alemán
se operaría una síntesis entre el particularismo del
pueblo en la universalidad del Estado y la particularidad del estado
en la universalidad del pueblo. *
|
| SANCHEZ PARGA, José. EL PUEBLO VS EL CIUDADANO. Ecuador
Debate N° 41, CAAP, Quito, 1997, pp. 55-61. |
| TEMA:
Historia política del concepto del pueblo y ciudadano
pp. 55-59
|
En América Latina el concepto de "pueblo" y "popular"
amalgama significaciones políticas, asociadas a las diferentes
formas que adoptaron las luchas de liberación nacionales y
también sociológicas. A partir de los años 70
la noción de pueblo y de popular se sobrepone como más
pertinente a la de "clases"; y posteriormente en la década
de los 80 la idea de "movimientos populares" recubre y segmenta
de manera imprecisa la noción de "movimientos sociales".
Por ello, nada tiene de extraño, según la crítica
de Touraine, que los movimientos sociales en América Latina
adopten una connotación más política que social.
Esto mismo hace que los conceptos de pueblo y de popular segmenten
de manera equívoca tanto un significado político como
un significado sociológico, lo que converge a su vez en la
misma ambivalente valoración de los llamados "populismos".
En este contexto ideológico-político resulta obvio que
la noción de ciudadanía y que las representaciones y
valoraciones asociadas al concepto de ciudadanía no tengan
una tradición en el pensamiento latinoamericano. La diversa
gama de usos del concepto de "popular" (cultura popular,
educación popular, economía popular) recubren siempre
una acepción sociológica con un implícito y marcado
significado clasista en oposición a "burguesía".
Dentro de dicha acepción se trató de recuperar un sentido
político , que de alguna manera recuperara la idea de "lucha
de clases" en cuya sustitución lo popular ocupaba el lugar
del proletariado. Así se definió lo popular como el
conjunto de clases, sectores de clases y grupos que sin ser antagonistas
se constituían en alianza entre sí y al mismo tiempo
en antagonismo con las clases, sectores y grupos dominantes. En este
mismo contexto ideológico no es casual que el concepto de "masas"
haya sido objeto de teorizaciones psico-sociológicas en aquellas
tradiciones intelectuales y políticas que más bien reservaron
al concepto de pueblo un significado más político: tal
fue el aporte de la psicosociología de las masas de G. Le Bon
(1895) y Rouquette (1944) quien no sólo distingue "pueblo"
de "masa" sino también ésta en cuanto producto
de la mass-media, de la "turba" o multitud, que sería
una masa sin forma. Para A. Touraine, en América Latina "la
nación es el espacio de los ciudadanos, la masa es el modo
de existencia de los excluidos y el pueblo, es la imagen mítica
de la reunificación de la sociedad", y por tal razón
el pueblo no es un actor social real: "la noción de pueblo
no corresponde a la realidad de una sociedad dividida entre privilegiados,
ciudadanos y excluidos y más bien define el máximo de
conciencia y de acción posibles en una situación, en
donde sólo una minoría está definida por suposición
en las relaciones sociales de producción.. pero esta subjetividad
de clase popular difícilmente se transforma en una conciencia
elaborada de las relaciones sociales
. Por eso, la interpelación
al pueblo, para muchos políticos, la definido un tipo de participación
política que no es muy distante de la política de masas,
es decir, de la ausencia de formación de actores sociales.."
|
& SANCHEZ PARGA, José. EL PUEBLO VS EL CIUDADANO. Ecuador
Debate N° 41, CAAP, Quito, 1997, pp. 55-61.
- El pueblo, desde un nivel político, es definido como parte
integrante de la cultura de masas. |
| TEMA:
Construcción y desconstrucción de ciudadanía
pp. 59-61
|
|
En el transcurso de las dos últimas décadas
han sido diversos los procesos y diferentes los factores que han contribuido,
por una parte, a relegar el paradigma de "pueblo" y "popular"
para interpretar los fenómenos sociopolíticos en nuestros
países, y por otra parte, a poner más bien de relieve
la pertinencia del concepto de "ciudadanía" y "ciudadano".
En primer lugar las transiciones democráticas tanto como
las consolidaciones de la democracia con todos sus límites,
sociales y políticos han conferido a los ciudadanos una actuación
a la vez más relevante en los escenarios nacionales. Los
gobiernos democráticos han iniciado un lento proceso de democratizaciones
sociales haciendo que los derechos ciudadanos, derechos civiles,
políticos y sociales, junto con mayores garantías
para su ejercicio, se convirtieran en la condición y fundamento
de la convivencia social. La actuación de derechos y obligaciones
recíprocas supone no sólo el establecimiento de pleno
de la ciudadanía. La misma democracia, feudataria de una
tradición liberal ha contribuido a desarrollar un individualismo
que ha servido tanto de soporte como de influencia para profundizar
una conciencia de ciudadanía y de las mismas libertades cívicas.
Esta ampliación de "la libertad de los modernos",
la libertad de cada ciudadano respecto del Estado y de la sociedad
en su conjunto, se ha encontrado incentivada por la ideología
neoliberal, la cual tiende a privilegiar la esfera privada.
Esta contribución de ciudadanías sólo es posible
en un contexto democrático y en la medida que lo ciudadano
se impone y llega a abolir las nociones de pueblo y de lo popular
como figuras del colectivo nacional, los cuales pierden competencias
teóricas y prácticas en la medida que avanza el proceso
de democratización. "Extremando el argumento osaría
decir que lo popular es ajeno a la noción moderna de democracia"
(Regis de Castro). La construcción de ciudadanía es
sin embargo un proceso largo y difícil, una experiencia paradógica
de tiempos mixtos e incluso de procesos truncos, donde las reivindicaciones
por una ampliación de los derechos, las libertades y una
mayor participación se combinan con condiciones no sólo
de ciudadanías inacabadas sino también de procesos
opuestos de desconstrucción. No siempre necesariamente el
ejercicio de derechos políticos corresponden a una participación
ciudadana en la política, ni tampoco aquellas suponen igualdad
de condiciones en una sociedad para ejercicio de los derechos de
todos los ciudadanos. Más aún, el ejercicio de los
derechos civiles y políticos puede encontrarse cada vez más
constreñido y conflictuado en la medida que los ya limitados
derechos sociales se precaricen progresivamente, traduciendo una
creciente marginalidad en una correspondiente desciudadanización
de amplios sectores de la sociedad. *
|
| SANCHEZ PARGA, José. EL PUEBLO VS EL CIUDADANO. Ecuador
Debate N° 41, CAAP, Quito, 1997, pp. 55-61. |
| TEMA:
Construcción y desconstrucción de ciudadanía
pp. 59-61
|
|
En los procesos de consolidación democrática,
donde contra lo que se podía esperar la pobreza absoluta ha
aumentado considerablemente en relación a la pobreza relativa,
asistimos a un sensible acercamiento entre las posiciones neoliberales
y las posiciones socialdemócratas en lo que se refiere a las
necesidades sociales de la población, al distanciarse ambas
de la problemática fundamental de los derechos sociales de
los ciudadanos. Aunque la ideología neoliberal, conducida por
pensadores como Hayek y Friedman plantea ciertos límites a
las "desigualdades aceptables", otros como Rawis y Dworkin
aceptan ciertos límites a las "igualdades deseables".
Mientras que los primeros hacen concesiones, admitiendo la justificación
de un subsidio mínimo de sobrevivencia para los sectores particularmente
más necesitados, las tendencias inclinadas hacia el punto de
vista socialdemócrata hacen igualmente concesiones al aceptar
las reducciones referidas a lograr igualdades debido a consideraciones
relativas a los intereses económicos del crecimiento. Así,
unos defienden la desigualdad inevitable (y deseable), pero con un
mínimo de garantías de sobrevivencia, mientras que los
otros se baten por una igualdad aunque con un mínimo posible
de desinterés. Lo que resulta de estas dos tendencias y de
estas dos situaciones es que , de una parte, tanto la desigualdad
aceptable como la igualdad deseable y el establecimiento de umbrales
mínimos para ambos casos corren a cargo del Estado; y por otra
parte, esta infrapolitización del problema no puede rebasar
las políticas y programas del Estado, evitando así que
la "cuestión social" no politice la sociedad. En
este sentido, esta "cuestión social" queda sociológicamente
despolitizada y se excluye el planteamiento del ejercicio de derechos
sociales, obstruyéndose así la cuestión de una
eventual "ciudadanía social".
En los países andinos el Estado ha sido menos el resultado
del desarrollo de la sociedad que el principal productor de sociedad
y simultáneamente productor de ciudadanía, y lo mismo
cabría decir de la democracia en tanto productora de la sociedad
civil y de derechos ciudadanos.
Si esto sigue siendo verdad, y si tanto el Estado como la democracia
siguen siendo necesarios para completar estas tareas, habría
que preguntarse si la democracia en nuestros países quedará
limitada a producir una sociedad sin ciudadanías, de la misma
manera que el Estado continúa produciendo nacionalismos sin
libertades y una soberanía abstracta sin derechos ciudadanos
concretos, cuando en realidad debería comenzar por estos.
Por estas razones ha llegado quizá el momento de invertir
o al menos "compensar" el movimiento desde arriba impulsado
ahora por un movimiento desde abajo, y reconstruir el Estado y la
democracia a partir de la misma sociedad civil y de los derechos
civiles, políticos y sociales.
|
SANCHEZ PARGA, José. EL PUEBLO VS EL CIUDADANO. Ecuador Debate
N° 41, CAAP, Quito, 1997, pp. 55-61.
|
|