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| RESUMEN:
Analiza los "instrumentos de análisis" a través
de los cuales podemos acercarnos a comprender cómo un grupo
social construye la identidad urbana, es decir: la cosmovisión,
la memoria colectiva y la ritualidad. Se conciben estos conceptos
como los mecanismos mediante los cuales se reproduce la experiencia
de pertenecer a la urbe, a nivel contemporáneo.
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| TEMA:
Identidad urbana y cosmovisión
pp. 57-63
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La identidad urbana nos enfrenta a un problema teórico-metodológico
que nos obliga a profundizar en aquellos instrumentos de análisis
a través de los cuales podemos acercarnos a comprender cómo
un grupo social construye un tipo de identidad particular, en este
caso, urbana. La construcción identitaria urbana puede analizarse
desde tres conceptos: la cosmovisión, la memoria colectiva
y la religiosidad. Estos conceptos permiten profundizar en los mecanismos
mediante los cuales se reproduce la experiencia de pertenecer a la
urbe, a nivel contemporáneo.
Cuando se ha trabajado el concepto de cosmovisión, se hace
referencia a una forma de ver y de estar en el mundo de grupos sociales
restringidos a una etnia específica, organizados en comunidades
pequeñas y con una relación histórica más
o menos nítida con culturas prehispánicas. Pero ¿qué
sucede cuando pretendemos comprender cómo mira y ordena el
mundo un grupo social mestizo inmerso en acelerados procesos de
modernización? Hay autores que consideran que no hay un corpus
de concepciones del mundo lo suficientemente ordenadas y coherentes
como para pensar que sus integrantes puedan integrar una "visión
del mundo" particular. Sin embargo, la vivencia empírica
de las urbes nos dan indicios diferentes. Frente a los procesos
de globalización y modernización, hay una fuerte tendencia
a la distinción y al reconocimiento de la diferencia social
entre los diversos grupos que habitan en ellas. Esto se da no sólo
en términos de clases sociales, sino fundamentalmente, de
prácticas culturales.
Es cierto que en el mundo moderno es difícil pensar en una
única y homogénea visión del mundo; la mayor
parte de las acciones cotidianas transcurren en la "inmediatez
de las prácticas"; en el adormecimiento de la reflexión.
Pero ello no implica la inexistencia de una cierta unidad cultural
que guía y da sentido a sus acciones. "La base de la
cosmovisión no es producto de la especulación, sino
de las relaciones práctcas y cotidianas; se va construyendo
a partir de determinada percepción del mundo, condicionada
por una tradición que guía el actuar humano en la
sociedad y en la naturaleza". Este marco coherente que llamamos
cosmovisión (no exclusivo de los grupos étnicos) representa
el ancla o la estructura básica que facilita la incorporación
de lo moderno y lo urbano. No porque la cosmovisión implique
un encuadre cultural coherente, ello significa que en la vida social
no estén presentes lo incoherente, lo contradictorio y lo
ilógico. "Estos componentes incoherentes de la cosmovisión
son importantes como hechos históricos, pero sólo
será posible identificarlos si se parte del reconocimiento
del núcleo de coherencia que los rigen". Esta tensión
entre coherencia/incoherencia es lo que gesta las transformaciones
sociales y es a partir de éstas que se construye la identidad
urbana.
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| PORTAL, María Ana. LA CUESTION DE LA IDENTIDAD URBANA: UNA
REFLEXION TEORICA. Boletín de Antropología Americana
N° 27. México, julio de 1993, pp. 57-73.
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| TEMA:
Identidad urbana y cosmovisión
pp. 57-63
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La identidad de un grupo urbano, al igual que cualquier otro
grupo social, se construye necesariamente a partir de una forma de
mirar el mundo (es decir, de una cosmovisión particular) y
de experimentarlo. Esta mirada cultural básica y coherente
se constituye en una estructura que posibilita la explicación
del entorno, en la medida en que ella se articula el pasado (significativo)
el cual se organiza como parte del marco ideológico de explicación
del hoy. El pasado que se recuerda y se significa puede ser reciente
o ancestral; inventado o construido desde una experiencia histórica
registrada y validada. Esto dependerá de la composición
social e histórica del grupo en cuestión. La manera
específica en que cada grupo social construye ese pasado, y
la especificidad del "lugar desde donde" crea sus referentes,
generan puntos significativos a partir de los cuales se distinguen
los diversos grupos urbanos. Así la cosmovisión no se
define únicamente por un tipo específico de contenido
cultural, sino por las concepciones de tiempo/espacio que organizan
tanto los conceptos como las prácticas de un grupo particular.
Dicho proceso se hace posible en la medida en que la identidad se
recrea en un continuo movimiento que va de la diferenciación
-o la particularidad de los sujetos- a la indiferenciación
-o integración con el todo- Los procesos identitarios se edifican
a partir de la forma particular en que se estructuran tiempos, espacios
y con ello, las relaciones socioculturales, estructurado a partir
de una forma de ver, comprender, de ser y actuar en el mundo.
Daniel Bell y Marc Augé, plantean desde perspectivas diferentes,
que los movimientos sociales que han traído la modernidad
requieren ser comprendidos desde una nueva concepción lógica
de espacio y de tiempo, en el entendido de que estos dos parámetros
culturales representan un problema central para comprender la cultura
contemporánea. Augé observa tres tendencias que definen
a la modernidad y conllevan implicaciones en la construcción
de la identidad urbana: a) la aceleración de la historia,
la cual se relaciona con la forma de percibir el tiempo y con la
manera en que se periodiza la experiencia social en la actualidad
(los acontecimientos se suceden a tal velocidad y nuestra información
sobre ellos es tan amplia que algo que acaba de acontecer se convierte
rápidamente en historia); b) la percepción del espacio
que se abre en exceso a partir de las posibilidades tecnológicas
(ampliación de las fronteras espaciales que trae como consecuencia
la modificación en nuestra percepción del espacio
y el cierre del mismo); c) la individuación de los destinos
y la exacerbación de la diferencia fruto de la modificación
de las percepciones del tiempo y espacio (cambio de la conciencia
según la cual el yo se convierte en objeto de atención
deliberada)
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| PORTAL, María Ana. LA CUESTION DE LA IDENTIDAD URBANA: UNA
REFLEXION TEORICA. Boletín de Antropología Americana
N° 27. México, julio de 1993, pp. 57-73. |
| TEMA:
Identidad urbana y cosmovisión
pp. 57-63
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Si los parámetros de tiempo y espacio se están
transformando, ¿cómo se recrean las identidades sociales
en la urbe dada la velocidad en que se suceden las prácticas
sociales? La identidad social se recrea a partir de la forma concreta
en que se construyen, se recrean y se apropian de las identificaciones
sociales las colectividades. La identidad no puede pensarse como un
objeto que se posee y se otorga de generación en generación,
no como un conjunto de rasgos que se pueden describir de manera permanente
(como una fotografía), no como una "naturaleza" o
esencia en sí misma. La identidad debe pensarse como un proceso
de contraste con otros, siempre en movimiento y por lo tanto siempre
reconstituyéndose. Este modelo contiene en sí diversos
niveles o planos de identificación: el generacional, el de
género, el étnico, el regional, el de clase, el nacional,
etc. De allí la riqueza en el análisis del concepto
de identidad. Tiene que ver con una unidad "relativa" que
se decompone y se recompone de manera continua en, por lo menos, dos
ejes: el que vincula lo indiviual con lo colectivo y el que vincula
la estabilidad al cambio. Las identificaciones sociales se conforman
en un ámbito cultural específico, a partir del cual
los sujetos reconocen sus semejanzas con los miembros de su grupo,
al tiempo que se distinguen de los sujetos de otros grupos; se construyen
así a partir de un doble movimiento: de "adentro"
hacia "afuera" y de "Afuera" hacia "adentro",
en razón de la capacidad de interpelación que tengan
"adentro" los significados gestados "afuera".
Así, definimos a la identidad como un "proceso de identificaciones
históricamente apropiadas que le confieren sentido a un grupo
social y le dan estructura significativa para asumirse como unidad".
La identidad social es, entonces, la capacidad del grupo de diferenciarse
de los demás pero permaneciendo "idéntico"
a sí mismo en un continuo movimiento. No hay identidades
estáticas, sino movimiento de identificaciones. La capacidad
de autoidentificación y de apropiación de las identificaciones
ajenas se gesta en un proceso histórico en el cual el grupo
se autodefine y es definido por otros en contextos sociales y culturales
específicos, de tal suerte que a partir de estas identificaciones
se van conformando los sujetos sociales y se van incorporando los
cambios. En cada momento histórico se producen diversos tipos
de identificaciones. Este proceso de transformación se estructura
precisamente a partir de las identificaciones sociales. En la medida
en que los sujetos cambian, la pregunta esencial de quiénes
somos es formulada y respondida de manera diferente. El grupo social
se mira en ese cambio y los otros también lo nombran a partir
de esos cambios. Estos procesos de identificación social
son procesos ideológicos, es decir, que se realizan en prácticas
sociales. Las identificaciones se constituyen en evidencias sociales
al ser apropiadas grupalmente y se convierten en parte constitutiva
de la ideología y de la cultura.
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| PORTAL, María Ana. LA CUESTION DE LA IDENTIDAD URBANA: UNA
REFLEXION TEORICA. Boletín de Antropología Americana
N° 27. México, julio de 1993, pp. 57-73.
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| TEMA:
Memoria colectiva
pp. 63-67
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Cuando uno se enfrenta a una comunidad específica
-urbana o rural- la memoria del grupo no siempre se presenta a simple
vista como elementos coherentes. Aparecen muchas veces como "pedacería"
inconexa.
Una aproximación teórica sugerente es la de Roger
Bastide, para quien la "memoria colectiva" es un proceso
en donde los recuerdos que retiene un grupo se estructuran por pedazos
-materiales y simbólicos- de historia vivida y resignificada
continuamente, de construcciones individuales socializadas, de refuncionalizaciones
mediante la creatividad de la tradición oral, de la significación
de los objetos materiales que rodean al grupo y de la invención
de nuevos procesos.
La memoria colectiva no debe confundirse con la historia como tradicionalmente
se ha caracterizado. Para Halbwachs la historia es la recopilación
de hechos que han ocupado el lugar más importante en la memoria
de los hombres. Pero leídos en libros, enseñados y
aprendidos en las escuelas, los acontecimientos pasados fueron escogidos,
reunidos y clasificados según necesidades o reglas que no
eran las mismas de las de los hombres que conservaron por largo
tiempo el depósito vivo de la memoria de esos acontecimientos.
La historia, dice el autor, ordena los acontecimientos cronológicamente
en períodos y secuencias, se sitúa fuera y por encima
de los grupos sociales; es una suerte de memoria universal del género
humano.
Hay que reconocer que frente a la historia, la memoria colectiva
no puede ser pensada como "historia". La memoria colectiva
es una vivencia continua que sólo retiene del pasado lo que
está vivo para el grupo que la sustenta. Según Villoro,
la memoria colectiva es una forma particular de hacer historia,
No como el ordenamiento cronológico ni erudito, pero sí
como parte de esa capacidad creativa de los grupos humanos de ordenar
su experiencia, recordarla y transmitirla.
Ahora bien. El ámbito de reproducción de la memoria
colectiva se encuentra en la tradición oral: "la tradición
oral implica el predominio de la objetivación espacial, iconográfica,
ritual y gestual, su reactivación permanente por medio de
"portadores de memoria" socialmente reconocidos (los ancianos,
"testigos" calificados, etc.) y su transmisión
por comunicación de boca en boca y de generación en
generación. El archivo de este relato está constituido
por un conjunto de relatos orales, proverbios, etc.." De este
conjunto de relatos que constituye la tradición oral, el
mito representa un espacio simbólico privilegiado que sintetiza
la cosmovisión del grupo. Alfredo López considera
que el mito tiene dos caras distinguibles: a) el mito creencia,
b) el mito como creación narrativa.
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REFLEXION TEORICA. Boletín de Antropología Americana
N° 27. México, julio de 1993, pp. 57-73. |
| TEMA:
Memoria colectiva
pp. 63-67
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El mito creencia es el espacio simbólico donde se
recrea el tiempo primordial, ese tiempo donde los seres adquieren
sus características inmutables surgidas del mundo sagrado de
los dioses. pero también es el espacio donde se explican las
causas de estas características y el por qué de su comportamiento.
Representa un espacio fundamental en la recreación de la memoria;
es el contexto simbólico desde donde se da sentido al conjunto
de prácticas cotidianas que realiza el grupo social. El mito
es creación narrativa que se refiere a la historia del proceso
de incorporación de las esencias y la aparición de seres
mundanos en el tiempo primigenio.
¿Ocupa el mito algún lugar significativo en la vida
contemporánea? ¿cuál es su posición frente
a los medios masivos de comunicación?
A pesar de los procesos de tecnificación y modernización
de la ciudad, la práctica religiosa continúa siendo
un fenómeno significativo en los espacios considerados como
"populares" de la urbe. En ese marco, el mito mantiene un
papel relevante ya que representa un referente cultural fijo, cuyo
sentido se amplía en la medida en que se articula a la vida
ritual, ya que es a través de la compleja red de ceremonias
rituales que realizan las comunidades urbanas donde se experimenta
el mito-creencia.
Ahora bien. La manera específica en que la memoria colectiva
se construye, es lo que le da la especificidad a cada grupo. Es un
proceso selectivo de información mediante el cual se construyen
significados colectivos, a partir de las necesidades de explicar el
presente. El mito-creencia que se recrea en los rituales religiosos
representa "uno" de los mecanismos concretos a partir de
los cuales se ordenan las experiencias contemporáneas. El mito-creencia
recrea un sistema ideológico congruente anclado en el pasado
pero como proyección actual. Es una construcción simbólica,
no sujeta a cronología ni a la "veracidad" de los
hechos históricos.
El problema de la identidad no es un problema de grado o de acumulación
de elementos tradicionales. Es un problema de interpelaciones sociales,
de apropiación de las experiencias colectivas y de asimilación
de los procesos de cambio que se establecen en espacios y tiempos
concretos. |
| PORTAL, María Ana. LA CUESTION DE LA IDENTIDAD URBANA: UNA
REFLEXION TEORICA. Boletín de Antropología Americana
N° 27. México, julio de 1993, pp. 57-73. |
| TEMA:
Ritual e identidad social
pp. 67-72
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El ritual es un procedimiento por medio del cual se estructuran
y se reproducen -con base en la construcción de un tiempo y
un espacio particulares- las identidades tanto individuales como sociales.
El ritual se define por las siguientes cualidades formales:
1. Es una práctica social repetitiva, formalizada y especial
que permite ordenar, recrear, reproducir y actualizar las representaciones
simbólicas y las relaciones sociales en un tiempo y un espacio
prefijados y reconocidos socialmente Su característica como
práctica especial se refiere a que las acciones o los elementos
"vulgares" o cotidianos adquieren una connotación
diferente. El propósito del ritual es marcar el significado
de la acción.
2. En el ritual se recrea la memoria colectiva de los grupos, sintetizando
en un solo momento el pasado, el presente y el futuro. El tiempo
ritual es un tiempo "eterno, todo se juega en un mismo plano:
el presente.
3. En él se expresan y modulan las contradicciones sociales
en acto, acotándolas, Los niveles de conflicto que existen
en la vida social tienen necesariamente que expresarse en el ritual.
4. Incorpora las transformaciones simbólicas que se gestan
en relación con las transformaciones sociales, políticas
y económicas.
5. Es un espacio axiomático en el cual se juega la normatividad
social y el orden cultural, en el que se asignan roles y se moldean
conductas, organizando jerárquicamente la estructura social.
Este carácter axiomático posibilita la legitimación
y el reconocimiento de la diferencia en torno al cual se instituyen
y se estructuran procesos de exclusión e inclusión
grupal; y convierte al ritual en un ámbito de recreación
de lo "numinoso"", de lo incuestionable. La condición
numinosa se traduce en la vida cotidiana en autoridad y jerarquía.
Lo que entra en juego en el caso urbano es una forma específica
de construcción de la identidad social en tanto "hibridación",
esos "cruces socioculturales en que lo tradicional y lo moderno
se mezclan". Así, el mito-creencia prehispánico
-reinterpretado a lo largo de los siglos y atravesado por la cosmovisión
occidental- se recrea hoy en rituales religiosos urbanos, constituyéndose
en parte de la cosmovisión moderna. Las características
del ritual representan prácticas concretas a través
de las cuales el grupo social reproduce cíclica y colectivamente
su identidad.
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| PORTAL, María Ana. LA CUESTION DE LA IDENTIDAD URBANA: UNA
REFLEXION TEORICA. Boletín de Antropología Americana
N° 27. México, julio de 1993, pp. 57-73. |
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