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| RESUMEN:
Se realiza una aproximación conceptual a los términos
de Identidad, Identidad Cultural e Identidad Nacional y el contexto
histórico latinoamericano en que éstos han sido utilizados,
resaltando el caso específico de la Identidad Argentina y
la problemática de la coexistencia de la diversidad social
y cultural en este país.
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| TEMA:
Identidad y autoafirmación
pp. 97-98
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La identidad tiende a ser considerada como un término
omnicomprensivo -al estilo de lo que antes pretendió hacerse
con las ideas de progreso, clima, raza, héroe o genio- y se
procura asociarla, por aproximación, a la conciencia colectiva,
pero sin ese sentido mítico y transhistórico que poseía
el "espíritu del pueblo" del romanticismo alemán.
Si pensamos en la identidad cultural propiamente dicha, ésta
se opone a las versiones antropológicas sobre la aculturación
(impacto de una cultura "superior" sobre otra "inferior").
Este concepto empieza a verificarse con el proceso de descolonización
de Africa, Asia y Latinoamérica, donde convergen varios elementos:
el cuestionamiento del eurocentrismo por parte de diversos científicos
e intelectuales; los pueblos desprovistos de voz y que al emanciparse
buscan sus raíces originarias; la defensa frente a los medios
masivos de comunicación manipulados para homogeneizar todo
dentro de un modelo dominante, etc.
Accedemos así al campo de las definiciones y las síntesis.
La identidad es un proceso de autoafirmación, comunitaria
e individual, que se insinúa a partir de las experiencias
cognoscitivas del niño. Dicho proceso implica no sólo
sentir la pertenencia a una colectividad, sino experimentar la propia
personalidad como única y singular. Por extensión
se habla de identidad nacional cuando un núcleo humano se
ve a sí mismo como formando parte de la comunidad mundial
y, a la vez, como reuniendo caracteres específicos.
La identidad cultural supone una conciencia de la alteridad, compartida
por los integrantes de una sociedad, en cuanto a poseer rasgos afines
-valores, necesidades, modos de vida- que los distinguen de otras
sociedades. Ello debe pensarse dialécticamente, con la intervención
de la autoimagen y de la imagen proveniente de los otros grupos
culturales. Más que pura contemplación, denota un
resorte para la acción; más que unidad consigo mismo,
emerge en relación con aquello que se difiere. La cultura
aquí no aparece como algo exuberante sino como todo lo que
importe acrecentamiento del patrimonio popular.
Existen diferentes tipos problemáticos de identidad: uno
negativo, que opta por paradigmas extraños o antagónicos;
otro difuso, con la búsqueda interminable de variantes; y
un escéptico, en el cual se diluyen todos los caminos posibles.
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BIAGINI, Hugo. LA IDENTIDAD, UN VIEJO PROBLEMA VISTO DESDE EL NUEVO
MUNDO. Nueva Sociedad N° 99. Caracas, 1989, pp. 96-103.
.La identidad -nacional o cultural- es definida en relación
a la alteridad y la diferencia. |
| TEMA:
El marco latinoamericano
pp. 98-100
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Más allá de los antecedentes representados
por la violenta transculturación que implicó la conquista
española, la preocupación por establecer la mismidad
latinoamericana comienza a perfilarse a partir de las revoluciones
de la Independencia y los movimientos insurreccionales que la precedieron.
En alguna medida, las ideas de la ilustración apuntaron a interrogarse
por los rasgos propios y originales concernientes a las poblaciones
de nuestros territorios. Con la llamada generación de 1837,
los ingredientes románticos que operaron en ella reforzarían
el mentado americanismo, tras la búsqueda explícita
de una emancipación mental y cultural. La vertiente positivista
ha aportado lo suyo, cuando pretendió determinar las bases
del carácter o alma nacional. Sin embargo, la evaluación
del tránsito de la Colonia a nuestra centuria, nos permite
descubrir paradigmas o discursos deformantes de lo americano, sean
ellos expuestos en nombre de la evangelización, o sean enunciados
en aras del progreso.
Hasta la fecha han preponderado tensiones antagónicas que
inciden en la auténtica configuración de nuestra identidad
y en muy distintos órdenes de cosas, con la supremacía
de una polaridad sobre otra: el cosmopolitismo y el europeismo frente
al criollismo o al nativismo.; los puertos y las ciudades frente
al interior y al campo, las élites y el individuo frente
al pueblo y a la sociedad, la importación y el libre cambio
frente al autoabastecimiento y la protección estatal. Y otras
oposiciones que no revisten un valor episódico, sino que
responden a transtornos de fondo que impiden la evolución
de América Latina y que ésta pueda integrarse como
una gran nación. Dichas dificultades obedecen al subdesarrollo
y a la dependencia, con sus responsables vernáculos y externos
quienes han ido neutralizando el establecimiento de una verdadera
democracia. Por tanto, al dirimir la cuestión sobre la identidad
cultural en Latinoamérica deben tenerse en cuenta varios
aspectos que trascienden las interpretaciones metafísicas
o biopsíquicas. Por un lado, estamos aludiendo a las peculiaridades
y diferencias con otros pueblos, así como nuestra común
experiencia histórica ante desafíos internos y exógenos.
Experiencia que sobrepasa las barreras étnicas o geográficas
para acceder a un ideario de unidad en medio de la diversidad. También
corresponde hablar de identidad nacional en cuanto a cada país
latinoamericano en particular; regional, según las grandes
áreas constitutivas; social, por sectores ocupacionales,
etc. Pero lo que no puede prescindirse es el componente económico
y político. De la correlación entre cultura y poder.
Entre los primeros nuclemaientos intelectuales que pensaron el problema
en términos análogos se halla la Unión Latinoamericana
que enfatizaba: desenvolver en los pueblos latinoamericanos una
nueva conciencia de los intereses nacionales y continentales, auspiciando
toda renovación ideológica que conduzca al ejercicio
de la soberanía popular.
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| BIAGINI, Hugo. LA IDENTIDAD, UN VIEJO PROBLEMA VISTO DESDE EL NUEVO
MUNDO. Nueva Sociedad N° 99. Caracas, 1989, pp. 96-103. |
| TEMA:
Hacia la identidad argentina
pp. 100-102
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A lo largo de generaciones sucesivas venimos disgustándonos
por el desconocimiento y la deformación con que se nos juzga
desde el exterior (Yanquis del sur: los argentinos). ¿Lo que
se ha pensado puertas adentro, con respecto a los argentinos, ofrece
mayores matices que el estereotipo externo?. José Luis Romero
sugiere que los gérmenes de nuestra conciencia nacional surgen
en relación a determinados episodios anteriores a las campañas
libertadoras, esto es, durante las últimas décadas del
siglo XVII cuando se crea el Virreynato del Río de la Plata
y se produce la apertura del puerto en Buenos Aires. tales acontecimientos
políticos y económicos contribuyeron para que el pueblo
argentino empezara a sentirse distinto respecto del resto del mundo.
Cabe preguntarse por los atributos con que fue calificándose
entre nosotros a esa supuesta o real singularidad.
Al pretender delimitar nuestros rasgos más específicos,
se han esgrimido toda clase de modelos y contramodelos, de identificaciones
y rechazos, En el siglo pasado ha predominado en nuestra intelectualidad
una fuerte hispanofobia que postuló incluso la plasmación
de un idioma propiamente argentino. Más tarde se llegará
a reducir nuestra auténtica cultura al ascendiente español,
adjudicándose a la raigambre anglofrancesa, otrora estimada
como paradigmática, la mismísima descomposición
de la nacionalidad. Con el componente aborigen también ha
ocurrido algo similar. Si muchos argumentos científicos pretendieron
descalificar al indígena, no faltaron quienes buscaron en
él las verdaderas raíces y valores de nuestra fisonomía
social. Por otro lado, mientras algunos autores creían encontrar
en el interior del país o en el gaucho el prototipo de la
argentinidad, otros exaltarían en cambio al elemento urbano-porteño
como genuinamente representativo de la misma esencia vernácula.
Frente a las parcializaciones y exclusiones, la salida más
ecuánime pareciera consistir en inclinarse por la vía
integrativa y hacer lo que han ensayado ciertos expositores: aceptar
todas las tradiciones y reconocerlas como verdaderos legados. Sin
embargo, las perspectivas sintetizadas no resultan asimilables en
un mismo plano de igualdad, abriéndose otros interrogantes
decisivos: ¿Cómo justificamos todo lo que se ha hecho
por desintegrar nuestra personalidad colectiva desde los tiempos
de la conquista hasta la dictadura más reciente? ¿Cómo
absolver el espíritu de cruzada que ha adoptado tantas formas
diversas para sofocar las demandas de la población? ¿Cómo
pueden incorporarse a la nacionalidad y conservárselos aún
en una heterogénea y dinámica unidad -según
nos plantea la noción de identidad- a todos aquellos que
dentro o fuera del país se han permitido atentar contra sus
potencialidades humanas y naturales?.
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| BIAGINI, Hugo. LA IDENTIDAD, UN VIEJO PROBLEMA VISTO DESDE EL NUEVO
MUNDO. Nueva Sociedad N° 99. Caracas, 1989, pp. 96-103. |
| TEMA:
Dos culturas
pp. 102-103
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Las aproximaciones sobre el carácter nacional han
sido renovadas por estudios psicológicos, antropológicos
y sociológicos en torno a la cultura y la personalidad de las
comunidades más heterogéneas. Sin embargo, continúa
el problema sobre la legitimidad de adjudicarle a los sujetos colectivos
-culturas nacionales y subtipos regionales- atributos distintivos
y sustanciales. Tales pretensiones se revisten de un propósito
ontolóligo. Aun aceptada la configuración nacional básica,
ello no autorizaría para restringirla a un estadio primigenio
ni a inferir prospectivas para cada sociedad en cuestión. Por
otra parte, tampoco puede soslayarse la utilización política
e ideológica que se ha efectuado de las apelaciones a la idiosincrasia
nacional.
En el ámbito latinoamericano, más allá de la
multiplicidad de identidades que en él se insinúa, pueden
diferenciarse dos grandes bloques o direcciones valorativas. La primera
de ellas responde a intereses factoriales que se traducen a través
de una cultura elitista en el cual se diluye la mismidad de la humanidad
americana. Distintas dicotomías se han impuesto entre nosotros
como exponentes relacionados a una cultura de dominación: el
período hispánico, con la oposición entre cristianos
e infieles; durante el liberalismo conservador, mediante la antítesis
entre civilizados y bárbaros, o entre razas superiores y razas
subalternas; por último, bajo las gestiones autocráticas
y conforme a la doctrina de seguridad nacional, cuando la población
es considerada como inepta y subversiva.
Las tierras de vacío, de tierra para expropiar y de hombres
a someter se reiteran ya en los planteos iluministas donde lo autóctono
no cuenta demasiado en el tradicionalismo, reacio a la movilidad social.
La concepción antiamericanista y antidemocrática hunde
sus raíces en diversas manifestaciones teóricas. Expositores
de diversas épocas, han insistido sobre la falta de orden y
sobre el caos que predomina entre nosotros, debido a nuestra supuesta
índole impulsiva e infantil. Nos hallamos ante semblanzas sobre
el hombre y la mujer de nuestras tierras que se refieren a éstos
en términos de netas separaciones, hasta llegar a sustanciárcelos
del mismo modo como procura hacércelo con la cultura y la nacionalidad,
con lo europeo y lo americano, etc.
Estas caracterizaciones apuntan a negarle historicidad, moralidad
y capacidad a nuestro pueblo; han contribuido a combatir los gobiernos
mayoritarios y a justificar el neocolonialismo, la independencia y
los golpes de Estado.
Frente a esta visión alienante se perfila una gama de posiciones
tendientes a identificar la cultura americana con las realizaciones
sociales y nacionales. Se cuestiona la pedagogía de los grupos
privilegiados que desconocen las diferencias. Se trata de una contracultura.
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| BIAGINI, Hugo. LA IDENTIDAD, UN VIEJO PROBLEMA VISTO DESDE EL NUEVO
MUNDO. Nueva Sociedad N° 99. Caracas, 1989, pp. 96-103. |
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