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IDENTIDAD

AUTOR

Hugo E. Biaggini

TITULO

La identidad. Un viejo problema visto desde el Nuevo Mundo

 
EN

Nueva Sociedad N° 99

 

EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

Nueva Sociedad, Caracas, enero-febrero 1989, pp. 96-103

 

RESUMEN:


Se realiza una aproximación conceptual a los términos de Identidad, Identidad Cultural e Identidad Nacional y el contexto histórico latinoamericano en que éstos han sido utilizados, resaltando el caso específico de la Identidad Argentina y la problemática de la coexistencia de la diversidad social y cultural en este país.

 

TEMA:

Identidad y autoafirmación

pp. 97-98


… La identidad tiende a ser considerada como un término omnicomprensivo -al estilo de lo que antes pretendió hacerse con las ideas de progreso, clima, raza, héroe o genio- y se procura asociarla, por aproximación, a la conciencia colectiva, pero sin ese sentido mítico y transhistórico que poseía el "espíritu del pueblo" del romanticismo alemán.

Si pensamos en la identidad cultural propiamente dicha, ésta se opone a las versiones antropológicas sobre la aculturación (impacto de una cultura "superior" sobre otra "inferior"). Este concepto empieza a verificarse con el proceso de descolonización de Africa, Asia y Latinoamérica, donde convergen varios elementos: el cuestionamiento del eurocentrismo por parte de diversos científicos e intelectuales; los pueblos desprovistos de voz y que al emanciparse buscan sus raíces originarias; la defensa frente a los medios masivos de comunicación manipulados para homogeneizar todo dentro de un modelo dominante, etc.

Accedemos así al campo de las definiciones y las síntesis. La identidad es un proceso de autoafirmación, comunitaria e individual, que se insinúa a partir de las experiencias cognoscitivas del niño. Dicho proceso implica no sólo sentir la pertenencia a una colectividad, sino experimentar la propia personalidad como única y singular. Por extensión se habla de identidad nacional cuando un núcleo humano se ve a sí mismo como formando parte de la comunidad mundial y, a la vez, como reuniendo caracteres específicos.

La identidad cultural supone una conciencia de la alteridad, compartida por los integrantes de una sociedad, en cuanto a poseer rasgos afines -valores, necesidades, modos de vida- que los distinguen de otras sociedades. Ello debe pensarse dialécticamente, con la intervención de la autoimagen y de la imagen proveniente de los otros grupos culturales. Más que pura contemplación, denota un resorte para la acción; más que unidad consigo mismo, emerge en relación con aquello que se difiere. La cultura aquí no aparece como algo exuberante sino como todo lo que importe acrecentamiento del patrimonio popular.

Existen diferentes tipos problemáticos de identidad: uno negativo, que opta por paradigmas extraños o antagónicos; otro difuso, con la búsqueda interminable de variantes; y un escéptico, en el cual se diluyen todos los caminos posibles.


BIAGINI, Hugo. LA IDENTIDAD, UN VIEJO PROBLEMA VISTO DESDE EL NUEVO MUNDO. Nueva Sociedad N° 99. Caracas, 1989, pp. 96-103.

.La identidad -nacional o cultural- es definida en relación a la alteridad y la diferencia.

 

TEMA:

El marco latinoamericano

pp. 98-100


… Más allá de los antecedentes representados por la violenta transculturación que implicó la conquista española, la preocupación por establecer la mismidad latinoamericana comienza a perfilarse a partir de las revoluciones de la Independencia y los movimientos insurreccionales que la precedieron. En alguna medida, las ideas de la ilustración apuntaron a interrogarse por los rasgos propios y originales concernientes a las poblaciones de nuestros territorios. Con la llamada generación de 1837, los ingredientes románticos que operaron en ella reforzarían el mentado americanismo, tras la búsqueda explícita de una emancipación mental y cultural. La vertiente positivista ha aportado lo suyo, cuando pretendió determinar las bases del carácter o alma nacional. Sin embargo, la evaluación del tránsito de la Colonia a nuestra centuria, nos permite descubrir paradigmas o discursos deformantes de lo americano, sean ellos expuestos en nombre de la evangelización, o sean enunciados en aras del progreso.

Hasta la fecha han preponderado tensiones antagónicas que inciden en la auténtica configuración de nuestra identidad y en muy distintos órdenes de cosas, con la supremacía de una polaridad sobre otra: el cosmopolitismo y el europeismo frente al criollismo o al nativismo.; los puertos y las ciudades frente al interior y al campo, las élites y el individuo frente al pueblo y a la sociedad, la importación y el libre cambio frente al autoabastecimiento y la protección estatal. Y otras oposiciones que no revisten un valor episódico, sino que responden a transtornos de fondo que impiden la evolución de América Latina y que ésta pueda integrarse como una gran nación. Dichas dificultades obedecen al subdesarrollo y a la dependencia, con sus responsables vernáculos y externos quienes han ido neutralizando el establecimiento de una verdadera democracia. Por tanto, al dirimir la cuestión sobre la identidad cultural en Latinoamérica deben tenerse en cuenta varios aspectos que trascienden las interpretaciones metafísicas o biopsíquicas. Por un lado, estamos aludiendo a las peculiaridades y diferencias con otros pueblos, así como nuestra común experiencia histórica ante desafíos internos y exógenos. Experiencia que sobrepasa las barreras étnicas o geográficas para acceder a un ideario de unidad en medio de la diversidad. También corresponde hablar de identidad nacional en cuanto a cada país latinoamericano en particular; regional, según las grandes áreas constitutivas; social, por sectores ocupacionales, etc. Pero lo que no puede prescindirse es el componente económico y político. De la correlación entre cultura y poder. Entre los primeros nuclemaientos intelectuales que pensaron el problema en términos análogos se halla la Unión Latinoamericana que enfatizaba: desenvolver en los pueblos latinoamericanos una nueva conciencia de los intereses nacionales y continentales, auspiciando toda renovación ideológica que conduzca al ejercicio de la soberanía popular.


BIAGINI, Hugo. LA IDENTIDAD, UN VIEJO PROBLEMA VISTO DESDE EL NUEVO MUNDO. Nueva Sociedad N° 99. Caracas, 1989, pp. 96-103.

 

TEMA:

Hacia la identidad argentina

pp. 100-102


… A lo largo de generaciones sucesivas venimos disgustándonos por el desconocimiento y la deformación con que se nos juzga desde el exterior (Yanquis del sur: los argentinos). ¿Lo que se ha pensado puertas adentro, con respecto a los argentinos, ofrece mayores matices que el estereotipo externo?. José Luis Romero sugiere que los gérmenes de nuestra conciencia nacional surgen en relación a determinados episodios anteriores a las campañas libertadoras, esto es, durante las últimas décadas del siglo XVII cuando se crea el Virreynato del Río de la Plata y se produce la apertura del puerto en Buenos Aires. tales acontecimientos políticos y económicos contribuyeron para que el pueblo argentino empezara a sentirse distinto respecto del resto del mundo. Cabe preguntarse por los atributos con que fue calificándose entre nosotros a esa supuesta o real singularidad.

Al pretender delimitar nuestros rasgos más específicos, se han esgrimido toda clase de modelos y contramodelos, de identificaciones y rechazos, En el siglo pasado ha predominado en nuestra intelectualidad una fuerte hispanofobia que postuló incluso la plasmación de un idioma propiamente argentino. Más tarde se llegará a reducir nuestra auténtica cultura al ascendiente español, adjudicándose a la raigambre anglofrancesa, otrora estimada como paradigmática, la mismísima descomposición de la nacionalidad. Con el componente aborigen también ha ocurrido algo similar. Si muchos argumentos científicos pretendieron descalificar al indígena, no faltaron quienes buscaron en él las verdaderas raíces y valores de nuestra fisonomía social. Por otro lado, mientras algunos autores creían encontrar en el interior del país o en el gaucho el prototipo de la argentinidad, otros exaltarían en cambio al elemento urbano-porteño como genuinamente representativo de la misma esencia vernácula. Frente a las parcializaciones y exclusiones, la salida más ecuánime pareciera consistir en inclinarse por la vía integrativa y hacer lo que han ensayado ciertos expositores: aceptar todas las tradiciones y reconocerlas como verdaderos legados. Sin embargo, las perspectivas sintetizadas no resultan asimilables en un mismo plano de igualdad, abriéndose otros interrogantes decisivos: ¿Cómo justificamos todo lo que se ha hecho por desintegrar nuestra personalidad colectiva desde los tiempos de la conquista hasta la dictadura más reciente? ¿Cómo absolver el espíritu de cruzada que ha adoptado tantas formas diversas para sofocar las demandas de la población? ¿Cómo pueden incorporarse a la nacionalidad y conservárselos aún en una heterogénea y dinámica unidad -según nos plantea la noción de identidad- a todos aquellos que dentro o fuera del país se han permitido atentar contra sus potencialidades humanas y naturales?.


BIAGINI, Hugo. LA IDENTIDAD, UN VIEJO PROBLEMA VISTO DESDE EL NUEVO MUNDO. Nueva Sociedad N° 99. Caracas, 1989, pp. 96-103.

 

TEMA:

Dos culturas

pp. 102-103


… Las aproximaciones sobre el carácter nacional han sido renovadas por estudios psicológicos, antropológicos y sociológicos en torno a la cultura y la personalidad de las comunidades más heterogéneas. Sin embargo, continúa el problema sobre la legitimidad de adjudicarle a los sujetos colectivos -culturas nacionales y subtipos regionales- atributos distintivos y sustanciales. Tales pretensiones se revisten de un propósito ontolóligo. Aun aceptada la configuración nacional básica, ello no autorizaría para restringirla a un estadio primigenio ni a inferir prospectivas para cada sociedad en cuestión. Por otra parte, tampoco puede soslayarse la utilización política e ideológica que se ha efectuado de las apelaciones a la idiosincrasia nacional.
En el ámbito latinoamericano, más allá de la multiplicidad de identidades que en él se insinúa, pueden diferenciarse dos grandes bloques o direcciones valorativas. La primera de ellas responde a intereses factoriales que se traducen a través de una cultura elitista en el cual se diluye la mismidad de la humanidad americana. Distintas dicotomías se han impuesto entre nosotros como exponentes relacionados a una cultura de dominación: el período hispánico, con la oposición entre cristianos e infieles; durante el liberalismo conservador, mediante la antítesis entre civilizados y bárbaros, o entre razas superiores y razas subalternas; por último, bajo las gestiones autocráticas y conforme a la doctrina de seguridad nacional, cuando la población es considerada como inepta y subversiva.
Las tierras de vacío, de tierra para expropiar y de hombres a someter se reiteran ya en los planteos iluministas donde lo autóctono no cuenta demasiado en el tradicionalismo, reacio a la movilidad social. La concepción antiamericanista y antidemocrática hunde sus raíces en diversas manifestaciones teóricas. Expositores de diversas épocas, han insistido sobre la falta de orden y sobre el caos que predomina entre nosotros, debido a nuestra supuesta índole impulsiva e infantil. Nos hallamos ante semblanzas sobre el hombre y la mujer de nuestras tierras que se refieren a éstos en términos de netas separaciones, hasta llegar a sustanciárcelos del mismo modo como procura hacércelo con la cultura y la nacionalidad, con lo europeo y lo americano, etc.
Estas caracterizaciones apuntan a negarle historicidad, moralidad y capacidad a nuestro pueblo; han contribuido a combatir los gobiernos mayoritarios y a justificar el neocolonialismo, la independencia y los golpes de Estado.
Frente a esta visión alienante se perfila una gama de posiciones tendientes a identificar la cultura americana con las realizaciones sociales y nacionales. Se cuestiona la pedagogía de los grupos privilegiados que desconocen las diferencias. Se trata de una contracultura.

BIAGINI, Hugo. LA IDENTIDAD, UN VIEJO PROBLEMA VISTO DESDE EL NUEVO MUNDO. Nueva Sociedad N° 99. Caracas, 1989, pp. 96-103.