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| RESUMEN:
Partiendo de la paradoja entre un ideal de integración social
y la presencia de una diferenciación cultural en nuestras
sociedades, el trabajo aborda tres elementos de la construcción
de la integración moderna: la ciudadanía, como categoría
incluyente del sistema social; la multiculturalidad, como expresión
de la fragmentación del mundo de la vida cotidiana; y las
potenciales modalidades de transacción entre uno y otro ámbito
con miras a reducir la incertidumbre y complejidad social.
Se realiza una revisión crítica y reflexiva del concepto
de ciudadanía en torno a sus coordenadas normativas y políticas
que la dotan de sentido, y las fracturas y contradicciones inherentes
en la forma en que ella es vivida y experimentada en el campo de
la cotidianidad.
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| TEMA:
Ciudadanía y sistema
pp. 209-213
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Uno de los componentes más significativos de la idea
de integración en las sociedades modernas es la categoría
de ciudadanía; ésta puede concebirse como un conjunto
de referencias simbólicas que constituyen un nivel de adscripción
universal de los individuos al sistema; así, a través
de la ciudadanía se imputa una identidad personal totalmente
desvinculada de los ejes de la experiencia vivida, de modo que cualquier
individuo es considerado, por exterioridad, igual a otro. En este
plano, las diferencias sociales (género, clase, raza, etc)
son substraídas al carácter agregante que connota la
abstracción. En segunda instancia, la ciudadanía constituye
un entramado sistémico al cual los individuos son adscritos
por referencia a un conjunto de reglas de visibilidad que traspone
diversas esferas de lo social: sujeto de derechos políticos,
de derechos sociales, adscripción a una nación, titularidades
económicas. Complementariamente, la idea de ciudadanía
comporta un alto grado de abstracción social y de intemporalidad:
las diferencias entre grupos y sujetos constituyentes de una nación,
son subsumidas al carácter integrador del ciudadano en el sistema;
al mismo tiempo, dado el vaciamiento de contenidos sociales concretos
la estructura de la temporalidad individual o grupal -su historicidad-
se diluye en favor del contenido atemporal de las prácticas
sistémicas. En síntesis la ciudadanía constituye
una de las estructuras transindividuales de la integración
sistémica, que existiendo más allá de la voluntad
y la conciencia de los actores sociales, facilita la coordinación
de la acción en el ámbito público de los individuos
o de grupos sociales. Sin embargo, las obligaciones contenidas en
la ciudadanía comportan en el plano de traducción de
recursos mínimos vitales, niveles de adscripción asimétricos
(producción y distribución desigual de oportunidades
vitales que limitan o erosionan las posibilidades de la participación
equitativa de los actores en el espacio público). En el debate
contemporáneo de los contenidos de la democracia se han recuperado
una de las aspiraciones "iluministas": una política
que combina justicia y democracia; en este sentido, se tiende a considerar
un marco de oportunidades vitales que elidan el problema de las asimetrías
de poder y oportunidad. En la búsqueda de un piso social común,
se ha supuesto como imperativo que los lugares de poder muestren una
flexibilización creciente sobre las diferencias. Pero, en la
medida en que los ejes de visibilidad pública de los actores,
han sido considerados dentro del marco normativo del sistema social
a través -aunque no exclusivamente- de la noción de
ciudadanía, cabría preguntar: la diferenciación
social y la aumentada complejidad del sistema social, no ponen en
cuestión las correspondencias entre instituciones y vida cotidiana?
Hay que tomar en cuenta las condiciones en que la ciudadanía
es percibida desde la experiencia vital y rutinaria de los actores;
si ella corresponde a las expectativas de éstos o si, por el
contrario, es un encuadre insuficiente para garantizar la integración
social y política.
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| CONSTANTINO, Mario. TENSIONES DE FIN DE SIGLO: CIUDADANIA Y MULTICULTURALIDAD.
Ecuador Debate N° 42, CAAP, Quito, 1997, pp. 209-216 |
| TEMA:
Ciudadanía y diferenciación cultural
pp. 213-215
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Si bien la figura ciudadana remite a un conjunto de titularidades
y obligaciones que regulan la presentación de los individuos
en el espacio público, esa normatividad expresa una forma universal
en cuyo interior se despliegan las diferencias. En este sentido, cuando
se hace referencia a la figura ciudadano, si bien el concepto acota
una serie de coordenadas normativas y políticas que lo dotan
de sentido, también se presenta una fractura respecto de la
forma que ella es vivida y experimentada en el campo de la cotidianidad.
Por ello, cuando se habla de ciudadanía y cultura o de producción
cultural de ciudadanías, deben contemplarse una serie de atributos
que tensionan el campo relacional entre la dimensión normativa
y pública (sistema) y el plano de las prácticas de esa
normatividad (momento del mundo vital). Así, un elemento clave
en la explicitación de la relación entre ciudadanía
y multiculturalidad lo representa la forma en que se articulan expectativas
entre el espacio público y el ámbito privado, entre
Sistema y mundo de la vida. Si se parte de la idea según la
cual el campo social moderno está construido sobre la base
de diferenciaciones, el desafío que impone a la reflexión
sobre la integración requiere comprender el área sombreada
del mundo de todos los días, que permite el doble movimiento
de particularización e integración. Es imperativo rastrear
las modalidades de transacción entre la percepción de
los actores y las dimensiones normativas que lo agregan al sistema.
El mapa de las sociedades complejas supone la articulación
de diversas dimensiones de sentido que faciliten la integración
y el consenso. Una lectura desde la ciudadanía y la multiculturalidad
indican que la tensión central para la integración es
cuánta diferenciación cultural pueden soportar los espacios
nacionales. Desde la perspectiva sistémica, la posibilidad
de hacer coextensiva una dimensión cultural de ciudadanías
indica la formación de criterios normativos facilitadores de
reconocerse "como parte de", sin que ello supusiera la pérdida
de la identidad particular. Desde la perspectiva de la multiculturalidad,
la producción de ciudadanías indica la necesidad de
incorporar criterios normativos garantes de la reproducción
a nivel grupal antes de la reproducción del sistema como un
todo. Ninguno de los extremos sugiere modalidades de reproducción
de la complejidad social.
Pensar cómo se garantiza multiculturalidad en esquemas de integración
supone asumir un ámbito de exterioridad a la diferenciación
que posibilite su reconocimiento al tiempo que reduzca la aumentada
contingencia que tal visibilidad supone. En principio, el ámbito
ordenador de tal visibilidad es la esfera pública. Esta constituye
no sólo un conjunto de esquemas axiológicos, sino también
un ámbito donde se encuentran en permanente negociación
las prácticas de construcción de sentido por parte de
los individuos. |
| CONSTANTINO, Mario. TENSIONES DE FIN DE SIGLO: CIUDADANIA Y MULTICULTURALIDAD.
Ecuador Debate N° 42, CAAP, Quito, 1997, pp. 209-216
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| TEMA:
Multiculturalidad y ciudadanía.
pp. 215-216
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El dilema central de la relación entre ciudadanía
y multiculturalidad se expresa, sobretodo, en la posibilidad de producción
de tolerancia, articulada a nivel de la cotidianidad y en el plano
de lo público. Una lectura centrada en el plano del heteroreconocimiento
de la alteridad, solo orientarán a la aceptación de
la existencia de la diferencia y la ulterior construcción de
planos de tolerancia, entendida como la aceptación de un espectro
de normas -derechos y titularidades- comunes. Sin embargo, en el conjunto
de prácticas de interacción ella no indica necesariamente
la construcción de tolerancia. Si se observa la construcción
de ciudadanías, debe reconocerse que la práctica de
diseminación del sentido de ciudadanía formula planos
donde si bien se cruzan los individuos, el espectro normativo produce
más indiferencias que ejes de interacción.
Las tensiones de fin de siglo entre ciudadanía y multiculturalidad,
entendidas como problemas de coordinación social e integración,
confluyen en la exploración de las transacciones que puedan
generarse entre los dos polos sociales, bajo el entendido que es en
este ámbito donde se encuentran las posibilidades de formular
escenarios de coexistencia, consensualidad y permanencia de la diferenciación
en los estados de fin de siglo. |
| CONSTANTINO, Mario. TENSIONES DE FIN DE SIGLO: CIUDADANIA Y MULTICULTURALIDAD.
Ecuador Debate N° 42, CAAP, Quito, 1997, pp. 209-216
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