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| RESUMEN:
Se refiere a la equiparación de las identidades que produce
un Estado como el nuestro, como una homogeneización que produce
un aniquilamiento de las identidades particulares, sino en su sometimiento
particular a la condición de subalternidad que le es asignada.
Cuestiona la acepción dominante del término democracia,
centrada en las formas y en las formalidades, por ser la expresión
legalmente visible de fenómenos de muy distinta naturaleza
que existen la superficie al mismo tiempo, resistiendo por lo común
bajo la forma de adaptación. Manifiesta que en la realidad
no es factible que la democracia simplemente "reconozca"
a los otros o "integre" a las diversidades; y que las
identidades, en tanto autoconciencia (s) de los sujetos, aparecen
como límite, como condición de superación de
las homogeneizaciones opresivas que pretenden las formas dominantes
de democracia desarrolladas por la razón burguesa y por la
razón democrática.
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TEMA:
Práctica de la democracia: Equiparación, hegemonía
y subalternidad de las identidades.
pp. 79 - 80
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a la reflexión sobre el Estado ecuatoriano, en sus
albores: desde la ley de comunas, ese Estado ecuatoriano, lejos de
uniformar identidades, ha estado creando las condiciones de mantenimiento
de identidades particulares y diferenciadas ...
Nuestra opinión, por el contrario, es que a pesar de las
apariencias el Estado sí "equipara" las identidades.
... no debemos la "equiparación" en general, sino
la equiparación específica de identidades que produce
un Estado como el nuestro.
... ocurre simplemente que la homogeneización no está
sustentada en el aniquilamiento de las identidades particulares,
sino en su sometimiento particular a la condición de subalternidad
que le es asignada, en la posibilidad de emancipación de
los subordinados como conjunto, es decir, en las barreras e impedimentos
que se colocan a cada paso y estructuralmente al desarrollo de alternativas
globales.
La "democracia" post-retorno fue entendida entre nosotros
como modernización del sistema político y en sus primeros
tiempos comenzó por ser asociada a la generación de
condiciones, sobre todo estatales, para la representación
y la canalización de demandas sociales; pero muy pronto pudo
desembarazarse de esas veleidades juveniles y pasó a asociarse
a la gobernabilidad y el ejercicio del poder. Y ello nos recuerda
algo que olvidamos con mucha frecuencia: la democracia es una forma
de estado y, por tanto, de opresión.
No obstante, ésta es solamente una de las existencias de
la democracia y la ciudadanía. Su pretensión de igualar
a los diversos conservándolos dispersos en sus diversidades
supone de cualquier manera un genérico ideal ("ciudadano"
subalterno), imposible de hallar en ninguna realidad en esa orfandad
de cualidad.
Pero si el género, ... no existe sino en una realidad diferenciada
de particulares, esos intentos de modernización del sistema
político que nos ha tocado vivir no tienen salidas posibles
en la realidad, como no sea la impostura que se sostiene en el monopolio
de la fuerza como argumento final.
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| UNDA, Mario, LAS IDENTIDADES ENTRE ESTADO Y SOCIEDADES, En: SANCHEZ
PARGA, José, Identidades y Sociedad, CELA/PUCE, Quito, 1992:
pp. 77-84.
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TEMA:
Práctica de la democracia: Equiparación, hegemonía
y subalternidad de las identidades.
pp. 82 - 84
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En otras palabras, no es factible -democráticamente-
que la democracia simplemente "reconozca" a los otros o
"integre" a las diversidades ...
Así para los de arriba democracia es gobernabilidad, para
otros por ejemplo los moradores de los barrios populares, es presencia
directa, protesta, participación ..., para otros más,
por ejemplo, los obreros sindicalizados, está referida al
manejo interno de su organización gremial; y para otros más,
como algunas fracciones del movimiento indígena, llega a
ser autogobierno.
De modo que las ambigüedades y los dobles sentidos son la
existencia real y posible de la democracia. La acepción dominante
del término, centrada en las formas y en las formalidades,
es sólo la expresión legalmente visible de fenómenos
de muy distinta naturaleza que existen la superficie al mismo tiempo,
resistiendo perversamente, es decir, por lo común bajo la
forma de adaptación. Por tanto en épocas normales,
si bien son dominadas y obligadas a dejar el escenario, tampoco
son extirpadas; y aunque resistan a la conversión íntima,
suelen muchas veces adoptar sus formas y algunos de sus contenidos;
y pueden no ser extirpadas y resistir pero al mismo tiempo estar
muy alejadas de alternativas globales.
Se entiende, entonces, que la democracia tenga esas diversas lecturas:
a fin de cuentas, hace parte de ellas aquellas cosas, de aquellos
valores y discursos inseparables de la construcción de identidades
en las que se reconocen sujetos que se están constituyendo
como tales.
De esta manera, las identidades, en tanto autoconciencia (s) de
los sujetos, aparecen como límite, es decir, como condición
de superación de las homogeneizaciones opresivas que pretenden
las formas dominantes de democracia desarrolladas por la razón
burguesa y por la razón democrática.
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| UNDA, Mario, LAS IDENTIDADES ENTRE ESTADO Y SOCIEDADES, En: SANCHEZ
PARGA, José, Identidades y Sociedad, CELA/PUCE, Quito, 1992:
pp. 77-84.
Critica la equiparación y subordinación de la acción
estatal en relación a las identidades particulares; señala
a la democracia como una forma de Estado, de opresión, frente
a lo cual las identidades "subalternas" generan mecanismos
de adaptación y resistencia. Diría, es una proyección
del análisis "gramsciano" sobre la cultura dominante
y la cultura popular.
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