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MODERNIDAD

AUTOR
CEPAL.

TITULO

Hacia una Perspectiva Crítica de la Modernidad: las Dimensiones Culturales de la Transformación con Equidad. Documento de trabajo No.21.

 
EDITOR, LUGAR, AÑO y No. PAGINAS

CEPAL, Santiago, 1993, 2-41pp.

 

RESUMEN:

Propuesta institucional para la construcción de una ciudadanía moderna en función de la capacidad de autodeterminación de los agentes de desarrollo, que trasluciría una tensión entre identidad cultural y modernidad. De allí que se argumenta asumir el reto de conciliar las particularidades histórico-culturales de las regiones con vocación universalista y no como obstáculos para el desarrollo.

Parece estimable asociar la ciudadanía a los derechos políticos, sociales y culturales, en relación a la presencia de los actores sociales en el sistema de toma de decisiones y la distribución progresiva de los logros del crecimiento económico en los países latinoamericanos.

 

TEMA:
Desarrollo productivo con equidad y ciudadanía moderna: introducción.


pp. 2 - 4


… Cuando nos referimos a ciudadanía moderna hacemos referencia a la existencia de actores sociales con posibilidades de autodeterminación, capacidad de representación de intereses y demandas, y en pleno ejercicio de sus derechos individuales y colectivos jurídicamente reconocidos. Sin ello resulta vano hablar de construcción de consenso, de sociedad integrada o de sistemas democráticos estables.

Al definir la construcción de una ciudadanía moderna en función de la capacidad de autodeterminación de los agentes de desarrollo, es la tensión entre identidad cultural y modernidad en el proceso de desarrollo. Se trata de asumir el reto de conciliar las particularidades histórico-culturales de las regiones con la vocación universalista del desarrollo y la modernidad.

... plantean la necesidad de asumir nuestro tejido intercultural como acervo cultural, acumulado por una historia hecha de cruces entre culturas y de síntesis inédita entre ellas. Este tejido intercultural, lejos de constituir un obstáculo para nuestro "ingreso" a la modernidad, debiera ser nuestro resorte específico para ser modernos hoy en día.

La hipótesis que nos ha movido... es que la transformación productiva con equidad, como propuesta de desarrollo para los países de la región, no puede prescindir de los principales rasgos culturales de nuestras sociedades. Estos rasgos son: la condición del tejido intercultural como resorte de nuestra forma propia de apertura al mundo; y la superación de la dialéctica de la negación del otro como exigencia fundamental para nuestra integración social y para la consolidación de una cultura democrática.


CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993: pp. 2-41.

Relaciona las opciones del desarrollo moderno con la problemática cultural, como alternativa a un tratamiento integral y viabilidad del mismo.

 

TEMA:
I. La transformación productiva con equidad como una perspectiva crítica de acceso a la modernidad.

pp. 5 - 7


… una perspectiva crítica privilegia los siguientes aspectos o valores de la modernidad: el respeto a la diversidad de valores y culturas; la mayor reciprocidad de derechos en la interrelación entre actores heterogéneos; la apertura en la visión del mundo hacia nuevos escenarios y desafíos; y el rescate del progreso técnico como instrumento para acrecentar la comunicación e interconexión global, promover el bienestar general y permitir campos más amplios de desarrollo de potencialidades.

... la racionalidad instrumental, la eficacia productiva, el progreso técnico y la respuesta a las aspiraciones de consumo son elementos de la modernidad sin los cuales es imposible hablar de una inserción internacional ventajosa para la región. Pero estos elementos no bastan para garantizar la incorporación de los otros elementos que plantea la transformación productiva con equidad, vale decir: un mayor nivel de cohesión social, la sustentabilidad ambiental y la existencia de sistemas democráticos estables.

Un primer factor es el convencimiento de que una modernidad auténtica sólo puede surgir de un esfuerzo endógeno, vale decir, movilizando las energías sociales que hacen que una sociedad se sienta responsable de su acción y sus resultados.

El consenso no niega la existencia de conflictos, pero plantea una lógica de resolución institucional que pasa por la negociación y el compromiso, que excluye la negación del otro, y que siempre busca evitar que se imponga la lógica de la guerra. La cultura del consenso supone:

- El reconocimiento de la diversidad y el fortalecimiento de los actores de la sociedad civil;
- La generación de negociaciones con establecimiento de compromisos; y
- La transformación de los acuerdos y compromisos en referencias culturales compartidas.

Al asociar la ciudadanía a la puesta en vigencia de derechos políticos y sociales, se establece una relación positiva entre ciudadanía, participación política y equidad. Porque la ciudadanía extendida constituye una garantía institucional para la presencia de distintos actores sociales en el sistema de toma de decisiones, y también contribuye un resorte movilizador para la distribución progresiva de los logros del crecimiento económico.


CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993: pp. 2-41.

Propositivamente se enriquecen los atributos que debe condensar de la ciudadanía moderna, tal es el caso del enunciado de la cultura del consenso.

 

TEMA:
Perspectiva crítica de acceso a la modernidad.


pp. 7 - 8


… la idea moderna de ciudadanía tiene connotaciones sociológicas y culturales ... se asocia la ciudadanía moderna con los procesos de secularización individual y grupal, en virtud de los cuales: i) se constituyen actores (individuos, grupos e instituciones) que imprimen una cierta racionalidad a sus opciones y comportamientos; ii) se institucionalizan los procesos de cambio social en función de la expansión de derechos políticos y sociales; y iii) se diferencian progresivamente los roles y las instituciones conforme a funciones específicas.

... la creciente interacción entre distintos actores culturales y sociales, supone y expresa un consenso institucionalizado sobre la base de relaciones de recíproco reconocimiento entre actores diversos. En este sentido la ciudadanía está estrechamente ligada al reconocimiento del otro como un semejante.

... una importancia progresiva a la educación y a la producción de conocimientos en la dinámica de crecimiento, coincide con la búsqueda de compatibilizar el desarrollo económico con la construcción de una ciudadanía democrática y moderna.

La centralidad progresiva del conocimiento y la educación para el desarrollo incide significativamente en la dinámica de un orden democrático, pues la base material de las democracias ya no descansa exclusivamente en un tipo de economía o de relaciones productivas, sino también en el acervo y el uso del conocimiento, de la información y de la comunicación.
La llamada "sociedad del conocimiento" hace que la difusión del conocimiento constituya un eje central para construcción de una ciudadanía donde el otro pueda ser un par.

La constitución de la moderna ciudadanía y la elevación de la competitividad internacional suponen la continuidad de esa comunidad histórica, sobre cuya base solamente pueden los países aspirar a transformar y enriquecer su identidad.


CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993: pp. 2-41.

 

TEMA:
II. Internalización de la cultura y la ciudadanía.


pp. 11, 17, 18


… La propia delegación política de los gobernados a los gobernantes obliga a las élites tecnopolíticas, en los escenarios emergentes de la llamada "sociedad comunicacional" y "sociedad del conocimiento", a movilizar la capacidad de intervención de los ciudadanos, proveyendo los mecanismos de información, comunicación y socialización del conocimiento entre los miembros de la sociedad.

Las construcciones identitarias antimodernas no son patrimonio del mundo en desarrollo no del poscomunismo. Tampoco son uniformes en su ataque a la modernidad: en el caso de la India muestra que pueden incluso incorporar de buen grado la racionalidad instrumental de la cual la modernidad es portadora, cuestionando los aspectos de la racionalidad normativa, la democracia, la secularización y la tolerancia.

Con mayor o menor presencia ellas cruzan todas las sociedades contemporáneas, constituyendo aquello que se ha denominado el "lado obscuro de la modernidad", conformado por la emergencia de los nacionalismo xenofobos, de sectas irracionalistas y de neomesianismos religiosos. Estas tendencias pueden, en condiciones de crisis, alcanzar dimensiones insospechadas, en desmedro del pluralismo y la tolerancia.

Por eso resulta hoy día de capital importancia considerar la modernidad como posibilidad de síntesis: no como una negación de los particularismos, sino como la difusión de una mentalidad abierta que permita alcanzar síntesis enriquecedoras entre tradición y cambio, y entre apertura al mundo y afirmación de identidad propia.

La valorización de la dimensión cultural del desarrollo puede recrear horizontes que impregnen a la política-y a las políticas- con una potencia movilizadora que convoque y "seduzca" a los actores sociales que se hallan más replegados sobre su propia identidad. Tendencias emergentes en la percepción social convergen, desde esta mirada, en una mayor "culturización" del desarrollo y de la política.


CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993: pp. 2-41.

Se analiza la dimensión cultural del desarrollo y los procesos de participación social para su consecución.

 

TEMA:
III. La dialéctica de la negación del otro como imposibilidad de ciudadanía.


pp. 22, 25, 27



… En el pensamiento latinoamericano, e incluso en sus ideologías del progreso y del desarrollo, esta jerarquía se perpetúa todavía hoy como diferenciación entre el lugar del logos y el lugar del rito. El otro -indio, no occidental- es el sujeto en que se realiza el rito: la magia, el folklore, el saber precientífico, la expresividad espontánea y el arte local. El logos -como dominio de la razón, del discurso "verdadero", de la ciencia y del desarrollo- es el dominio del "blanco", del occidental, en suma, la voz del progreso. La síntesis entre "lo propio y lo universal" necesaria para construir una modernidad "auténtica" sigue faltando.
Mientras el "otro" (mujer, indio, negro, campesino, marginal) debe internalizar este logos para acceder al desarrollo y al progreso, el rito, en cambio, puede permanecer restringido a las culturas autóctonas y locales, sin ser internalizado por parte de los "portadores" del logos. El colonizador, el evangelizador, y más tarde también el político o el planificador, integran el rito como forma de "comprensión-cooptación" del otro. En el intercambio cultural, el rito es reconocido a cambio de que se subordine al dominio del logos. Esto, pese a que históricamente el mundo simbólico de las culturas autóctonas ha mostrado especial dinamismo y permeabilidad para combinarse con el logos de la cultura occidental.
Esta negación/exclusión del otro entraña un doble rechazo al sentido más democrático e integrador que pueda pretender la modernidad. Por un lado, el rechazo por parte de quienes asumen valores universalistas de modernización pero no los asocian con las identidades culturales específicas de la región sino, por el contrario, subvaloran estas identidades y emulan a las élites de los países industrializados. Esto constituye una prolongación de la mentalidad colonial y podría expresarse metafóricamente en el deseo de construir un futuro sin memoria. En las antípodas de esta sensibilidad, el rechazo a la modernidad se expresa en quienes la perciben como amenaza a las raíces culturales, y se refugian en ideologías comunitaristas cerradas sobre sí mismas, que resisten los cambios y la apertura hacia el intercambio global.
Por nuestra propia precariedad "sustancial" nos hemos construido en base a la negación del otro; y esta negación es un cimiento en el imaginario latinoamericano: signo, estigma. La identidad basada en esta negación siempre es una identidad postergada: el criollo es no-indio, pero eso no lo hace europeo; su compulsión a huir de la diferencia le impide ver la diferencia dentro de sí, con lo cual niega parte de su propio ser. En el caso del indio, la diferencia queda también bloqueada en su subjetividad, pues se la padece como agresión, privación, avasallamiento. La dialéctica de integrados y excluidos, tan mentada en las sucesivas crisis de modernización, encuentra su tronco materno en esta originaria negación.


CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993: pp. 2-41.

Se analiza la dimensión cultural del desarrollo y los procesos de participación social para su consecución.

 

TEMA:
III. La dialéctica de la negación del otro como imposibilidad de ciudadanía.


pp. 29, 31, 34


… la transición hacia la modernidad tiene todavía un largo camino por recorrer. En muchas sociedades de la región, especialmente en las relaciones de género y en muchos nichos de trabajo (en servicios domésticos, en las zonas rurales, y en parte del empleo urbano moderno), las relaciones de servidumbre siguen reforzando la reproducción de un sistema de dominación que se desprende de esta dialéctica de la negación del otro: el otro como distinto de sí, pero también como inferior a sí. Una cultura de la servidumbre y la degradación sigue sirviendo como eje cultural de reproducción de la asimetría en muchísimos ámbitos de actividad económica y de relación social.

... la historia contemporánea de la región está hecha de flujos y reflujos, y las propias derrotas en las luchas por expandir la ciudadanía forjan, a su vez, "utopías de ciudadanía" que hoy día parecen encarnar con más fuerza en la revalorización de los sistemas democráticos. La región está poblada por una cultura de luchas por la ciudadanía en que ha estado muy presente, de uno u otro modo, la lucha por la inclusión del otro en un sistema de derechos compartidos. En el siglo XX, buena parte del desarrollo y la constitución del movimiento obrero y campesino, y del movimiento femenino, se centraron en la consecución de derechos ciudadanos en el plano político y en el plano social.

La asincronía entre una tendencia más lenta en los procesos de integración socioeconómica (promovidos por efecto de la transformación productiva y racionalización social), y una tendencia más intensiva de integración en el nivel simbólico y cultural (por efecto de la apertura política democrática y la industria cultural), podrán constituir, en los próximos años, un importante núcleo temático en la lucha por la ciudadanía en buena parte de las sociedades de la región.
Si la sociedad del conocimiento desafía a ampliar nuestra cosmovisión y a abrir nuestra sensibilidad, esta presencia del otro debiera constituir un activo potenciable. Si en lugar de negar la identidad del otro, la reconocemos incluso como presente dentro de nosotros, nuestra cosmovisión se enriquece con nuevos contenidos. Esto significa no sólo ampliar nuestra percepción del mundo, sino que también se traduce en efectos prácticos, tales como: conocimiento e información sobre tecnologías disponibles, y asimilación creciente y adecuada de las mismas; y desarrollar vínculos comunitarios que puedan fortalecer la democracia social y enriquecer los lazos de pertenencia y comunicación.

Revertir la negación o la discriminación del otro-distinto-de-sí, y reconocer al como parte de una identidad colectiva que también nos incluye a nosotros, podría llegar a ser una forma de transmutar la negación histórica en afirmación hacia el futuro. Obviamente, no es esta una síntesis que adviene ni espontánea ni repentinamente, sino un proceso conflictivo poblado de obstáculos, pero también enriquecedor.


CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993: pp. 2-41.

 

TEMA:
IV. El tejido intercultural como fuerza de la modernidad.


pp. 35 - 37, 41


… expresamos a través del concepto de tejido intercultural tanto la idea de permeabilidad entre culturas como la idea de coexistencia de distintas temporalidades históricas en el presente de nuestra región. América Latina y el Caribe es, en este sentido, una región con un tejido específico porque combina múltiples corrientes culturales; porque desde sus orígenes ha incorporado el sincretismo como parte de su dinámica cultural e "identitaria"; porque coexiste y se mezcla lo moderno con lo no moderno tanto en su cultura como en su economía; y porque la propia conciencia de la mayoría de los latinoamericanos está poblada de cruces lingüísticos o culturales.
Del mismo modo que la relación con el otro, la condición cultural mentada fuerza a repensar los desafíos de la modernización y de la construcción de ciudadanía con un prisma cultural. Cómo capitalizar, pues, la experiencia que tiene la región en la historia de cruce intercultural, para convertirla en una "ventaja comparativa" en el nuevo concierto de un mundo interconectado y globalizado?

Cómo hacer uso de nuestra larga historia conflictivamente sincrética para asumir con mayor riqueza este desafío que hoy atraviesan también las sociedades industrializadas, y que consiste en repensar el contenido de la ciudadanía a partir de la coexistencia progresiva de identidades étnico-culturales distintas ? Asumir el tejido intercultural propio es, quizás, hoy día el modo más auténtico de asumirse en medio de una modernidad signada por una diversidad de creciente complejidad "identitaria".

Potenciar el cruce cultural como un modo de hacer más tenues las fronteras sociales es también un recurso para la construcción de la ciudadanía moderna. En la medida en que la propia dinámica cultural erosione la jerarquía entro lo "culto" y lo "popular", lo "alto" y lo "bajo", lo "ajeno" y lo "propio", lo "moderno" y lo "marginal", la sociedad incrementa su disposición cultural para aceptar al otro, asumir su identidad y democratizar su comunicación interna.

V. La dimensión cultural en la propuesta de transformación productiva con equidad

Una cultura de ciudadanía extendida no se construye por decreto o programa, sino que es un proceso abierto y de una continua resignificación de nuestra identidad. La modernidad en América Latina y el Caribe no puede pensarse como la negación de este proceso, sino como su reapropiación continua en interacción con los procesos de cambio y modernización. Los mecanismos de intercambio democrático, esenciales para el consenso, y de incoporación a la modernidad, tienen que movilizar, a su vez, mecanismos de afirmación de identidades colectivas para hacer más visibles sus demandas y potencialidades.


CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993: pp. 2-41.

Lo cultural como factor del desarrollo sustentable y convivencia social.