|
| RESUMEN:
Propuesta institucional para la construcción de una ciudadanía
moderna en función de la capacidad de autodeterminación
de los agentes de desarrollo, que trasluciría una tensión
entre identidad cultural y modernidad. De allí que se argumenta
asumir el reto de conciliar las particularidades histórico-culturales
de las regiones con vocación universalista y no como obstáculos
para el desarrollo.
Parece estimable asociar la ciudadanía a los derechos políticos,
sociales y culturales, en relación a la presencia de los
actores sociales en el sistema de toma de decisiones y la distribución
progresiva de los logros del crecimiento económico en los
países latinoamericanos.
|
TEMA:
Desarrollo productivo con equidad y ciudadanía moderna: introducción.
pp. 2 - 4
|
|
Cuando nos referimos a ciudadanía moderna hacemos
referencia a la existencia de actores sociales con posibilidades de
autodeterminación, capacidad de representación de intereses
y demandas, y en pleno ejercicio de sus derechos individuales y colectivos
jurídicamente reconocidos. Sin ello resulta vano hablar de
construcción de consenso, de sociedad integrada o de sistemas
democráticos estables.
Al definir la construcción de una ciudadanía moderna
en función de la capacidad de autodeterminación de
los agentes de desarrollo, es la tensión entre identidad
cultural y modernidad en el proceso de desarrollo. Se trata de asumir
el reto de conciliar las particularidades histórico-culturales
de las regiones con la vocación universalista del desarrollo
y la modernidad.
... plantean la necesidad de asumir nuestro tejido intercultural
como acervo cultural, acumulado por una historia hecha de cruces
entre culturas y de síntesis inédita entre ellas.
Este tejido intercultural, lejos de constituir un obstáculo
para nuestro "ingreso" a la modernidad, debiera ser nuestro
resorte específico para ser modernos hoy en día.
La hipótesis que nos ha movido... es que la transformación
productiva con equidad, como propuesta de desarrollo para los países
de la región, no puede prescindir de los principales rasgos
culturales de nuestras sociedades. Estos rasgos son: la condición
del tejido intercultural como resorte de nuestra forma propia de
apertura al mundo; y la superación de la dialéctica
de la negación del otro como exigencia fundamental para nuestra
integración social y para la consolidación de una
cultura democrática.
|
| CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES
CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993:
pp. 2-41.
Relaciona las opciones del desarrollo moderno con la problemática
cultural, como alternativa a un tratamiento integral y viabilidad
del mismo.
|
TEMA:
I. La transformación productiva con equidad como una perspectiva
crítica de acceso a la modernidad.
pp. 5 - 7
|
|
una perspectiva crítica privilegia los siguientes
aspectos o valores de la modernidad: el respeto a la diversidad de
valores y culturas; la mayor reciprocidad de derechos en la interrelación
entre actores heterogéneos; la apertura en la visión
del mundo hacia nuevos escenarios y desafíos; y el rescate
del progreso técnico como instrumento para acrecentar la comunicación
e interconexión global, promover el bienestar general y permitir
campos más amplios de desarrollo de potencialidades.
... la racionalidad instrumental, la eficacia productiva, el progreso
técnico y la respuesta a las aspiraciones de consumo son
elementos de la modernidad sin los cuales es imposible hablar de
una inserción internacional ventajosa para la región.
Pero estos elementos no bastan para garantizar la incorporación
de los otros elementos que plantea la transformación productiva
con equidad, vale decir: un mayor nivel de cohesión social,
la sustentabilidad ambiental y la existencia de sistemas democráticos
estables.
Un primer factor es el convencimiento de que una modernidad auténtica
sólo puede surgir de un esfuerzo endógeno, vale decir,
movilizando las energías sociales que hacen que una sociedad
se sienta responsable de su acción y sus resultados.
El consenso no niega la existencia de conflictos, pero plantea
una lógica de resolución institucional que pasa por
la negociación y el compromiso, que excluye la negación
del otro, y que siempre busca evitar que se imponga la lógica
de la guerra. La cultura del consenso supone:
- El reconocimiento de la diversidad y el fortalecimiento de los
actores de la sociedad civil;
- La generación de negociaciones con establecimiento de compromisos;
y
- La transformación de los acuerdos y compromisos en referencias
culturales compartidas.
Al asociar la ciudadanía a la puesta en vigencia de derechos
políticos y sociales, se establece una relación positiva
entre ciudadanía, participación política y
equidad. Porque la ciudadanía extendida constituye una garantía
institucional para la presencia de distintos actores sociales en
el sistema de toma de decisiones, y también contribuye un
resorte movilizador para la distribución progresiva de los
logros del crecimiento económico.
|
| CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD:
LAS DIMENSIONES CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD,
Santiago, 1993: pp. 2-41.
Propositivamente se enriquecen los atributos que debe condensar
de la ciudadanía moderna, tal es el caso del enunciado de
la cultura del consenso.
|
TEMA:
Perspectiva crítica de acceso a la modernidad.
pp. 7 - 8
|
|
la idea moderna de ciudadanía tiene connotaciones
sociológicas y culturales ... se asocia la ciudadanía
moderna con los procesos de secularización individual y grupal,
en virtud de los cuales: i) se constituyen actores (individuos, grupos
e instituciones) que imprimen una cierta racionalidad a sus opciones
y comportamientos; ii) se institucionalizan los procesos de cambio
social en función de la expansión de derechos políticos
y sociales; y iii) se diferencian progresivamente los roles y las
instituciones conforme a funciones específicas.
... la creciente interacción entre distintos actores culturales
y sociales, supone y expresa un consenso institucionalizado sobre
la base de relaciones de recíproco reconocimiento entre actores
diversos. En este sentido la ciudadanía está estrechamente
ligada al reconocimiento del otro como un semejante.
... una importancia progresiva a la educación y a la producción
de conocimientos en la dinámica de crecimiento, coincide
con la búsqueda de compatibilizar el desarrollo económico
con la construcción de una ciudadanía democrática
y moderna.
La centralidad progresiva del conocimiento y la educación
para el desarrollo incide significativamente en la dinámica
de un orden democrático, pues la base material de las democracias
ya no descansa exclusivamente en un tipo de economía o de
relaciones productivas, sino también en el acervo y el uso
del conocimiento, de la información y de la comunicación.
La llamada "sociedad del conocimiento" hace que la difusión
del conocimiento constituya un eje central para construcción
de una ciudadanía donde el otro pueda ser un par.
La constitución de la moderna ciudadanía y la elevación
de la competitividad internacional suponen la continuidad de esa
comunidad histórica, sobre cuya base solamente pueden los
países aspirar a transformar y enriquecer su identidad.
|
| CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES
CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993:
pp. 2-41.
|
TEMA:
II. Internalización de la cultura y la ciudadanía.
pp. 11, 17, 18
|
|
La propia delegación política de los gobernados
a los gobernantes obliga a las élites tecnopolíticas,
en los escenarios emergentes de la llamada "sociedad comunicacional"
y "sociedad del conocimiento", a movilizar la capacidad
de intervención de los ciudadanos, proveyendo los mecanismos
de información, comunicación y socialización
del conocimiento entre los miembros de la sociedad.
Las construcciones identitarias antimodernas no son patrimonio
del mundo en desarrollo no del poscomunismo. Tampoco son uniformes
en su ataque a la modernidad: en el caso de la India muestra que
pueden incluso incorporar de buen grado la racionalidad instrumental
de la cual la modernidad es portadora, cuestionando los aspectos
de la racionalidad normativa, la democracia, la secularización
y la tolerancia.
Con mayor o menor presencia ellas cruzan todas las sociedades contemporáneas,
constituyendo aquello que se ha denominado el "lado obscuro
de la modernidad", conformado por la emergencia de los nacionalismo
xenofobos, de sectas irracionalistas y de neomesianismos religiosos.
Estas tendencias pueden, en condiciones de crisis, alcanzar dimensiones
insospechadas, en desmedro del pluralismo y la tolerancia.
Por eso resulta hoy día de capital importancia considerar
la modernidad como posibilidad de síntesis: no como una negación
de los particularismos, sino como la difusión de una mentalidad
abierta que permita alcanzar síntesis enriquecedoras entre
tradición y cambio, y entre apertura al mundo y afirmación
de identidad propia.
La valorización de la dimensión cultural del desarrollo
puede recrear horizontes que impregnen a la política-y a
las políticas- con una potencia movilizadora que convoque
y "seduzca" a los actores sociales que se hallan más
replegados sobre su propia identidad. Tendencias emergentes en la
percepción social convergen, desde esta mirada, en una mayor
"culturización" del desarrollo y de la política.
|
| CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES
CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993:
pp. 2-41.
Se analiza la dimensión cultural del desarrollo y los procesos
de participación social para su consecución.
|
TEMA:
III. La dialéctica de la negación del otro como imposibilidad
de ciudadanía.
pp. 22, 25, 27
|
En el pensamiento latinoamericano, e incluso en sus ideologías
del progreso y del desarrollo, esta jerarquía se perpetúa
todavía hoy como diferenciación entre el lugar del logos
y el lugar del rito. El otro -indio, no occidental- es el sujeto en
que se realiza el rito: la magia, el folklore, el saber precientífico,
la expresividad espontánea y el arte local. El logos -como
dominio de la razón, del discurso "verdadero", de
la ciencia y del desarrollo- es el dominio del "blanco",
del occidental, en suma, la voz del progreso. La síntesis entre
"lo propio y lo universal" necesaria para construir una
modernidad "auténtica" sigue faltando.
Mientras el "otro" (mujer, indio, negro, campesino, marginal)
debe internalizar este logos para acceder al desarrollo y al progreso,
el rito, en cambio, puede permanecer restringido a las culturas autóctonas
y locales, sin ser internalizado por parte de los "portadores"
del logos. El colonizador, el evangelizador, y más tarde también
el político o el planificador, integran el rito como forma
de "comprensión-cooptación" del otro. En el
intercambio cultural, el rito es reconocido a cambio de que se subordine
al dominio del logos. Esto, pese a que históricamente el mundo
simbólico de las culturas autóctonas ha mostrado especial
dinamismo y permeabilidad para combinarse con el logos de la cultura
occidental.
Esta negación/exclusión del otro entraña un doble
rechazo al sentido más democrático e integrador que
pueda pretender la modernidad. Por un lado, el rechazo por parte de
quienes asumen valores universalistas de modernización pero
no los asocian con las identidades culturales específicas de
la región sino, por el contrario, subvaloran estas identidades
y emulan a las élites de los países industrializados.
Esto constituye una prolongación de la mentalidad colonial
y podría expresarse metafóricamente en el deseo de construir
un futuro sin memoria. En las antípodas de esta sensibilidad,
el rechazo a la modernidad se expresa en quienes la perciben como
amenaza a las raíces culturales, y se refugian en ideologías
comunitaristas cerradas sobre sí mismas, que resisten los cambios
y la apertura hacia el intercambio global.
Por nuestra propia precariedad "sustancial" nos hemos construido
en base a la negación del otro; y esta negación es un
cimiento en el imaginario latinoamericano: signo, estigma. La identidad
basada en esta negación siempre es una identidad postergada:
el criollo es no-indio, pero eso no lo hace europeo; su compulsión
a huir de la diferencia le impide ver la diferencia dentro de sí,
con lo cual niega parte de su propio ser. En el caso del indio, la
diferencia queda también bloqueada en su subjetividad, pues
se la padece como agresión, privación, avasallamiento.
La dialéctica de integrados y excluidos, tan mentada en las
sucesivas crisis de modernización, encuentra su tronco materno
en esta originaria negación.
|
| CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES
CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993:
pp. 2-41.
Se analiza la dimensión cultural del desarrollo y los procesos
de participación social para su consecución.
|
TEMA:
III. La dialéctica de la negación del otro como imposibilidad
de ciudadanía.
pp. 29, 31, 34
|
|
la transición hacia la modernidad tiene todavía
un largo camino por recorrer. En muchas sociedades de la región,
especialmente en las relaciones de género y en muchos nichos
de trabajo (en servicios domésticos, en las zonas rurales,
y en parte del empleo urbano moderno), las relaciones de servidumbre
siguen reforzando la reproducción de un sistema de dominación
que se desprende de esta dialéctica de la negación del
otro: el otro como distinto de sí, pero también como
inferior a sí. Una cultura de la servidumbre y la degradación
sigue sirviendo como eje cultural de reproducción de la asimetría
en muchísimos ámbitos de actividad económica
y de relación social.
... la historia contemporánea de la región está
hecha de flujos y reflujos, y las propias derrotas en las luchas
por expandir la ciudadanía forjan, a su vez, "utopías
de ciudadanía" que hoy día parecen encarnar con
más fuerza en la revalorización de los sistemas democráticos.
La región está poblada por una cultura de luchas por
la ciudadanía en que ha estado muy presente, de uno u otro
modo, la lucha por la inclusión del otro en un sistema de
derechos compartidos. En el siglo XX, buena parte del desarrollo
y la constitución del movimiento obrero y campesino, y del
movimiento femenino, se centraron en la consecución de derechos
ciudadanos en el plano político y en el plano social.
La asincronía entre una tendencia más lenta en los
procesos de integración socioeconómica (promovidos
por efecto de la transformación productiva y racionalización
social), y una tendencia más intensiva de integración
en el nivel simbólico y cultural (por efecto de la apertura
política democrática y la industria cultural), podrán
constituir, en los próximos años, un importante núcleo
temático en la lucha por la ciudadanía en buena parte
de las sociedades de la región.
Si la sociedad del conocimiento desafía a ampliar nuestra
cosmovisión y a abrir nuestra sensibilidad, esta presencia
del otro debiera constituir un activo potenciable. Si en lugar de
negar la identidad del otro, la reconocemos incluso como presente
dentro de nosotros, nuestra cosmovisión se enriquece con
nuevos contenidos. Esto significa no sólo ampliar nuestra
percepción del mundo, sino que también se traduce
en efectos prácticos, tales como: conocimiento e información
sobre tecnologías disponibles, y asimilación creciente
y adecuada de las mismas; y desarrollar vínculos comunitarios
que puedan fortalecer la democracia social y enriquecer los lazos
de pertenencia y comunicación.
Revertir la negación o la discriminación del otro-distinto-de-sí,
y reconocer al como parte de una identidad colectiva que también
nos incluye a nosotros, podría llegar a ser una forma de
transmutar la negación histórica en afirmación
hacia el futuro. Obviamente, no es esta una síntesis que
adviene ni espontánea ni repentinamente, sino un proceso
conflictivo poblado de obstáculos, pero también enriquecedor.
|
| CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES
CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993:
pp. 2-41. |
TEMA:
IV. El tejido intercultural como fuerza de la modernidad.
pp. 35 - 37, 41
|
expresamos a través del concepto de tejido intercultural
tanto la idea de permeabilidad entre culturas como la idea de coexistencia
de distintas temporalidades históricas en el presente de nuestra
región. América Latina y el Caribe es, en este sentido,
una región con un tejido específico porque combina múltiples
corrientes culturales; porque desde sus orígenes ha incorporado
el sincretismo como parte de su dinámica cultural e "identitaria";
porque coexiste y se mezcla lo moderno con lo no moderno tanto en
su cultura como en su economía; y porque la propia conciencia
de la mayoría de los latinoamericanos está poblada de
cruces lingüísticos o culturales.
Del mismo modo que la relación con el otro, la condición
cultural mentada fuerza a repensar los desafíos de la modernización
y de la construcción de ciudadanía con un prisma cultural.
Cómo capitalizar, pues, la experiencia que tiene la región
en la historia de cruce intercultural, para convertirla en una "ventaja
comparativa" en el nuevo concierto de un mundo interconectado
y globalizado?
Cómo hacer uso de nuestra larga historia conflictivamente
sincrética para asumir con mayor riqueza este desafío
que hoy atraviesan también las sociedades industrializadas,
y que consiste en repensar el contenido de la ciudadanía
a partir de la coexistencia progresiva de identidades étnico-culturales
distintas ? Asumir el tejido intercultural propio es, quizás,
hoy día el modo más auténtico de asumirse en
medio de una modernidad signada por una diversidad de creciente
complejidad "identitaria".
Potenciar el cruce cultural como un modo de hacer más tenues
las fronteras sociales es también un recurso para la construcción
de la ciudadanía moderna. En la medida en que la propia dinámica
cultural erosione la jerarquía entro lo "culto"
y lo "popular", lo "alto" y lo "bajo",
lo "ajeno" y lo "propio", lo "moderno"
y lo "marginal", la sociedad incrementa su disposición
cultural para aceptar al otro, asumir su identidad y democratizar
su comunicación interna.
V. La dimensión cultural en la propuesta de transformación
productiva con equidad
Una cultura de ciudadanía extendida no se construye por
decreto o programa, sino que es un proceso abierto y de una continua
resignificación de nuestra identidad. La modernidad en América
Latina y el Caribe no puede pensarse como la negación de
este proceso, sino como su reapropiación continua en interacción
con los procesos de cambio y modernización. Los mecanismos
de intercambio democrático, esenciales para el consenso,
y de incoporación a la modernidad, tienen que movilizar,
a su vez, mecanismos de afirmación de identidades colectivas
para hacer más visibles sus demandas y potencialidades.
|
| CEPAL, HACIA UNA PERSPECTIVA CRITICA DE LA MODERNIDAD: LAS DIMENSIONES
CULTURALES DE LA TRANSFORMACIÓN CON EQUIDAD, Santiago, 1993:
pp. 2-41.
Lo cultural como factor del desarrollo sustentable y convivencia
social.
|
|